TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 7 de febrero de 2014

DUBAI: ¿Dónde todo lo que brilla es oro?

Cuentan que cuando el hotel Burj al Arab de Dubai, aquel icono cuyo inconfundible perfil se asemeja a una vela henchida al viento, estuvo terminado, en 1999, el Sheik Mohammed Bin Rashid Al Maktoum se llevó una enorme decepción. Más bien, lo que no aprobó fue la decoración minimalista y blanca de la estructura. "Esto no está terminado", parece que se quejó la máxima autoridad del emirato. Hubo que echar mano a toneladas de mármol de Carrara, terciopelo, alfombras tejidas a mano y oro, sobre todo oro, que a los nuevos ricos les atraen sobremanera, mucho mas cuando hasta hace pocos años en ese desértico lugar eran nómades que habitaban en tiendas comiendo dátiles, dedicados a la venta de camellos. Sin embargo, todo cambio con el descubrimiento de un océano de petróleo bajo sus suelos que cambio radicalmente sus vidas, al menos para la corrupta y decadente clase dirigente, que hoy puede darse unos lujos realmente extravagantes y hasta ridículos a los ojos de los occidentales. Un ejemplo de ello es Dubai, convertido en una demostración permanente de lujo superlativo, donde casi todo lo que brilla es, en efecto, oro, con el cual tratan de contrarrestar un entorno exasperadamente monótono, dominado durante siglos por un desierto abrasador.Al visitar Dubai se dice que es una de las sociedades más abiertas y tolerantes del mundo árabe. Pero no nos engañemos: Dubai sigue siendo una sociedad musulmana, con estrictas reglas musulmanas.
En un shopping, por ejemplo, un cartel muestra a una pareja de la mano cruzada por un círculo rojo: No besarse ni dar muestras abiertas de afecto en el centro comercial, reza. Una revista local advierte que "publicaciones internacionales y diarios vendidos en Dubai están abiertos a censura", y se sabe que las escenas eróticas son cortadas en todas las películas exhibidas en la ciudad. Mejor es admirar los prodigios arquitectónicos de una ciudad que cuenta con 600 rascacielos (imposible calcular con exactitud porque siempre hay alguno de estreno). Quien haya visitado ciudades como Shanghai o Hong Kong tal vez no se deslumbre con el dato, pero si se tiene en cuenta que antes de 2000 había en Dubai un solo rascacielos de más de 300 metros (el Burj al Arab), entonces cambia la cosa. De todos los rascacielos, la torre Burj Khalifa le saca al menos medio cuerpo al resto. Hay que torcer mucho el cuello para poder ver el extremo de esta aguja que perfora el cielo y que ha dejado pequeños a todos los edificios del planeta. La torre más alta del mundo alcanza los 828 metros, aunque sólo se puede subir hasta el piso 124, a 442 metros del suelo. Más que eso, y estaríamos mirando nubes en lugar de edificios a medio terminar, el océano envuelto por una luz brumosa y, allí donde se levanta la última estructura de vidrio y acero, encontramos el desierto polvoriento y abrazador.Kilómetros y kilómetros de arena y calor que pareciera no tener fin.
Probablemente no haya lugar en el mundo donde se construya tanto y tan rápido, ya sea en altura como hacia dentro del mar. Sería un desafío tratar de nombrar todos los complejos, parques de diversiones, malls, hoteles de superlujo y hasta microciudades que planean inaugurarse en el futuro inmediato en Dubai. Entre los más espectaculares seguramente estén Mohammed bin Rashid City, que tendrá el centro comercial más grande del mundo (desplazando del Guinness al Dubai Mall), el lago artificial más grande del mundo (no bastaba con un solo récord), canchas de golf y un parque público más grande que el londinense Hyde Park. Y está en construcción otro proyecto que, como muchos de los que surgen aquí, parece diseñado por un niño: Dubailand. De hecho será un complejo de entretenimiento dos veces mayor que Disneylandia. Que tendrá, entre otras cosas, una copia de Venecia, de la torre Eiffel y de las pirámides de Egipto..., incluso de mayor tamaño que los originales. Y si faltaban inauguraciones, el ultramoderno aeropuerto de Dubai quedará como un segundón cuando termine de levantarse, en 2027, la terminal más grande del mundo, en la que ahora mismo trabajan sin descanso más de 12.000 operarios para finalizarlo. Así es Dubai, la de los récords, los aviones, los interminables edificios y los proyectos más insólitos y extravagantes que uno pueda imaginar. Sin embargo no todo lo que brilla es oro, porque sus reservas de petróleo se agotarían en unos 10 o 20 años según todas las fuentes consultadas.
Preparándose para ese futuro no tan lejano, la ciudad más grande de los EAU diversificó sus negocios y apostó al comercio global: estableció un beneficioso régimen de impuestos (son casi inexistentes), se convirtió en la meca de las inversiones internacionales y multiplicó su población por diez. Hoy roza los 2 millones de habitantes, 80% de los cuales son extranjeros. De éstos, una mínima parte exhibe pasaportes de Primer Mundo. El resto son asiáticos que trabajan por salarios mínimos y en condiciones laborales extremamente duras que han levantado quejas de varios grupos de derechos humanos. Sin mano de obra importada, Dubai no podría seguir creciendo a ese ritmo (la crisis inmobiliaria de 2008 quedó definitivamente atrás), persiguiendo su otro gran objetivo: instalarse como uno de los destinos turísticos más importantes del mundo. Ello explica no sólo el despliegue de hoteles, torres, shoppings o centros de entretenimiento, sino también la creación de una aerolínea como Emirates, que trae y lleva gente de todos los rincones del planeta (y hoy es una las mejores). Los números acompañan lo que en principio parecía un sueño ambicioso. Ya en 2010 Dubai era el séptimo destino más visitado del mundo, y en 2012 alcanzó los 10 millones de visitantes (un 100% más que en 1993; en tanto, los turistas sudamericanos crecieron un 18% en 2013 respecto a 2012). Para 2015 espera llegar a los 15 millones de turistas y para 2020, a los 20 millones. Ya se sabe que, para el sheikh, la palabra imposible simplemente no existe ... al menos por ahora.
actualidad cultural
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