SONIDOS DEL MUNDO

viernes, 29 de mayo de 2026

EL VATICANO: Una guerra contra el Diablo

Si alguien pensaba que la llegada del estadounidense Robert Prevost al trono del Vaticano iba a mejorar las agrietadas relaciones que Donald Trump tuvo con el hereje Francisco I, se han equivocado completamente, ya que por el contrario estas diferencias se han profundizado aún más desde el ataque criminal que EE.UU. e Israel han realizado contra Irán. No es casualidad que la figura que emerge como su principal rival, sea un sacerdote vestido de blanco, conocido como el Papa León XIV. En las últimas semanas, el Papa ha emitido una serie de denuncias apenas veladas contra el presidente estadounidense, quien lo ataco acusándolo de “ser pésimo en política exterior” y exigiendo su destitución, a lo que Prevost le contesto “no te tengo miedo”, prometiendo seguir hablando en contra de la guerra. Ya no es descabellado pensar que lo que un pontífice polaco, Juan Pablo II, hizo al enfrentarse al imperio soviético en la década de 1980, un Papa nacido en Estados Unidos podría hacerlo en la década del 2020 al atreverse a decirle la verdad al aspirante a emperador en la Casa Blanca. Obviamente, varios jefes de gobierno también se han opuesto a Trump. Mark Carney, de Canadá, lo ha hecho de forma más explícita, mientras que sus homólogos europeos han tomado postura negándose a unirse a su guerra contra Irán. Pero ninguno tiene el alcance global del líder de los 1.400 millones de católicos del mundo. Sin embargo, la cuestión va más allá de las cifras. Carney ha expuesto con contundencia el argumento geopolítico contra Trump, dejando al descubierto su destrucción del orden posterior a 1945. Pero esto no refleja la objeción más profunda que gran parte del mundo ha sentido hacia Trump desde hace mucho tiempo. Esa antipatía reside menos en el ámbito político y más en la esfera de la moral, el carácter y la decencia humana. Y ese es el terreno del Papa, quien ha decidido enfrentarse al demonio en persona, representado por Trump. De esta manera, cuando León XIV arremete contra la guerra, no lo hace en términos de rutas marítimas estratégicas ni del precio mundial del petróleo. Más bien habla de «amos de la guerra» cuyas manos están tan «llenas de sangre» que Dios no escucha sus plegarias. Habla de un mundo «asolado por un puñado de tiranos» y lamenta a quienes arrastran «lo sagrado a la oscuridad y la inmundicia». JD Vance intentó defender a su desquiciado jefe, ganándose con razón el desprecio mundial por la desfachatez que demostró cuando, siendo católico desde hace apenas siete años, le pidió al papa que tuviera más cuidado al hablar de "asuntos teológicos”. Pero igual de reveladora fue su exigencia de que León XIV "se ciñera a cuestiones de moral", lo que confirma que Vance no comprende que la repulsión generalizada que provoca Trump es de índole moral. Desde que Abraham Lincoln acuñó la frase en su primer discurso inaugural, los presidentes estadounidenses se han sentido obligados, al menos en cierta medida, a apelar a lo mejor de la naturaleza humana. Pero Trump siempre ha hecho lo contrario, apelando a los peores demonios de los estadounidenses, a sus instintos más bajos. En los debates televisivos de 2016, Hillary Clinton afirmó que Trump no había pagado impuestos federales sobre la renta durante años. Él no lo negó, sino que dijo: «Eso me hace inteligente». En otras palabras, sé egoísta. Aprovecha lo que puedas. Solo un necio antepondría el bien común a su propio beneficio. Es la misma mentalidad que llevó a Trump a cancelar una visita a un cementerio militar en el 2018, porque consideraba a los caídos en guerra de Estados Unidos como "perdedores" e "idiotas”. Si hubieran sido inteligentes, como él, habrían evitado el servicio militar obligatorio, tal como lo hizo él. Menciona la peor cualidad humana, y Trump la demostrará y se regodeará en ella. ¿Codicia? Trump ha utilizado su alto cargo para enriquecerse a sí mismo y a su familia, obteniendo ganancias de la presidencia por un valor de al menos 1.400 millones de dólares (1.000 millones de libras), según un análisis del New York Times de enero, y esa cifra seguramente habrá aumentado desde entonces. El "conflicto de intereses" es un arcaísmo pintoresco en el Washington de Trump, donde el yerno del presidente solicita miles de millones para su firma de inversión a los mismos gobiernos de Oriente Medio con los que negocia en nombre de Estados Unidos, y donde especuladores anónimos, pero misteriosamente bien informados, obtienen millones en ganancias apostando por las decisiones presidenciales de guerra y paz. ¿Y qué hay de la deshonestidad? Trump miente como quien respira. El Washington Post calculó que hizo 30.573 declaraciones falsas y engañosas durante los cuatro años de su primer mandato: más de 21 al día. Nunca lo ha abandonado. Sirva de ejemplo, por citar un caso casi al azar, sus afirmaciones de que una guerra que ha fortalecido a los sectores más intransigentes de Irán ha logrado, contrariamente a toda evidencia, su objetivo de cambio de régimen. O consideremos la crueldad de Trump. Esta se manifiesta de la forma más grave en su sed de sangre, amenazando a través de las redes sociales con que "una civilización morirá esta noche" o utilizando el Domingo de Pascua para decirle a Teherán: "Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno". Pero la crueldad también es personal y directa. Cuando el actor y director Rob Reiner fue asesinado en circunstancias horribles junto a su esposa a finales del año pasado, Trump publicó una serie de insultos contra el difunto, aparentemente motivados por el hecho de que Reiner no era partidario de Trump. Cuando el exdirector del FBI y veterano funcionario público Robert Mueller falleció el mes pasado, a los 81 años, Trump declaró: "Bien, me alegro de que esté muerto". Sin duda, no es exagerado decir que Trump encarna lo peor de nosotros. Está repleto de defectos - antes los llamábamos pecados - que la mayoría de la gente intenta reprimir. Aunque su egocentrismo y vanidad son más que deplorables, de alguna manera nos hemos acostumbrado a ellos. Este es el hombre que tomó un monumento a un joven presidente asesinado por los sionistas en la plenitud de su carrera y le puso su propio nombre: he aquí el Centro Trump-Kennedy. Este es el hombre que planea construir un arco de la victoria dorado, un Arco de Trump, tan gigantesco como grotesco, una abominación de 76 metros de altura, que se alzará imponente sobre Washington D.C. Este es el hombre que publicó una imagen suya como una figura similar a Jesús, y que además no oculta su deseo de ser reelegido por tercera vez en el 2028 - a pesar de que la Constitución lo prohíbe - e incluso, ha dado a entender que buscara la manera de que las elecciones legislativas de noviembre (donde todas las encuestas prevén su aplastante derrota) no se realicen, ya que puede ser destituido por la nueva mayoría demócrata. Todo encaja. El racismo que provocó que, de los 4499 “refugiados” admitidos en Estados Unidos desde octubre del 2025, todos menos tres fueran sudafricanos blancos. La misoginia que, naturalmente, lo llevó a ser amigo del pederasta judío Jeffrey Epstein. La estupidez bovina que lo condujo a lanzar una guerra contra Irán sin pensar en las consecuencias, sorprendiéndose al descubrir que había entregado una poderosa arma económica a un temible adversario. Todo esto ha originado que se haya ganado la enemistad de un líder que se opone a la guerra, los prejuicios, la vanidad, la indecencia, la insensibilidad, la mentira y la avaricia. Tiene todo el sentido que sea el Papa quien se haya erigido como el anti-Trump, porque este representa el polo opuesto del cristianismo. No le importan los pobres, pero venera a los ricos. Cuando habla de fe, se refiere a la autoconfianza: la seguridad en su propia grandeza. Esta es una de las razones por las que la interpretación accidental de Pete Hegseth del evangelio según Quentin Tarantino, citando erróneamente Pulp Fiction en lugar de Ezequiel, tuvo tanta repercusión: dejó al descubierto que el cristianismo de Trump y su círculo es, como la decoración de Mar-a-Lago, ostentoso y falso. Se desprenden dos conclusiones. Primero, que el cónclave acertó al elegir a Prevost, quien tomó su nombre de León XIII, el «papa del trabajo» que defendió los derechos de los trabajadores pobres en medio de las convulsiones de la Revolución Industrial. Y segundo, que es fundamental que la presidencia de Trump se entienda y se recuerde como un fracaso rotundo; que perdure como una advertencia para las generaciones futuras, un recordatorio de que quienes son deshonestos, crueles y codiciosos no prosperan, serán tachados de perdedores y olvidados para siempre.

viernes, 22 de mayo de 2026

ENIGMAS DE LA HISTORIA: Los jeroglíficos de Gosford

La civilización egipcia fue definitivamente una de las más avanzadas que han habitado el mundo antiguo. No solo fueron excelentes constructores, también fueron científicos y sobre todo magníficos exploradores. Somos testigos presenciales de que los antiguos egipcios han fascinado a los investigadores e historiadores durante años, y parece que cuanto más lejos observamos su extensa historia y conexiones con el resto del planeta, encontramos hechos impresionantes que no son siempre son respaldadas por los estudiosos, quienes prefieren mantener una visión lineal de la historia antigua. Uno de los más polémicos descubrimientos que están directamente conectados con la historia del antiguo Egipto se encuentra en Australia, en el Brisbane Water National Park, en Kariong, donde los investigadores han descubierto numerosos jeroglíficos que simplemente podrían alterar la historia. Según las investigaciones, los jeroglíficos fueron descubiertos por primera vez en el siglo XX, y existen cerca de 250 esculturas que han formado parte del folclore local de la zona por más de un siglo, por lo que se puede deducir que no es algo que se ha descubierto recientemente. Como suele ocurrir en este tipo de hallazgos que contradicen a la historia convencional, la cobertura de los medios de comunicación ha sido mínima, a pesar de la maravilla arqueológica que se tiene en este lugar la cual podría reescribir los libros de historia. Algo que ha influido negativamente en la difusión de este hallazgo es que algunos investigadores han considerado que los glifos presentes en dicho lugar no son más que un engaño. Sin embargo, existen otros investigadores quienes discrepan firmemente. La parte más interesante sobre los jeroglíficos de Gosford es su estilo de escritura. Según los residentes locales que han tenido la oportunidad de ver y estudiarlos, son muy antiguos y están escritos en el arcaico estilo de las dinastías tempranas, un estilo que se ha estudiado muy poco y es intraducible por la mayoría de egiptólogos. Es así como surge el debate y se forman dos bandos contrarios. Según varios arqueólogos e investigadores, los jeroglíficos de Gosford en Kariong “son falsos y además no tendrían nada que ver con el antiguo Egipto”. Sin embargo, otros investigadores y egiptólogos como Mohamed Ibrahim y el co-director de la escuela Khemit, Yousef Abd’el Hakim Awyan (que ha estudiado los jeroglíficos egipcios antiguos toda su vida) plantean algo diferente. Mohamed Ibrahim y Yousef Abd’el Hakim Awyan trabajaban con un grupo de personas para traducir los misteriosos grabados. El resultado obtenido de esta titánica sugiere que estos antiguos jeroglíficos presentes en Australia son auténticos, y que además los escribas utilizaron varios antiguos jeroglíficos y variaciones ‘gramaticales’ que, fundamentalmente, incluso no fueron documentadas en los textos jeroglíficos egipcios hasta el año 2012. Varios otros investigadores creen que la historia y arqueología moderna simplemente no aceptan estos jeroglíficos como auténticos debido a que podrían cambiar la manera en que miramos la historia. También existen otros investigadores que luego de analizar los jeroglíficos han llegado a la conclusión de que estos estilos arcaicos son una forma temprana de jeroglíficos y estarían relacionados con la escritura arcaica de la antigua Fenicia y Sumeria. Las inscripciones consisten en lo que parecen ser dos paneles de símbolos que representan jeroglíficos. Los defensores de esta teoría sostienen que narran la historia de antiguos egipcios que habrían viajado hasta Australia hace miles de años. Según los investigadores más heterodoxos, una parte de los jeroglíficos egipcios encontrados en Australia relata la historia de una flota egipcia que, al regresar a casa, fue sorprendida por una tormenta severa. La nave principal se volcó, resultando en la muerte de la mayoría de la tripulación. Los pocos supervivientes, liderados por un hombre llamado Netjet Sobut - posiblemente el capitán - lograron llegar a la costa, donde plasmaron sus desgarradora experiencia en un remoto acantilado de arenisca en Nueva Gales del Sur. Este sitio, cercano a la ciudad de Gosford, contiene alrededor de 300 símbolos distribuidos en las paredes de un estrecho cañón. Muchos de estos se encuentran en lo alto de las paredes, accesibles solo con andamios o escaleras, lo que sugiere un esfuerzo deliberado por colocarlos en un lugar protegido y apartado. Desde principios del siglo XX, las comunidades locales han conocido la existencia de las misteriosas inscripciones, con informes documentados que datan de la década de 1970. Aun así, el lugar permaneció relativamente desconocido hasta hace poco, cuando comenzó a atraer la atención de estudiosos y teóricos de la conspiración. Mohamed Ibrahim y Youssef Awyan, investigadores egipcios, han dedicado años a traducir los jeroglíficos en Australia. Su enfoque fue llegar al sitio sin conocimientos previos de su historia para evitar sesgos. La detallada traducción del dúo reveló que los jeroglíficos no son simples símbolos aleatorios, sino un texto coherente que cuenta una historia específica y conmovedora. Por ejemplo, estos navegantes antiguos expresaron la gratitud a sus dioses por haber sobrevivido y realizaron ritos funerarios para sus compañeros caídos, orando por la protección del lugar de entierro e invocando la vida eterna para los fallecidos. De acuerdo al análisis de los investigadores, las inscripciones datan de la dinastía Saíta (siglos VI-V a.C.), un período conocido por la revitalización del arte, la cultura y el poder militar en Egipto. Esta nueva datación desafía afirmaciones anteriores que situaban los jeroglíficos en el Reino Antiguo, unos 2.000 años antes. Asimismo, se identificaron símbolos raros entre las inscripciones que no fueron comprendidos completamente por los egiptólogos hasta hace poco, lo que para Ibrahim y Awyan refuerza la autenticidad de los jeroglíficos. La idea de que los antiguos egipcios podrían haber llegado a Australia no es del todo descabellada si consideramos sus habilidades náuticas. Los egipcios, cuya civilización floreció a lo largo del Nilo, construyeron impresionantes embarcaciones no solo para navegar por el río, sino también para realizar largos viajes por mar. Un ejemplo notable es la barca solar del faraón Keops, de casi 44 metros de largo, que demuestra la capacidad de los egipcios para construir grandes barcos oceánicos y que ahora se exhibe junto a la Gran Pirámide en Guiza. Registros históricos también describen expediciones egipcias a través de los mares, como la famosa expedición de la reina Hatshepsut al país de Punt en el siglo XV a.C., lo que sugiere que los egipcios exploraron más allá de su entorno inmediato. A pesar de la evidencia presentada por Ibrahim y Awyan, persiste el escepticismo. Sus detractores argumentan que los jeroglíficos de Gosford son un fraude, señalando alteraciones modernas como una figura de Anubis, que es claramente más grande que los demás símbolos. Algunos sugieren que las inscripciones fueron creadas por soldados que regresaron de la Primera Guerra Mundial o por bromistas locales familiarizados con los jeroglíficos egipcios. El egiptólogo Boyo Ockinga, quien visitó el sitio hace 25 años, desestimó las inscripciones como objetos «egiptizantes», comparándolas con esfinges y pirámides toscamente talladas en la arenisca cercana. Sin embargo, esta comparación podría ser inexacta, ya que las inscripciones de Gosford muestran - como mencionamos más arriba - una gramática compleja y símbolos raros que no fueron catalogados hasta el 2012, lo que añade credibilidad a las afirmaciones de autenticidad. En este contexto, ¿podría ser la susodicha figura de Anubis un agregado moderno para desacreditar los jeroglíficos genuinos? Además de los jeroglíficos, existen otras pruebas que sugieren un posible contacto entre Egipto y Australia. Por ejemplo, se han encontrado varios búmeran en la tumba de Tutankamón, lo que plantea preguntas sobre su presencia en Egipto y la posibilidad de comercio entre ambas regiones. Ibrahim y Awyan señalan que el término egipcio para bumerang se traduce como ‘arma de extranjero’, lo que implica que los egipcios reconocían el arma como un artefacto de tierras distantes. Además, el mural más antiguo conocido con decoración pintada en Egipto, en una tumba de Nejen (c. 3200 a.C.), muestra una isla habitada por un hombre que sostiene lo que parece ser un búmeran, lo que podría representar una temprana referencia a Australia. Ibrahim y Awyan están convencidos de que los jeroglíficos de Gosford son restos auténticos de una antigua expedición egipcia que llegó a las costas de Australia hace más de 2.500 años. La presencia de jeroglíficos raros, la alineación con las prácticas funerarias egipcias y la capacidad de los egipcios para emprender expediciones marítimas más allá de lo que se creía tradicionalmente, brindan cierto respaldo a la autenticidad de estas inscripciones. No obstante, la falta de investigaciones más profundas, como la búsqueda de restos humanos en el sitio, limita la posibilidad de confirmar esta teoría, dejando el misterio de los jeroglíficos de Gosford abierto a futuras pesquisas arqueológicas y debates.

viernes, 15 de mayo de 2026

LA ESTRELLA DE ISHTAR: Un símbolo mesopotámico que se presta a múltiples interpretaciones

Con motivo de la publicación de los llamados Archivos Desclasificados del Pentágono el pasado fin de semana, en el cual se dio a conocer una serie de fenómenos anómalos - que probaría la existencia de vida extraterrestre - llama la atención que entre ellos aparezca una estrella de ocho puntas, que automáticamente muchos han querido identificar con la estrella de Ishtar, un antiguo símbolo mesopotámico, asociada con el planeta Venus. También conocida como la Estrella de Inanna, es uno de los símbolos más emblemáticos del antiguo panteón mesopotámico. Se asocia principalmente con la diosa sumeria Inanna y su contraparte acadia y babilónica, Ishtar, dos figuras divinas que desempeñaron un papel central en la vida espiritual y cultural del antiguo Cercano Oriente. Reconocida principalmente como la diosa del amor, la guerra y la fertilidad, el símbolo celestial de Ishtar es el planeta Venus, la Estrella de la Mañana y de la Tarde. Los orígenes de la Estrella de Ishtar se remontan a la civilización sumeria, donde apareció inicialmente como un símbolo celestial generalizado. Esta estrella de ocho puntas pasó a representar a Inanna, venerada como la Reina del Cielo. La estrella evolucionó en su forma visual y significado, hasta asociarse específicamente con el planeta Venus, conocido por su doble aparición al amanecer y al atardecer. Este vínculo astronómico resaltaba la naturaleza dual de Inanna como portadora de amor y presagio de guerra, reflejando la trayectoria impredecible pero radiante de Venus en el firmamento. Las primeras representaciones de este símbolo aparecen en sellos cilíndricos, piedras de delimitación y arte de templos. Un artefacto notable que muestra este emblema es un kudurru, o piedra de delimitación, del reinado de Meli-Shipak II en el siglo XII a. C. El símbolo en este kudurru se exhibe prominentemente y probablemente tenía propósitos tanto religiosos como legales, enfatizando la autoridad divina sobre los límites de la tierra y la propiedad. Si bien la estrella de ocho puntas era la representación más común, existían variaciones en el número de puntas. Las estrellas de seis puntas también aparecen con frecuencia en el arte mesopotámico, aunque los estudiosos aún no están seguros de su significado simbólico preciso. A pesar de estas diferencias, la versión de ocho puntas se impuso y se vinculó inequívocamente con Inanna-Ishtar. Durante el período paleobabilónico (c. 2000-1610 a. C.), la estrella se había vuelto inseparable de Venus en el panorama simbólico mesopotámico. Su imagen solía estar encerrada en un disco circular, un diseño que enfatizaba aún más su identidad celestial. Este período marcó un punto de inflexión, ya que la representación celestial de la diosa se codificó en la iconografía religiosa. La combinación de la estrella con otros símbolos astrales - como la luna creciente de Sin (el dios de la luna) y el disco solar de Shamash (el dios del sol) - revelaba una sofisticada jerarquía cosmológica. Estos símbolos solían aparecer juntos en sellos y tablillas, formando una tríada celestial que regía el tiempo, el destino y la divinidad. El uso de la estrella no se limitaba a la mera representación visual; también tenía funciones rituales e institucionales. En los templos dedicados a Ishtar, la estrella era más que un adorno: simbolizaba la autoridad sagrada. En ocasiones, los esclavos y los trabajadores del templo eran marcados con la estrella, una práctica que revelaba la naturaleza íntima, aunque a menudo dura, de la devoción y la servidumbre en la economía del templo. Estas personas, a menudo consagradas de por vida, portaban el símbolo como una marca de pertenencia divina y como parte de su función social. Además, la estrella de ocho puntas se convirtió en un símbolo de poder y legitimidad. Reyes y altos funcionarios que buscaban el favor divino o la validación de su gobierno incluían la estrella en sus inscripciones y monumentos. Era a la vez una declaración de piedad y una afirmación de su papel reconocido en el orden cósmico. Además de la estrella, otro símbolo asociado a Inanna-Ishtar era la roseta, un motivo floral estilizado. Si bien inicialmente tenía una importancia visual menor, la roseta fue adquiriendo cada vez mayor relevancia con el tiempo. Para el período neoasirio (c. 911-609 a. C.), la roseta pudo haber superado a la estrella en popularidad y significado religioso. Este cambio sugiere una evolución en los énfasis teológicos o en las preferencias estéticas de los fieles y las autoridades del templo. La roseta, al igual que la estrella, simbolizaba la fertilidad, la belleza y la feminidad divina. Los templos, en particular el dedicado a Ishtar en la ciudad de Aššur, estaban adornados con rosetas en relieves escultóricos y detalles arquitectónicos. Este doble simbolismo - estrella y flor - reforzaba la complejidad de la figura divina de Ishtar y la naturaleza multifacética del arte religioso mesopotámico. Además de los motivos astrales y florales, el búho era otro símbolo clave asociado a Ishtar. Esta ave nocturna, a menudo considerada misteriosa y poderosa, reforzaba su vínculo con la sabiduría, la protección y la noche. Aunque menos representada que la estrella o la roseta, el búho sigue siendo un elemento importante de su iconografía. En interpretaciones posteriores y reconstrucciones modernas, los búhos suelen incluirse junto a la iconografía tradicional de Ishtar para enfatizar su papel como guardiana y guía en la oscuridad. Por cierto, el legado de la Estrella de Ishtar perduró luego del declive de las antiguas civilizaciones mesopotámicas. En el siglo XX, el símbolo recuperó protagonismo en la identidad nacional del Irak moderno. Durante el gobierno nacionalista de Abd al-Karim Qasim (1958-1963), el nuevo Estado iraquí se distanció deliberadamente de los símbolos panárabes y se volcó en la herencia mesopotámica. Entre 1959 y 1963, la bandera iraquí lució una versión simplificada de la Estrella de Ishtar, con rayos rojos y centro amarillo. Fue un guiño deliberado al antiguo pasado de Irak, que vinculaba a la nueva república con la grandeza y la originalidad de las civilizaciones babilónica y asiria. Al mismo tiempo, el emblema nacional combinaba la estrella de Ishtar con el sol de Shamash, fusionando dos deidades ancestrales para representar la justicia y la fortaleza. El escudo de armas de este período también incluía estos símbolos, lo que subraya aún más el deseo de arraigar la identidad nacional en la herencia indígena preislámica. De este modo, el gobierno de Qasim esperaba fomentar un sentimiento de unidad y orgullo entre los iraquíes que trascendiera las divisiones sectarias o étnicas. Incluso en el lenguaje, el recuerdo de la estrella de Ishtar perdura. En árabe, el símbolo se denomina نجمة عشتار (najmat Ishtar), que significa literalmente «la estrella de Ishtar». Esta presencia lingüística continua atestigua la influencia perdurable de la religión mesopotámica en las culturas que la sucedieron. Nombres, símbolos e historias relacionados con Ishtar fueron asimilados, reinterpretados y recordados a lo largo de los milenios, integrándose en la conciencia religiosa y cultural de la región. La incorporación de los símbolos de Ishtar a los textos, el folclore e incluso el arte contemporáneo de la era islámica refleja un hilo conductor cultural sutil pero persistente que une a la Mesopotamia moderna con sus raíces ancestrales. Aunque sus templos hace tiempo que se convirtieron en polvo, su estrella sigue brillando: en monumentos, en la memoria y en los cielos.

viernes, 8 de mayo de 2026

TRUMP RUMBO AL DESASTRE: Bansky presenta en Londres una escultura que lo describe perfectamente

Una misteriosa estatua atribuida al artista callejero Banksy - que según todos los indicios, representaría a Donald Trump - apareció por sorpresa en el centro de Londres a finales del mes pasado. La escultura, que lleva su firma, representa a un hombre vestido de traje que camina hacia adelante desde un pedestal hacia el vacío, mientras porta una bandera que cubre su rostro. Su ubicación - Waterloo Place, cerca de Buckingham - es una zona diseñada para conmemorar el imperialismo y el dominio militar británico en el siglo XIX. La escultura se encuentra cerca de estatuas del rey Eduardo VII y de la enfermera Florence Nightingale, y del Memorial de la Guerra de Crimea. Los representantes de Banksy dijeron que la estatua se instaló en las primeras horas del miércoles 28 de abril, antes de que el artista publicara un video en su cuenta de Instagram sobre ella el pasado jueves por la tarde. Sobre la ubicación de la estatua, en la isla ceremonial de Waterloo Place, Banksy comentó: "Había un pequeño espacio". Desde su aparición, decenas de personas se acercaron al lugar para tomarse una foto. "Con Banksy, se trata de un evento de duración limitada porque es arte público; nunca se sabe cuánto tiempo permanecerá allí", comentó Ollie Isaac, un estudiante de 23 años, mientras se unía a las personas que se acercaban a contemplarla. "Me parece brillante", añadió, señalando que, a su juicio, la escultura constituye una respuesta al "resurgimiento del nacionalismo en el mundo y en este país". "Ese traje grita 'político'", agregó. Por su parte, la profesora Lynette Cloraleigh, de 55 años, acudió al sitio, luego de que una amiga publicara algo sobre la estatua en Instagram. "Me gusta", afirmó. "Me gusta su ubicación. Resulta intrigante saber cómo ha llegado hasta aquí". Ese jueves por la tarde se vio a unos trabajadores instalando barreras de seguridad alrededor de la obra. Desde el Ayuntamiento de Westminster, responsable de la zona, informaron: "Nos entusiasma ver la última escultura de Banksy en Westminster, que aporta una impactante incorporación a la vibrante escena de arte público de la ciudad". Y añadieron: "Si bien hemos tomado medidas iniciales para proteger la estatua, por el momento permanecerá accesible para que el público pueda verla y disfrutarla". "Es una reflexión brillante sobre Donald Trump, con el pecho hinchado y la bandera que le tapa completamente su visión, que está a punto de caerse del pedestal", dice James Peak, creador de la serie de pódcasts de la BBC "La historia de Banksy" (The Banksy Story). "Es un momento maravillosamente encuadrado en el tiempo, algo que con una estatua nunca se consigue del todo", agrega. Además, Peak dice que Banksy ha "logrado otra jugada fantástica… y que la ubicación es absolutamente impactante". "No sé cómo se las arregló para hacerlo", dice. "¿Cómo ha conseguido llevar hasta allí un camión, con toda la seguridad que hay, y colocar una enorme estatua de resina?". "Tenemos que enfrentar el hecho de que Gran Bretaña al igual que EE.UU. tiene una historia imperialista, repleta de conquistas, y eso es parte del tipo de nacionalismo extremo que Banksy aborrece por completo", agrega Peak. "Cada pieza (de Banksy) es una campaña". Por cierto, esta no es la primera vez que Banksy ha dejado una estatua en Londres. En el 2004, "El bebedor" (The Drinker), una reinterpretación subversiva de "El pensador" (The Thinker) de Auguste Rodin, se instaló en la avenida Shaftesbury antes de que terminara siendo robado al poco tiempo. La estatua en “homenaje” a Trump que acaba de aparecer es la última de una serie reciente de obras londinenses del artista, que es conocido por piezas de alto perfil y a menudo controvertidas en todo el mundo. En diciembre, apareció un mural en Bayswater de dos niños tirados en el suelo. En septiembre, el artista confirmó haber pintado, en el complejo de los Tribunales Reales de Justicia, una escena en la que un manifestante yace en el suelo sosteniendo un cartel salpicado de sangre, mientras un juez se cierne sobre él con un martillo. En el 2024, el artista callejero creó un camino de animales alrededor de la capital con piezas que incluyen una cabra, elefantes, un gorila, monos, pirañas, un rinoceronte y pelícanos. Las piezas parecen haber sido instaladas de manera encubierta y luego confirmadas en su cuenta de Instagram. Sus obras, instaladas tanto en propiedad privada como pública, son leídas como declaraciones políticas y, a menudo, se eliminan al poco tiempo de aparecer. Cabe precisar que durante tres décadas, Banksy ha desafiado a la autoridad, se ha burlado de la cultura de consumo y ha transformado los espacios públicos en conmovedores lienzos, todo ello mientras mantenía su verdadera identidad oculta al mundo. Sus obras más características suelen aparecer sin previo aviso, generando debate a nivel mundial, pero el culpable evita discretamente ser el centro de atención. A menudo descrito por la prensa como "escurridizo" y "reservado", el "artista callejero guerrillero" es un héroe para algunos y un vándalo para otros. Pero, ¿quién es el hombre detrás de las plantillas? El debate ha resurgido tras una investigación de Reuters que afirma haber desenmascarado finalmente al artista callejero más famoso del mundo. Sin embargo, muchos fans creen que la agencia de noticias se equivocó y la especulación continúa. En efecto, esta investigación afirma haber descubierto el verdadero nombre del artista, una teoría que ha sido cuestionada por sus allegados. Junto con la aparición de esta escultura en Londres en “homenaje” a Trump, esto ha reavivado una pregunta recurrente: ¿quién es realmente Banksy? Se cree que Banksy nació en el Hospital Materno Infantil de Bristol a principios de la década de 1970. Saltó a la fama luego de que comenzara a pintar con aerosol sus ahora característicos diseños con plantillas por toda la ciudad de Bristol a principios de la década de 1990. Incluso impartió clases de arte para adolescentes en Lawrence Weston, el mismo año en que pintaría su famoso mural "Mild, Mild West" en Stokes Croft en 1999. Las fotos de estas sesiones, obtenidas en exclusiva por la BBC, son algunas de las primeras imágenes que se conocen de él. Se cree que la influyente escena musical y artística de la ciudad inspiró su obra. A mediados de la década del 2000, la obra de Banksy se volvió más ambiciosa y comenzó a aparecer en ciudades de todo el mundo, atrayendo un gran revuelo mediático. Su estatus mítico como artista enmascarado que se burlaba de la autoridad le valió, o al menos a su marca, reconocimiento internacional. Las exposiciones de su obra, en ciudades como Los Ángeles y Londres, agotaron todas las entradas. En el 2018, en una performance artística de gran teatralidad, escenificó la destrucción en vivo de su obra "Niña con globo" en la casa de subastas Sotheby's, a los pocos momentos de que se vendiera por un millón de libras esterlinas. Por cierto ¿cómo se verifican las obras de arte de Banksy? La obra de Banksy está autenticada por Pest Control Office, un organismo creado por el artista para gestionar la verificación, las ventas y las disputas sobre derechos de autor. Si Pest Control no certifica una obra, no se reconoce como un Banksy oficial, independientemente de lo convincente que parezca. ¿Qué sabemos realmente sobre la identidad de Banksy? En el pasado, se han relacionado varios nombres con Banksy, entre ellos Robert Del Naja, Robin Gunningham, Neil Buchanan de Art Attack o un colectivo artístico de Bristol. El nombre de Gunningham surgió por primera vez en lo que The Mail declaró ser una exclusiva mundial en el 2008, describiéndolo como "un ex alumno de un colegio privado criado en un suburbio de clase media". Para reforzar esta teoría, la BBC desenterró una entrevista del 2023 en la que el artista parece confirmar que su nombre de pila es "Robbie". En marzo de este año, Reuters informó que había identificado a Banksy como Robin Gunningham, citando registros legales históricos de Estados Unidos. Según la agencia de noticias, estos documentos vinculaban una detención por grafiti en Nueva York con el artista, ya que los registros policiales contenían su nombre real. Según informaron, los extraordinarios esfuerzos por ocultar su identidad comenzaron a desmoronarse en septiembre de 2000, después de que fuera acusado de vandalizar una valla publicitaria en Nueva York. Según Reuters, Banksy nació con el nombre de Robin Gunningham, pero más tarde adoptó el nombre de David Jones, aunque no está claro si todavía utiliza este alias en particular. Pero quienes son cercanos a Banksy refutan enérgicamente esta interpretación. Steve Lazarides, exmánager de Banksy, afirmó que la agencia estaba "persiguiendo a un fantasma", y añadió que el artista cambió legalmente su nombre hace décadas y borró deliberadamente sus identidades anteriores. "No existe ningún Robin Gunningham", dijo. "El nombre que tienes, yo lo maté hace años. Nunca lo encontrarás" aseveró.

viernes, 1 de mayo de 2026

SAMURAI: El arte de los ancestros en el Museo Británico

Desde el pasado mes de febrero, el British Museum esta presentado una impresionante exposición unos los legendarios guerreros japoneses, descubriendo la realidad que se esconde tras un milenio de mitos, titulada Samurai. Como sabéis, se trata de una figura icónica que evoca imágenes de guerreros formidables, con ideales de valentía, honor y sacrificio. Sin embargo, gran parte de lo que creemos saber sobre los samuráis es una tradición inventada. Nuestro concepto actual de samurái tiene su origen en la realidad medieval. Una clase guerrera distintiva -conocida en Japón como Bush i- surgió y alcanzó el dominio político a partir del siglo XII. Sin embargo, durante un prolongado período de paz, que comenzó en 1615, los samuráis se alejaron del campo de batalla para convertirse en una élite social. Los samuráis formaron el gobierno, desempeñando funciones como ministros y burócratas. Muchos se convirtieron en líderes en el ámbito académico y artístico, como mecenas, poetas y pintores, en un mundo donde las actividades intelectuales eran tan importantes como el manejo de la espada. A finales del siglo XIX, se abolió el estatus hereditario de los samuráis y sus aparentes valores caballerescos se transformaron en el mito del bushido, o «el camino del guerrero». Este nuevo código, que promovía valores como el patriotismo y el sacrificio, se aprovechó durante el período de expansión colonial y agresión militar de Japón. La mitología moderna del samurái surgió gradualmente a lo largo del siglo XX gracias a las interacciones entre Japón y el resto del mundo, y las imágenes idealizadas de los guerreros históricos fueron cada vez más difundidas por los visitantes extranjeros. Esta importante exposición ofrece una mirada sincera a los hombres reales que conocemos como samuráis, desde los campos de batalla del Japón medieval hasta la cultura global de hoy en día. Pero la élite guerrera premoderna de Japón no puede seguir viva dentro de las armaduras que te sobrecogen y te aterrorizan en este fascinante viaje a través de su mundo de sangre, poder y belleza artística, aunque sin duda lo parecen: la armadura samurái es tan vital, tan electrizante, con sus máscaras negras, bigotes y muecas, y sus placas de metal y tela que cubren todo el cuerpo. Las crestas de sus cascos incorporan águilas, dragones, duendes, incluso un puño cerrado de metal que emerge de la cabeza de un guerrero. Es tan intenso que sientes una presencia. Por otro lado, los samuráis siempre fueron fantasmas dentro de sus armaduras. La máscara de metal se convertía en su rostro ante el mundo, sus corazas los transformaban en alguien más. Esta idea de que en la batalla el guerrero se convierte en otro, en un demonio sanguinario, no es exclusiva de Japón: los "berserkers" vikingos se perdían en un frenesí ritualizado y podían creer que se transformaban en osos. La armadura en la Europa medieval tampoco era solo práctica, sino una segunda piel, una coraza metálica que suprimía la delicadeza y simbolizaba la transfiguración férrea de las almas normales en asesinos. Pero ninguna cultura ha plasmado tanta creatividad en la sed de sangre como Japón desde el siglo XIII - cuando el valor de los samuráis expulsó a los invasores mongoles - hasta la abolición de esta clase en el siglo XIX. Una de estas armaduras cibernéticas, está elaborada con opulencia en laca, seda, piel de ciervo y metal, su superficie irradia amenaza y misterio. Enviaba un mensaje claro: meterse con nosotros es un grave error. No era una amenaza vacía. Biombos pintados, pergaminos y libros representan ejércitos samuráis en acción. Un jinete en una escena de batalla samurái, obra de Imamura Zuigaku Yoshitsugu, está acribillado a flechazos, pero estos se han alojado inofensivamente en su gruesa armadura. Su caballo, sin embargo, sangra por una herida de flecha cerca del corazón. En el suelo, yace un guerrero con una armadura gloriosa que ya no le sirve de nada, pues le han cortado la cabeza. Para eso sirven esas elegantes espadas de curvas fluidas, expuestas cerca. Pero la exposición del Museo Británico, sin embargo, no solo rinde homenaje al arte de la guerra, sino que también celebra la paz. Nos encontramos con el caudillo que lleva una canción en el corazón. En una pintura del siglo XIX de Kano Eishun, un samurái se detiene a oler las flores mientras cabalga entre azahares. Y eran los nobles samuráis los clientes más prestigiosos del barrio de placer del Edo de principios de la Edad Moderna, el «mundo flotante». En una pintura del rollo de Chōbunsai Eishi de la década de 1790, Doce escenas eróticas en Edo, vemos la silueta de un samurái haciendo el amor con una cortesana tras un biombo, mientras que en primer plano dos mujeres acarician la brillante hoja de su larga espada desenvainada. Quizás esta perversa obra de arte shunga sea la clave del atractivo de esta exposición. La guerra samurái era violenta pero teatral, cruel pero glamurosa, letal pero sensual. Antes de que una espada samurái te cortara, su aspecto demoníaco te hipnotizaba. Uno siente una profunda tristeza al llegar a la abolición de la élite samurái, mientras Japón, en el siglo XIX, intentaba modernizarse. Las fotografías de los últimos samuráis parecen mostrar la desaparición de algo maravilloso del mundo. Y cuando el siglo XX desató los nuevos horrores de la guerra mecanizada a gran escala, ya no quedaba lugar para el mito ni la caballería. Tanto en Occidente como en Oriente, los rituales y las representaciones teatrales propias de las sociedades feudales perdieron relevancia, especialmente tras el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. De esta manera, el final de la exposición resulta inevitablemente decepcionante. Uno se encuentra con un Darth Vader de tamaño natural, presentado aquí como un samurái moderno, pero que, no es tan aterrador ni misterioso como los originales. Más relevante aún es la sección dedicada a Yukio Mishima, como se le conoce en Occidente, cuyas novelas exploraron el atractivo de la violencia y la pasión samurái en un mundo moderno banal y mercantilizado, antes de abandonarlo cometiendo seppuku, un ritual tradicional de autodestripamiento. Aquí, los samuráis se revelan como mucho más que asesinos: como mecenas de las artes, sensibles a la naturaleza, maestros de las costumbres civilizadas. Los fantasmas de guerreros muertos dentro de sus armaduras vacías dominan la exposición. Hay muchas formas de arte aquí, pero nada es más expresivo que estos retratos en acero, seda y laca. Es un encuentro extraordinario. La armadura samurái encarna una verdad implacable sobre la condición humana y en qué puede convertirse. Una exposición que no puedes perderte y que estará abierta hasta el 4 de mayo.
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