TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 15 de junio de 2018

SOTHEBY'S: A subasta la colección de joyas de María Antonieta, nunca vistas en 200 años

Joyas que pertenecieron a la reina de Francia María Antonieta, esposa de Luis XVI, serán rematadas el 12 de noviembre en Ginebra en Sotheby's, junto a otras similares que pertenecieron a varias generaciones de los Borbones, cuyos miembros formaron parte de algunas de las familias reales más importantes de Europa, según publica esta semana The Times. "Se trata de una de las colecciones de alhajas reales más importantes hasta ahora aparecidas en el mercado y que nunca antes se habían subastado", declaró la vicepresidente del departamento de Alta Joyería de Sotheby's en Europa, Daniela Mascetti, citada en un comunicado. "Mantenida lejos de las miradas, nunca vista en público, este extraordinario conjunto ofrece un acercamiento fascinante a la vida de esta familia durante los siglos pasados ya que recorre prácticamente la historia de Europa, desde el reinado de Luís XVI hasta la caída del Imperio Austrohúngaro", añadió. Entre los lotes descollantes de la colección, actualmente perteneciente a una sola y única familia, figuran un colgante en diamantes con una perla natural de un tamaño excepcional (26 mm x 18 mm), estimado entre 1 y 2 millones de dólares, un par de pendientes tasado entre 30.000 y 50.000 dólares, así como un collar compuesto por más de 300 perlas naturales, evaluado entre 200.000 y 300.000 dólares. Según Sotheby's, las perlas eran un material muy preciado por las familias reales europeas del siglo XVIII por su gran belleza y rareza. La colección comprende también varias joyas provenientes de múltiples casas reales europeas, como las de España, Francia y Austria. Destinada a Luisa de Francia (1819-1864), nieta de Carlos X, rey de Francia, y madre de Roberto I, duque de Parma, figura asimismo un impresionante juego integrado por 95 diamantes, entre los cuales cinco solitarios que pertenecieron a María Antonieta. Esta pieza está avaluada entre 300.000 y 500.000 dólares. La venta cuenta también con una tiara de diamantes obsequiada por el emperador austrohúngaro Francisco José (1830-1916) a su sobrina nieta la archiduquesa María Ana de Austria (1882-1940) para su boda con Elías de Borbón, duque de Parma (1880-1959). Esta diadema está firmada por Köchert, la prestigiosa casa vienesa fundada en 1814, joyería oficial de los emperadores de Austria durante cuatro generaciones (estimada entre 80.000 y 120.000 dólares). Como sabéis, cuando en marzo de 1791, Luís XVI, su mujer y sus hijos se aprestaban a huir de Francia tras el estallido de la Revolución Francesa - que acabaría con sus vidas - fueron detenidos en Varennes, y trasladados bajo arresto a Paris. Pero las joyas reales fueron enviadas con anterioridad a Bruselas, donde residía un hombre de confianza de María Antonieta. Éste las recibió y se las entregó al emperador de Austria, sobrino de María Antonieta, quien más tarde se las dio a la hija de ésta, María Teresa de Francia, joyas que más tarde heredaría su hija adoptiva Luisa de Francia y duquesa de Parma. Ésta las transfirió más tarde a su hijo Roberto I, el último duque de Parma antes que el ducado se anexara al reino de Italia, según Sotheby's.

viernes, 8 de junio de 2018

SZOBORPARK: Un tenebroso memorial al totalitarismo

Ubicado en Hungría, a pocos kilómetros de Budapest, se encuentra el Szoborpark (llamado en inglés Memento Park) y que es considerado como un siniestro recordatorio a la ocupación soviética que sufrió el país desde la II Guerra Mundial, cayendo desde entonces bajo la orbita comunista. Allí se han reunido muchas de las horribles y deformes estatuas desgastadas y oxidadas -‘arte socialista’ le decían - en los cuales se puede reconocer la estética estalinista, todo teñido de cierto culto a la personalidad, que afeaban las calles y plazas de Budapest y que fueron barridas tras el derrocamiento de la dictadura en 1991. En esa ocasión, muchos se preguntaron que hacer con estas monstruosidades. Ante la exigencia de hacer desaparecer a como de lugar estos odiados símbolos del régimen caído, en el Ayuntamiento de Budapest surgió la idea de crear un espacio donde exhibirlas al público. En poco tiempo se concretó el citado parque, situado en las afueras de la ciudad, donde se recogieron las esculturas y estatuas más importantes de esa época y que hoy atraen a algunos turistas por la curiosidad que despiertan. En la puerta del recinto, que imita la ‘arquitectura’ comunista - la cual ridículamente se pretendía heredera de las formas griegas - hay tres grandes estatuas de Marx, Engels y Lenin, así una gran plancha de metal en la que está escrito el poema “Una sentencia contra la tiranía” del poeta húngaro Gyula Illyes. El arquitecto del Szoborpark, Ákos Eleőd Junior, explicó por qué se eligió hacer un parque sencillo, en el que las estatuas parecen casi estar en su hábitat natural: “Me di cuenta de que si construía el parque con métodos más extremos, tendenciosos o realistas, como mucha gente esperaba de mí, habría acabado haciendo precisamente mi propio parque de antipropaganda para estas estatuas propagandistas, y que habría seguido los mismos patrones y prescripciones de un régimen criminal que erigió esos horribles monumentos, que por cierto no tienen ningún valor artístico. Con este parque pretendemos acercarnos a la dictadura comunista que subyugo a Hungría durante tantos años y al mismo tiempo, debido a que se ha discutido acerca de él, se ha descrito y se ha construido, este parque representa el triunfo de la democracia, en la cual se puede tener la oportunidad de hablar libremente acerca de lo que represento ese momento trágico en la historia de nuestro país” expresó. Efectivamente, una visita al citado parque en ruinas nos lleva al oscuro pasado de Hungría, que cayo en manos de los soviéticos durante la II Guerra Mundial y lo mantuvieron bajo su control mediante gobiernos títeres hasta su liberación en 1991. La influencia política y los controles de la vida artística del momento, dieron por resultado algunas de las esculturas más espantosas del siglo XX, reunidas hoy en este lugar. Ya en la entrada, sobre la izquierda, nos recibe una figura de Lenin, para darnos paso a un itinerario que nos llevará a ver la escultura de los autores del Manifiesto Comunista (Karl Marx y Frederick Engels) juntos en una misma obra. Algunos de los desvencijados monumentos aquí expuestos hablan de aquellos tiempos pasados, momentos oscuros que jamás volverán: “A la amistad Húngaro-Soviética”; “Al Movimiento Obrero”, a las “Brigadas Rojas” o el de “Béla Kun” y otras por el estilo. Llama la atención que por ningún lado se halla estatua alguna de Stalin - el más grande genocida de la historia - las cuales fueron destruidas con furia durante la Revolución Anticomunista de 1956, que posteriormente fue aplastada a sangre y fuego por los tanques soviéticos ante la hipócrita indiferencia internacional. Lo que si se reconstruyo posteriormente en el parque, es la tribuna y el pedestal donde se encontraba su estatua de 25 metros de altura y lo que quedo de las botas, tras ser arrancada en 1956 y destruida por la multitud. La directora de comunicaciones del parque lamento asimismo que en Hungría durante décadas, no se hubiera levantado ni una escultura en memoria de los soldados magiares muertos en la II Guerra Mundial, que participaron como aliados de los alemanes para combatir al comunismo, pero sí a los invasores soviéticos que formaron parte del ejército que ocuparon el país y lo sometieron a su antojo. La muestra de las esculturas se complementa con salas de exposiciones donde los visitantes pueden profundizar sus conocimientos históricos acerca de los crímenes del comunismo. Como podéis imaginar, el Szoborpark es una mirada al tenebroso pasado en la historia de Hungría que no se debe olvidar.

viernes, 1 de junio de 2018

TESOROS EXPOLIADOS: África reclama a Europa la restitución de sus antigüedades

En el Museo Quai Branly de París se exhiben unas estatuas procedentes del antiguo reino de Dahomey. La cédula dice que fueron una ‘donación’; en realidad, los tótems fueron robados en 1892 por las tropas francesas del general Alfred Amédée Dodds durante el saqueo del palacio de Abomey, la capital histórica del actual Benín. Es por ese motivo que su país de origen pide la restitución de sus tesoros expoliados durante la época colonial. “He venido para aprender cómo se usaban estos objetos, más que la forma en que llegaron aquí”, comenta Michael Fanning, estudiante estadounidense de Nueva Orleans, mientras admira las estatuas. “Pero, efectivamente, creo que deberían ser devueltas a quienes las fabricaron” agrego. Según Benín, en Francia hay entre 4 mil 500 y 6 mil objetos que pertenecen al país, incluyendo tronos, puertas de madera grabada o cetros reales. Esta escena se repite en todos los museos europeos que exhiben como ‘propios’ el patrimonio cultural de países a quienes saquearon bárbaramente. Es así como del Museo Británico de Londres al Museo Tervuren de Bélgica, sin olvidarnos del Louvre de París o del Pérgamo de Berlín, numerosas colecciones rebosan de objetos de arte llamados coloniales, adquiridos en condiciones a menudo discutibles. En aquella época, militares, antropólogos, etnógrafos y misioneros que recorrían los países conquistados volvían a casa con ‘recuerdos’ a menudo ‘comprados’ o ‘intercambiados’ en trueque, aunque generalmente hayan sido robados. Incluso el ex ministro francés de Cultura, André Malraux, fue condenado en 1920 en Camboya por haber intentado arrancar los bajorrelieves de un templo jemer. La controversia no es nueva y no concierne únicamente a África. Grecia lleva décadas reclamándole a Reino Unido la restitución de los frisos del Partenón, en vano. Pero el continente negro se ha visto especialmente afectado. África padeció una hemorragia de su patrimonio durante la colonización e incluso posteriormente con el tráfico ilícito, lamenta El Hadji Malick Ndiaye, conservador del museo de arte africano de Dakar. Más de 90 por ciento de las piezas importantes de África subsahariana se encuentran fuera del continente, según los expertos. Por su parte, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) apoya desde hace más de 40 años la lucha de esos países para que les restituyan sus bienes culturales desaparecidos durante la época colonial. Para Crusoe Osagie, portavoz del gobernador del estado de Edo, en Nigeria, no es normal que sus hijos tengan que ir al extranjero para admirar el patrimonio de su país. “Esos objetos nos pertenecen y nos los quitaron por la fuerza”, subraya. Igual que Benín, cuya petición de restitución fue rechazada por Francia en el 2016, otros países africanos han recibido negativas. Ha habido, sin embargo, algunas excepciones, como en el 2003, cuando el museo etnológico de Berlín devolvió una preciosa estatua de un pájaro a Zimbabwe, ex colonia británica. Los dirigentes africanos esperan ahora un cambio de actitud de Francia, luego de que el presidente Emmanuel Macron dijera en noviembre en Burkina Faso “que pondrá en marcha las condiciones para una devolución del patrimonio africano a África en un plazo de cinco años”. Una ruptura histórica, según el ministro camerunés de Cultura, Narcisse Mouelle Kombi. Su país, colonizado sucesivamente por Alemania, Francia y Gran Bretaña, es uno de los principales interesados, afirma. Macron se comprometió con los africanos a cambiar lo que han sido las cinco últimas décadas de la política de nuestros museos: encontrar las artimañas jurídicas necesarias para evitar devolver las piezas, observa el historiador Pascal Blanchard, especialista en la época colonial. Con todo, sigue habiendo numerosos obstáculos técnicos y jurídicos, admiten los dos expertos que el presidente Macron nombró en marzo para hacer realidad su promesa. Para negarse a devolver las obras, los expertos europeos han argumentado durante años que los museos africanos no tienen las condiciones idóneas de seguridad y conservación. Pero según el conservador del museo de Dakar, El Hadji Malick Ndiaye, se trata de un viejo debate, incluso paternalista. En África existen numerosas instituciones museísticas, en Sudáfrica, Kenia, Malí o Zimbabwe, asegura. El Museo Británico ha propuesto préstamos a Nigeria o a Etiopía, saqueadas durante una expedición británica en 1868, pero se resiste a restituir los bienes. El debate está más avanzado en Alemania, país sensible a éste por los saqueos sufridos por los rusos tras la II Guerra Mundial. Varios museos están trabajando para identificar el origen de miles de obras procedentes de la época colonial, cuando Alemania controlaba Camerún, Togo o Tanzania. Es el caso del Humboldt Forum, que abrirá próximamente en el reconstruido Palacio Imperial de Berlín y especificará la procedencia de los objetos. Se trata solo del primer paso, ya que hay un largo camino por recorrer para que otros países como Francia, Bélgica y el Reino Unido - como potencias coloniales de África - restituyan a sus legítimos dueños todo lo que les robaron, aunque es triste reconocerlo, que será muy difícil que ello ocurra alguna vez.

viernes, 25 de mayo de 2018

RODIN AND THE ART OF ANCIENT GREECE: Una original exposición en el Museo Británico

Desembarco artístico francés esta primavera en Londres con dos de sus tesoros nacionales. Primero lo hizo Monet y sus poéticas arquitecturas en la National Gallery y, más tarde, Rodin en el British Museum con una exposición que habría emocionado al propio escultor al ver muchas de sus mejores creaciones cara a cara con los mármoles del Partenón que tanto admiraba, concebidos por Fidias. De esta manera dos de los más excelsos escultores de la Historia del Arte miden su enorme talento en la galería Sainsbury, que por vez primera desde que se inauguró en 2014 deja entrar la luz natural. No es fácil aguantar el tipo junto a las piezas que decoraron el Partenón. Rodin lo logra, demostrando con ello el genial escultor que fue. Pocas veces se ve tanta obra maestra por centímetro cuadrado en una exposición, cuyo elegante montaje está a la altura. El diseño está inspirado en el estudio de Rodin en Meudon, a las afueras de París. Las esculturas se exhiben a la altura de nuestros ojos, como si nos halláramos visitando el taller del artista. En casi todos los casos hay un acceso de 360 grados que permite admirar las piezas desde todos los ángulos. Es una ocasión excepcional poder ver, fuera de sus habituales salas, un buen puñado de joyas del Partenón. Como lo es el generoso préstamo de esculturas del Museo Rodin de París. La ocasión bien lo merecía. “Antigüedad es mi juventud”, decía Rodin, asiduo lector de Ovidio. Nunca viajó a Grecia, pero siempre sintió fascinación por la escultura griega antigua y, en especial, por el Partenón, que consideraba un monumento eterno. Fue tal la pasión de Rodin por la Antigüedad que coleccionó cerca de 6.000 piezas. En 1900 construyó un museo en Meudon para acogerlas. En 1881 visitó por vez primera Londres y acudió al British Museum. Se hospedaba en el hotel Thackeray, justo enfrente. Al fin podía admirar in situ las obras que tanto le obsesionaban y cuya belleza le cautivaba. Hizo algunos bocetos en papel de carta del hotel. Pero nunca haría copias de ellas, tan solo le sirvieron como inspiración. “Amo las esculturas de la Antigua Grecia, han sido y siguen siendo mis maestros”, decía Rodin. Visitó el museo al menos en quince ocasiones. “En mi tiempo libre frecuento el British Museum”, solía decir. Y lo hizo hasta poco antes de su muerte. Fidias fue un mentor artístico y espiritual para Rodin. Aunque cueste creerlo, 2.320 años separan a ambos genios, que fueron los más célebres en sus respectivas épocas. Las esculturas de Fidias (h. 480-90 a.C.-h. 430 a.C) son de una rabiosa modernidad. Las más célebres, las monumentales esculturas de Atenea Virgen del Partenón, y de Zeus en Olimpia, ambas en oro y marfil. Las de Auguste Rodin (1840-1917) semejan reliquias arqueológicas. Y es que, como explica Hartwig Fischer, director del British Museum, Rodin eliminó cabezas y extremidades de sus esculturas, creando un nuevo género artístico moderno. A través de las piezas del Partenón, Rodin descubrió el poder de los fragmentos para transmitir el significado de la obra completa: “Las estatuas dañadas, encontradas en las ruinas, no son menos obras maestras por estar incompletas”. Concibe “El hombre que camina” como una reliquia arqueológica sin cabeza ni brazos, en la que desafía la representación del movimiento. Esta escultura se muestra junto a la figura de una diosa, también sin cabeza ni brazos, procedente del frontón este del Partenón. Como sabéis, Lord Elgin, embajador británico en Atenas, se llevó a Inglaterra muchas de las esculturas del Partenón que sobrevivivieron: 75 de los 160 metros del friso, 15 de las 92 metopas, 17 figuras de los frontones y algunas piezas del monumento. El Parlamento británico firmó la “compra” de las obras en 1816 que se exhiben en el British Museum desde 1817. “Desde entonces han inspirado a pensadores, poetas, artistas..., pero a ninguno como Rodin”, advierte Hartwig Fischer. El Estado francés le encargó a Rodin unas puertas para un museo de artes decorativas que iba a inaugurarse en París. El proyecto no llegó a materializarse, pero “Las puertas del infierno”, de seis metros de altura, fueron para el artista una fuente de inspiración constante durante toda su vida. Entre esas figuras, sus celebérrimos “El Beso” y “El pensador”, que acabaron siendo esculturas independientes. Hay versiones de ambas en la exposición. De la primera (se inspiró en los amantes Paolo y Francesca de La Divina Comedia), una versión en yeso de gran tamaño que Rodin mantuvo toda su vida. A su lado, los cuerpos de dos diosas, una reclinada junto a la otra, figuras que formaban parte del frontón este del Partenón. Se cree que pueden ser hermanas o madre e hija, las cuales están talladas en un solo bloque de piedra: los dos artistas supieron extraer la carne cálida del frío mármol. En las esculturas de Fidias y Rodin hay intimidad, sensualidad y una fuerte carga emocional. En ambos casos, explica Celeste Farge, comisaria de la muestra, “la expresión y la pasión de las figuras se manifiesta a través del cuerpo”. Para Ian Jenkins, también comisario, las figuras del Partenón constituyen un estudio erótico sobre la intimidad, a través de los pliegues mojados de sus vestidos. Cree que “El Beso” es la mejor respuesta artística a las esculturas del Partenón. Se cree que ni Fidias ni Rodin hicieron con sus manos todos sus trabajos. Este último pudo modelar en arcilla algunas obras que luego otros fundían en bronce o esculpían en mármol. Fidias pudo diseñar y modelar las obras del Partenón, pero no ejecutarlas. Vamos, que el mercenario del arte Damien Hirst no es original ni siquiera en eso. Rodin quiso que su arte “expresara las emociones desde las alturas del éxtasis hasta las profundidades de la agonía”. Éxtasis y agonía que halló en los mármoles del Partenón que tanto amó, pero que también tanto le atormentaron: “Ningún artista podrá superar a Fidias. El más grande de los escultores nunca será igualado” aseveró. Son muchas las conexiones entre Fidias y Rodin presentes en la exposición. Para su escultura “La edad de bronce” (1877), Rodin se inspiró tanto en “El esclavo moribundo”, creado por Miguel Ángel en 1513 (Museo del Louvre) -viajó a Italia en 1875-76 y allí descubrió al genio florentino- como en algunas de las figuras del Partenón. Es el caso de un joven que se prepara para el desfile incluido en el friso norte del principal monumento de la Acrópolis. En ambos casos se repite la pose, el gesto, la misma emoción. Auguste Neyt posó para esta escultura de Rodin. La muestra, que estará abierta hasta el 29 de julio con el patrocinio del Bank of America Merrill Lynch, reúne más de ochenta obras en mármol, bronce y yeso, junto a algunos bocetos. A no perdérsela.

viernes, 18 de mayo de 2018

CAVIAR IPHONE X TESLA: Un smartphone de lujo con batería infinita

Si piensas que el iPhone X es el smartphone más avanzado del mundo, espérate a descubrir lo que ha hecho con él la empresa rusa Caviar. Esta compañía, dedicada a fabricar complementos tecnológicos de lujo, ha reconvertido el dispositivo de Apple para añadirle una batería que se recarga con la luz del sol, y para el lanzamiento han decidido enviárselo a alguien muy especial: a Elon Musk, CEO de Tesla, en honor a su compromiso con la energía sostenible. De hecho, ese es el nombre que sus ejecutivos le han dado al terminal. Tal como informan en 'Business Insider', el iPhone X Tesla de Caviar incluye una carcasa con batería solar que se recarga tanto con luz del sol como con lámparas brillantes. ¿Cuál es la desventaja? Que eso aumenta el grosor del dispositivo, que pasa de 7,7 a 16,2 milímetros, quedando la cámara integrada en la propia funda. Entre sus otras características, podemos mencionar que está elaborada a base de carbono, cuenta además con un indicador de batería y con un panel solar resistente a los golpes. En cuanto a la parte trasera, está construida en titanio y viene con un recubrimiento en PVD, creado para añadir más resistencia y dureza al metal. Sobre todo porque tiene que proteger las células solares. Todas estas ventajas son las que hacen de este iPhone el regalo perfecto para Elon Musk. Caviar se ha inspirado para la concepción del dispositivo en Nikola Tesla, Steve Jobs y el propio Musk, quien será el primero en recibir el modelo, en cuyo lateral por cierto, se puede leer "Made on Earth by humans" ("hecho en la Tierra por humanos"), en clara alusión al mensaje inscrito por el propio Musk en el Tesla Roadster enviado a Marte en el cohete Falcon Heavy, uno de los proyectos de SpaceX. No obstante, los creadores no se olvidaron de equipar el iPhone con un acumulador de energía eléctrica al que poder recurrir en caso de que no haya sol. El plan original de Caviar era lanzar al mercado solo 99 unidades, pero dadas las expectativas y solicitudes recibidas, han aumentado el stock a 999. En cuanto al precio del dispositivo, se ha puesto a la venta en dos modelos, el de 64GB y el de 356GB; el primero cuesta 4.064 dólares (3.908 euros) y el segundo 4.847 (4.114 euros). Casi nada ¿no os parece?
actualidad cultural
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