SONIDOS DEL MUNDO
viernes, 20 de octubre de 2023
OLIVER CROMWELL: Un regicida que lideró la república inglesa
Con la muerte de Isabel I, la Reina Virgen, terminó la dinastía Tudor, tan respetada y querida por la mayoría de los ingleses. A partir de entonces, estos tuvieron que soportar la inex-periencia y la tendencia al despotismo de los dos primeros re¬yes de una dinastía extranjera, la de los Estuardo, procedente de la veci¬na Escocia. El primero de ellos, Jacobo I, úni¬co pariente vivo aunque lejano de Isabel I, fue aceptado y mantenido en el trono sin protestas ni dificultades insuperables. Pero el segundo, Carlos I, mal orientado por sus consejeros, implantó lo que se conocería como la “larga tiranía”. Quiso convertirse en un rey absoluto prescindiendo de la tradición y la voluntad de sus súbditos ingleses. Estos ya conta¬ban con una ley fundamental, la Common Law, y un Parlamento legíti¬mo con dos cámaras, Lores y Comu¬nes, que no renunciarían a la defensa de los derechos y libertades del pueblo que represen¬taban. Entonces, Carlos I clausuró el Parlamento en 1629. Quería reforzar el poder político de la monarquía por encima de cualquier otra institu-ción. Al mismo tiempo, impuso el anglicanismo en Escocia e Irlanda, de mayoría presbi¬teriana y católica respectivamente. Ello acarreó una vio-lenta reacción, especialmente de los escoceses, que decidieron invadir Inglaterra. Para financiar su ejército, el rey recurrió al Parlamento, que reabrió en 1640. La tensión entre el monarca y la institución se hizo en última ins¬tancia intolerable. Se produjo una ruptura abierta que desembocó en un largo enfrentamiento militar. Carlos I, rodeado de enemigos en Londres, se retiró con toda su corte a Oxford, y la capital quedó entonces a mer¬ced del Parlamento, en cuyas tropas destacaban por su valor unos soldados conocidos como Ironsides (costillas de hierro). Estos, que no bebían alcohol, no jugaban ni blasfemaban, aparecían agrupa¬dos en torno a un hombre singular, valiente y puritano hasta el fanatismo: Oliver Cromwell. Este personaje, capaz de con¬vencer a gran¬des masas de población, y espe¬cialmente eficaz como jefe militar, había nacido en el seno de una fa¬milia de la clase media en Hun¬tingdon. Al frente de sus Ironsides y al ser¬vicio del Parlamento, la inter-vención de Cromwell fue decisiva en las batallas de Marston Moor y de Na¬seby contra los realistas. Estas accio¬nes militares debilitaron la fuerza y los ánimos de los defensores de la monarquía absoluta. El mismo rey, que había rechazado un acuerdo razonable con Cromwell, se encontró al final prisionero, desasistido e impotente frente al Parlamento. Algunas voces reclamaban la instauración de una república, pero todavía no tenían demasiado apoyo. Sin embargo, el intento del rey de aliarse con los escoceses y franceses para salvar su trono a costa de la libertad del pueblo inglés fue pronto descu¬bierto, y desacreditó de un modo de¬finitivo a todos los monárquicos. El Parlamento abrió en ene¬ro de 1649 un proceso al rey, respon¬sable de la guerra civil y por tanto “culpable de todas las traiciones, muertes y rapiñas cometidas durante la misma”. En él se resolvió su conde¬na a muerte. Carlos I de Inglaterra fue ajusti¬ciado en la horca levantada junto al palacio de Whitehall, en Londres, el 30 de enero de 1649. La victoria de Cromwell planteó serios problemas a todos los ciudadanos ingleses. Ha¬bían eliminado a su rey absoluto, pero no tenían la menor experiencia republicana ni habían conocido una dictadura militar. Inventaron un sis¬tema que bautizaron con el nom¬bre de Commonwealth (término que entonces no aludía, ni mu¬cho menos, a lo que significa hoy). Y dejaron que Cromwell, convertido en Lord Protector y asesorado por un grupo de partida¬rios, conocidos como los “san-tos”, asumiese la responsabilidad del gobierno. La sociedad cambió rápidamen¬te. El puritanismo, hasta entonces un movimiento minoritario, al ser defendido en aquel momento por el poder militar y por el civil, pudo aplicarse –de buen grado o por la fuerza– en la vida cotidiana, econó¬mica, social y política de todo el te¬rritorio británico. Como según Calvino, maestro de todos ellos, la Biblia era la ley de Dios, debía vivirse literalmente de acuerdo con ella. Se prohibieron los pla¬ceres favoritos de los ingleses: el teatro, las carreras de caballos, las riñas de gallos... Para respetar el descanso del domingo, el Parla¬mento impidió que en ese día se vendiesen mercancías, se viajase, se tocasen campanas, se abriesen cantinas, se practicasen bailes y juegos... Los puritanos o “santos” presi¬dían entonces la vida inglesa. Pero no todos los ciudadanos estaban de acuerdo con aquella rígida tute¬la moral. El gobierno de Cromwell fue discutido. Pero él, que era mejor jefe militar que go¬bernante, supo crear las gue¬rras necesarias para aumentar su prestigio. Venció a los católicos irlandeses en 1649 tras una matanza en la que murieron más de cuaren¬ta mil personas, a los monárquicos escoceses entre 1650 y 1651 y se enfrentó con éxito, en el conti¬nente, a los holandeses, los espa-ñoles y los franceses. Las victorias militares en el exterior hacían per¬donar sus acciones más dudosas en política interior. Al mismo tiempo, el Lord Pro¬tector se mostró como un eficaz impulsor del crecimiento econó¬mico. El Acta de Navegación dictada en 1651, que reservaba a las naves británicas la entrada en exclusiva a los puertos del país, estaba destinada a convertir In-glaterra en una gran potencia co¬lonial y en la dominadora del co¬mercio marítimo mundial. Al mismo tiempo, se mostró como un eficaz impulsor del crecimiento econó¬mico. El Acta de Navegación dictada en 1651, que reservaba a las naves británicas la entrada en exclusiva a los puertos del país, estaba destinada a convertir In-glaterra en una gran potencia co¬lonial y en la dominadora del co¬mercio marítimo mundial. Cuando murió Oliver Cromwell, enfermo de fiebres palúdicas y precozmente envejecido, su tercer hijo, Richard, ocupó su puesto en el gobierno, con un respeto absoluto a los de¬seos paternos, aunque con escasa fortuna. Apenas pasaron dos años del fallecimiento del Lord Protector, no les resultó difícil a los partidarios de Carlos II, primogénito del ajusticiado Carlos I, traerle a In¬glaterra y ayudarle a consolidar la monarquía restaurada. Cuando ello sucedió, el cadáver del regicida fue desenterrado, colgado de cadenas y decapitado, mientras su cabeza fue expuesta durante años para escarnio público, convirtiéndose en ‘protagonista’ de historias de terror. Empezaban así los treinta años de gobierno de los dos últimos Estuardo (Carlos II y Jacobo II).
viernes, 13 de octubre de 2023
FILISTEOS: Desmontando la “leyenda negra” creada alrededor de ellos
Como sabéis, los sionistas, expertos en falsificar la historia a su conveniencia, han difundido una serie de mitos acerca de los filisteos, enemigos irreconciliables de Israel, tal como se detalla en el Antiguo Testamento y de quienes los hoy martirizados pobladores de Gaza se consideran sus descendientes. En el folklore judío se les trata de la peor manera cuando lo cierto es que los filisteos eran de raíces griegas y crearon una sofisticada civilización ya que trajeron su cultura desde Creta, de los cuales se cree que eran originarios. En efecto, el pueblo filisteo ha sido retratado históricamente como una comunidad ignorante y belicosa asentada hace 3.000 años en el Levante mediterráneo. Su figura más conocida conduce al gigante Goliat, símbolo del poder por la fuerza que según el Antiguo Testamento fue derrotado por la honda de un tal David. Su mala reputación ha sido interesadamente moldeada durante siglos, pero lo cierto es que la historia de Filistea ha sido escrita por sus enemigos, los israelitas. Pero en el 2018, un estudio de restos de ADN de esqueletos humanos extraídos de un yacimiento de la ciudad filistea de Ascalón, situada a 73 kilómetros al suroeste de Jerusalén, resolvió el misterio de su origen y contrarrestar la ‘leyenda negra’ que han acompañado a este pueblo desde siempre. La investigación, liderada por un grupo internacional de expertos, determino que los orígenes de los filisteos se hallan en migrantes de una serie de comunidades del sur de Europa como Creta (Grecia) o incluso Cerdeña. Estos antepasados habrían emigrado a través del Mediterráneo en el periodo de transición de la Edad de Bronce tardía a la Edad de Hierro, hace unos 3.000 años; una época agitada y en la que se registraron movimientos masivos de personas y cambios culturales que desembocaron en el colapso de imperios como el hitita o el micénico. Los resultados de los análisis, además, han avivado la hipótesis de que los filisteos son descendientes de los griegos, lo que da pábulo a una enigmática teoría: que fueron antepasados de los guerreros de la Guerra de Troya - registrada en esta misma época de migraciones, en torno al siglo XII a.C.- que nunca lograron regresar a sus hogares, y tras ser derrotados al intentar invadir Egipto, se instalaron en los territorios que hoy forman parte de Gaza. Pero estos rasgos europeos duraron poco. Según señalo en esa ocasión el arqueólogo Choongwon Jeong, uno de los coautores del estudio, basado en las excavaciones realizadas con sigilo durante tres décadas en el yacimiento del puerto de Ascalón, "esta huella genética que se introdujo durante la primera Edad de Hierro ya no es detectable dos siglos más tarde, y parece estar diluida con los genes locales del Levante mediterráneo". En concreto, se analizaron restos óseos bastante bien conservados de diez individuos que habitaron en esta zona entre 3.600 y 2.800 años, y los resultados revelaron que la filistea fue una sociedad rica, sabia y más compleja de lo que se creía. Las excavaciones mostraron además que los compatriotas de Goliat construyeron ciudades con ingeniosos diseños, elaboraron exquisitas cerámicas y mostraron aprecio por el buen vino. Ellos habrían llevado un estilo de vida cosmopolita mientras sus enemigos israelitas daban de pastar a las ovejas. "Lamentablemente no hay rastro de textos de los filisteos. Las descripciones que nos han llegado, incluyendo el Antiguo Testamento, fueron escritas por sus enemigos, por lo que no son dignas de confianza", señalo Michal Feldman, del departamento de Arqueogenética del Instituto Max Planck y coautor del estudio publicado en la revista Science Advances. Lo cierto es que los historiadores y los arqueólogos llevan décadas intentando trazar los orígenes del pueblo filisteo, que también aparecen referenciados en escritos egipcios. Cruzando estas citas en fuentes hebreas y egipcias, los expertos han logrado situar Filistea en una época y una extensión que incluye el puerto de la ciudad de Ascalón, actualmente en territorio palestino ocupado por Israel. La ciudad fue destruida por los ejércitos del rey babilonio Nabucodonosor II en el año 604 a.C. Los arqueólogos han desenterrado altares de piedra, cerámica refinada y vestigios de edificios minuciosamente decorados que refuerzan la hipótesis de que este pueblo fue refinado, y no ignorante como se ha hecho creer durante siglos. "Los filisteos fueron comerciantes que tomaron prestadas cosas de otras culturas y las hicieron suyas; es decir, se mantuvieron en la vanguardia cultural", señalo por su parte Daniel Master, del Wheaton College, Illinois. Otros objetos recuperados sugieren que los filisteos alcanzaron unos niveles de maestría en la fundición del cobre que no se igualaría hasta siglos más tarde, durante el auge de Roma. Un resumen de los hallazgos recogidos en la zona de Ascalón concluye que los filisteos fueron "grandes comerciantes, maestros de la construcción y uno de los pueblos más civilizados de su tiempo" puntualizó. Los filisteos fueron un pueblo que se estableció en cinco ciudades al suroeste de la tierra de Cannán y dominaba la Via Maris, el camino que venía de Egipto, por la costa, y discurría hacia Líbano y Damasco. Pueblo aguerrido, que monopolizaba la fabricación de armas de hierro y cuyos habitantes aparecen en las inscripciones egipcias como hombres altos, totalmente afeitados, que llevaban cascos coronados de plumas y grandes lanzas. Quizás por eso, Dios no condujo a su pueblo hacia la tierra prometida "por el camino de la costa que conduce a la tierra de los filisteos, aunque es el camino más corto" (Éxodo, 13,17). Sabemos poco del lenguaje de los filisteos. Algunos fragmentos de cerámica contienen inscripciones no semíticas. Unas pocas palabras y nombres filisteos se asocian con términos indoeuropeos (que se podrían haber tomado de la cultura egeo-griega). Cabe destacar que los dioses y diosas de los filisteos incluían a Baal, Astarté, Asera y Dagón. Los nombres y características de esas deidades también formaban parte de la religión cananea. Su decadencia comenzó con la invasión de los territorios de Canaán por el Imperio neoasirio en 722 a.C. Cuando el rey asirio Sargón II (que reinó de 722-705 a.C.) invadió Filistea, Egipto promovió y financió rebeliones contra los asirios. En los siguientes diez años, el hijo de Sargón, Sednaquerib (que reinó de 705-681 a.C.), aplastó las rebeliones y destruyó las ciudades de la región. Solo Jerusalén resistió, pero fue destruida más tarde por los babilonios en 587 a.C. Y no se volvió a saber de los filisteos.
viernes, 6 de octubre de 2023
UNA EPOPEYA HISTÓRICA: El descubrimiento y conquista de América
Como sabéis, el 12 de Octubre de 1492 es una fecha en la que cambio para siempre la historia de la humanidad gracias a una heroica gesta liderada por España que descubrió - y posteriormente conquisto - un nuevo mundo del cual nadie tenía conocimiento de su existencia, integrándola a la civilización. Desde hacía siglos, los otros continentes conocidos por los europeos eran Asia y África. Se conectaban por el comercio de especias a través de la Ruta de la Seda, pero con la caída del Imperio Bizantino en el siglo XV los otomanos pasaron a controlar puertos y ciudades comerciales clave. Esto obligó a los reinos europeos a buscar otra alternativa. En esa carrera entró en escena Cristóbal Colón, quien planteaba llegar por el oeste a Asia -Pacífico y el actual Japón. Los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, aceptaron patrocinar su viaje luego de que prometiese expandir el cristianismo, y en abril firmaron las Capitulaciones de Santa Fe, por las que Colón sería virrey en los nuevos territorios y recibiría el 10% de los beneficios. De esta manera, el 3 de agosto zarparon desde la península ibérica hacia el Atlántico dos carabelas y una nao: la Pinta, la Niña y la Santa María. Colón creía que la Tierra era un 25% más pequeña, así que cuando el 12 de octubre llegó a la isla de Guanahani, en las Bahamas, pensó que era el archipiélago de Japón. La oportunidad animó a los Reyes Católicos a financiar otros tres viajes que afianzaron la teoría de que se trataba de otro continente, aunque Colón moriría sin saberlo. La primera expedición abarcó cuatro islas del Caribe que Colón y sus hombres bautizaron Santa María de la Concepción, la Fernandina, Isabela y Juana (Cuba). También arribaron a Haití, a la que llamaron La Española, donde 39 marineros fundaron la primera colonia en el continente, Villa Navidad. En enero de 1493 partieron a Castilla sin oro ni piedras preciosas, pero con especies de flora y fauna y algunos nativos. Las promesas de más hallazgos impulsaron una segunda salida el 25 de septiembre, con mayores recursos materiales y 1.200 personas. Los Reyes Católicos buscaban colonizar las nuevas islas, convertir a los indios al cristianismo, encontrar oro y metales preciosos y monopolizar su comercio entre los continentes. En este segundo viaje siguieron el recorrido por las Antillas y llegaron a las actuales Puerto Rico y Jamaica. Por temor a perder la delantera, Castilla firmó con Portugal el Tratado de Tordesillas de 1494, que reservaba las Antillas a los castellanos y la ruta del cabo de Buena Esperanza, bordeando África hacia la India, a los portugueses. La tercera expedición llegaría a la isla de Trinidad y la desembocadura del río Orinoco, y la cuarta a las costas caribeñas de Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y las islas Caimán. De esta manera, los territorios y poblaciones americanos pasaron a formar parte del reino de Castilla, con hitos como la conquista del Imperio Azteca en 1521 y del Imperio Inca en 1532. También se cruzaron la evangelización de los nuevos súbditos con la explotación de las minas de oro y plata. Esa introducción al comercio y contexto internacional se vio, por ejemplo, en el impuesto del quinto real, una política que obligaba a entregar al rey el 20% de la riqueza extraída en las colonias. La plata, el oro y materias primas como el cacao, el tabaco o la patata, enviadas a Castilla, eran el pago de los colonos al reino por las manufacturas que recibían desde Europa. Por cierto, tras el descubrimiento de América, el principal sistema de colonización castellano fue la encomienda. Era una institución feudal que le adjudicaba una porción de tierra e indígenas a un colono para que la trabajasen la tierra. A cambio, el encomendero los educaba en el cristianismo y velaba por ellos, una fórmula parecida al coatequitl con los aztecas y la mita con los incas. Sin embargo, las enfermedades y epidemias que los colonos llevaron sin saber al continente diezmaron a la población nativa, así que las potencias europeas optaron por llevar esclavos de África como mano de obra para el campo y las minas. Pero a diferencia de América del norte - donde los ingleses y posteriormente los estadounidenses, exterminaron a millones de indios, encerrando a los sobrevivientes en las denominadas “reservas indígenas” ubicados en lugares remotos - en la América española por el contrario, se dio la mezcla de razas entre blancos e indios, dando origen al mestizaje, donde los castellanos, por ejemplo, tomaron como parejas a mujeres indígenas para poder heredar sus posesiones. Pero el monopolio comercial que España mantenía en América se rompería con el Tratado de Utrecht de 1713, que puso fin a la guerra de Sucesión Española y concedió ventajas comerciales a Inglaterra, como el transporte de esclavos. Asimismo, Francia y Holanda también adquirían mayor presencia en el Nuevo Continente. Con el tiempo, el eje económico, político y cultural en Europa giró del Mediterráneo al Atlántico Norte, y la comunicación entre continentes favoreció la globalización mientras en América surgían nuevas sociedades. Pero fue España, quien gracias al empeño de sus audaces exploradores - como Cortes, Pizarro, Belalcázar, Balboa, Alvarado, Ponce de León o Valdivia - hizo una gran aportación a la historia universal. Y ello no se puede negar.
viernes, 29 de septiembre de 2023
SIEMPRE FIEL AL EVANGELIO: Armenia, la primera nación cristiana de la historia
En estos días en que la musulmana Azerbaiyán ha lanzado una ofensiva a gran escala contra el enclave cristiano de Nagorno Karabaj, intentando borrar su herencia armenia ante el silencio cómplice de la “cristiana” Europa, toca ocuparnos en esta oportunidad de la historia de Armenia, considerada la primera nación cristiana de la historia. En efecto, la Iglesia apostólica armenia está estrechamente vinculada a la nación. Según la tradición, Armenia fue evangelizada por los apóstoles San Bartolomé y San Judas Tadeo. “Es por ello que la Iglesia armenia se conoce como apostólica”, subraya el padre Shnorkh, sacerdote que se ocupa de la comunidad armenia en Madrid. La misma tradición eclesiástica cuenta que los apóstoles trajeron dos reliquias muy importantes: la Lanza Sagrada, con la que fue herido Jesús en la cruz, y el Santo Crisma, los cuales tienen un significado singular para la Iglesia armenia y para el pueblo. El nacimiento de la Iglesia propiamente armenia tuvo lugar en el siglo III, con san Gregorio, llamado El Iluminador. San Gregorio, obispo, evangelizó el montañoso país del Cáucaso. Con la conversión de su rey Tiridates, quien proclamó el cristianismo como religión oficial del Estado, Armenia se convirtió en la primera nación cristiana de la historia (año 301 d. C.). Fue el monje Mesrob quien creó el alfabeto armenio y pronto aparecieron las primeras obras escritas en esta lengua. Tras la aceptación del cristianismo, se abrió una nueva página en la historia del pueblo armenio. Dominados por los persas y luego por los bizantinos, los armenios se vieron arrastrados también por las disputas cristológicas de Calcedonia (451), rechazando este concilio más por razones políticas que realmente religiosas. Cabe precisar que la historia armenia está llena de momentos heroicos y bellos, aunque también difíciles y llenos de sufrimiento, cuando diversos invasores intentaron dominar el pueblo y destruir su fe. El momento más trágico fue el genocidio armenio ocurrido al comienzo del siglo XX a manos de los ocupantes turcos, que dejó casi 1,5 millones de muertos y cientos de miles de deportados a Líbano, Europa, EE.UU. y Sudamérica. Pero a pesar de las persecuciones a que ha sido sometida, Armenia ha permanecido siempre fiel al Evangelio. Hoy en día, la Iglesia apostólica armenia tiene unos diez millones de fieles. Al frente está Karekin II, patriarca de todos los armenios, quien fue muy amigo de Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora del Papa Francisco I. La sede del Papa armenio se encuentra en Echmiadzin, no muy lejos de la capital del país, Ereván. Luego de aceptar el cristianismo, se creó una enorme herencia cultural. Por cierto, la arquitectura eclesiástica armenia es única entre todas las tradiciones cristianas, y también se ha creado un enorme patrimonio literario. En Armenia y en todo el mundo se conservan aproximadamente 30.000 manuscritos con contenido diverso: teología, astrología, medicina, que se guardan en el famoso Matenadarán o Instituto Mashtóts, ubicado en la capital del país, y que es uno de los más importantes depósitos de manuscritos del mundo. Entre los escritores y teólogos destaca sobre todo san Gregorio de Narek, declarado por el Francisco I como doctor de la Iglesia. El santo monje Narek vivió a finales del siglo X y principios del XI en el monasterio de Narekavanq, el cual se encuentra en Vaspurakan, provincia histórica de Armenia, hoy en territorio turco. Gregorio de Narek es autor de muchas obras de teología, exegéticas y oraciones. Pero es conocido, sobre todo, por su Matian Vojbergutyan o Libro de las lamentaciones. Para cualquier familia armenia este libro tiene un significado único, casi milagroso. Los armenios creen que puede curar tanto el alma como el cuerpo. Por ello, las madres armenias colocan el libro debajo de las almohadas de sus hijos cuando enferman. Otro elemento propio del paisaje armenio son los jachkar o cruces de piedra, de profundo significado teológico. Los armenios subrayan con orgullo que no hay dos cruces iguales. Las más antiguas datan del siglo IV. Casi nunca se encuentra en ellas tallado el cuerpo de Cristo crucificado. Según el pensamiento armenio, esto significa que la crucifixión de Cristo conduce a su resurrección y a la vida eterna. Es por ello que sobre los jachkar hay ornamentos con motivos florales que simbolizan la vida. La creación de las cruces tiene también otro objetivo: el escultor o aquel cristiano que la encarga, sabiendo que su vida es limitada, quiere que la cruz sea su eterna oración dirigida a Dios. A principios del siglo XX había casi 200.000 cruces. Sin embargo, tras el genocidio, Turquía y Azerbaiyán destruyeron más de 100.000 ejemplares. Fue el genocidio cultural, es decir, borrar cualquier huella cristiana, pero a pesar de todos sus demoniacos esfuerzos, no han podido hacerlo. La presión constante que recibe Armenia por parte de Azerbaiyán no hace más que recordar los siglos de genocidios y matanzas que marcan la identidad de un país al borde de la extinción. Sin duda, el objetivo final de las ofensivas azeríes es eliminar la presencia armenia del Cáucaso y eso significa continuar con la limpieza étnica que llevan sufriendo los armenios durante siglos, eliminando del mapa ese enclave cristiano que les incomoda. No olvidemos que Armenia es el punto de fricción entre la cultura cristiana y la musulmana en el Cáucaso. Ya sea a través de la guerra abierta o el brutal cerco humanitario, “lo que pretenden con ese bloqueo es que los armenios que están allí se vayan y apropiarse por fin del enclave”, explica por su parte Tigran Yegavian, investigador y escritor armenio, quien asegura que “ahora mismo la población de Armenia está mentalizada de que se le viene una guerra encima”. Saben que Azerbaiyán, con el apoyo turco, cada vez es más potente y ellos cada vez más débiles. En Occidente nadie habla del tema. El silencio mediático e institucional es enorme, ya que no interesa posicionarse ante el débil. El pasado verano la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajaba a Bakú para firmar un acuerdo con Azerbaiyán y duplicar así el suministro de gas hasta el 2027. Esta nueva alianza permite a Europa no depender de Rusia para el abastecimiento de gas, y, por eso, desde las instituciones europeas conviene callar ante el sufrimiento armenio. “Lamentablemente, Rusia, considerado un antiguo y tradicional aliado de Armenia, prefiere mirar hacia otro lado porque está concentrado en la guerra con Ucrania y no le interesa abrir otro frente entre Armenia y Azerbaiyán. Todos nos han abandonado” subrayo Yegavian. “Los azerbaiyanos quiere borrar a Armenia del mapa y Europa calla. Esto empieza por destruir nuestra cultura. La Turquía de Erdogan también alimenta su deseo ferviente de recuperar todo el control del territorio caucásico, y eso implica destruir todo rastro del cristianismo”. Mientras, la Iglesia armenia sigue resistiendo. Sostenidos en la fe, se saben acompañados y encuentran refugio en la oración. “Los armenios tenemos muy marcada nuestra identidad. De generación en generación se transmite la idea de que estés donde estés sigues siendo armenio; debes conservar el idioma y la fe. Es nuestra identidad” puntualizó.
viernes, 22 de septiembre de 2023
¿INTENTANDO REESCRIBIR SU HISTORIA?: La India cambia de nombre y se denominara “Bharat”
Venga ya, en el mundo nunca faltan aquellos iluminados que buscan de una u otra manera pasar a la historia, así caigan en el ridículo más absoluto. Este el caso del sátrapa - o en su caso, del ‘maharajá’- Narendra Modhi que (des)gobierna la India desde el 2014, cuya última ocurrencia ha sido cambiar el nombre a su país, aduciendo que este “fue impuesto por los ingleses” cuando ello es completamente falso, ya que desde hace siglos siempre ha sido conocido así, pero por lo visto, mas puede la demagogia barata que la verdad histórica. En efecto, desde el lunes 18 de septiembre, la India ha dejado de llamarse así, pasando a denominarse únicamente Bharat. Su origen parte de un texto sánscrito del año 1500 a.C. en el que se menciona por primera vez a la tribu del clan Bharata como una de las principales tribus que ocupaban el norte del país. Si bien la Constitución de India reconoce oficialmente tres nombres para denominarla: India, Bharat e Hindustán, solo el primero era aplicado a todo el país, mientras que los restantes son utilizadas generalmente por las minorías hindúes y musulmanas (Mongoles). Diferentes estudios atribuyen que el término India se comenzó a utilizar hace más de 2.000 años por persas, griegos o romanos. Este tomó mayor protagonismo en la época colonial británica en el siglo XVIII para reconocer el dominio inglés sobre este territorio. Como recordareis, durante la reciente celebración de la cumbre internacional del G20 en Nueva Delhi está sirvió de escaparate internacional para promover el nombre. Fue la presidenta Droupadi Murmu quien envió unas invitaciones oficiales para una cena al margen de la cumbre en las que se presentaba como "Presidenta de Bharat". Esta situación desató las especulaciones sobre si el gobierno dirigido por Modhi estaría planteándose cambiar pronto el nombre, como en efecto, sucedió. Habitualmente, las invitaciones emitidas por los órganos constitucionales indios siempre han mencionado a India cuando el texto está en inglés y a Bharat cuando está en hindú. Esta vez, aparecía el segundo nombre escrito en la lengua inglesa. Detrás del uso preferente de Bharat frente a India también está el hecho de que los gobernantes del país quieren reemplazar, entre otras medidas, el sistema de justicia de la etapa colonial británica. Su actual Código penal, el Código de Procedimientos criminales, data de 1872. Cabe recordar que la India logró la independencia de Reino Unido en el año 1947. Como podéis imaginar, los historiadores indios debaten si el cambio de nombre de India era realmente un grito de libertad postergado, o si tenía un solapamiento político destinado a cosechar consenso interno. No son pocos los que hacen la última lectura, dado que el primer ministro lidera el ultranacionalista partido Bharatiya Janata Party (BJP), por lo que existe, más allá de cualquier sed de justicia simbólica, un intento de utilizarlo con fines partidarios. India no sería el primer país que cambia su nombre oficial. Su vecina Sri Lanka adoptó el presente nombre recién en 1972, dejando atrás el Ceilán usado en épocas coloniales. Lo que tienen en común todos los casos es que se deja atrás un exónimo, es decir, un nombre impuesto desde afuera. Sin embargo, esta arbitraria imposición de Modhi no ha caído bien entre muchos indios, quienes sienten que penalizar la palabra “India” sería, más que una reivindicación nacional, una manera de meter cizaña entre las clases sociales, que en la India siempre han estado muy diferenciadas. Asimismo - y no les falta razón - critican el hecho de que, en todo caso, la sustitución de India por Bharat no cambiará mucho para el centenar de grupos étnicos minoritarios, ya que, para ellos, Bharat representa una India hegemónica de la que nunca fueron parte. Y segundo, si de barrer con “todo rastro del colonialismo inglés” se trata, no debería la India dejar de hablar el idioma de Shakespeare, así como desactivar todos sus trenes, que son lo que le ha permitido mantenerse unida a pesar de sus cien grupos tribales, sus castas y sus etnias. En efecto, Indian Railways es hoy el mayor empleador de India, con nada menos que 1.38 millones de dependientes. El país heredó una de las redes ferroviarias más amplias del mundo, construidas durante el período colonial. De otro lado, los indios juegan al críquet y se jactan de ser los amos del deporte del que una vez fueron aprendices. A su vez, la bebida nacional de India es el té, que bajo todo punto de vista debe su introducción masiva a las costumbres británicas. ¿Y qué me dicen de Nueva Delhi? Construida al estilo europeo por los británicos al tratarse de la más preciada joya de su imperio ¿No debería ser demolida? Para muchos intelectuales indios, de hecho, ningún cambio simbólico solucionará los millones de hambrientos, la esclavitud infantil, los desocupados y la miseria extrema que se ven en sus abarrotadas, sucias y caóticas ciudades. La India habrá cambiado de nombre, pero todo seguirá igual.(Por cierto, The Times of India, fundado por los ingleses en 1836, siendo el más importante y leído del país ¿tendrá una nueva denominación por culpa de un déspota?)
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