TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 3 de abril de 2015

AQUEL QUE NUNCA EXISTIÓ: Jesús, un mito convertido en fuente “histórica”


Académicos y teólogos llevan unos 200 años sosteniendo una intensa discusión: ¿existió o no Jesús? aquel enigmático personaje cuyos seguidores, a través de un proceso de evangelización, extendieron los misterios de su doctrina en todo el mundo, o se trato más bien de una farsa montada que sirvió para reunificar a todas las colonias del Imperio Romano? Algunos afirman que su figura fue “embellecida” por mitos provenientes de Asia Menor como el de Mitra - conocida desde hace muchos siglos antes y cuya vida es asombrosamente parecida al del imaginario Jesús - que muchos está convencidos que los primeros “cristianos” solo reemplazaron su nombre por el de Jesús y el fraude estaba consumado. Otros, en cambio sugieren que pudieron existir numerosos Cristos y que el fenómeno de los profetas era más común de lo que imaginamos. Pero una corriente mayoritaria afirma que no hay prueba alguna de que el tal Cristo fuera real y dan a conocer una serie de razones por la que están convencidos de ello: 1. No existe evidencia secular del siglo I que compruebe la existencia de Jesús. El investigador Bart Ehrman afirma que los autores paganos del siglo I no hacen ninguna referencia al Jesús bíblico: la única base histórica de Jesús es la Biblia, escrita por sus seguidores por lo que no es una fuente fidedigna. “Tenemos muchos documentos de la época, escritos de poetas, filósofos, historiadores, científicos y oficiales de gobierno, por ejemplo, sin mencionar la enorme colección de inscripciones en piedra que sobreviven, y cartas privadas y documentos legales en papiro. Y nada en este largo inventario de escritos supervivientes menciona el nombre de Jesús”. 2. Los primeros redactores del Nuevo Testamento desconocen detalles de la vida de Jesús que van apareciendo en posteriores manuscritos. Así por ejemplo, Pablo no da cuenta de ninguna Inmaculada Concepción, de ninguna Estrella de Oriente y de ningún milagro. ¿Es que Pablo no conocía bien a su famoso maestro? De hecho, el apóstol ni siquiera menciona que Jesús tuviera discípulos; Pablo, “el más cristiano de los cristianos”, a menudo se opone a los otros discípulos por no considerarlos “cristianos”. 3. Las historias del Nuevo Testamento no son fuente de primera mano. Desde los tiempos de Hammurabi era una práctica común ofrendar la autoría de una obra a una autoridad famosa, desde reyes hasta dioses. Sabemos que los cuatro Evangelios bíblicos atribuidos a Mateo, Marcos, Lucas y Juan, no fueron escritos por ellos. De hecho, los nombres de los Evangelios fueron fijados en el siglo II de nuestra era, años luego que todos los discípulos habían muerto hace mucho y tomaron sus nombres para dar “veracidad” a sus fantasiosos relatos. 4. Los Evangelios (única fuente "histórica" de Jesús) se contradicen entre si. Existe una gran contradicción entre los Evangelios. Aunque Marcos es considerado el primer texto que habla sobre la vida de Jesús, los análisis lingüísticos sugieren que Lucas y Mateo simplemente trabajaron sobre el texto de Marco, añadiendo correcciones y nuevos materiales. Los discípulos ni siquiera pueden ponerse de acuerdo sobre el lugar donde vieron a su maestro, luego de volver a la vida. Según Marcos 16:7 y Mateo 28:7, el evento ocurrió en Galilea; pero según Lucas 24:33,36 y Juan 20:19, el hecho tuvo lugar en Jerusalén ¿A quien creer? 5. Los investigadores actuales que afirman haber encontrado evidencia del Jesús "histórico" también difieren en sus opiniones.En Deconstructing Jesus (un recuento de las evidencias históricas supuestamente ligadas a la comprobación del Jesús histórico) Robert Price afirma que “el Jesús histórico (si acaso hubo uno) pudo bien haber sido un rey mesiánico, o un fariseo progresista, o un hechicero de Galilea, o un místico, o un sabio helénico. Pero sin duda no pudo haber sido todos al mismo tiempo”. David Fitzgerald, por su parte, concluye que la cuestión del Jesús histórico no puede evadirse de las ficcionalizaciones que los académicos realizan al tratar de reconstruirlo. Además, Pablo y el resto de la primera generación de “cristianos” integraron la traducción Septuaginta de las escrituras hebreas con ritos paganos y otros provenientes del gnosticismo, para proveer de un relato maravilloso sobre un dios encarnado que volvió de entre los muertos – al igual que hicieron siglos antes los egipcios, persas, griegos e hindúes. Lo que es paradójico es que este relato inverosímil y fantasioso acabó imponiéndose en el mundo conocido al ser adoptado como religión oficial del Imperio Romano, alcanzando las cimas de poder que sigue detentando en nuestros días. Dicho en otras palabras, si bien no se puede comprobar la existencia del tal Cristo, sus falsas enseñanzas aún siguen presentes en el mundo.
actualidad cultural
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