TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 6 de mayo de 2016

NEGOCIOS SON NEGOCIOS: El “arte” de Damien Hirst es tóxico

Venga ya, se trata de una noticia que no me sorprende para nada porque, vamos ¿qué se puede esperar de este mercenario cuya carrera “artística” es cuestionadísima a todo nivel?. En efecto, según informa esta semana The Independent, de nuevo, sus animales sumergidos en formol dentro de una pecera para decir que en esta vida estamos de paso, han generado problemas al “artista” y al museo que los ha expuesto. Los tanques de formol filtraron gases contaminantes durante cinco meses del 2012 en el Tate Modern de Londres en una exposición retrospectiva que le dedicaron a Hirst. Un equipo de la Universidad Politécnica de Milán ha publicado un estudio en la Royal Society of Chemistry, con sede en Londres, en el que demuestra que midieron la toxicidad del aire y detectaron humos procedentes del formol, hasta 5 partes por millón. La normativa europea fija el límite de estos gases en 0.5 partes por millón. Giorgio Righetti, profesor de Química de la citada universidad, explica que "el visitante que miró de lejos las obras expuestas no fue contaminado, pero no se puede decir lo mismo de los empleados que estuvieron cinco meses allí o de los que acercaron sus caras al tanque de formol para mirarlo de cerca". Como era de esperar ante semejante reveleación, tanto el Tate Modern como la empresa de Hirst, Science Ltd., han publicado comunicados “rechazando las acusaciones de que el arte en formol sea tóxico o que su exhibición supuso una amenaza a la salud pública”. Tate Modern constata lo siguiente: "Tomamos todas las medidas de precaución necesarias para nuestras exposiciones. La seguridad de visitantes y empleados es lo primero". Si, como no. Esta no es la primera vez que los metafísicos animales en formol de Damien Hirst topan con obstáculos para ser expuestos como arte. El tiburón titulado La imposibilidad física de la muerte en la mente del vivo, adquirido por el americano Steven Cohen por 10 millones de euros, empezó a descomponerse al llegar a Nueva York. Quizás tras el ajetreo del viaje. El coleccionista se quejó y el artista decidió reemplazarlo por otro semejante en el 2006. Otra de sus “obras maestras” (?) “Madre e hijo dividido”s, una vaca y un becerro abiertos en canal, insólito acreedor del premio Turner de 1995, lo que contribuyó a disparar la fama del “artista”, llegó al museo The Mori Arts de Tokio, con signos de desintegración tras haber sido retenido en la aduana por la prohibición de entrar carne de ternera, procedente de Europa, en Japón. El museo tuvo que convencer al servicio de aduanas de que los animales de Hirst constituyen “arte” para exponer en el museo de la ciudad en lugar de producto alimenticio con peligro de contaminación. La versión original de la instalación o escultura, con signos de descomposición, fue sustituida por la segunda versión, procedente del museo Astrup Fearnley de Oslo, para la exposición en Japón. Ni el concepto de la muerte, retenida en formol, para recordar que la vida son cuatro días, parece ser eterna aunque el polémico “artista-taxidermista” se encasquete sustituyendo un tiburón o un becerro por otros de igual dimensiones y características. La que, de momento, no ha presentado problemas es La vaca dorada vendida por 13 millones de euros con pezuñas y cuernos en oro. Ni el formol se atreve con tal metal tan preciado o con la vaca de una pieza. Tiempo al tiempo y tendrán otra desagradable sorpresa.
actualidad cultural
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