SONIDOS DEL MUNDO
viernes, 24 de abril de 2026
POSEIDOS POR UNA FURIA DEMONIACA: ¿Por qué los judíos rechazan a Jesús como el Mesias?
A raíz de la destrucción de una imagen de Cristo Crucificado por un soldado israelí en el Líbano, ha vuelto a la palestra el ancestral odio que los judíos tienen contra Jesús y los cristianos en general, y que al igual que los musulmanes, sufren toda clase de atropellos en los territorios ocupados, ante el silencio cómplice de Occidente, quienes hipócritamente miran para otro lado, negándose a condenar y mucho menos sancionar a los verdugos sionistas por sus atrocidades cometidas. Ahora bien, en lo relativo a Jesús, su exacerbado odio se origina desde el inicio mismo de su ministerio en Palestina, donde era hostilizado y expulsado de las sinagogas, porque les enrostraba su maldad y debido a ello, los califico acertadamente como “¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo creen que van a escapar del castigo del infierno?” (Mateo 23:33-35). Sucede que casi siempre que Jesús iba a algún lugar, era perseguido por los judíos para hostigarlo, ya que al considerarse a sí mismos como “el pueblo elegido de Dios” (?), no lo aceptaban como el mesías prometido, afirmando, por el contrario, que era “un impostor” y “un falso profeta”, y cuyo rechazo hacia Jesús no ceso incluso cuando debido a sus intrigas, fue detenido y entregado a los romanos, exigiendo su muerte. Cuando Pilatos les pregunto qué mal había hecho, ellos respondieron incesantemente: “Crucifícalo” “crucifícalo” “Si no lo haces, no eres amigo de César”. Ante esa amenaza que podía costarle la vida, Pilatos ordeno que sea crucificado, pero antes se lavo las manos diciendo: “Soy inocente de la sangre de este Justo” a lo que los judíos de una forma demoniaca respondieron a una sola voz: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” (Mateo 27:25) convirtiéndose desde ese entonces en un pueblo maldito y perseguido por los siglos de los siglos. Desde entonces, su odio no ha cesado. En efecto, en el judaísmo, se considera a Jesús “como el más dañino de todos los falsos profetas”. Dado que la creencia judía tradicional es que el mesías aún no ha llegado y que la era mesiánica aún no está presente, concluye en el rechazo total de Jesús como el mesías. Por cierto, el judaísmo nunca ha aceptado ninguno de los cumplimientos de profecía que el cristianismo atribuye a Jesús. El judaísmo también prohíbe la adoración de una persona como una forma de idolatría, ya que la creencia central del judaísmo es la unidad absoluta y la singularidad de Dios. La escatología judía sostiene que la venida del Mesías “se asociará con una serie específica de eventos que aún no han ocurrido, incluido el regreso de los judíos a su tierra natal, la reconstrucción del Templo de Jerusalén, una era mesiánica de paz y la comprensión de que el conocimiento de Dios" llenará la tierra”. Dado que los libros de historia dictan que ninguno de estos eventos ocurrió durante la vida de Jesús (ni ocurrieron posteriormente), se considera que no era el mesías. Cabe precisar que los puntos de vista tradicionales de Jesús por parte de los judíos han sido en su mayoría negativos, y persisten en la actualidad. La creencia de que Jesús es Dios, el Hijo de Dios, o una persona de la Trinidad, es incompatible con la teología judía. El judaísmo rechaza a Jesús como Dios, ser divino, intermediario entre los humanos y Dios, mesías o santo, lo ven solo como un rabino (maestro) y algunas corrientes como uno más de los profetas, mas no como un Dios o ser divino. La creencia en la Trinidad también se considera incompatible con el judaísmo, que cree que solo hay un Dios, un solo ser supremo por lo que no existen seres Divinos intermediarios para llegar a él, sino cumplir con los preceptos, educarse y fomentar los valores de la familia, comunidad, por lo existen diferencias entre los principios del judaísmo con los del cristianismo. Según Isaías, el mesías será un descendiente paterno del rey David. Se espera que regrese a los judíos a su tierra natal y reconstruya el Templo, reine como Rey y marque el comienzo de una era de paz, redimiendo a los judíos”. Pero la visión judía de Jesús está influenciada por el hecho de que vivió mientras el Segundo Templo aún estaba de pie, y no mientras los judíos estaban exiliados. Nunca reinó como Rey, y no hubo una era posterior de paz o gran conocimiento. Jesús murió sin completar parte de cualquiera de las tareas mesiánicas, prometiendo una segunda venida. En lugar de ser redimidos, los judíos fueron posteriormente exiliados de Palestina, y el templo fue destruido años más tarde y no reconstruido. Estas discrepancias fueron notadas por eruditos judíos que eran contemporáneos de Jesús, como señaló más tarde Nahmánides, quien en 1263 observó que los rabinos de su tiempo rechazaron a Jesús como el mesías. Además, el judaísmo ve que las afirmaciones cristianas de que Jesús es el mesías textual de la Biblia hebrea se basan “en traducciones incorrectas”, con la idea de que Jesús no cumplió con ninguno de los requisitos del Mesías judío. Pero el odio a Jesús por parte de los judíos se ha trasladado también a la comunidad cristiana en Palestina, quienes continuamente son escupidos, acosados físicamente, sus propiedades y cementerios dañados, así como sus celebraciones religiosas interrumpidas por parte de judíos ortodoxos ante la mirada indiferente de la policía y las autoridades que no hacen nada por evitarlo. Así lo recoge un informe del Rossing Center, con sede en Jerusalén, titulado Attacks on Christians in Israel and East Jerusalem (Ataques a cristianos en Israel y Jerusalén Este), en el que se examina el incremento de las hostilidades contra las Iglesias y sus miembros en el 2026. Ello incluye “un preocupante aumento de graves agresiones físicas y ataques contra la propiedad” que afectan a las comunidades de la ciudad vieja de Jerusalén. En declaraciones a Aid to the Church in Need (ACN), Hana Bendcowsky, del Rossing Center, divide los problemas que afrontan los cristianos en la región en dos: los que son producto del “aplastar” y los ocasionados por el “estrujar”, dos términos que los observadores de los derechos humanos utilizan en inglés: smash y squeeze. Bendcowsky explica: «Con “aplastar” me refiero a incidentes como el ataque a la iglesia de la Flagelación, donde una imagen fue destrozada con un martillo». Añade que estos ataques violentos los llevan a cabo sobre todo jóvenes judíos ultraortodoxos marginados con ideas nacionalistas extremas. “Y el “estrujamiento” significa alejar a los miembros de la comunidad: me refiero a incidentes como escupir a los sacerdotes o indicar a una religiosa que se quite el crucifijo cuando acude al hospital. Esto altera a la comunidad y la hace sentir incómoda”, explica. “Tienen la sensación de que nadie los quiere allí. Eso los laicos no lo perciben tan claramente como el clero, pero forman parte de Palestina y deberían sentirse cómodos en su patria, y nosotros debemos asegurarnos de que así sea”. Bendcowsky precisa que, a diferencia de los incidentes de violencia física arriba mencionados, los casos de agresiones verbales o con escupitajos son obra de “miembros normales de la comunidad ultraortodoxa, hombres y mujeres, jóvenes y mayores. Podrían ser tus vecinos, a los que ves jugando con tus hijos” explico. Por su parte, el padre Nikodemus Schnabel, de la abadía benedictina de la Dormición en Jerusalén Este, asegura que los incidentes con escupitajos se han convertido en algo cotidiano: “Por desgracia, recibir escupitajos forma parte de mi vida cotidiana; cuando salgo del monasterio forma parte de mi realidad. Son un grupo que yo llamo los hooligans de la religión, y la triste realidad es que soportamos este fenómeno, y no de forma excepcional. Como monasterio también hemos sufrido incendios provocados, pintadas de odio y ventanas rotas, y cada vez va a más”. Bendcowsky indica que los escupitajos siempre han sido un problema, pero que la tecnología moderna permite grabarlo, por lo que ahora hay más evidencias de ello. No obstante, también cree que los incidentes registrados en lo que va del año probablemente sólo sean la punta del iceberg. “Tenemos que educar a la gente: los demás no tienen que gustarte, pero no puedes escupirles cuando los ves por la calle. La Iglesia tiene la fuerza para mantenerse en pie y sobrevivir - como ha hecho en los últimos dos milenios -, pero estos incidentes pueden empujar a los laicos y religiosos a marcharse. Eso es lo que quieren, pero no lo lograran. El demonio no triunfará” manifestó.
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