TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 29 de diciembre de 2017

EL CONCIERTO DE AÑO NUEVO DE LA ORQUESTA FILARMONICA DE VIENA: Un espectáculo que cumple 77 años de creación

Se aproxima un nuevo año y el mundo se prepara otra vez para girar con los valses vieneses. Como sabéis, el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena congrega cada año a millones de espectadores en todo el mundo, en torno a la música de la familia Strauss. En la Sala Dorada del Musikverein vienés, la orquesta más prestigiosa del mundo interpreta valses, polcas y marchas de Johann Strauss y de sus hijos Josef, Eduard y Johann Jr. Una glorificación de la música austríaca que concibió el director vienés Clemens Krauss en tiempos en que Austria pertenecía al III Reich y que, con el paso del tiempo, se ha ido abriendo a autores y directores. Hace 30 años, el concierto cobró una nueva dimensión, al establecer los músicos de la Filarmónica que el director del concierto fuese un cargo rotatorio y elegido por ellos mismos. Desde entonces, han manejado la batuta en el Musikverein los más prestigiosos maestros de todo el mundo, desde Herbert von Karajan (1987) a Gustavo Dudamel (2017), pasando por Claudio Abbado (1988 y 1991), Nikolaus Harnoncourt (2001 y 2003) o Zubin Mehta (1990, 1995, 1998, 2007 y 2015). El encargado de dirigir esta edición será el italiano Riccardo Muti, que regresa a la Sala Dorada en Año Nuevo a los 14 años de su última velada allí. Daniel Froschauer, violinista y recién nombrado presidente de la Filarmónica de Viena, explica que "no es un regreso. Tenemos una relación muy estrecha con el maestro Muti desde 1971 y dirige la orquesta en cada temporada". Después de todo este tiempo, apunta Froschauer, "él puede devolver a la orquesta lo que ha aprendido de nuestros predecesores, tantos años atrás". A pesar de la volcánica reputación de Muti, el chairman de la Filarmónica se deshace en elogios respecto al director italiano: "Tenemos una relación muy cercana y amistosa con él. Es un permanente y gratificante intercambio en el que ambas partes dan y reciben". El repertorio escogido por Muti arranca con la marcha inicial de la opereta El barón gitano, de Johann Strauss hijo, sigue con un vals (Wiener Fresken) de su hermano Josef y, de ahí, pasa a dos polcas del primero. El padre de la dinastía queda representado por el Vals de María y un Galope de Guillermo Tell. Muti no ha querido alejarse en su repertorio del territorio austrohúngaro y, así, los dos únicos invitados al festín de la familia Strauss son Franz von Suppé (con la obertura de su Boccaccio) y Alphons Czibulka (con su baile dedicado a la princesa Estefanía de Bélgica). El grueso del programa vuelve, en la segunda mitad, a Johann Jr., con algunas obras ocultas dentro de su vasta producción: Cuentos de los bosques de Viena, Baile de máscaras, Cazador libre, el vals Rosas del sur (de El pañuelo de encaje de la reina) y Campo y ciudad. Pero, como es habitual, las dos piezas más conocidas de la velada no aparecen en el repertorio. El Concierto de Año Nuevo en Viena tiene también sus tradiciones no escritas, que quedan sobre todo patentes en los bises. Desde 1958, estos incluyen indefectiblemente dos piezas: el vals El Danubio azul, de Johann hijo, y la Marcha Radetzky, de su padre. El primero apareció por primera vez en 1945, de la mano de Krauss, y la segunda se introdujo al año siguiente, por Josef Krips. En El Danubio azul la tradición marca que durante la presentación los músicos desean al público asistente al Musikverein un feliz año, mientras que en la Radetzky el director empieza a dirigir a la orquesta antes de llegar al estrado y el público responde a los compases marcando el ritmo militar con las palmas. Las dos únicas veces en que no sucedió así fue en 1967, cuando Willi Boskovsky introdujo El Danubio azul en el programa oficial, y en 2005, cuando Lorin Maazel omitió la Radetzky en homenaje a las víctimas del maremoto sufrido en el Océano Índico días atrás. La tradición también establece algún guiño humorístico por parte de los directores. Así, Mariss Jansons blandió su teléfono móvil, Zubin Mehta se disfrazó de ferroviario austrohúngaro, Georges Pretre sacó balones de fútbol y escopetas de pega, y Daniel Barenboim se dedicó a saludar, uno por uno, a los músicos de la orquesta. A la espera de qué guiño tendrá Muti, Froschauer dice que los músicos aceptan divertidos estas bromas, aunque tampoco les dan mayor importancia. "La propia música de los Strauss ya es, de por sí, suficientemente divertida. La variedad de las composiciones de la familia es enorme". Lo que sí reconoce el presidente de la orquesta es que entre el público "hay una conciencia especial y una sensación de felicidad, dado que es muy difícil conseguir entradas para este concierto. Por supuesto, los músicos estamos seguidos mucho más de cerca a través de la retransmisión televisiva". A ello hay que sumar toda la ambientación de la Sala Dorada. "Todo es todavía más glamoroso con la bella decoración con las flores. Y hay una atmósfera única en la puesta en escena para la emisión". Froschauer se refiere a los interludios de baile, grabados en palacios austriacos e intercalados con las diferentes piezas. Por todo ello, se atreve a decir que esta actuación "transmite un ánimo muy especial, dado que el Concierto de Año Nuevo ofrece un mensaje de paz y libertad al mundo". Los músicos de la Filarmónica, añade, "tan sólo pretenden llevar felicidad y belleza a los oyentes". Para Froschauer, acontecimientos como éste son hoy más necesarios que nunca. "Necesitamos difundir el optimismo y el goce de vivir, de tal manera que podamos influir al mundo de una manera positiva, a través de ese lenguaje universal que es la música". El sello Sony registrará el concierto, que estará disponible en diferentes formatos desde cuatro días después del espectáculo. Un lanzamiento que permite a los melómanos revivir un momento que hace mucho que dejó de ser una celebración efímera. Como señala el responsable de la orquesta, para que se produzca la magia tiene que haber una gran preparación. También confianza: "La buena relación que tenemos entre el director y la orquesta se basa en ello. Y para que esto se produzca, sólo los músicos más próximos son invitados a dirigir esta velada". Riccardo Muti atesora galones para ello. Desde que en 1971 dirigiese a la Filarmónica en el Festival de Salzburgo, el maestro italiano se ha puesto al frente de la formación en cerca de 500 ocasiones. A lo largo de estos 46 años, este vínculo se ha ido jalonando de numerosos reconocimientos. Así, en 1992, Muti fue invitado a dirigir el concierto del 150º aniversario de la orquesta. Por este motivo, se le ofreció el Anillo Dorado de la Filarmónica, un honor reservado a contados directores. Además, en el 2011 fue nombrado Miembro honorario de la Filarmónica de Viena. El concierto del próximo lunes supondrá otro hito más en su dilatada carrera.
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