TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 30 de marzo de 2018

PALESTINA: La Tierra de Jesús se vacía de cristianos

En el 2018, un australiano puede cruzar el mundo y celebrar libremente la Pascua en Jerusalén, pero para un palestino cristiano de Belén es muchísimo más complicado recorrer los 10 kilómetros que lo separan de la ciudad santa ocupada por los sionistas y poder rezar en la Iglesia del Santo Sepulcro. Basta recorrer los lugares santos de Jerusalén en estos días de Pascua para comprobarlo. En la Vía Dolorosa, en el Monte de los Olivos o en la fila de espera para entrar en la tumba de Jesucristo se cuentan por decenas de peregrinos de un sinfín de nacionalidades, pero las autoridades religiosas lamentan la ausencia flagrante de los palestinos cristianos. “Hace algunos años, las comunidades cristianas locales celebraban juntas la Pascua. Ahora vemos muchas barreras, muchos soldados y muchos peregrinos extranjeros pero pocos cristianos de Tierra Santa, que cada año que pasa, se vacía de ellos. Esta situación es una violación de la libertad de culto cuando la libertad religiosa ha formado siempre parte de la identidad de Jerusalén”, lamenta el sacerdote palestino Jamal Jader, del Patriarcado latino de Jerusalén. Hasta hace una década y pese a la brutal ocupación israelí de los territorios palestinos desde 1967, los cristianos palestinos podían celebrar la Pascua en Jerusalén con relativa libertad. Pero desde hace algunos años (coincidentemente con la llegada al poder de sectores extremistas liderados por el Criminal de Guerra Benjamín Netanyahu) los palestinos de Cisjordania y Gaza, independientemente de su religión, deben tener un permiso israelí para venir a la ciudad. En estos días de Pascua, incluso los cristianos que disponen de esta autorización tienen que sortear controles, barreras y retenes militares hasta llegar a los lugares santos. Desde hace 50 años, las restricciones israelíes para los palestinos, cristianos y musulmanes, han ido en aumento. Los permisos para Pascua, por ejemplo, se conceden de forma muy arbitraria y rara vez una familia entera recibe autorización. Si se da un permiso solamente a la madre y a un hijo, no van a ir solos a Jerusalén y toda la familia se queda finalmente sin viajar”, lamenta Fuad Al Halaq, consejero para Jerusalén en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Según cifras israelíes, cada Pascua se concede entre 10.000 y 15.000 permisos a cristianos de Cisjordania y Gaza aunque responsables palestinos consideran el número real es menor. Las autoridades palestinas critican no sólo el escaso número de permisos concedidos, durante las fiestas religiosas y durante el resto del año, sino la esencia del sistema en sí que exige a los palestinos disponer de una autorización israelí para moverse dentro de su propia tierra, ocupada por el enemigo desde hace décadas con la abierta complicidad de la comunidad internacional que avala sus acciones. Los cristianos de Palestina sólo representan actualmente entre un 1 y un 2% de la población total. Se calcula que en la Cisjordania ocupada viven más de 50.000 cristianos a los que se suman unos 1.500 de la franja de Gaza. En Jerusalén el número de creyentes ha disminuido mucho en los últimos años y no supera los 10.000 fieles. Muchos son expulsados de sus tierras ancestrales por los sionistas, quienes  lo arrasan con tractores y levantan inmediatamente sus asentamientos en el mismo lugar, para ‘justificar’ su propiedad. Victimas de innumerables atropellos por parte de los ocupantes, a los palestinos sean cristianos o no, solo les queda sino huir de sus casas para salvar la vida, permitiendo de esa manera la ‘judaización’ de la ciudad. A pesar de ser una comunidad menguante y afectada por un exilio masivo en las últimas décadas, existen grupos de cristianos palestinos que se niegan a abandonar su hogar y por ello reciben toda clase de amenazas, siendo constantemente hostilizados por la policía.  “Los palestinos queremos vivir en libertad. Esta tierra nos pertenece desde tiempos inmemoriales y los cristianos de Jerusalén conformamos la iglesia más antigua del mundo, nuestras raíces están aquí”, agrega el arzobispo griego ortodoxo Atallah Hanna. Como sabéis, católicos, griegos ortodoxos y armenios conforman las diferentes iglesias cristianas que custodian los lugares santos de la ciudad y observan con gran indignación las discriminaciones, vejaciones y la segregación que sufren diariamente los palestinos en Jerusalén por parte del ocupante sionista y que impiden hablar de paz. “Cuando era un niño venía regularmente a Jerusalén. La ciudad forma parte de mi vida, no solamente de un punto de vista religioso. Pero en este momento hay universitarios que ven Jerusalén únicamente en los libros y no pueden poner un pie en ella, pese a vivir a pocos kilómetros, porque no tienen permiso israelí. Es muy triste”, lamenta el padre Jader. “En el mejor de los casos la gente viene a hacer recados y se va rápidamente, no pasa tiempo en la ciudad, no la disfruta. Necesitamos una Jerusalén abierta, que se convierta de nuevo en el centro de la vida de la gente, que se abra a los estudiantes. No podemos perder Jerusalén. Nos pertenece ya que es la capital de Palestina”, agrega. Como cada año, durante la Pascua cristiana se incrementa las medidas de seguridad en Jerusalén, debido a que es constante escenario de enfrentamientos entre los palestinos y los sionistas. Yussef Daher, director del centro intereclesiástico de Jerusalén, lamenta que mientras Jerusalén esté abierta para los miles de peregrinos de todo el mundo, se multipliquen las barreras para los cristianos palestinos. “La realidad es que en los momentos más importantes de la Pascua, en la plaza de la Iglesia del Santo Sepulcro sólo hay barreras y policías israelíes, aunque el lugar podría acoger a unas 4.000 personas. Muchos cristianos están alrededor de la Ciudad Vieja porque no consiguen llegar al templo”, deplora. Esta iglesia es el núcleo de las celebraciones de la Pascua cristiana ya que en su interior se encuentran el lugar donde, según la tradición cristiana, Jesucristo fue crucificado y sepultado, resucitando al tercer día. Como podéis imaginaros, son interminables las filas de turistas de todo el mundo que desean visitar el sepulcro vacío de Jesús, cuyas obras de renovación en el 2017 acrecentó aun más el interés por visitarla. A menudo guiadas y poco pausadas ya que se realizan varias visitas en el mismo día, estas peregrinaciones se mantienen alejadas del conflicto y de la política y no permiten a muchos fieles percibir la ausencia de las comunidades cristianas locales o las restricciones que sufren. “No, no somos realmente conscientes de que aquí donde estamos hoy, no hay palestinos cristianos. No se les ve por ningún lado, Mas allá del recorrido ‘oficial’ solo observamos vallas y guardias armados que impiden su paso. Los sionistas no tienen ningún derecho a impedir su llegada”, dijo al respecto un peregrino italiano que espera su turno para entrar en el diminuto habitáculo donde se encuentra según la Iglesia, la piedra sepulcral donde fue depositado el cuerpo de Jesucristo. “He visto la forma bestial cómo son tratados los palestinos en los controles militares, he visto el muro de separación que han construido ilegalmente en tierras palestinas. Siento la prepotencia sionista en toda su crudeza y una constante sensación de asfixia. Los cristianos de Belén no pueden venir a Jerusalén, pero creo que si la situación sigue así, tal vez nosotros, como peregrinos extranjeros, tampoco podremos venir un día. Estos lugares santos deberían ser abiertos y de todos y deberían estar custodiados por sus legítimos propietarios, los palestinos”, aseveró. Según la legislación internacional, Israel, desde 1967 y en calidad de país ocupante, es responsable de la seguridad en la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde se encuentran gran parte de los lugares santos, pero no tiene soberanía reconocida sobre ella. El destino político de Jerusalén, como del resto de la Palestina ocupada, es uno de los puntos centrales de unas negociaciones de paz paralizadas desde hace tres años. La situación puede ser peor todavía. El proyecto israelí de convertir a Jerusalén en una ciudad completamente judía no solo ha separado a esta ciudad de Belén por primera vez en dos mil años de cristianismo en Palestina (ciudades ubicadas a tan solo 10 kilómetros de distancia), sino que también ha provocado el descenso de cristianos en la ciudad de 33.000 en 1948 a menos de 10.000 en el día de hoy. A ello debemos agregar el anuncio dado por Trump de ‘reconocer’ a Jerusalén como ‘capital’ israelí, lo cual solo incrementará la violencia contra los palestinos para expulsarlos de sus casas a como de lugar. Para ellos no hay leyes que los protejan. O se van ‘voluntariamente’ de sus tierras o los matan. Mientras no cese la ocupación sionista de Palestina, la paz será solo un objetivo inalcanzable.
actualidad cultural
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