TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 25 de octubre de 2013

MARAVILLAS DE LA ANTIGÜEDAD: Los Jardines Colgantes de Babilonia

La siguiente de las siete maravillas del mundo antiguo en ser construida tras la Pirámide de Keops, no sería realizada hasta 2.000 años después en la ciudad de Babilonia, al este del Eúfrates, en el actual Iraq. En efecto, en los siglos VI y VII a.C., Babilonia era una gran capital, famosa por sus imponentes murallas y grandes monumentos. Bajo el dominio del rey Nabucodonosor II, Babilonia alcanzó la cúspide de su poder. Este rey es legendario, no sólo por ser un gran conquistador, sino también por ser el constructor de la segunda maravilla del mundo, los Jardines Colgantes de Babilonia. Si las fuentes clásicas son correctas, los Jardines Colgantes fueron construidos hacia el año 600 a.C. Según los historiadores griegos, los Jardines Colgantes fueron construidos para la esposa de Nabucodonosor II, Amitis. Ella procedía de Media, un país montañoso ubicado en Persia, y cuando se instaló allí, se sentía nostálgica porque no estaba rodeada de un paisaje semejante. Para alegrar su espíritu, el rey ordenó la construcción de una montaña viva que le recordara su tierra natal. Tal como son descritos por los historiadores de la antigüedad, los Jardines Colgantes debieron ser una obra impresionante. Construidos sobre una base de piedra de unos 121 metros cuadrados, consistían en varias terrazas escalonadas que se elevaban hasta una altura de 50 codos, aproximadamente 24 metros. Este diseño en terrazas explica el término de colgantes, aunque hablando con precisión, los jardines no colgaban, sino que se descolgaban desde una terraza a otra. Los relatos acerca de los Jardines Colgantes difieren bastante unos de otros. Una cosa en la que parecen estar bastante de acuerdo, es en que había unas terrazas ascendentes con jardines. Parece que se trataba de una serie ascendente de galerías con los jardines plantados encima, y una de las fuentes habla de cómo entraba la luz en esas galerías, de modo que en sí mismas constituirían casi una estructura de pabellón. Una vez terminada la estructura, plantaron los jardines propiamente dichos con césped, flores, arroyos y árboles los cuales llegaban a medir hasta 15 metros de altura. Parece ser que la estructura era tan fuerte como para soportar la enorme cantidad de tierra requerida. Todavía más sorprendente era su sistema de riego. Debido a las escasas lluvias de Babilonia, el agua tenía que ser traída del Eúfrates y bombeada 25 metros hacia arriba para que se repartiera por los diferentes niveles. Cómo elevaban el agua ha sido materia de un gran debate científico. Se cree que empleaban el método que los asirios y babilonios llamaban shaduf, que es un cigoñal o balanza para subir agua a una parte superior. En cada nivel había un cubo sobre bisagras, que subiría el agua y la vaciaría en el siguiente nivel, y lo mismo ocurriría en todos los niveles. Algunos estudiosos sugieren que utilizaban un método de hélices muy complicado para subir el agua hasta arriba. Desgraciadamente, no podemos estar seguros de que los Jardines Colgantes existieran en absoluto. No aparecen en ningún texto babilónico conservado. Además, de modo significativo, Heródoto no los menciona en ningún momento. Es notable que no escribiera acerca de los Jardines Colgantes, a pesar de haber visitado la ciudad, tal como lo da a entender en su obra. De esta manera, describe el zigurat, las murallas de la ciudad, el palacio real y muchas otras construcciones de la capital, pero no menciona los Jardines Colgantes – que sin duda alguna sería una gran atracción - algo que realmente da qué pensar. Las evidencias arqueológicas tampoco son concluyentes, pero a comienzos del siglo XX, el alemán Robert Koldewey llevó a cabo unas importantes excavaciones en Babilonia. Descubrió muchas de sus obras arquitectónicas, incluidos palacios, calles y los restos de las murallas. Pero en el noroeste de la ciudad, Koldewey desenterró los restos de un sótano compuesto por catorce grandes habitaciones con techos de piedra abovedados, lo que era algo significativo. Además, una de esas catorce habitaciones contenía un pozo con tres barras hundidas en el suelo. Koldewey estaba convencido de que esto formaba parte del sistema de bombeo de los desaparecidos Jardines Colgantes. Aun así, este descubrimiento presenta algunas incongruencias. El primer gran problema es que este emplazamiento estaba alejado del río Eúfrates, y una de las cosas en que están de acuerdo casi todas las fuentes que hablan de los jardines, es el sorprendente sistema de irrigación para subir el agua hasta esas torres ajardinadas, de modo que fueran verdes y exuberantes, lo cual sería muy difícil conseguir unos sin un mecanismo de este tipo. Lo natural sería pensar que los jardines estaban muy cerca del río y de ahí que muchos arqueólogos modernos tiendan a situar los jardines a la orilla del Eúfrates, al noroeste del lugar donde se cree que se encontraba el palacio de Nabucodonosor. Aunque en las fuentes babilónicas no hay pruebas de que los jardines hayan existido alguna vez, las fuentes clásicas están tan convencidas de su existencia y así ha llegado hasta nosotros. En tiempos recientes, durante el régimen de Saddam Hussein se procedió a reconstruir las murallas de la ciudad y entre sus principales proyectos estaban los famosos Jardines Colgantes, pero el estallido de la guerra, la invasión del país por los EE.UU. y la caída del régimen paralizaron las obras indefinidamente. De que los Jardines Colgantes hayan existido realmente o no, nunca lo sabremos con seguridad.
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