TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 22 de junio de 2018

TEATRO BOLSHÓI: Magnificencia rusa en todo su esplendor

Visitar Moscú y no conocer el Bolshói seria algo inexcusable. La palabra significa “grande” en ruso. No por nada el magnífico Teatro Bolshoi es el emblema cultural de una de las mayores capitales del mundo; sede de espectáculos de ópera y ballet, donde se representan las obras de los grandes compositores rusos como Glinka o Rimski-Kórsakov, y sede de la Compañía de Ballet del Bolshoi, que contó con la actuación de Maia Plisetskaya y Mijaíl Baryshnikov. Su historia se remonta a marzo de 1776, cuando la emperatriz Catalina II de Rusia otorgó al príncipe Piotr Urúsov el privilegio de administrar “todas las representaciones teatrales en Moscú”. Su primera compañía estuvo formada por sólo trece personas y se instaló en una propiedad del conde Vorontsov situada en la calle Zámenka. Cuatro años después, el teatro inauguró su primera sala propia en la calle Petrovka, por lo cual se lo llamó Teatro Petrovski, y donde permaneció durante un cuarto de siglo de memorables actividades líricas. Hubo de esperar a la recuperación del imperio, tras las guerras napoleónicas, para que se inaugurase la nueva y fastuosa sala del Bolshoi, construida por el arquitecto Osip Beauvais sobre diseño de Andréi Mijailov. Para entonces se había incorporado a la compañía el coreógrafo y bailarín Adam Glushkovski, precursor de las grandes figuras de la danza del siglo XX y el ballet clásico ruso. Un nuevo incendio en 1853 hizo arder la sala durante una semana, dejando sólo unos calcinados muros y restos de la fachada. Tres años después el teatro había sido ya reconstruido enteramente con el aspecto externo, la lujosa decoración interior y el aforo de 2.300 localidades que ha conservado hasta la actualidad. A pesar de su fama mundial, el Bolshói estuvo a punto de ser demolido en 1918, ya que tras la Revolución Rusa, Lenin decía que la ópera “era un arte burgués” por lo que debía ser destruido. Pero sorprendentemente tanto Stalin como Anatoli Lunacharski, considerado el primer ministro de Cultura de la URSS, le hicieron cambiar de idea. Tras el derrocamiento de la dictadura comunista y el fin de la Unión Soviética en 1991, el Bolshói recobro sus aires de libertad. Fue cerrado en el 2005 para acometer una ambiciosa restauración y rehabilitación, la más grande de las muchas que ha sufrido en su historia. Una vez iniciada, los técnicos descubrieron que la inestabilidad del edificio era mayor de lo esperado, lo que retrasó y encareció considerablemente el proceso (finalmente unos 500 millones de euros). La reinauguración, inicialmente prevista para el 2009, tuvo que ser pospuesta hasta el 2011. Los trabajos recuperaron la acústica original de la sala, que se había perdido en gran medida debido a las sucesivas reformas durante la era soviética, restableciéndose asimismo la decoración original de1856, incluyendo las águilas bicéfalas (escudo original de Rusia) ubicadas tanto en la fachada principal como en el palco imperial y que habían ido suprimidos durante la dictadura comunista. Aunque en Moscú hay teatros con más capacidad, la grandeza del Bolshoi no se mide por cifras, sino por la riqueza de su historia y su prestigio incomparable. Referencia obligada para todo visitante de Moscú, el magnífico edificio está custodiado por amplios jardines con una bellísima fuente con surtidores, y su famosa fachada neoclásica, coronada desde 1825 por la escultura de Apolo conduciendo una cuadriga, que fascina a todo aquel que pose su mirada en él. Si la imagen te resulta familiar es porque quizás ya la hayas visto en los billetes de 100 rublos. Recorrer el interior del teatro es una experiencia inolvidable.
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