TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 6 de enero de 2017

PATRIMONIO MUNDIAL: La antigua ciudad romana de Thamugadi (Argelia)

Corría el año 1765. El intrépido explorador escocés James Bruce no podía creer lo que veía. Frente a él estaba, parcialmente enterrado en las arenas del desierto argelino, un arco de triunfo romano. Y no solo eso; aunque no lo sabía, Bruce estaba sobre las ruinas de la ciudad más grande que los romanos construyeron en el norte de África: la antigua Thamugadi, hoy llamada Timgad. Más de un siglo después, en 1881, los arqueólogos franceses comenzaron a desenterrar los restos de la ciudad, que estaban muy bien conservados. Entre otras cosas, descubrieron que, a pesar de lo árida y desolada que es la región, los habitantes de Thamugadi vivieron rodeados de comodidades y lujos. ¿Qué llevó a los romanos a fundar una colonia en semejante lugar? Como sabéis, los romanos extendieron sus dominios hacia el norte de África en el siglo I a.C., pero algunas tribus nómadas seguían luchando contra ellos. Los conquistadores trataron de detener sus ataques construyendo puestos de vigilancia y fuertes en la enorme región montañosa de lo que hoy es Argelia. Sin embargo, más tarde construyeron la ciudad de Thamugadi con un propósito distinto. Oficialmente, los romanos la fundaron para sus soldados retirados, pero su verdadera intención era debilitar la resistencia de las tribus de la zona... y el plan dio resultado. Las comodidades que había en Thamugadi comenzaron a llamar la atención de los nativos que iban a vender sus productos en ella. La atracción fue tal que muchos estuvieron dispuestos a servir veinticinco años en el ejército romano a cambio de la ciudadanía para ellos y sus hijos varones, ya que solo los ciudadanos romanos tenían derecho a vivir en la ciudad. Hubo algunos africanos que no se conformaron con la ciudadanía, sino que llegaron a ocupar cargos importantes en esta y otras ciudades de la región. El inteligente plan de los romanos para ganarse a los nativos tuvo tanto éxito que cincuenta años después de la fundación de Thamugadi, la mayoría de sus habitantes eran africanos. Los romanos tardaron muy poco en ganarse su apoyo gracias a que fomentaron la igualdad entre los habitantes de la ciudad, siguiendo las ideas de Cicerón. Las tierras se dividieron por igual entre romanos y africanos. Además, la ciudad fue cuidadosamente trazada: había manzanas de 20 por 20 metros (65 por 65 pies) separadas por calles estrechas. Todo eso tenía fascinados a los nativos. Como en muchas otras ciudades romanas, los habitantes de Thamugadi se reunían durante los concurridos días de mercado en el foro, el centro de actividad social de la ciudad; allí jugaban o escuchaban las últimas noticias. Los pobladores de las áridas montañas de los alrededores de seguro se imaginaban caminando a la sombra de las columnatas, protegidos del ardiente Sol; descansando en uno de los muchos baños termales gratuitos, o conversando con los amigos alrededor de las hermosas fuentes. ¡Debía de parecerles todo un sueño! Asimismo, el teatro también ayudó a los romanos a conquistar el corazón de los nativos. En este local al aire libre se reunían más de 3.500 personas de la ciudad y los alrededores donde los actores entretenían al público con grandes obras clásicas. Otro factor clave fue la religión. El suelo y las paredes de los baños termales estaban recubiertos de hermosos mosaicos multicolores con escenas de la mitología romana. Se trataba de lugares muy frecuentados por los habitantes de la ciudad, así que poco a poco se familiarizaron con la religión y los dioses romanos. Fue tan efectivo el esfuerzo por integrar a los africanos en la cultura de Roma que las lápidas se adornaban con tríadas de dioses africanos y romanos. Tras la fundación de la ciudad por Trajano en el año 100 d.C., los romanos fomentaron por todo el norte de África la producción de alimentos básicos como los cereales, el aceite de oliva y el vino. La región no tardó en convertirse en granero de Roma. Como era de esperar, Thamugadi se volvió tan próspera y su población creció a tal punto que fue necesario extender la ciudad más allá de las murallas. Si bien los habitantes de Thamugadi y los dueños de las tierras se enriquecieron gracias al comercio con Roma, la gente de la región apenas recibía beneficios. En el siglo III, la injusticia social y los elevados impuestos provocaron levantamientos entre los campesinos, que eran reprimidos con gran severidad. Así, tras siglos de luchas religiosas, guerras civiles e invasiones de los bárbaros, Roma perdió el control del norte de África. En el siglo VI, las tribus árabes de la zona redujeron la ciudad a cenizas. Finalmente, Thamugadi se hundió en las arenas del olvido y allí pasó más de mil años. Tras ser desenterrada en 1881, se pudo comprobar su buen estado de conservación, con su cuadrícula y su plano ortogonal, cruzado por el cardo y el decumanus, las dos vías perpendiculares que atravesaban la ciudad. En el sector de intersección de las dos vías se localizaba el foro, y en su entorno los templos, la basílica y la curia. La forma de las manzanas y la traza de las calles son perfectamente regulares. Del complejo se ha conservado el arco triunfal construido por el emperador Trajano, lo que evidencia la importancia que un día tuvo dicha urbe, hoy rebautizada como Timgad. Considerado uno de los tesoros perdidos de África y declarada como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1982, constituye un ejemplo perfecto del urbanismo romano.
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