TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 20 de mayo de 2016

CHINA: Los gritos del silencio

Declarada oficialmente una catástrofe, la Revolución Cultural (1966-1976) es aún una herida sin cerrar en China. Las autoridades prohíben que se mencione el caos que siguió a la declaración de guerra de Mao contra "la dictadura de la burguesía" y han preferido que el 50 aniversario de uno de los momentos más sangrientos de China del siglo XX haya transcurrido esta semana en el más absoluto de los silencios. Como sabéis, la llamada Revolución Cultural se originó a partir de un estallido de violencia por parte de los Guardias Rojos en Pekín, tras la publicación de un documento del Partido Comunista el 16 de mayo de 1966 el cual alertaba de que algunos individuos dentro del partido “estaban conspirando para acabar con el régimen e instaurar una dictadura de la burguesía” lo cual marcó el inicio de un periodo sin precedentes, dominado por la agitación, el derramamiento de sangre y la violencia. Armados con el Libro Rojo de Mao y luchando contra las “4 demonios” - el pensamiento, la cultura, la educación y las costumbres tradicionales - destrozaron obras milenarias de valor incalculable atesorados por siglos en bibliotecas y museos del país. Los profesores, los intelectuales y las figuras de autoridad fueron los más castigados, sometidos a interminables sesiones de autocrítica, torturas, golpes y asesinatos. Todos eran cómplices, y todos sospechosos. El padre hacia los hijos, los hermanos entre sí. Todo podía ser motivo de acusación. Tener un libro occidental. Haber hablado alguna vez con alguien caído en desgracia. Incluso intentar salvar la vida a un gato, era motivo más que suficiente para ser acusado de “contrarrevolucionario” y liquidado. El descontrol llegó a tal extremo que incluso entre las propias facciones de Guardia Rojos lucharon ferozmente entre si “para demostrar su lealtad a Mao” y estas fueron especialmente sangrientas. Los cálculos más conservadores cifran en apenas “quinientos mil” el número de personas que murieron durante aquella orgía de terror doctrinario a cargo de adolescentes y niños (muchos guardias rojos apenas rondaban los trece o catorce años de edad) pero los represaliados en realidad fueron millones, nunca se sabrá cuántos. El caos duró hasta el otoño de 1967, cuando Mao, retiró de modo expreso su apoyo a la Revolución Cultural, como si personalmente no hubiese tenido nada que ver con el asunto ni ser el responsable de la tragedia. Tras su muerte, y como alguien tenía que ser culpable, su viuda Jiang Quing al igual que el resto de la Banda de los Cuatro, fue condenada a la pena máxima por una infinidad de cargos. Así llegó a su fin una de las etapas mas oscuras y sangrientas de la historia china. Como podéis imaginar, los medios de comunicación del país, controlados en gran parte por el Gobierno, “ignoraron” el inicio de la barbarie - como si nunca hubiese ocurrido - mientras que los académicos chinos se les ha prohibido hablar sobre este tema tan delicado. Medio siglo después, los académicos siguen sin ponerse de acuerdo sobre el impacto que esta década ha tenido sobre la China contemporánea. "Los expertos no pueden conceder entrevistas sobre la Revolución Cultural" explicó un académico al periódico canadiense The Globe and Mail. "Las autoridades creen que si mostramos la peor parte de la Revolución Cultural los ciudadanos podrían cuestionar el sistema político", señala Wang Youqin, autora de Las víctimas de la Revolución Cultural, una investigación de tres décadas de los asesinatos vinculados con los Guardias Rojos. Roderick MacFarquhar, un experto en la Revolución Cultural de la Universidad de Harvard, explica que el gobierno teme que alguien pueda utilizar la efeméride para recordar los hechos más oscuros del pasado del Partido Comunista. Más concretamente, se ha intentado evitar de plano que se reflexione en torno al papel clave que desempeñó Mao en unos hechos que sembraron el caos en China a partir de 1966 y que causaron la muerte de millones de personas. Por su parte, Wang Youqin, una académica que ha estudiado exhaustivamente la Revolución Cultural, indica que no se debería permitir que se niegue la muerte y el sufrimiento que dejó tras de sí esa masacre. Lamenta el hecho de que, a diferencia de Camboya, donde el Tribunal para el enjuiciamiento de los Jemeres Rojos ha investigado los actos de genocidio llevados a cabo bajo el liderazgo de Pol Pot, a las víctimas de la Revolución Cultural se les ha negado toda posibilidad de reencontrarse con su pasado: "Me alarma el hecho de que medio siglo más tarde todavía no tenemos un informe completo sobre la Revolución Cultural. Es una lástima".La académica indica que está convencida de que los ciudadanos de a pie podrían marcar la diferencia si recuerdan y comparten las experiencias vividas durante la tumultuosa década. "La situación cambiará," ha indicado Wang "si hacemos un esfuerzo y contamos la verdad, la gente nos escuchará" puntualizó.
actualidad cultural
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