SONIDOS DEL MUNDO

viernes, 19 de junio de 2026

MICHEL- ANGE RODIN. CORPS VIVANTS: Un duelo de titanes en el Louvre

Casi cuatro siglos y más de 1.200 kilómetros los separan. Uno, italiano (toscano para más señas), genio del Renacimiento. Conocido como 'el divino', era arquitecto, escultor, pintor, poeta... Para muchos, un héroe, un dios. El otro, francés, padre de la escultura moderna. Cuenta con un museo propio en París, su ciudad natal. Nos referimos a Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Auguste Rodin (1840-1917), quienes fueron dos maestros indiscutibles de la escultura occidental. Padre e hijo artísticos, hermanos espirituales, almas gemelas…, están unidos por un hilo invisible. Hay en ellos una ambición compartida: visibilizar la energía interior del cuerpo, concebido como envoltura y piel del alma. El Museo de Louvre Ha decidido confrontarlos, a través de dos centenares de piezas (mármoles, bronces, yesos, esculturas de terracota, moldes, dibujos y obra gráfica), en una espléndida exposición titulada Michel-Ange Rodin. Corps vivants (Miguel Ángel-Rodin. Cuerpos vivos), un 'tour de force' sobre el cuerpo humano, tema que ambos llegaron a dominar a la perfección, bien esbozado en dibujos o modelado en esculturas. La muestra, que podrá visitarse hasta el 20 de julio en el hall Napoleón del museo, desvela la profunda huella de Miguel Ángel en Rodin, su heredero natural. El arranque de la exposición es antológico: una rotonda de muchos quilates, en la que conviven cinco obras maestras, desnudos masculinos dotados de emoción, energía y vitalidad: dos de Miguel Ángel (el 'Esclavo moribundo' y el 'Esclavo rebelde', joyas de la colección del Louvre) y tres de Rodin, 'La Edad de Bronce', que tiene muchas reminiscencias de 'El esclavo moribundo'; 'Jean d'Aire' y 'Adán', del Museo Rodin de París. Se estructura la muestra en torno a cinco secciones que presentan a los dos maestros, sus fuentes de inspiración, su relación con los materiales de creación y sus temas predilectos. Los acompañan artistas coetáneos y seguidores de varias generaciones. Por cierto, las personalidades de estos gigantes del arte eran bien distintas. De Buonarroti, esbozan sus biógrafos el retrato de un genio no tan 'divino' como lo pintan: asocial, arisco, violento, sobrio (siempre vestía de negro), impetuoso, furioso, huraño, irascible, tosco, burdo, solitario, avaro, usurero, codicioso, con un gran ego, arrogante, capaz de enfadar a los siete Papas con los que trabajó. Tenía una nariz chata, deformada a causa del puñetazo que le propinó Pietro Torrigiano. Tuvo una vida de novela: peleas y pleitos familiares, intrigas papales y palaciegas, envidias entre colegas, que llegaban a espiarse para robar sus ideas; engaños a sus mecenas... El amor de su vida fue el aristócrata romano Tommaso de Cavalieri, cuarenta años más joven que él, a quien regalaba poemas y dibujos, y por el que sentía devoción. Fueron tantos sus enemigos como sus admiradores. Destacan también los historiadores del arte su frenesí creativo. Un artista entregado de lleno a su trabajo, abrumado por la fatiga y el sufrimiento, que apenas comía ni dormía... Murió a los 89 años en Roma, y está enterrado en la Santa Croce de Florencia; Rodin, por su parte, es retratado como un moderno Miguel Ángel. Dijeron de él: «Es Miguel Ángel con tres siglos más de miseria». Intentó sin éxito ingresar en la Escuela de Bellas Artes: suspendió tres veces el examen de admisión. Nadie es perfecto. «Al principio ansiaba fervientemente ser pintor, pero no tenía suficiente dinero para comprar lienzos y tubos de pintura. Para copiar las Antigüedades, en cambio, solo necesitaba papel y lápices. Pronto desarrollé tal pasión por la escultura que no pensé en otra cosa», explicaba Rodin. Visitante asiduo del Louvre, en sus salas admiraba, y copiaba, las estatuas antiguas y los 'Esclavos' de Miguel Ángel. Al igual que éste, era muy temperamental y tenía muy mal carácter. Mantuvo una relación apasionada con Camille Claudel, su discípula y amante. Pero fue Rose Beuret -modelo, amante y madre de sus hijos- la mujer de su vida. En el 2018, Rodin ya se midió con Fidias y los frisos del Partenón en una inolvidable exposición en el British Museum. Salió airoso. Y eso que los mármoles de Elgin son un Miura de armas tomar. Falleció en 1917, a los 77 años, en Meudon. Esta muestra es una colaboración entre el Louvre y el Museo Rodin. No es nueva la comparación entre ambos maestros. El primero en hacerla fue el crítico Octave Mirbeau. Stendhal deseaba que naciera un nuevo Miguel Ángel. Y Mirbeau creía haberlo encontrado en Rodin. Los comisarios de la exposición, Chloé Ariot y Marc Bormand, explican que los cuerpos creados por Miguel Ángel y Rodin «están vivos porque rebosan energía». El núcleo de la exposición se centra en lo que parece conectar más profundamente a ambos artistas: la práctica del 'non finito', de lo inacabado, metáfora del acto mismo de la creación. Estética emblemática de las obras de Miguel Ángel, fue reapropiada por Rodin. Buonarroti se negó a restaurar y completar el 'Torso Belvedere', reconociendo la plenitud estética del fragmento de una escultura. Rodin fue el primer artista en concebir los torsos como obras en sí mismas, estableciendo así uno de los temas principales de la modernidad en la escultura. Coleccionaba antigüedades, muchas incompletas. Es célebre la concepción que Miguel Ángel tenía de la escultura: pensaba que la obra estaba dentro del bloque de mármol y que él solo debía rescatarla. Se aprecia perfectamente en los 'Esclavos' de la Galería de la Academia de Florencia, que parecen esforzarse por liberarse del mármol que los aprisiona. Ambos protagonizaron polémicas y escándalos. En el caso de Miguel Ángel, en su conmovedora 'Piedad', realizada con apenas 20 años, la Virgen fue vista por algunos contemporáneos demasiado joven para ser la madre de Cristo adulto, lo cual suscitaba reservas teológicas, a lo que el artista respondió que la pureza preserva la juventud. Sobre el monumental 'David', muchos florentinos encontraron su desnudez demasiado explícita para una obra expuesta en una plaza pública (durante un tiempo sus genitales fueron tapados con una hoja de higuera; pasó de la Piazza della Signoria a la Galería de la Academia). Para Buonarroti, pintar la Capilla Sixtina fue un calvario. Tuvo sus más y sus menos con Julio II. Ciertos teólogos se conmocionaron por la presencia de cuerpos desnudos en esta capilla. Lo consideran una obscenidad. «No es una obra para la capilla de un papa, sino para los baños públicos», dijo el cardenal y maestro de ceremonias Biagio da Cesena. Miguel Ángel se vengó caricaturizándolo en la Sixtina por criticar los desnudos de sus pinturas. La presencia de figuras de la mitología pagana fue objeto de controversia y también hubo críticas por la figura imberbe de Cristo. Rodin tampoco se salvó del escándalo. Expuso 'La Edad de Bronce' en el Salón de París de 1877. El realismo de la obra es tal que sus detractores le acusaron de haber modelado la obra sobre el cuerpo del joven soldado. 'El beso', representación de dos amantes desnudos y abrazados, fue considerada demasiado erótica para estar expuesta en un espacio público. Y su 'Monumento a Balzac', encargado por la Sociedad de Hombres de Letras a iniciativa de Zola, provocó una gran polémica. Considerada irrealista y grotesca, la entregó siete años más tarde de lo acordado. Miguel Ángel no es simplemente una referencia estética para los artistas, sino un símbolo, una figura admirada con fervor casi religioso. El maestro participó activamente en la creación de su mito, convirtiendo su figura en una obra de arte en sí misma. Si en vida fue un héroe, una vez muerto se tornó en un mito. Rodin pudo ver los bocetos de Miguel Ángel de desnudos viriles conservados en la Casa Buonarroti y en la Galería de la Academia. De la primera se exhibe un precioso 'Cristo crucificado', tallado en madera y de pequeñas dimensiones. Ver las esculturas del 'divino' in situ, y no a través de fotografías o moldes de yeso, fue para Rodin una epifanía. Una copia del 'Moisés' de Miguel Ángel (el original se halla en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma) se mide con el monumental 'Balzac' modelado por Rodin. A unos metros, el estudio de su bata, piel simbólica de su creador. Al final de la exposición, 'Walking a Line', un vídeo en 3D de Bruce Nauman, en el que el artista camina descalzo a lo largo de una línea, de frente y de espaldas. Su cuerpo se fragmenta. Cada mitad de su cuerpo se mueve independientemente, de forma desincronizada. Junto a él, Joseph Beuys, Giuseppe Penone y Jana Sterbak, ecos contemporáneos del legado de Miguel Ángel y de Rodin, dos genios inmortales.

viernes, 12 de junio de 2026

NIFLHEIM: El reino de la oscuridad y las tinieblas

Niflheim o Niflheimr es uno de los nueve mundos de la mitología nórdica. Representa la materia fría en oposición al Muspelheim o materia caliente, según uno de los mitos cosmogónicos de la mitología escandinava de la creación. En este reino habita el dragón Níðhöggr, un ser dedicado a roer incesantemente las raíces del fresno perenne o árbol de la vida, Yggdrasil. Según este mito, el mundo nació del choque de estas dos fuerzas en el espacio mágico, llamado Ginnungagap. Es decir, el espacio o hueco que separaba a Niflheim de Muspelheim antes de la creación. En la mitología nórdica, el mundo es un disco plano que está situado en las ramas del árbol de la vida. En cuanto a su nombre, Niflheim (‘Nylfheim’ o ‘NielHeim’) significa Hogar de la niebla. En la mitología nórdica se le conoce como el reino de la oscuridad y las tinieblas, que permanece envuelto por una niebla perpetua. La palabra está compuesta de varias raíces. Nifl (de donde) que unido al anglosajón Nifol significa oscuro. Nevel en holandés y Nebel en alemán, quieren decir niebla. Niflheim se pronuncia “NIF-el-hame”, del nórdico antiguo niflheimr, o “mundo de la niebla”. Niflheim era el reino del frío y el hielo, que es atravesado por los helados ríos de Élivágar y el pozo de Hvergelmir. De allí nacen todos los ríos, de acuerdo a la primera sección del libro de mitología escandinava, Edda menor. Bajo este gigantesco, oscuro y gélido reino de la oscuridad, está el reino de los muertos, llamado Helheim. En él, reina la diosa Hela, con su perro Garm. Helheim es una de las zonas más oscuras y tenebrosas de este gigantesco y helado mundo. Allí reina la poderosa diosa o gigante Hela, hija del dios tramposo Loki. Los dos reinos fundamentales eran Niflheim, el mundo del frío, y Muspelheim, el mundo del fuego. Al unirse los dos reinos, es decir, el frío y el calor, se inicia la creación a través del “vapor creador”. Luego, el mundo de Niflheim se convirtió en la morada de la diosa Hela. Según el relato de la creación nórdica del historiador islandés cristiano – medieval, Snorri Sturluson, el primer ser creado fue el gigante Ymir. Este nació de la violenta fusión del frío de Niflheim y del fuego de Muspelheim en el medio de Ginnungagap, el abismo que los separaba inicialmente. Por cierto, la palabra “Niflheim” solo está descrita en las obras de Snorri. Es usada indistintamente como “Niflhel”, que viene a ser un “embellecimiento poético” del mundo de los muertos “Hel”. En cambio, la palabra “Niflhel”, sí se halla en poemas de la vieja lengua nórdica que es más antigua que las obras de Snorri. Es probable entonces que el término “Niflheim”, sea en realidad un invento lingüístico de Snorri. Es imposible saber con exactitud si se trata de una palabra de origen tardío o es un término antiguo. La única fuente de información sobre la mitología de la creación nórdica proviene precisamente de las obras de Snorri. En el poema Hrafnagaldr Óðins, se menciona brevemente a Niflheimr como un lugar en el norte: “Los poderes se levantaron, el iluminador de Alfs hacia el norte antes de Niflheim persiguió la noche”. Cabe precisar que Niflheim es también el mundo de los muertos y está gobernado por la diosa Hel. Es el último de los nueve mundos, por donde los hombres malvados pasaron después de llegar a la zona de la muerte (Hel). Originalmente, Hel se llamó al mundo de los muertos, pero más tarde significará la diosa de la muerte. Está situado debajo de una de las raíces de Yggdrasill, el árbol del mundo y en dirección norte. En Niflheim habita el dragón Níðhöggr que roe las raíces del árbol de la vida, el cual sostiene los nueve mundos. Luego del Ragnarök o la batalla del fin del mundo, el dragón recorrería el mundo para dedicarse a atormentar las almas que queden. Niflheim o el Mundo de la Oscuridad, estaba dividido en varias secciones, una de ellas era Náströnd, la orilla de los cadáveres. Donde se levantaba un castillo con vista al norte, lleno del veneno de las serpientes. “En esta fortaleza asesinos, perjurios y adúlteros sufrían tormentos y el dragón Nidhogg chupaba la sangre de sus cuerpos”. Esta mención aparece en un poema temprano de Niflheim. En los nueve mundos de la mitología nórdica son mencionados en un poema de la Edda poética o Edda menor. Sin embargo, en ninguna fuente de información nos ofrece una lista completa y exacta de los nueve mundos. Por ese motivo, algunos autores basados en los tipos de criaturas y seres encontrados en la mitología escandinava y la referencia que se hace a su patria en varias fuentes literarias, han hecho la siguiente compilación tentativa: 1.- Niflheim, el mundo primordial del hielo, es gobernado por la diosa o gigante Hela; 2.- Muspelheim, el mundo primordial de fuego, está habitado por los Gigantes de Fuego; 3. Midgard, el mundo de los hombres, creado por el dios Odín y sus hermanos, Vili y Ve; 4.- Jotunheim, el mundo de los gigantes desde el cual se amenaza a los hombres de Midgard y a los dioses de Asgard; 5.- Svartalfheim, el mundo de los enanos, en el viven los elfos oscuros; 6.- Asgard, el mundo de la tribu Aesir de dioses y diosas. Está gobernado por Odín y su esposa Frigg; 7.- Vanaheim, el mundo de la tribu Vanir, que es uno de los dos clanes de dioses y diosas existentes en la mitología nórdica; 8.- Hel, el mundo de la diosa del mismo nombre Hel y los muertos. Está situado en la parte zona más profunda y oscura de Niflheim; 9.- Alfheim, el mundo de los elfos: los elfos luminosos (ljósálfar) y los svartálfar (elfos oscuros que viven en el interior de las montañas). A excepción de Midgard, todos estos mundos son primordialmente invisibles. No obstante, en ocasiones pueden manifestarse con algunas características del mundo visibles. Por ejemplo, Jotunheim puede superponerse con el desierto físico, Hel con los entierros o tumbas (es decir el “inframundo” por debajo del suelo) y Asgard con el cielo. Su fama ha perdurado desde entonces y, en la Alemania medieval, por ejemplo, existía la epopeya narrativa popular El Cantar de los Nibelungos (Das Nibelungenlied), una epopeya heroica escrita en alto alemán medio. Fue compuesta aproximadamente en el año 1200, y su autor fue un caballero Austria desconocido. El poema completo consta de 39 cantos, 2379 estrofas y 9516 versos. Se divide en dos partes, y narra cómo el príncipe de los Países Bajos, Sigfrido, mató a un dragón en su juventud y se apoderó del tesoro del clan de los Nibelungos. La epopeya se origina en hechos históricos de la lucha entre los Xiongnu y los burgundios durante la última etapa de las grandes migraciones de pueblos. Sus personajes están extraídos de numerosos héroes de leyendas populares, así como de historias y personajes de la Mitología nórdica, pero poseen una fuerte conciencia feudal. Es la obra más difundida e influyente de la literatura en alemán medieval. Se conservan 32 manuscritos, de los cuales 10 están completos. Posteriormente, el compositor de ópera alemán Wilhelm Richard Wagner (1813-1883) la adaptó y creó la ópera clásica El Anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen), que está compuesta por cuatro óperas, al cual Wagner también la denominó "un festival escénico para representar en tres días y una víspera". Asimismo, una película del mismo nombre se basó en la epopeya popular alemana El Nibelungenlied y en la nórdica La saga de los Völsungos, donde se narra la historia de un joven herrero llamado Sigfrido. En definitiva, Niflheim es uno de los muchos mundos que componen el rico tapiz de la mitología nórdica. Cada uno de estos mundos ofrecen una multitud de historias, símbolos y reflexiones. Este reino gélido y misterioso no hace más que ahondar nuestra fascinación por esta era legendaria en la que dioses, gigantes y humanos se entrelazan en una danza épica y atemporal.

viernes, 5 de junio de 2026

UN TESORO OCULTO DURANTE SIGLOS: Sale a subasta uno de los manuscritos más raros del Rey Arturo

Un manuscrito del siglo XIV que narra la historia del rey Arturo y la búsqueda del Santo Grial saldrá a subasta en Londres el próximo mes de julio. Está valorado en entre 1,5 y 2 millones de libras (unos 1,7 y 2,3 millones de euros) y se pondrá a la venta el día 8 de ese mes en la capital británica, como pieza estrella de la puja de libros y manuscritos valiosos de la casa de subastas Christie’s. Esta es la primera vez que el llamado Grial de Clermont-Tonnerre, que data de entre 1290 y 1310, se ofrece a la venta, ya que ha permanecido 700 años en manos privadas y nunca ha sido expuesto en público ni estudiado exhaustivamente. El director de manuscritos medievales y renacentistas de Christie’s, Eugenio Donadoni, dijo a The Guardian que se cree que, de los tres ejemplares del texto que se encuentran en manos privadas, este es el más antiguo y el que más ilustraciones contiene. El volumen parece proceder de Metz hacia 1300 y contiene los tres primeros textos de la serie: la historia del Santo Grial, los orígenes de Merlín como figura mitad demonio y algunas de sus aventuras con el rey Arturo. Esos tres textos iniciales solían circular como un volumen independiente. Ese carácter autónomo también aparece en la materialidad del objeto. El catálogo señala que la última página, en vitela en blanco, sugiere que sus creadores consideraban cerrada allí la obra. El Lancelot-Grail Cycle reúne algunos de los relatos más difundidos sobre el rey Arturo y su corte, incluida la búsqueda del Santo Grial y las historias de personajes como Lanzarote y Merlín. Existen numerosas versiones atribuidas a distintos autores, una diversidad que vuelve especialmente importante el trabajo filológico. Eugenio Donadoni, director de manuscritos medievales y renacentistas de Christie’s, dijo que “las historias son universales y todavía tienen muchísimo que ofrecer en términos de investigación y disfrute”. En la misma declaración, citó una profecía atribuida a Merlín dentro del propio texto: “Y la historia será contada para siempre y escuchada con gusto mientras dure el mundo”. El Clermont-Tonnerre Grail destaca además por tener 126 ilustraciones iluminadas de trazo minucioso, una cantidad superior a la media. La casa de subastas atribuye esos dibujos al Maestro del Apocalipsis de Lieja, un ilustrador anónimo reconocido que trabajó en el cambio del siglo XIV y fue nombrado a partir de un manuscrito religioso apocalíptico que le dio notoriedad. La atribución se apoya en rasgos estilísticos precisos: ojos negros punteados, mejillas rojas también punteadas y el uso de pan de oro bruñido de brillo intenso. Esos elementos aparecen a lo largo del manuscrito junto al texto en francés antiguo, según las imágenes y la descripción del lote. La procedencia del libro recorre varios siglos y varios propietarios identificados. El maestro concejal de Metz Michel de Gronnais probablemente lo compró a otro habitante de esa ciudad en el siglo XV; después pasó al justador Michel de Chaverson, luego al conde de Clermont-Tonnerre, del que toma su nombre, más tarde al barón británico Thomas Phillipps y finalmente a Jean Lebaudy, industrial francés y veterano condecorado de las dos guerras mundiales. La casa de subastas no reveló quién consignó el manuscrito para esta venta. Esa reserva contrasta con una cadena de propiedad que, según la propia firma, convierte al volumen en una pieza excepcional también por su historial de posesión. La pregunta central que plantea esta venta es quién podría quedarse con uno de los manuscritos artúricos completos más escasos en manos privadas. Christie’s espera interés tanto de instituciones como de compradores particulares, mientras especialistas académicos expresan su preferencia por que la pieza pase a propiedad pública para facilitar su estudio. Irene Fabry-Tehranchi, especialista en colecciones de la Universidad de Cambridge, dijo a The Guardian que sería “asombroso” que el manuscrito terminara en una colección pública y quedara disponible para la investigación. Esa valoración enlaza con el carácter casi desconocido del códice dentro de uno de los grandes romances medievales, según Donadoni. Donadoni dijo que el manuscrito tiene múltiples atractivos: “históricos, de historia del arte, textuales y culturales”. Añadió que debería interesar a instituciones por tratarse de “un manuscrito prácticamente desconocido” de una de las mayores narraciones medievales, y también a compradores privados por las mismas razones que llevaron a una larga sucesión de dueños a conservar el manuscrito durante los últimos 700 años, y que vuelve a emerger como un testimonio excepcional del imaginario medieval europeo, capaz de unir literatura, arte, religión e historia en un único objeto de extraordinario valor patrimonial.

viernes, 29 de mayo de 2026

EL VATICANO: Una guerra contra el Diablo

Si alguien pensaba que la llegada del estadounidense Robert Prevost al trono del Vaticano iba a mejorar las agrietadas relaciones que Donald Trump tuvo con el hereje Francisco I, se han equivocado completamente, ya que por el contrario estas diferencias se han profundizado aún más desde el ataque criminal que EE.UU. e Israel han realizado contra Irán. No es casualidad que la figura que emerge como su principal rival, sea un sacerdote vestido de blanco, conocido como el Papa León XIV. En las últimas semanas, el Papa ha emitido una serie de denuncias apenas veladas contra el presidente estadounidense, quien lo ataco acusándolo de “ser pésimo en política exterior” y exigiendo su destitución, a lo que Prevost le contesto “no te tengo miedo”, prometiendo seguir hablando en contra de la guerra. Ya no es descabellado pensar que lo que un pontífice polaco, Juan Pablo II, hizo al enfrentarse al imperio soviético en la década de 1980, un Papa nacido en Estados Unidos podría hacerlo en la década del 2020 al atreverse a decirle la verdad al aspirante a emperador en la Casa Blanca. Obviamente, varios jefes de gobierno también se han opuesto a Trump. Mark Carney, de Canadá, lo ha hecho de forma más explícita, mientras que sus homólogos europeos han tomado postura negándose a unirse a su guerra contra Irán. Pero ninguno tiene el alcance global del líder de los 1.400 millones de católicos del mundo. Sin embargo, la cuestión va más allá de las cifras. Carney ha expuesto con contundencia el argumento geopolítico contra Trump, dejando al descubierto su destrucción del orden posterior a 1945. Pero esto no refleja la objeción más profunda que gran parte del mundo ha sentido hacia Trump desde hace mucho tiempo. Esa antipatía reside menos en el ámbito político y más en la esfera de la moral, el carácter y la decencia humana. Y ese es el terreno del Papa, quien ha decidido enfrentarse al demonio en persona, representado por Trump. De esta manera, cuando León XIV arremete contra la guerra, no lo hace en términos de rutas marítimas estratégicas ni del precio mundial del petróleo. Más bien habla de «amos de la guerra» cuyas manos están tan «llenas de sangre» que Dios no escucha sus plegarias. Habla de un mundo «asolado por un puñado de tiranos» y lamenta a quienes arrastran «lo sagrado a la oscuridad y la inmundicia». JD Vance intentó defender a su desquiciado jefe, ganándose con razón el desprecio mundial por la desfachatez que demostró cuando, siendo católico desde hace apenas siete años, le pidió al papa que tuviera más cuidado al hablar de "asuntos teológicos”. Pero igual de reveladora fue su exigencia de que León XIV "se ciñera a cuestiones de moral", lo que confirma que Vance no comprende que la repulsión generalizada que provoca Trump es de índole moral. Desde que Abraham Lincoln acuñó la frase en su primer discurso inaugural, los presidentes estadounidenses se han sentido obligados, al menos en cierta medida, a apelar a lo mejor de la naturaleza humana. Pero Trump siempre ha hecho lo contrario, apelando a los peores demonios de los estadounidenses, a sus instintos más bajos. En los debates televisivos de 2016, Hillary Clinton afirmó que Trump no había pagado impuestos federales sobre la renta durante años. Él no lo negó, sino que dijo: «Eso me hace inteligente». En otras palabras, sé egoísta. Aprovecha lo que puedas. Solo un necio antepondría el bien común a su propio beneficio. Es la misma mentalidad que llevó a Trump a cancelar una visita a un cementerio militar en el 2018, porque consideraba a los caídos en guerra de Estados Unidos como "perdedores" e "idiotas”. Si hubieran sido inteligentes, como él, habrían evitado el servicio militar obligatorio, tal como lo hizo él. Menciona la peor cualidad humana, y Trump la demostrará y se regodeará en ella. ¿Codicia? Trump ha utilizado su alto cargo para enriquecerse a sí mismo y a su familia, obteniendo ganancias de la presidencia por un valor de al menos 1.400 millones de dólares (1.000 millones de libras), según un análisis del New York Times de enero, y esa cifra seguramente habrá aumentado desde entonces. El "conflicto de intereses" es un arcaísmo pintoresco en el Washington de Trump, donde el yerno del presidente solicita miles de millones para su firma de inversión a los mismos gobiernos de Oriente Medio con los que negocia en nombre de Estados Unidos, y donde especuladores anónimos, pero misteriosamente bien informados, obtienen millones en ganancias apostando por las decisiones presidenciales de guerra y paz. ¿Y qué hay de la deshonestidad? Trump miente como quien respira. El Washington Post calculó que hizo 30.573 declaraciones falsas y engañosas durante los cuatro años de su primer mandato: más de 21 al día. Nunca lo ha abandonado. Sirva de ejemplo, por citar un caso casi al azar, sus afirmaciones de que una guerra que ha fortalecido a los sectores más intransigentes de Irán ha logrado, contrariamente a toda evidencia, su objetivo de cambio de régimen. O consideremos la crueldad de Trump. Esta se manifiesta de la forma más grave en su sed de sangre, amenazando a través de las redes sociales con que "una civilización morirá esta noche" o utilizando el Domingo de Pascua para decirle a Teherán: "Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno". Pero la crueldad también es personal y directa. Cuando el actor y director Rob Reiner fue asesinado en circunstancias horribles junto a su esposa a finales del año pasado, Trump publicó una serie de insultos contra el difunto, aparentemente motivados por el hecho de que Reiner no era partidario de Trump. Cuando el exdirector del FBI y veterano funcionario público Robert Mueller falleció el mes pasado, a los 81 años, Trump declaró: "Bien, me alegro de que esté muerto". Sin duda, no es exagerado decir que Trump encarna lo peor de nosotros. Está repleto de defectos - antes los llamábamos pecados - que la mayoría de la gente intenta reprimir. Aunque su egocentrismo y vanidad son más que deplorables, de alguna manera nos hemos acostumbrado a ellos. Este es el hombre que tomó un monumento a un joven presidente asesinado por los sionistas en la plenitud de su carrera y le puso su propio nombre: he aquí el Centro Trump-Kennedy. Este es el hombre que planea construir un arco de la victoria dorado, un Arco de Trump, tan gigantesco como grotesco, una abominación de 76 metros de altura, que se alzará imponente sobre Washington D.C. Este es el hombre que publicó una imagen suya como una figura similar a Jesús, y que además no oculta su deseo de ser reelegido por tercera vez en el 2028 - a pesar de que la Constitución lo prohíbe - e incluso, ha dado a entender que buscara la manera de que las elecciones legislativas de noviembre (donde todas las encuestas prevén su aplastante derrota) no se realicen, ya que puede ser destituido por la nueva mayoría demócrata. Todo encaja. El racismo que provocó que, de los 4499 “refugiados” admitidos en Estados Unidos desde octubre del 2025, todos menos tres fueran sudafricanos blancos. La misoginia que, naturalmente, lo llevó a ser amigo del pederasta judío Jeffrey Epstein. La estupidez bovina que lo condujo a lanzar una guerra contra Irán sin pensar en las consecuencias, sorprendiéndose al descubrir que había entregado una poderosa arma económica a un temible adversario. Todo esto ha originado que se haya ganado la enemistad de un líder que se opone a la guerra, los prejuicios, la vanidad, la indecencia, la insensibilidad, la mentira y la avaricia. Tiene todo el sentido que sea el Papa quien se haya erigido como el anti-Trump, porque este representa el polo opuesto del cristianismo. No le importan los pobres, pero venera a los ricos. Cuando habla de fe, se refiere a la autoconfianza: la seguridad en su propia grandeza. Esta es una de las razones por las que la interpretación accidental de Pete Hegseth del evangelio según Quentin Tarantino, citando erróneamente Pulp Fiction en lugar de Ezequiel, tuvo tanta repercusión: dejó al descubierto que el cristianismo de Trump y su círculo es, como la decoración de Mar-a-Lago, ostentoso y falso. Se desprenden dos conclusiones. Primero, que el cónclave acertó al elegir a Prevost, quien tomó su nombre de León XIII, el «papa del trabajo» que defendió los derechos de los trabajadores pobres en medio de las convulsiones de la Revolución Industrial. Y segundo, que es fundamental que la presidencia de Trump se entienda y se recuerde como un fracaso rotundo; que perdure como una advertencia para las generaciones futuras, un recordatorio de que quienes son deshonestos, crueles y codiciosos no prosperan, serán tachados de perdedores y olvidados para siempre.

viernes, 22 de mayo de 2026

ENIGMAS DE LA HISTORIA: Los jeroglíficos de Gosford

La civilización egipcia fue definitivamente una de las más avanzadas que han habitado el mundo antiguo. No solo fueron excelentes constructores, también fueron científicos y sobre todo magníficos exploradores. Somos testigos presenciales de que los antiguos egipcios han fascinado a los investigadores e historiadores durante años, y parece que cuanto más lejos observamos su extensa historia y conexiones con el resto del planeta, encontramos hechos impresionantes que no son siempre son respaldadas por los estudiosos, quienes prefieren mantener una visión lineal de la historia antigua. Uno de los más polémicos descubrimientos que están directamente conectados con la historia del antiguo Egipto se encuentra en Australia, en el Brisbane Water National Park, en Kariong, donde los investigadores han descubierto numerosos jeroglíficos que simplemente podrían alterar la historia. Según las investigaciones, los jeroglíficos fueron descubiertos por primera vez en el siglo XX, y existen cerca de 250 esculturas que han formado parte del folclore local de la zona por más de un siglo, por lo que se puede deducir que no es algo que se ha descubierto recientemente. Como suele ocurrir en este tipo de hallazgos que contradicen a la historia convencional, la cobertura de los medios de comunicación ha sido mínima, a pesar de la maravilla arqueológica que se tiene en este lugar la cual podría reescribir los libros de historia. Algo que ha influido negativamente en la difusión de este hallazgo es que algunos investigadores han considerado que los glifos presentes en dicho lugar no son más que un engaño. Sin embargo, existen otros investigadores quienes discrepan firmemente. La parte más interesante sobre los jeroglíficos de Gosford es su estilo de escritura. Según los residentes locales que han tenido la oportunidad de ver y estudiarlos, son muy antiguos y están escritos en el arcaico estilo de las dinastías tempranas, un estilo que se ha estudiado muy poco y es intraducible por la mayoría de egiptólogos. Es así como surge el debate y se forman dos bandos contrarios. Según varios arqueólogos e investigadores, los jeroglíficos de Gosford en Kariong “son falsos y además no tendrían nada que ver con el antiguo Egipto”. Sin embargo, otros investigadores y egiptólogos como Mohamed Ibrahim y el co-director de la escuela Khemit, Yousef Abd’el Hakim Awyan (que ha estudiado los jeroglíficos egipcios antiguos toda su vida) plantean algo diferente. Mohamed Ibrahim y Yousef Abd’el Hakim Awyan trabajaban con un grupo de personas para traducir los misteriosos grabados. El resultado obtenido de esta titánica sugiere que estos antiguos jeroglíficos presentes en Australia son auténticos, y que además los escribas utilizaron varios antiguos jeroglíficos y variaciones ‘gramaticales’ que, fundamentalmente, incluso no fueron documentadas en los textos jeroglíficos egipcios hasta el año 2012. Varios otros investigadores creen que la historia y arqueología moderna simplemente no aceptan estos jeroglíficos como auténticos debido a que podrían cambiar la manera en que miramos la historia. También existen otros investigadores que luego de analizar los jeroglíficos han llegado a la conclusión de que estos estilos arcaicos son una forma temprana de jeroglíficos y estarían relacionados con la escritura arcaica de la antigua Fenicia y Sumeria. Las inscripciones consisten en lo que parecen ser dos paneles de símbolos que representan jeroglíficos. Los defensores de esta teoría sostienen que narran la historia de antiguos egipcios que habrían viajado hasta Australia hace miles de años. Según los investigadores más heterodoxos, una parte de los jeroglíficos egipcios encontrados en Australia relata la historia de una flota egipcia que, al regresar a casa, fue sorprendida por una tormenta severa. La nave principal se volcó, resultando en la muerte de la mayoría de la tripulación. Los pocos supervivientes, liderados por un hombre llamado Netjet Sobut - posiblemente el capitán - lograron llegar a la costa, donde plasmaron sus desgarradora experiencia en un remoto acantilado de arenisca en Nueva Gales del Sur. Este sitio, cercano a la ciudad de Gosford, contiene alrededor de 300 símbolos distribuidos en las paredes de un estrecho cañón. Muchos de estos se encuentran en lo alto de las paredes, accesibles solo con andamios o escaleras, lo que sugiere un esfuerzo deliberado por colocarlos en un lugar protegido y apartado. Desde principios del siglo XX, las comunidades locales han conocido la existencia de las misteriosas inscripciones, con informes documentados que datan de la década de 1970. Aun así, el lugar permaneció relativamente desconocido hasta hace poco, cuando comenzó a atraer la atención de estudiosos y teóricos de la conspiración. Mohamed Ibrahim y Youssef Awyan, investigadores egipcios, han dedicado años a traducir los jeroglíficos en Australia. Su enfoque fue llegar al sitio sin conocimientos previos de su historia para evitar sesgos. La detallada traducción del dúo reveló que los jeroglíficos no son simples símbolos aleatorios, sino un texto coherente que cuenta una historia específica y conmovedora. Por ejemplo, estos navegantes antiguos expresaron la gratitud a sus dioses por haber sobrevivido y realizaron ritos funerarios para sus compañeros caídos, orando por la protección del lugar de entierro e invocando la vida eterna para los fallecidos. De acuerdo al análisis de los investigadores, las inscripciones datan de la dinastía Saíta (siglos VI-V a.C.), un período conocido por la revitalización del arte, la cultura y el poder militar en Egipto. Esta nueva datación desafía afirmaciones anteriores que situaban los jeroglíficos en el Reino Antiguo, unos 2.000 años antes. Asimismo, se identificaron símbolos raros entre las inscripciones que no fueron comprendidos completamente por los egiptólogos hasta hace poco, lo que para Ibrahim y Awyan refuerza la autenticidad de los jeroglíficos. La idea de que los antiguos egipcios podrían haber llegado a Australia no es del todo descabellada si consideramos sus habilidades náuticas. Los egipcios, cuya civilización floreció a lo largo del Nilo, construyeron impresionantes embarcaciones no solo para navegar por el río, sino también para realizar largos viajes por mar. Un ejemplo notable es la barca solar del faraón Keops, de casi 44 metros de largo, que demuestra la capacidad de los egipcios para construir grandes barcos oceánicos y que ahora se exhibe junto a la Gran Pirámide en Guiza. Registros históricos también describen expediciones egipcias a través de los mares, como la famosa expedición de la reina Hatshepsut al país de Punt en el siglo XV a.C., lo que sugiere que los egipcios exploraron más allá de su entorno inmediato. A pesar de la evidencia presentada por Ibrahim y Awyan, persiste el escepticismo. Sus detractores argumentan que los jeroglíficos de Gosford son un fraude, señalando alteraciones modernas como una figura de Anubis, que es claramente más grande que los demás símbolos. Algunos sugieren que las inscripciones fueron creadas por soldados que regresaron de la Primera Guerra Mundial o por bromistas locales familiarizados con los jeroglíficos egipcios. El egiptólogo Boyo Ockinga, quien visitó el sitio hace 25 años, desestimó las inscripciones como objetos «egiptizantes», comparándolas con esfinges y pirámides toscamente talladas en la arenisca cercana. Sin embargo, esta comparación podría ser inexacta, ya que las inscripciones de Gosford muestran - como mencionamos más arriba - una gramática compleja y símbolos raros que no fueron catalogados hasta el 2012, lo que añade credibilidad a las afirmaciones de autenticidad. En este contexto, ¿podría ser la susodicha figura de Anubis un agregado moderno para desacreditar los jeroglíficos genuinos? Además de los jeroglíficos, existen otras pruebas que sugieren un posible contacto entre Egipto y Australia. Por ejemplo, se han encontrado varios búmeran en la tumba de Tutankamón, lo que plantea preguntas sobre su presencia en Egipto y la posibilidad de comercio entre ambas regiones. Ibrahim y Awyan señalan que el término egipcio para bumerang se traduce como ‘arma de extranjero’, lo que implica que los egipcios reconocían el arma como un artefacto de tierras distantes. Además, el mural más antiguo conocido con decoración pintada en Egipto, en una tumba de Nejen (c. 3200 a.C.), muestra una isla habitada por un hombre que sostiene lo que parece ser un búmeran, lo que podría representar una temprana referencia a Australia. Ibrahim y Awyan están convencidos de que los jeroglíficos de Gosford son restos auténticos de una antigua expedición egipcia que llegó a las costas de Australia hace más de 2.500 años. La presencia de jeroglíficos raros, la alineación con las prácticas funerarias egipcias y la capacidad de los egipcios para emprender expediciones marítimas más allá de lo que se creía tradicionalmente, brindan cierto respaldo a la autenticidad de estas inscripciones. No obstante, la falta de investigaciones más profundas, como la búsqueda de restos humanos en el sitio, limita la posibilidad de confirmar esta teoría, dejando el misterio de los jeroglíficos de Gosford abierto a futuras pesquisas arqueológicas y debates.
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