SONIDOS DEL MUNDO

viernes, 30 de enero de 2026

LA ESTRELLA DE DAVID: Los orígenes de un símbolo demoniaco

A lo largo de la historia, la gente ha adorado diversos fenómenos naturales, a los que llamamos ídolos o dioses falsos. Uno de estos dioses falsos de la historia antigua es la llamada estrella de David, con el cual se identifican los sionistas de hoy para “justificar” sus apetitos expansionistas “Desde el Nilo hasta el Éufrates” según reza su demencial ideología evocando al “gran Israel” - y que, por cierto, aparecen junto a la citada estrella en su bandera. Al respecto, existen varias versiones acerca de su origen, aunque el más antiguo es el que tiene mayor aceptación. 1.- La conexión Moloch: Muchos afirman que el origen de la bandera se remonta a la Estrella de Moloch, una deidad cananea que adoraban los judios. El joven mártir Esteban, en el libro de los Hechos (Hechos 7:43), mencionó que los judíos de su época adoraban la Estrella de Remphan, como también se le denominaba. La mayoría de los eruditos establecen una conexión entre Remphan y Chiun (Amós 5:26), como por ejemplo el Diccionario Bíblico de Nelson. Remphan/Chiun se originó en Babilonia, era el dios de Saturno y poseía una estrella. Bruce, F. y Lockyer, H. 1995. (Nuevo diccionario bíblico ilustrado de Nelson. Nashville: T. Nelson, págs. 507-513). Antes de ser ejecutado, Esteban relacionó la Estrella de los Judíos con el culto a Moloch. Pero ¿es la misma Estrella? No podemos estar seguros, pero parece que sí.“Sí, llevasteis el tabernáculo de Moloch y la estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os hicisteis para adorarlas; y yo os transportaré más allá de Babilonia.” NVI. Esteban reproducía toda la historia de los antiguos israelitas hasta entonces. Amós, capítulo 5:26, en la LXX, citado por también por Esteban dice: «Sí, tomasteis el tabernáculo de Moloch y la estrella de vuestro dios Remphan, cuyas imágenes os hicisteis». Brenton, L. (2007). La versión de la Septuaginta del Antiguo Testamento y los Apócrifos. [Whitefish, Montana]: Kessinger Pub, pág. 1089. El profeta Ezequiel también criticó duramente el culto a Moloch en Jerusalén antes del cautiverio babilónico. El castigo por adorarlo se describe en Levítico, capítulo 18:21. El castigo por adorar a Moloch era ser excluido de la tierra y de entre su pueblo (Levítico, capítulo 21:28-29). Levítico 18:21 “Y no entregarás a ninguno de tus descendientes por el fuego para Moloc, para que así profanes el nombre de tu Dios. Yo Jehová”. Levítico Cap.21:28-29 “No sea que la tierra os vomite también por haberla contaminado, como vomitó a las naciones que la habitaron antes de vosotros”. Porque cualquiera que haga alguna de estas abominaciones, las personas que las hagan serán eliminadas de entre su pueblo. Es por esta razón que los judíos ortodoxos antisionistas, que protestan por miles con regularidad, no apoyan al Estado sionista de Israel. Creen que el pueblo se dispersó debido a las abominaciones cometidas en la tierra. Y que ahora están destinados a vivir en el exilio como luces para las naciones del mundo hasta el regreso del Mesías. Cuando el Mesías regrese, restaurará al pueblo a la tierra. Esa es su creencia; 2.- La conexión con los Rothschild: El profeta Ezequiel también criticó duramente el culto a Moloch en Jerusalén antes del cautiverio babilónico. El castigo por adorar a Moloch se describe en Levítico, capítulo 18:21. El castigo por adorar a Moloch era ser excluido de la tierra y de entre su pueblo (Levítico, capítulo 21:28-29). Levítico 18:21 “Y no entregarás a ninguno de tus descendientes por el fuego para Moloch, para que así profanes el nombre de tu Dios. Yo Jehová”. Levítico Cap.21:28-29 “No sea que la tierra os vomite también por haberla contaminado, como vomitó a las naciones que la habitaron antes de vosotros. Porque cualquiera que haga alguna de estas abominaciones, las personas que las hagan serán eliminadas de entre su pueblo. Es por esta razón que los judíos ortodoxos antisionistas, que protestan por miles con regularidad, no apoyan al Estado sionista de Israel. Creen que el pueblo se dispersó debido a las abominaciones cometidas en la tierra. Y que ahora están destinados a vivir en el exilio como luces para las naciones del mundo hasta el regreso del Mesías, quien, cuando regrese, restaurará al pueblo a la tierra. Esa es su creencia. Otros han establecido una conexión entre el emblema de la familia Rothschild y la bandera nacional israelí. En su libro, Andrew Carrington menciona una fecha en la que los Rothschild adoptaron una estrella roja como emblema familiar. «El 23 de febrero de 1744, Mayer Amschel Bauer, judío asquenazí, nació en Fráncfort, Alemania, hijo de Moses Amschel Bauer, prestamista y propietario de una oficina de contabilidad. Moses Amschel Bauer colocó un letrero rojo sobre la puerta de entrada de su oficina de contabilidad. Este letrero es un hexagrama rojo (que geométrica y numéricamente se traduce al número 666), que, bajo la dirección de los Rothschild, aparecería en la bandera israelí unos dos siglos posteriores». (Hitchcock, A. 2012. La sinagoga de Satán. 2.ª ed. Estados Unidos de América, pág. 247). Los Rothschild adoptaron el Hexágono Rojo, Rot (Rojo en alemán) Schild (escudo o signo en alemán). Dado que los Rothschild fueron fundamentales en el desarrollo del Estado de Israel moderno, su escudo fue adoptado en la bandera israelí. Solo que el rojo fue reemplazado por el azul. Eso es lo que decía un enlace de la Biblioteca Virtual Judía que contenía información a un Archivo Rothschild, pero desde entonces la información ha sido sospechosamente eliminada; 3.- La conexión sionista: La Estrella Azul bien podría haber sido adoptada de la Estrella Roja de Rothschild, ya que Theodor Herzl afirmó en su libro, Der Judenstaat (El Estado Judío), que los sionistas no poseían bandera en ese momento. Fue solo más tarde, hacia el final de la prematura muerte de Herzl, que los Rothschild se involucraron en el desarrollo de la formación del Estado de Israel. Herzl declaró lo siguiente… “No tenemos bandera, y la necesitamos. Si deseamos liderar a muchos hombres, debemos izar un símbolo sobre sus cabezas. Sugiero una bandera blanca con siete estrellas doradas. El campo blanco simboliza nuestra nueva vida pura; las estrellas son las siete horas doradas de nuestra jornada laboral. Porque marcharemos hacia la Tierra Prometida portando la insignia de honor”. (Theodore Herzl, El Estado judío - Der Judenstaat). Todavía muy en el período del sionismo moderno, otro colaborador fue mencionado en un artículo que leí, este artículo se relacionaba más con el diseño de la bandera que con el Magen David o Estrella de David real. “En realidad, el diseño de la bandera que ideó David Wolffsohn ya estaba en circulación, aunque lo más probable es que él no estuviera al tanto de ello. En 1882, judíos rusos fundaron una ciudad al sur de Jaffa llamada Rishon LeZion (“Primeros en Sión”). Fue financiada en parte por el barón Edmond de Rothschild. En el verano de 1885, la comunidad comenzó a hacer planes para celebrar su tercer aniversario. Uno de los colonos, Israel Belkind, decidió confeccionar una bandera para la ocasión. Junto con otro colono, idearon un diseño que se asemejara a un chal de oración, con la Estrella de David en el centro, entre dos franjas azules. La bandera se adoptó como símbolo de la ciudad y, posteriormente, se añadió la palabra Sión en el centro de la Estrella de David. Aunque hace dos mil años Esteban dirigió sus palabras a los líderes religiosos, todavía podemos aprender de su defensa de la fe en Hechos 7:43. Primero, debemos comprender los peligros de la idolatría. Solo Dios es digno de adoración, y él es la vida. Inclinarse ante cualquier otro dios conduce a la muerte. La idolatría es la adoración a nosotros mismos y a lo que hacemos con nuestras manos. Puede que no coloquemos estatuas o imágenes en nuestros hogares para adorarlas, pero la idolatría nace del corazón y va más allá de la adoración de ídolos físicos. La adoración falsa incluye cualquier cosa que prevalezca sobre Dios en nuestras vidas, como el dinero, la carrera, las relaciones o los deseos personales. Jesús advierte: «Nadie puede servir a dos señores. O aborrecerás a uno y amarás al otro, o te apegarás a uno y despreciarás al otro. No se puede servir a Dios y al dinero» (Mateo 6:24) como hacen los judíos, quienes, como siervos de Satanás, han deformado groseramente las Escrituras para sus oscuros intereses. Como pueblo maldito en el cual se han convertido los judios, hay que desenmascararlos ante el mundo para que se vea su rostro de maldad.

viernes, 23 de enero de 2026

HAWÁI: La monarquía pérdida

En estos días, donde un demente quiere apoderarse del mundo y adueñarse de las riquezas que yacen en su subsuelo - llámense Venezuela, Groenlandia, Islandia, Noruega, Canadá o Irán, sólo para empezar - vale la pena recordar un triste episodio donde ese país en su voracidad infinita, derroco a un reino ubicado en medio del océano Pacifico y lo “anexo” a los EE.UU. Se trata de Hawái. Ante todo, cabe precisar que las 137 islas volcánicas que forman Hawái fueron regidas por diversos clanes pequeños hasta 1810, cuando se unificaron bajo el mando de Kamehameha I, un caudillo de la isla de Hawái (que le dio nombre a todo el archipiélago). El rey Kamehameha El Grande -como fue bautizado- fundó la dinastía que reinaría por seis décadas. En 1820 su heredero, Kamehameha II, le abrió las puertas a un grupo de misioneros de Nueva Inglaterra, EE.UU., quienes en pocos años lograron convertir a la mayor parte de la población en cristianos protestantes. Los misioneros también atrajeron el interés de inversores de su país, que fueron comprando grandes terrenos en Hawái, seducidos por los reportes de tierras prístinas y condiciones climáticas ideales para plantar caña de azúcar. En 1839 el nuevo rey, Kamehameha III, promulgó la Constitución de Hawái, transformando el archipiélago de una monarquía absoluta a una constitucional, algo que muchos historiadores consideran una señal de que el poder real se estaba empezando a diluir. Entretanto, los descendientes de los primeros misioneros, que habían hecho fortunas en Hawái, formaron su propio partido político, el Partido de la Reforma, más conocido como el Partido Misionero. Para la década de 1870 la economía hawaiana dependía fuertemente de su comercio con EE.UU. y los empresarios y terratenientes del Partido Misionero empezaron a reclamar un mayor poder político. En 1887 decidieron tomar el toro por las astas y, bajo amenaza de usar la fuerza, obligaron a quien gobernaba en ese momento, el rey Kalākaua I, a firmar una nueva Constitución que solo les daba el derecho a votar a los terratenientes blancos, un evento recordado como la "Constitución bayoneta". David Kalākaua, quien había llegado al trono por ser descendiente de una prima de Kamehameha I -y luego de que Kamehameha V muriera sin dejar herederos-, fue el fundador de lo que sería la última dinastía en reinar Hawái. Durante sus primeros años debió enfrentarse a las crecientes presiones del Partido Misionero, que quería reformar el sistema para convertirlo en un modelo monárquico más parecido al británico, donde el rey es una figura con prestigio, pero sin poder real. "El monarca alegre", como era conocido, comenzó su reinado en 1874 recorriendo las islas, lo que aumentó su popularidad. También negoció un tratado de reciprocidad con EE.UU., incluso reuniéndose en Washington DC con el presidente Ulysses S. Grant, que permitió que los principales productos de exportación hawaianos -azúcar y arroz- entraran a ese país libres de impuestos. El acuerdo también le dio a EE.UU. derechos exclusivos para mantener bases militares en las islas. Durante su reinado Kalākaua puso mucho énfasis en las relaciones internacionales, siendo el primer monarca de la historia que dio la vuelta al mundo, en 1881. Empezando en San Francisco, EE.UU., visitó, entre otros países, Japón, China, India, Egipto y varias naciones europeas. También se entrevistó con muchos jefes de Estado, incluyendo a Humberto I de Italia, el papa León XIII y la reina Victoria de Reino Unido. El monarca utilizó muchos de los objetos y muebles que trajo de sus viajes para decorar una nueva residencia real: el Palacio 'Iolani, considerado una joya arquitectónica, que mandó a reconstruir por el mal estado del palacio original, erigido durante el reinado de Kamehameha IV. El rey buscaba conformar una confederación de países polinesios, y llegó a enviar representantes a Samoa con ese fin, pero el proyecto quedó trunco tras la "Constitución bayoneta", que drenó el poder de la realeza y aumentó el del Partido Misionero. A los pocos años, en 1890, el soberano de 54 años empezó a sufrir graves problemas de salud y, bajo consejo médico, viajó nuevamente a San Francisco. Falleció en esa ciudad estadounidense, sin haber dejado descendencia. Por ello, quien asumió el trono fue su hermana, Liliʻuokalani, quien se convertiría en la última soberana de Hawái. Ella había ejercido como regente en 1881 durante la gira internacional de su hermano, el rey. Cuando llegó al poder intentó derogar la "Constitución bayoneta" para devolverles a los nativos el derecho al voto (y a la corona el poder perdido), pero fue acusada por sus súbditos blancos “de subvertir la Constitución”. Además de buscar poder político, este grupo quería derrocar a la monarca por motivos comerciales: EE.UU. había decidido eliminar el estatus de privilegio del azúcar hawaiano y ellos querían que Hawái se anexara a esa potencia para poder disfrutar así de los mismos beneficios que los productores locales. Bajo el falaz argumento de que los derechos de los comerciantes y terratenientes de origen estadounidense “estaban siendo vulnerados”, el embajador de ese país en Hawái, John L. Stevens, pidió que intervinieran las tropas de EE.UU. estacionadas en las islas. Es así como mediante un incruento golpe de Estado el 17 de enero de 1893, pusieron a la reina Liliʻuokalani bajo arresto domiciliario en el Palacio 'Iolani y se formó un gobierno provisional. El 4 de julio de ese año, día en que se celebra la independencia de EE.UU., el gobierno provisional hawaiano proclamó la República de Hawái con Sanford Ballard Dole como líder, gobierno que fue reconocido inmediatamente por Washington. Entretanto, la reina Liliʻuokalani permaneció bajo arresto hasta 1896 y tras su liberación, se mudó a otra residencia donde llevó una vida de perfil bajo hasta su muerte en 1917. Al igual que su hermano, no tuvo hijos. Sin embargo, siguiendo la tradición, nombró a otros familiares herederos. En 1898, el presidente estadounidense William McKinley -un republicano que había derrotado a Cleveland- firmó la anexión de Hawái a EE.UU., a pesar de las protestas de la oposición que consideraba la anexión como ilegal. Ese acto allanaría el camino para que décadas más tarde, en 1959, Hawái se convirtiera en el quincuagésimo y último estado de EE.UU., una decisión en la que pesó el rol central que tuvo el archipiélago para Washington durante la Segunda Guerra Mundial. Como sabéis, EE.UU. recién se unió al conflicto a finales de 1941 cuando el Imperio de Japón atacó sorpresivamente a la Armada estadounidense basada en Pearl Harbor, en la isla hawaiana de Oahu. En plena Guerra Fría, durante el gobierno de Dwight D. Eisenhower, el Congreso estadounidense finalmente aprobó el ingreso de Hawái a la Unión, decisión que solo fue ratificado por los hawaianos blancos, mientras que fue rechazado por los nativos quienes no tenían derecho alguno al voto. Desde entonces, estos últimos han mantenido su protesta contra lo que es considerado uno de los principales ejemplos de colonialismo estadounidense. En 1993, a 100 años del golpe, el gobierno de EE.UU. se disculpó hipócritamente con los hawaianos por haber derrocado su reino, privándolos de su derecho a la autodeterminación. Asimismo, aunque también reconocieron que el pueblo nativo había tenido que ceder a la fuerza más de 700.000 hectáreas de tierra, no ofrecieron compensación alguna e incluso aclararon que no admitirían reclamos. Venga ya, un robo en toda regla, propio de los piratas que son y que Donald Trump en su insania manifiesta, pretende ahora emular.

viernes, 16 de enero de 2026

ERIK EL ROJO: Descubridor de Groenlandia

Como sabéis, las disputas por el control de territorios remotos han acompañado a los imperios desde que existe la idea de frontera. Y ahora, las demenciales intenciones de Donald Trump de apoderarse de Groenlandia han revivido ese deseo por dominar espacios considerados estratégicos. Su desquiciado comentario, en el que cuestionó la soberanía de Dinamarca sobre la isla porque “uno de sus barcos atracara allí hace 500 años”, recordaba viejas ambiciones de conquista. En efecto, aludiendo a la posibilidad de actuar “por las buenas o por las malas”, Trump presentó a Groenlandia como una pieza codiciada en el tablero del Ártico. Con ello dejaba al descubierto una aspiración tan antigua como los primeros viajes hacia el oeste: el deseo de apropiarse de tierras nuevas para ampliar poder e influencia. Pero alguien ya le gano ... hace varios siglos atrás. Nos referimos a Erik el Rojo, una figura clave en la historia vikinga, quien influyó significativamente en la expansión nórdica y descubrió Groenlandia, donde fundó el primer asentamiento europeo hacia el año 985, tras ser desterrado de Islandia por varios homicidios. Según las sagas islandesas, su llegada abrió un capítulo inédito en la historia de la exploración nórdica, marcada por la violencia, la ambición y la búsqueda de un nuevo territorio donde rehacer su vida. Desde la costa de Islandia, partió con una pequeña flota y logró establecer una colonia estable en una región hasta entonces solo divisada por otros navegantes. Erik era un hombre violento y temido. Desde joven mostró un temperamento irascible que lo convirtió en un personaje al que convenía no provocar. Se le describía como impulsivo, con tendencia a resolver disputas con el hacha antes que con la palabra. Su fama creció porque nunca dejaba una ofensa sin respuesta y respondía con dureza ante cualquier ataque. Esa reputación lo protegía tanto como lo aislaba: quienes le rodeaban preferían mantener la paz antes que enfrentarse a su furia. La autoridad que ejerció en Groenlandia nació de esa mezcla de respeto y miedo que inspiraba entre los suyos. Su historia estuvo marcada por la herencia familiar. Su padre, Thorvald, había sido desterrado de Noruega por homicidio, y la familia entera se trasladó a Islandia para empezar de nuevo. Sin embargo, Erik repitió el patrón. Ya adulto, varios conflictos con vecinos y granjeros desembocaron en muertes y venganzas. En una sociedad donde la fuerza y el honor eran la base del prestigio, esos actos lo convirtieron en un hombre peligroso incluso para sus aliados. Finalmente, los jefes islandeses lo condenaron al exilio durante tres años, una pena reservada a quienes representaban una amenaza para la comunidad. Aquel destierro fue el punto de inflexión que transformó a un guerrero violento en explorador. En lugar de aceptar la condena como derrota, decidió convertirla en una oportunidad. Había oído hablar de tierras situadas más allá del mar occidental, y se lanzó a buscarlas. Con un grupo de hombres, su familia y algunos sirvientes, navegó durante años entre tormentas, hielo y corrientes desconocidas. Pasó inviernos en pequeñas islas y fiordos, y utilizó los veranos para recorrer la costa y memorizar cada accidente del litoral. La travesía no fue un viaje único, sino un proceso de reconocimiento que culminó cuando halló zonas habitables y fértiles en el sur de la isla. Cuando terminó su periodo de exilio, Erik regresó a Islandia con un relato convincente: había descubierto una tierra nueva y prometedora. La llamó Groenlandia, lo que viene siendo Tierra Verde, un nombre elegido para atraer a colonos y ocultar la dureza del entorno helado. Con esa argucia, demostró tanto astucia como liderazgo. Organizó una expedición de unas 25 naves cargadas con familias, animales y provisiones. De todas ellas, solo 14 lograron completar el trayecto. Los supervivientes fundaron los dos principales asentamientos vikingos en la isla. Erik estableció su residencia en Brattahlid, desde donde gobernó a los colonos con firmeza. Su autoridad se basaba en la experiencia, su fama de violento y la gratitud de quienes habían sobrevivido gracias a su iniciativa. La colonia prosperó lo suficiente como para mantener contacto con Islandia y Noruega durante siglos, hasta que el clima y el aislamiento acabaron por extinguirla. No obstante, el descubrimiento y la colonización de Groenlandia por Erik el Rojo marca un punto culminante de la expansión vikinga en el Atlántico Norte. Esta expansión, que comenzó en el siglo VIII y continuó hasta el siglo XI, llevó a los vikingos desde Escandinavia hasta Gran Bretaña, Irlanda, Islandia y finalmente a Groenlandia y América del Norte, siglos antes que Cristobal Colón. El logro de Erik es particularmente notable si se consideran las condiciones de navegación de la época. Con barcos de casco abierto que, aunque aptos para el mar, apenas podían hacer frente a las duras condiciones del Atlántico Norte, se aventuró en aguas desconocidas. Su viaje de descubrimiento a Groenlandia y la posterior colonización son testimonio de su gran coraje, habilidad náutica y talento organizativo. El legado de Erik el Rojo se extiende mucho más allá de su tiempo. Su descubrimiento de Groenlandia allanó el camino para futuras expediciones hacia el oeste y contribuyó a ampliar el conocimiento geográfico de los europeos. Los asentamientos que fundó en Groenlandia perduraron durante varios siglos y constituyeron un importante puente para el intercambio cultural y económico entre Europa y las tierras recién descubiertas en el oeste. Hoy en día, Erik el Rojo no es solo una figura histórica, sino también un símbolo del espíritu explorador y la sed de aventura de los vikingos. Su historia sigue fascinando a personas de todo el mundo e inspira investigaciones y producciones televisivas y cinematográficas. Erik el Rojo es un ejemplo del espíritu intrépido de los vikingos, su capacidad para enfrentarse a nuevos desafíos con su tradicional vestimenta vikinga y su constante expansión de fronteras. Su historia es una parte esencial del rico patrimonio cultural de Escandinavia y un capítulo fascinante en la historia de los descubrimientos y movimientos de asentamiento humanos. Hoy, Groenlandia es una región autónoma dentro del Reino de Dinamarca, pero el legado vikingo aún está presente. Sitios arqueológicos como Brattahlid, la antigua residencia de Erik, atraen tanto a investigadores como a turistas. La historia del asentamiento vikingo es una parte importante de la identidad cultural de Groenlandia y se mantiene viva en museos e instituciones culturales de la isla. Es indudable que el descubrimiento y colonización de Groenlandia por Erik el Rojo sigue siendo un episodio fascinante en la historia de la expansión y adaptación humana. Demuestra la capacidad del ser humano para sobrevivir y prosperar incluso en los entornos más inhóspitos, y nos recuerda el espíritu intrépido de los exploradores de tiempos pasados. Hoy, que un demente pretende apropiársela por la fuerza de las armas, han salido en defensa de su legado los herederos de los vikingos, quienes no permitirán tal atropello.

viernes, 9 de enero de 2026

¿MONTE RUSHMORE O MONTE TRUMP?: Los sueños retorcidos de un megalómano

No cabe duda que ahora que se ha apoderado de Venezuela capturando a un tirano, y pretendiendo por ello quedarse con su petróleo -según expresó - “por tiempo indefinido” y renovado sus amenazas para hacerse a como dé lugar de Groenlandia “por razones de seguridad nacional”, ya sea comprando la isla o invadirlo militarmente, sin importarle en lo más mínimo que ello significaría el fin de la OTAN, cual loco desatado, Donald Trump ha revivido un viejo sueño: Grabar su rostro en el Monte Rushmore al lado de los otros cuatro presidentes que allí se encuentran, e inmortalizarse para la posteridad. Ante todo, cabe precisar que Tȟuŋkášila Šákpe, o los Seis Abuelos, era una montaña de las Colinas Negras, sagrada para los indios Lakota que habitaban esas tierras del norte de la América del Norte… hasta que llegaron los hombres blancos. Tras bajar del Mayflower, aquellos pobladores del Nuevo Mundo se fueron extendiendo desde el Atlántico y no pararon hasta que les detuvo el Pacífico. En pocos años, las Colinas Negras pasaron a ser parte de Dakota del Sur y los Seis Abuelos dejaron de ser monte sagrado para los nativos, los cuales por cierto fueron exterminados. Se trata del Monumento Nacional del Monte Rushmore, una colosal escultura tallada en la cara de granito de una montaña de 1.745 metros de altitud. Son cuatro cabezas de 18 metros de altura de cuatro presidentes de Estados Unidos: George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln. ¿Hay sitio para una cabeza más? Donald Trump cree que sí. El actual inquilino de la Casa Blanca ha hablado con la gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem, sobre la posibilidad de añadir su rostro al emblemático Monte Rushmore. Ya en el 2020, durante su visita al monumento, Noem le regaló un busto de su rostro. Aquel objeto, que expresaba su sintonía (hoy ella es la secretaria de Seguridad Nacional de EEUU) parecía un apunte previo de la escultura que podría llegar a esculpirse en la montaña. Trump ya lo había sugerido antes. Fue en su primer mandato, pero aquello pareció más bien una ocurrencia caprichosa, una más. Sin embargo, ahora la idea tiene visos de realidad tras la propuesta legislativa que impulsa la congresista republicana Anna Paulina Luna en la Cámara de Representantes. Cabe precisar que el de MAGA no es el primer presidente propuesto para “añadirse” al Monte Rushmore, llamado Santuario de la Democracia. En el pasado se sugirió la incorporación de Franklin D. Roosevelt, de John F. Kennedy y hasta Ronald Reagan. Ninguna propuesta salió adelante y las razones son objetivas: la montaña no da para más. Según los expertos, no hay lugar ni condiciones geológicas para añadir otro rostro al monumento. Es lo que sostiene desde hace tiempo el Servicio de Parques Nacionales (NPS, por sus siglas en inglés), que la composición geológica del monte no permite tallar más. “La parte tallada del Monte Rushmore ha sido evaluada exhaustivamente y no quedan lugares viables para tallas adicionales”, asegura el NPS. Hay también argumentos de carácter artístico. “No se añadiría otra cara al Monte Rushmore como tampoco se añadiría una a la Última Cena de Da Vinci”, declaró Dan Wenk, exsuperintendente del monumento, a The New York Times. “Desde mi punto de vista, están luchando contra la realidad de la roca”, opinó. El Rushmore fue diseñado por el escultor Gutzon Borglum (que estuvo afiliado al Ku Klux Klan). Se talló, con taladros y dinamita, entre 1927 y 1941. Son cuatros rostros, cuatro presidentes: Washington representa el nacimiento; Jefferson, el crecimiento; Lincoln, la preservación de la nación; y Roosevelt, el desarrollo. Pero para miles de indígenas de EEUU, es un “símbolo del supremacismo blanco”, ya que Washington y Jefferson esclavizaron a decenas de negros, mientras que Roosevelt intentó evangelizar por la fuerza a muchas tribus. Aunque para ellos el peor fue Lincoln, al que consideran un asesino en masa de personas indígenas (ordenó el ahorcamiento de 38 nativos americanos en Minnesota en 1862, que se considera mayor ejecución masiva de la historia de EEUU). El Tratado de Fort Laramie de 1868 reconocía que las Colinas Negras pertenecían al pueblo sioux, pero el gobierno de Washington se apoderó de las tierras menos de una década después porque habían encontrado oro. Una sentencia del Tribunal Supremo de 1980 declaró que EEUU había violado el tratado, pero las tribus rechazaron la indemnización de 1.300 millones de dólares que se les ofreció y mantuvieron sus derechos sobre las tierras. Cuando Trump visitó la montaña en el 2020, el presidente de los Oglala Sioux pidió que se retirasen las esculturas de los cuatro presidentes y el jefe de la tribu Cheyenne River Sioux se ofreció a hacerlo “sin coste alguno para el Gobierno estadounidense”. En aquel momento, sus declaraciones suscitaron un fuerte rechazo de la gobernadora Noem, quien prometió hacer “todo lo posible” para mantener en pie el monte Rushmore. En paralelo a la idea de colocar una cabeza más en el monumento corre el proyecto de construir “el Jardín Nacional de los Héroes Estadounidenses”. Trump anunció por primera vez este proyecto en su primer mandato, en un discurso pronunciado el 3 de julio del 2020 en el Monte Rushmore. De vuelta al despacho oval, a principios del 2025 firmó una orden ejecutiva para construirlo. El jardín de los héroes de EEUU contará con 250 estatuas de tamaño natural de figuras históricas en honor al 250 cumpleaños del país, el 4 de julio de 2026. Las autoridades de Dakota del Sur están presionando para hacerlo realidad cerca del monumento de los cuatro presidentes. “Las Colinas Negras marcan la ubicación perfecta para lograr su visión del Jardín Nacional de los Héroes Americanos”, escribió el gobernador republicano Larry Rhoden en una carta a Trump. “Juntos, haremos realidad este proyecto de una manera que honre a los héroes de Estados Unidos, aproveche la belleza natural de Dakota del Sur e incorpore el monumento más emblemático de nuestros más grandes líderes: Mount Rushmore National Memorial”, se lee en la misiva. La Cámara de Representantes ha aprobado una partida de 40 millones de dólares para el proyecto, que está siendo supervisado por el Departamento de Interior y la Fundación Nacional para las Humanidades. El Senado aún no ha aprobado la financiación. Una empresa minera se ha ofrecido a donar 16 hectáreas a un kilómetro del Monte Rushmore, informó CBS News. Pero la iniciativa ha provocado la reacción de grupos indígenas que consideran sagrada la zona. Por cierto, y como podéis imaginar, Trump no ha renunciado a sus sueños de verse grabado en el Rushmore y cree que al final de su gobierno será una realidad. “El Monte Trump será el más hermoso de todos” asevero. ¿Ustedes que creen?

viernes, 2 de enero de 2026

ARTABÁN: El cuarto Rey Mago

Cuando se acercan estas fechas cercanas a la Epifanía (también conocido como el Día de Reyes), no son pocas las historias y leyendas que podemos encontrar, señalando que los Reyes Magos que llegaron a Belén para adorar al Niño Jesús podrían haber sido más de los que marca la tradición, si alguno hubiera llegado tiempo al punto de reunión fijado hace más de 2.000 años para seguir la Estrella que marcaba el camino a seguir. Así que, ante la cercanía de la noche más esperada del año, permítannos la licencia de poder recordar a uno de ellos. Concretamente, a Artabán, a quien se le considera como el cuarto Rey Mago, un astrólogo que se perdió por el camino y estuvo toda su vida tras los pasos del Mesías. Cierto es que el Evangelio de San Mateo no lo nombra y que su historia es relativamente reciente - concretamente el cuento The Other Wise Man (El otro Rey Mago) de Henry Van Dyke en 1986 -, pero la tradición, el paso del tiempo y el cariño que siempre adquieren las leyendas, ha situado a este astrónomo junto a Melchor, Gaspar y Baltasar como uno de ellos. La historia es la siguiente: Los cuatro Reyes Magos habían hecho planes para reunirse en Borsippa, una ciudad antigua de Mesopotamia (actual Birs Nimrud, Irak), desde donde iniciarían el viaje. Pero según cuenta la leyenda, Artabán, que viajaba con su cargamento de piedras preciosas - entre ellas un diamante protector de la isla de Méroe, un pedazo de jaspe de Chipre, y un fulgurante rubí de las Sirtes como triple ofrenda - encontró por el camino a un anciano enfermo, cansado y sin dinero, y se vio envuelto en un dilema: ayudar a este hombre o continuar su camino de quedarse con el anciano. Si lo ayudaba, seguro que perdería el tiempo que necesitaba para llegar a Borsippa y los otros reyes lo abandonarían siguiendo su camino, pero obedeciendo a su noble corazón, decidió ayudar a aquel anciano decidido a cumplir su misión. Emprendió su camino sin descansar hasta Belén, aún a sabiendas de que los otros reyes habían iniciado ya la marcha, cargados con el oro, el incienso y la mirra que ofrecerían al recién nacido. Pero cuál fue su sorpresa, que, al llegar al pesebre, el niño ya había nacido y sus padres, José y María, habían huido rumbo a Egipto, escapando así de la matanza que había ordenado el infame rey Herodes. Ni corto, ni perezoso, Artabán emprendió su viaje siguiendo los pasos del Niño. Pero por donde él pasaba, la gente le pedía auxilio, y él, atendiendo siempre a su noble corazón, les ayudaba sin detenerse a pensar que el cargamento de piedras preciosas que portaba poco a poco se reducía sin remedio. Y así fue pasando el tiempo, hasta que, pasado 33 años, viejo, casi ciego y cerca de la muerte, llegó al monte Gólgota para ver la crucifixión de un hombre que decían era el Mesías, enviado por Dios para salvar al mundo, sólo con un rubí en su bolsa y dispuesto a entregar la joya pese a cualquier cosa. Justo en el momento que se encontraba frente a él, se apareció una mujer que era llevada a la plaza para venderla como esclava y pagar la deuda de su padre. Artabán, en vez de entregar la piedra a Jesús, entregó esa piedra preciosa a cambio de la libertad de esa joven que iba a ser esclavizada. Triste y desconsolado, se sentó junto al pórtico de una vieja casa y en ese momento la tierra tembló y una piedra golpeó su cabeza, dejándole moribundo con sus últimas fuerzas. El cuarto Rey Mago imploró perdón por no haber cumplido su misión de adorar al Mesías y, en ese momento, la voz de Jesús se escuchó con fuerza: “Tuve hambre y me distes de comer; tuve sed y me distes de beber; estuve desnudo y me vestiste; estuve enfermo y me curaste; me hicieron prisionero y me liberaste”. Artabán, agotado, preguntó cuándo hizo esas cosas y justo en el momento en que expiraba, la voz de Jesús le dijo: “Todo lo que hiciste por los demás, lo has hecho por mí; por eso hoy estarás conmigo en el Reino de los Cielos”. Y así, Artabán murió en los brazos de Dios. Por ese motivo, y para no desfallecer nunca en la tarea de seguir los pasos de Jesús, ayudando a todo aquel que necesitaba su auxilio por su particular estación de penitencia, las historias y leyendas de la Noche de la Reyes, hacen que Artabán cada vez tenga más seguidores en el Reino de la Ilusión.
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