TIEMPOS DEL MUNDO

lunes, 16 de junio de 2014

LAS JOYAS DE LA CORONA ESPAÑOLA: Un símbolo del poder real

A diferencia de sus pares ingleses -  cuyos ingentes  tesoros, producto del expolio a sus colonias durante siglos, se  exhiben en la Torre de Londres -  en España, desde la Guerra de la Independencia,  prácticamente no existen Joyas de la Corona, es decir, joyas vinculadas a la Institución, ya que estas fueron robadas por el bastardo de José Bonaparte, quien  proclamado como “Rey” de España  por su hermano Napoleón tras la invasión del país, y que en su vergonzosa huida en 1913, el infeliz se cargo con todo lo que pudo robar, incluido claro esta las Joyas de la Corona, hoy dispersas y muchas desaparecidas. Desde entonces, todas  las joyas que actualmente poseen los Reyes de España son exclusivamente bienes privados. Únicamente perduran en el Palacio Real  la corona de Carlos III y el cetro - en realidad un bastón de mando - que han presidido la proclamación de los monarcas en las Cortes, desde Isabel II hasta Juan Carlos I. y que volverán a verse con el ascenso al trono de Felipe VI. Como sabéis, los reyes de Castilla, Aragón y demás reinos peninsulares no necesitaban joyas ni objetos ceremoniales, ya que entonces –como hoy en España- no se coronaban ni se entronizaban, simplemente los proclamaban. Si bien es cierto que algunos monarcas acumularon fabulosas riquezas, estas no tardaron en ser dispersadas debido a las crisis dinásticas y sobre todo a que la formación de un tesoro patrimonial, era contrario a las costumbres de la realeza hispánica. La llegada de los Austrias no significó grandes cambios. Su etiqueta exigía el Collar de Toisón para reyes y príncipes, pero nada más.. Asimismo, bajo los Austrias se documenta una costumbre que tal vez se heredase de la Edad Media. Se trata de colocar el cetro y la corona sobre el túmulo real y a veces sobre el sepulcro de forma permanente. Así se encontraban las tumbas reales de la Capilla Real Sevillana hasta 1948, por lo que se entiende que estos objetos no eran de un valor excesivo. Carlos III se vio en la obligación de encargar una corona tumular (esto es, para presidir los funerales regios), pieza que aún se conserva y pertenece al Patrimonio Nacional. La invasión francesa supuso la dispersión de las joyas y otras riquezas regias que hasta entonces se habían acumulado y que eran la envidia de otras Casas Reales europeas. El siglo XIX con sus revoluciones no se prestaba a reconstruir el tesoro. Isabel II se hizo famosa por sus joyas, pero el exilio y las larguezas de la reina acabaron con la colección real. Desde su reinado,  las mismas joyas han presidido las juras en las Cortes (Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I): 1.-La corona conmemorativa del funeral de Isabel de Farnesio - consorte de Felipe V - de oro y plata chapada en oro y piedras no preciosas, con los escudos de los reinos de Castilla y de León. Fue confeccionada por orden del rey entonces reinante, Carlos III; 2.- Un cetro, regalo de Rodolfo II (proclamado Emperador del Sacro Imperio el 12 de octubre de 1576) a su primo el rey de España Felipe II. Proveniente de Viena, es una joya del siglo XVI. Otras fuentes sin embargo, lo identifican con un bastón de mando labrado en oro, esmaltes, rubíes y cristal de roca, de origen ruso del siglo XVII, regalado a Carlos II. 3.- Un crucifijo de plata, de la colección del Congreso de los Diputados. Las joyas exhibidas solemnemente en las proclamaciones reales y otras colecciones tradicionalmente vinculadas a la Corona Española, como el Tesoro del Delfín (que actualmente se exhibe en el Museo del Prado) u otras custodiadas en distintos lugares, forman parte del Patrimonio Nacional. Con la entronización de Felipe VI, estas joyas volverán a lucirse en la ceremonia que se llevará a cabo en las Cortes como un símbolo de una monarquía con mucha historia.  


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