TIEMPOS DEL MUNDO

viernes, 21 de abril de 2017

TREASURES FROM THE WRECK OF THE UNBELIEVABLE: La última locura de Damien Hirst

En la época del Imperio Romano, a caballo entre mediados del siglo I e inicios del siglo II, cuentan que vivió el legendario Cif Amotan II, un hombre cuya historia ha cautivado a miles de personas a lo largo de los siglos. Era un esclavo de Antioquía que después de convertirse en hombre libre amasó una gigantesca fortuna y que gastó ingentes cantidades de dinero en reunir una fastuosa colección de arte compuesta por esculturas monumentales, joyas, monedas y objetos preciosos procedentes de todos los rincones del mundo. Los cronistas de la época cuentan que gran parte de ese fabuloso tesoro fue cargado a bordo de la nave más enorme que hasta entonces había surcado los mares -un barco llamado Apistos, increíble en griego- con destino a un lugar de Asia Menor donde Amotan había levantado un templo dedicado al dios Sol. Pero por causas desconocidas -hay quien habla de peso excesivo, quien culpa a las adversas condiciones del mar y quien opina que simplemente se cumplió la voluntad de los dioses- la nave naufragó y se hundió, sepultando en el fondo del Océano Índico su preciosa carga. Con el pasar de los siglos la historia de ese naufragio ha seguido viva, enriqueciéndose con tantos detalles que hoy es casi imposible distinguir los elementos auténticos de aquellos fantásticos. Pero en el 2008, luego de casi 2.000 años desaparecido, el tesoro de Amotan fue localizado en la costa oriental de África. Se puso en marcha entonces una larga y laboriosa tarea de recuperación submarina que ha permitido sacar del lecho marino numerosas de las obras de arte atesoradas por Amotan, recubiertas de anémonas, de algas y de corales petrificados. Magníficas esculturas griegas en mármol, imponentes conjuntos en bronce de dimensiones colosales, bustos de faraones esculpidos en oro puro y decenas y decenas de otras obras de arte de la colección de Amotan se pueden contemplar ahora en Venecia, a lo largo de los 5.000 metros cuadrados expositivos del Palacio Grassi y el Museo de la Punta de la Dogana, propiedad ambos del millonario francés François Pinault. Se trata de una muestra que abrió sus puertas al público bajo el título ‘Treasures From the Wreck of the Unbelievable’ (Tesoros del naufragio del Increíble) y que reúne casi 200 piezas de lo mas disparatadas. Como esa escultura de 18 metros de altura (sí, ha leído bien) que muestra a un demonio descabezado con un cuenco en las manos y que preside el salón central del Palacio Grassi. O ese conjunto en bronce de 7,13 metros de un guerrero encaramado sobre un oso con que se abre la muestra de la Punta de la Dogana. ¿Que nunca antes había oído hablar de Cif Amotan II y de su fabuloso tesoro? Es normal. Porque en realidad estamos ante la última locura de Damien Hirst, el conocido mercenario del arte. Sucede que este ‘artista’ (?) británico, ha decidido poner en Venecia un proyecto tan desmesurado como excéntrico, que no se le puede calificar de simple juego sino que entra directamente en la categoría de locura. Hirst se ha inventado la historia de Amotan y durante los últimos 10 años se ha dedicado a crear ese tesoro ficticio que ahora se exhibe en Venecia. Las piezas que presenta son recreaciones de aquellas obras que según su fantasía componían ese tesoro imaginario de Amotan, piezas que se ajustan con precisión al canon estético clásico aunque tengan un toque Hirst. Muchas de ellas no sólo son de dimensiones titánicas, tan gigantescas que dejan boquiabierto al espectador, sino que todas tienen un acabado impecable y están elaboradas realmente con los materiales que uno supone con que estarían hechos los objetos de la colección de Amotan: mármol blanco, mármol rosado, lapislázuli, bronce, oro, granito azul, plata, ágatas, jade... Ante tamaña desmesura, es natural preguntarse cuánto habrá costado hacer realidad este sueño excéntrico y quién lo habrá pagado. "Es un proyecto ambicioso, muy ambicioso", es todo lo que dice Martin Bethenod, director del Palacio Grassi y del Museo de la Punta de la Dogana, poniendo los ojos en blanco. El caso es que esta excentricidad de Hirst funciona. El espectador no puede evitar sentirse sobrecogido ante esas obras fantásticas, no puede evitar preguntarse si son auténticas o si son falsas. Porque las dos exposiciones están montadas como si realmente los objetos expuestos fueran parte de un legendario tesoro, empezando por el gigantesco panel que a la entrada relata su historia y continuando con los vídeos que muestran a buceadores rescatando del fondo del mar ‘las obras de arte’ que iban a bordo del Apistos y que ahora componen la muestra, muchas de ellas con restos de corales y conchas. El nombre de Damien Hirst está ausente, excepto en los carteles que a la entrada de ambos museos anuncian la exposición, como si él no tuviera nada que ver con las piezas que se exhiben. Y en el catálogo de la muestra ocurre otro tanto: hasta el reputado Franck Goddio, presidente del Instituto Europeo de Arqueología Submarina, se ha prestado al infame juego de Hirst, escribiendo un texto en el que da por sentada la existencia de la nave Apistos y califica su carga de "piedra milenaria cultural de la máxima importancia" (?) Todo por el dinero. Viniendo de Hirst, que podemos esperar.
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