SONIDOS DEL MUNDO
viernes, 22 de mayo de 2026
ENIGMAS DE LA HISTORIA: Los jeroglíficos de Gosford
La civilización egipcia fue definitivamente una de las más avanzadas que han habitado el mundo antiguo. No solo fueron excelentes constructores, también fueron científicos y sobre todo magníficos exploradores. Somos testigos presenciales de que los antiguos egipcios han fascinado a los investigadores e historiadores durante años, y parece que cuanto más lejos observamos su extensa historia y conexiones con el resto del planeta, encontramos hechos impresionantes que no son siempre son respaldadas por los estudiosos, quienes prefieren mantener una visión lineal de la historia antigua. Uno de los más polémicos descubrimientos que están directamente conectados con la historia del antiguo Egipto se encuentra en Australia, en el Brisbane Water National Park, en Kariong, donde los investigadores han descubierto numerosos jeroglíficos que simplemente podrían alterar la historia. Según las investigaciones, los jeroglíficos fueron descubiertos por primera vez en el siglo XX, y existen cerca de 250 esculturas que han formado parte del folclore local de la zona por más de un siglo, por lo que se puede deducir que no es algo que se ha descubierto recientemente. Como suele ocurrir en este tipo de hallazgos que contradicen a la historia convencional, la cobertura de los medios de comunicación ha sido mínima, a pesar de la maravilla arqueológica que se tiene en este lugar la cual podría reescribir los libros de historia. Algo que ha influido negativamente en la difusión de este hallazgo es que algunos investigadores han considerado que los glifos presentes en dicho lugar no son más que un engaño. Sin embargo, existen otros investigadores quienes discrepan firmemente. La parte más interesante sobre los jeroglíficos de Gosford es su estilo de escritura. Según los residentes locales que han tenido la oportunidad de ver y estudiarlos, son muy antiguos y están escritos en el arcaico estilo de las dinastías tempranas, un estilo que se ha estudiado muy poco y es intraducible por la mayoría de egiptólogos. Es así como surge el debate y se forman dos bandos contrarios. Según varios arqueólogos e investigadores, los jeroglíficos de Gosford en Kariong “son falsos y además no tendrían nada que ver con el antiguo Egipto”. Sin embargo, otros investigadores y egiptólogos como Mohamed Ibrahim y el co-director de la escuela Khemit, Yousef Abd’el Hakim Awyan (que ha estudiado los jeroglíficos egipcios antiguos toda su vida) plantean algo diferente. Mohamed Ibrahim y Yousef Abd’el Hakim Awyan trabajaban con un grupo de personas para traducir los misteriosos grabados. El resultado obtenido de esta titánica sugiere que estos antiguos jeroglíficos presentes en Australia son auténticos, y que además los escribas utilizaron varios antiguos jeroglíficos y variaciones ‘gramaticales’ que, fundamentalmente, incluso no fueron documentadas en los textos jeroglíficos egipcios hasta el año 2012. Varios otros investigadores creen que la historia y arqueología moderna simplemente no aceptan estos jeroglíficos como auténticos debido a que podrían cambiar la manera en que miramos la historia. También existen otros investigadores que luego de analizar los jeroglíficos han llegado a la conclusión de que estos estilos arcaicos son una forma temprana de jeroglíficos y estarían relacionados con la escritura arcaica de la antigua Fenicia y Sumeria. Las inscripciones consisten en lo que parecen ser dos paneles de símbolos que representan jeroglíficos. Los defensores de esta teoría sostienen que narran la historia de antiguos egipcios que habrían viajado hasta Australia hace miles de años. Según los investigadores más heterodoxos, una parte de los jeroglíficos egipcios encontrados en Australia relata la historia de una flota egipcia que, al regresar a casa, fue sorprendida por una tormenta severa. La nave principal se volcó, resultando en la muerte de la mayoría de la tripulación. Los pocos supervivientes, liderados por un hombre llamado Netjet Sobut - posiblemente el capitán - lograron llegar a la costa, donde plasmaron sus desgarradora experiencia en un remoto acantilado de arenisca en Nueva Gales del Sur. Este sitio, cercano a la ciudad de Gosford, contiene alrededor de 300 símbolos distribuidos en las paredes de un estrecho cañón. Muchos de estos se encuentran en lo alto de las paredes, accesibles solo con andamios o escaleras, lo que sugiere un esfuerzo deliberado por colocarlos en un lugar protegido y apartado. Desde principios del siglo XX, las comunidades locales han conocido la existencia de las misteriosas inscripciones, con informes documentados que datan de la década de 1970. Aun así, el lugar permaneció relativamente desconocido hasta hace poco, cuando comenzó a atraer la atención de estudiosos y teóricos de la conspiración. Mohamed Ibrahim y Youssef Awyan, investigadores egipcios, han dedicado años a traducir los jeroglíficos en Australia. Su enfoque fue llegar al sitio sin conocimientos previos de su historia para evitar sesgos. La detallada traducción del dúo reveló que los jeroglíficos no son simples símbolos aleatorios, sino un texto coherente que cuenta una historia específica y conmovedora. Por ejemplo, estos navegantes antiguos expresaron la gratitud a sus dioses por haber sobrevivido y realizaron ritos funerarios para sus compañeros caídos, orando por la protección del lugar de entierro e invocando la vida eterna para los fallecidos. De acuerdo al análisis de los investigadores, las inscripciones datan de la dinastía Saíta (siglos VI-V a.C.), un período conocido por la revitalización del arte, la cultura y el poder militar en Egipto. Esta nueva datación desafía afirmaciones anteriores que situaban los jeroglíficos en el Reino Antiguo, unos 2.000 años antes. Asimismo, se identificaron símbolos raros entre las inscripciones que no fueron comprendidos completamente por los egiptólogos hasta hace poco, lo que para Ibrahim y Awyan refuerza la autenticidad de los jeroglíficos. La idea de que los antiguos egipcios podrían haber llegado a Australia no es del todo descabellada si consideramos sus habilidades náuticas. Los egipcios, cuya civilización floreció a lo largo del Nilo, construyeron impresionantes embarcaciones no solo para navegar por el río, sino también para realizar largos viajes por mar. Un ejemplo notable es la barca solar del faraón Keops, de casi 44 metros de largo, que demuestra la capacidad de los egipcios para construir grandes barcos oceánicos y que ahora se exhibe junto a la Gran Pirámide en Guiza. Registros históricos también describen expediciones egipcias a través de los mares, como la famosa expedición de la reina Hatshepsut al país de Punt en el siglo XV a.C., lo que sugiere que los egipcios exploraron más allá de su entorno inmediato. A pesar de la evidencia presentada por Ibrahim y Awyan, persiste el escepticismo. Sus detractores argumentan que los jeroglíficos de Gosford son un fraude, señalando alteraciones modernas como una figura de Anubis, que es claramente más grande que los demás símbolos. Algunos sugieren que las inscripciones fueron creadas por soldados que regresaron de la Primera Guerra Mundial o por bromistas locales familiarizados con los jeroglíficos egipcios. El egiptólogo Boyo Ockinga, quien visitó el sitio hace 25 años, desestimó las inscripciones como objetos «egiptizantes», comparándolas con esfinges y pirámides toscamente talladas en la arenisca cercana. Sin embargo, esta comparación podría ser inexacta, ya que las inscripciones de Gosford muestran - como mencionamos más arriba - una gramática compleja y símbolos raros que no fueron catalogados hasta el 2012, lo que añade credibilidad a las afirmaciones de autenticidad. En este contexto, ¿podría ser la susodicha figura de Anubis un agregado moderno para desacreditar los jeroglíficos genuinos? Además de los jeroglíficos, existen otras pruebas que sugieren un posible contacto entre Egipto y Australia. Por ejemplo, se han encontrado varios búmeran en la tumba de Tutankamón, lo que plantea preguntas sobre su presencia en Egipto y la posibilidad de comercio entre ambas regiones. Ibrahim y Awyan señalan que el término egipcio para bumerang se traduce como ‘arma de extranjero’, lo que implica que los egipcios reconocían el arma como un artefacto de tierras distantes. Además, el mural más antiguo conocido con decoración pintada en Egipto, en una tumba de Nejen (c. 3200 a.C.), muestra una isla habitada por un hombre que sostiene lo que parece ser un búmeran, lo que podría representar una temprana referencia a Australia. Ibrahim y Awyan están convencidos de que los jeroglíficos de Gosford son restos auténticos de una antigua expedición egipcia que llegó a las costas de Australia hace más de 2.500 años. La presencia de jeroglíficos raros, la alineación con las prácticas funerarias egipcias y la capacidad de los egipcios para emprender expediciones marítimas más allá de lo que se creía tradicionalmente, brindan cierto respaldo a la autenticidad de estas inscripciones. No obstante, la falta de investigaciones más profundas, como la búsqueda de restos humanos en el sitio, limita la posibilidad de confirmar esta teoría, dejando el misterio de los jeroglíficos de Gosford abierto a futuras pesquisas arqueológicas y debates.
viernes, 15 de mayo de 2026
LA ESTRELLA DE ISHTAR: Un símbolo mesopotámico que se presta a múltiples interpretaciones
Con motivo de la publicación de los llamados Archivos Desclasificados del Pentágono el pasado fin de semana, en el cual se dio a conocer una serie de fenómenos anómalos - que probaría la existencia de vida extraterrestre - llama la atención que entre ellos aparezca una estrella de ocho puntas, que automáticamente muchos han querido identificar con la estrella de Ishtar, un antiguo símbolo mesopotámico, asociada con el planeta Venus. También conocida como la Estrella de Inanna, es uno de los símbolos más emblemáticos del antiguo panteón mesopotámico. Se asocia principalmente con la diosa sumeria Inanna y su contraparte acadia y babilónica, Ishtar, dos figuras divinas que desempeñaron un papel central en la vida espiritual y cultural del antiguo Cercano Oriente. Reconocida principalmente como la diosa del amor, la guerra y la fertilidad, el símbolo celestial de Ishtar es el planeta Venus, la Estrella de la Mañana y de la Tarde. Los orígenes de la Estrella de Ishtar se remontan a la civilización sumeria, donde apareció inicialmente como un símbolo celestial generalizado. Esta estrella de ocho puntas pasó a representar a Inanna, venerada como la Reina del Cielo. La estrella evolucionó en su forma visual y significado, hasta asociarse específicamente con el planeta Venus, conocido por su doble aparición al amanecer y al atardecer. Este vínculo astronómico resaltaba la naturaleza dual de Inanna como portadora de amor y presagio de guerra, reflejando la trayectoria impredecible pero radiante de Venus en el firmamento. Las primeras representaciones de este símbolo aparecen en sellos cilíndricos, piedras de delimitación y arte de templos. Un artefacto notable que muestra este emblema es un kudurru, o piedra de delimitación, del reinado de Meli-Shipak II en el siglo XII a. C. El símbolo en este kudurru se exhibe prominentemente y probablemente tenía propósitos tanto religiosos como legales, enfatizando la autoridad divina sobre los límites de la tierra y la propiedad. Si bien la estrella de ocho puntas era la representación más común, existían variaciones en el número de puntas. Las estrellas de seis puntas también aparecen con frecuencia en el arte mesopotámico, aunque los estudiosos aún no están seguros de su significado simbólico preciso. A pesar de estas diferencias, la versión de ocho puntas se impuso y se vinculó inequívocamente con Inanna-Ishtar. Durante el período paleobabilónico (c. 2000-1610 a. C.), la estrella se había vuelto inseparable de Venus en el panorama simbólico mesopotámico. Su imagen solía estar encerrada en un disco circular, un diseño que enfatizaba aún más su identidad celestial. Este período marcó un punto de inflexión, ya que la representación celestial de la diosa se codificó en la iconografía religiosa. La combinación de la estrella con otros símbolos astrales - como la luna creciente de Sin (el dios de la luna) y el disco solar de Shamash (el dios del sol) - revelaba una sofisticada jerarquía cosmológica. Estos símbolos solían aparecer juntos en sellos y tablillas, formando una tríada celestial que regía el tiempo, el destino y la divinidad. El uso de la estrella no se limitaba a la mera representación visual; también tenía funciones rituales e institucionales. En los templos dedicados a Ishtar, la estrella era más que un adorno: simbolizaba la autoridad sagrada. En ocasiones, los esclavos y los trabajadores del templo eran marcados con la estrella, una práctica que revelaba la naturaleza íntima, aunque a menudo dura, de la devoción y la servidumbre en la economía del templo. Estas personas, a menudo consagradas de por vida, portaban el símbolo como una marca de pertenencia divina y como parte de su función social. Además, la estrella de ocho puntas se convirtió en un símbolo de poder y legitimidad. Reyes y altos funcionarios que buscaban el favor divino o la validación de su gobierno incluían la estrella en sus inscripciones y monumentos. Era a la vez una declaración de piedad y una afirmación de su papel reconocido en el orden cósmico. Además de la estrella, otro símbolo asociado a Inanna-Ishtar era la roseta, un motivo floral estilizado. Si bien inicialmente tenía una importancia visual menor, la roseta fue adquiriendo cada vez mayor relevancia con el tiempo. Para el período neoasirio (c. 911-609 a. C.), la roseta pudo haber superado a la estrella en popularidad y significado religioso. Este cambio sugiere una evolución en los énfasis teológicos o en las preferencias estéticas de los fieles y las autoridades del templo. La roseta, al igual que la estrella, simbolizaba la fertilidad, la belleza y la feminidad divina. Los templos, en particular el dedicado a Ishtar en la ciudad de Aššur, estaban adornados con rosetas en relieves escultóricos y detalles arquitectónicos. Este doble simbolismo - estrella y flor - reforzaba la complejidad de la figura divina de Ishtar y la naturaleza multifacética del arte religioso mesopotámico. Además de los motivos astrales y florales, el búho era otro símbolo clave asociado a Ishtar. Esta ave nocturna, a menudo considerada misteriosa y poderosa, reforzaba su vínculo con la sabiduría, la protección y la noche. Aunque menos representada que la estrella o la roseta, el búho sigue siendo un elemento importante de su iconografía. En interpretaciones posteriores y reconstrucciones modernas, los búhos suelen incluirse junto a la iconografía tradicional de Ishtar para enfatizar su papel como guardiana y guía en la oscuridad. Por cierto, el legado de la Estrella de Ishtar perduró luego del declive de las antiguas civilizaciones mesopotámicas. En el siglo XX, el símbolo recuperó protagonismo en la identidad nacional del Irak moderno. Durante el gobierno nacionalista de Abd al-Karim Qasim (1958-1963), el nuevo Estado iraquí se distanció deliberadamente de los símbolos panárabes y se volcó en la herencia mesopotámica. Entre 1959 y 1963, la bandera iraquí lució una versión simplificada de la Estrella de Ishtar, con rayos rojos y centro amarillo. Fue un guiño deliberado al antiguo pasado de Irak, que vinculaba a la nueva república con la grandeza y la originalidad de las civilizaciones babilónica y asiria. Al mismo tiempo, el emblema nacional combinaba la estrella de Ishtar con el sol de Shamash, fusionando dos deidades ancestrales para representar la justicia y la fortaleza. El escudo de armas de este período también incluía estos símbolos, lo que subraya aún más el deseo de arraigar la identidad nacional en la herencia indígena preislámica. De este modo, el gobierno de Qasim esperaba fomentar un sentimiento de unidad y orgullo entre los iraquíes que trascendiera las divisiones sectarias o étnicas. Incluso en el lenguaje, el recuerdo de la estrella de Ishtar perdura. En árabe, el símbolo se denomina نجمة عشتار (najmat Ishtar), que significa literalmente «la estrella de Ishtar». Esta presencia lingüística continua atestigua la influencia perdurable de la religión mesopotámica en las culturas que la sucedieron. Nombres, símbolos e historias relacionados con Ishtar fueron asimilados, reinterpretados y recordados a lo largo de los milenios, integrándose en la conciencia religiosa y cultural de la región. La incorporación de los símbolos de Ishtar a los textos, el folclore e incluso el arte contemporáneo de la era islámica refleja un hilo conductor cultural sutil pero persistente que une a la Mesopotamia moderna con sus raíces ancestrales. Aunque sus templos hace tiempo que se convirtieron en polvo, su estrella sigue brillando: en monumentos, en la memoria y en los cielos.
viernes, 8 de mayo de 2026
TRUMP RUMBO AL DESASTRE: Bansky presenta en Londres una escultura que lo describe perfectamente
Una misteriosa estatua atribuida al artista callejero Banksy - que según todos los indicios, representaría a Donald Trump - apareció por sorpresa en el centro de Londres a finales del mes pasado. La escultura, que lleva su firma, representa a un hombre vestido de traje que camina hacia adelante desde un pedestal hacia el vacío, mientras porta una bandera que cubre su rostro. Su ubicación - Waterloo Place, cerca de Buckingham - es una zona diseñada para conmemorar el imperialismo y el dominio militar británico en el siglo XIX. La escultura se encuentra cerca de estatuas del rey Eduardo VII y de la enfermera Florence Nightingale, y del Memorial de la Guerra de Crimea. Los representantes de Banksy dijeron que la estatua se instaló en las primeras horas del miércoles 28 de abril, antes de que el artista publicara un video en su cuenta de Instagram sobre ella el pasado jueves por la tarde. Sobre la ubicación de la estatua, en la isla ceremonial de Waterloo Place, Banksy comentó: "Había un pequeño espacio". Desde su aparición, decenas de personas se acercaron al lugar para tomarse una foto. "Con Banksy, se trata de un evento de duración limitada porque es arte público; nunca se sabe cuánto tiempo permanecerá allí", comentó Ollie Isaac, un estudiante de 23 años, mientras se unía a las personas que se acercaban a contemplarla. "Me parece brillante", añadió, señalando que, a su juicio, la escultura constituye una respuesta al "resurgimiento del nacionalismo en el mundo y en este país". "Ese traje grita 'político'", agregó. Por su parte, la profesora Lynette Cloraleigh, de 55 años, acudió al sitio, luego de que una amiga publicara algo sobre la estatua en Instagram. "Me gusta", afirmó. "Me gusta su ubicación. Resulta intrigante saber cómo ha llegado hasta aquí". Ese jueves por la tarde se vio a unos trabajadores instalando barreras de seguridad alrededor de la obra. Desde el Ayuntamiento de Westminster, responsable de la zona, informaron: "Nos entusiasma ver la última escultura de Banksy en Westminster, que aporta una impactante incorporación a la vibrante escena de arte público de la ciudad". Y añadieron: "Si bien hemos tomado medidas iniciales para proteger la estatua, por el momento permanecerá accesible para que el público pueda verla y disfrutarla". "Es una reflexión brillante sobre Donald Trump, con el pecho hinchado y la bandera que le tapa completamente su visión, que está a punto de caerse del pedestal", dice James Peak, creador de la serie de pódcasts de la BBC "La historia de Banksy" (The Banksy Story). "Es un momento maravillosamente encuadrado en el tiempo, algo que con una estatua nunca se consigue del todo", agrega. Además, Peak dice que Banksy ha "logrado otra jugada fantástica… y que la ubicación es absolutamente impactante". "No sé cómo se las arregló para hacerlo", dice. "¿Cómo ha conseguido llevar hasta allí un camión, con toda la seguridad que hay, y colocar una enorme estatua de resina?". "Tenemos que enfrentar el hecho de que Gran Bretaña al igual que EE.UU. tiene una historia imperialista, repleta de conquistas, y eso es parte del tipo de nacionalismo extremo que Banksy aborrece por completo", agrega Peak. "Cada pieza (de Banksy) es una campaña". Por cierto, esta no es la primera vez que Banksy ha dejado una estatua en Londres. En el 2004, "El bebedor" (The Drinker), una reinterpretación subversiva de "El pensador" (The Thinker) de Auguste Rodin, se instaló en la avenida Shaftesbury antes de que terminara siendo robado al poco tiempo. La estatua en “homenaje” a Trump que acaba de aparecer es la última de una serie reciente de obras londinenses del artista, que es conocido por piezas de alto perfil y a menudo controvertidas en todo el mundo. En diciembre, apareció un mural en Bayswater de dos niños tirados en el suelo. En septiembre, el artista confirmó haber pintado, en el complejo de los Tribunales Reales de Justicia, una escena en la que un manifestante yace en el suelo sosteniendo un cartel salpicado de sangre, mientras un juez se cierne sobre él con un martillo. En el 2024, el artista callejero creó un camino de animales alrededor de la capital con piezas que incluyen una cabra, elefantes, un gorila, monos, pirañas, un rinoceronte y pelícanos. Las piezas parecen haber sido instaladas de manera encubierta y luego confirmadas en su cuenta de Instagram. Sus obras, instaladas tanto en propiedad privada como pública, son leídas como declaraciones políticas y, a menudo, se eliminan al poco tiempo de aparecer. Cabe precisar que durante tres décadas, Banksy ha desafiado a la autoridad, se ha burlado de la cultura de consumo y ha transformado los espacios públicos en conmovedores lienzos, todo ello mientras mantenía su verdadera identidad oculta al mundo. Sus obras más características suelen aparecer sin previo aviso, generando debate a nivel mundial, pero el culpable evita discretamente ser el centro de atención. A menudo descrito por la prensa como "escurridizo" y "reservado", el "artista callejero guerrillero" es un héroe para algunos y un vándalo para otros. Pero, ¿quién es el hombre detrás de las plantillas? El debate ha resurgido tras una investigación de Reuters que afirma haber desenmascarado finalmente al artista callejero más famoso del mundo. Sin embargo, muchos fans creen que la agencia de noticias se equivocó y la especulación continúa. En efecto, esta investigación afirma haber descubierto el verdadero nombre del artista, una teoría que ha sido cuestionada por sus allegados. Junto con la aparición de esta escultura en Londres en “homenaje” a Trump, esto ha reavivado una pregunta recurrente: ¿quién es realmente Banksy? Se cree que Banksy nació en el Hospital Materno Infantil de Bristol a principios de la década de 1970. Saltó a la fama luego de que comenzara a pintar con aerosol sus ahora característicos diseños con plantillas por toda la ciudad de Bristol a principios de la década de 1990. Incluso impartió clases de arte para adolescentes en Lawrence Weston, el mismo año en que pintaría su famoso mural "Mild, Mild West" en Stokes Croft en 1999. Las fotos de estas sesiones, obtenidas en exclusiva por la BBC, son algunas de las primeras imágenes que se conocen de él. Se cree que la influyente escena musical y artística de la ciudad inspiró su obra. A mediados de la década del 2000, la obra de Banksy se volvió más ambiciosa y comenzó a aparecer en ciudades de todo el mundo, atrayendo un gran revuelo mediático. Su estatus mítico como artista enmascarado que se burlaba de la autoridad le valió, o al menos a su marca, reconocimiento internacional. Las exposiciones de su obra, en ciudades como Los Ángeles y Londres, agotaron todas las entradas. En el 2018, en una performance artística de gran teatralidad, escenificó la destrucción en vivo de su obra "Niña con globo" en la casa de subastas Sotheby's, a los pocos momentos de que se vendiera por un millón de libras esterlinas. Por cierto ¿cómo se verifican las obras de arte de Banksy? La obra de Banksy está autenticada por Pest Control Office, un organismo creado por el artista para gestionar la verificación, las ventas y las disputas sobre derechos de autor. Si Pest Control no certifica una obra, no se reconoce como un Banksy oficial, independientemente de lo convincente que parezca. ¿Qué sabemos realmente sobre la identidad de Banksy? En el pasado, se han relacionado varios nombres con Banksy, entre ellos Robert Del Naja, Robin Gunningham, Neil Buchanan de Art Attack o un colectivo artístico de Bristol. El nombre de Gunningham surgió por primera vez en lo que The Mail declaró ser una exclusiva mundial en el 2008, describiéndolo como "un ex alumno de un colegio privado criado en un suburbio de clase media". Para reforzar esta teoría, la BBC desenterró una entrevista del 2023 en la que el artista parece confirmar que su nombre de pila es "Robbie". En marzo de este año, Reuters informó que había identificado a Banksy como Robin Gunningham, citando registros legales históricos de Estados Unidos. Según la agencia de noticias, estos documentos vinculaban una detención por grafiti en Nueva York con el artista, ya que los registros policiales contenían su nombre real. Según informaron, los extraordinarios esfuerzos por ocultar su identidad comenzaron a desmoronarse en septiembre de 2000, después de que fuera acusado de vandalizar una valla publicitaria en Nueva York. Según Reuters, Banksy nació con el nombre de Robin Gunningham, pero más tarde adoptó el nombre de David Jones, aunque no está claro si todavía utiliza este alias en particular. Pero quienes son cercanos a Banksy refutan enérgicamente esta interpretación. Steve Lazarides, exmánager de Banksy, afirmó que la agencia estaba "persiguiendo a un fantasma", y añadió que el artista cambió legalmente su nombre hace décadas y borró deliberadamente sus identidades anteriores. "No existe ningún Robin Gunningham", dijo. "El nombre que tienes, yo lo maté hace años. Nunca lo encontrarás" aseveró.
viernes, 1 de mayo de 2026
SAMURAI: El arte de los ancestros en el Museo Británico
Desde el pasado mes de febrero, el British Museum esta presentado una impresionante exposición unos los legendarios guerreros japoneses, descubriendo la realidad que se esconde tras un milenio de mitos, titulada Samurai. Como sabéis, se trata de una figura icónica que evoca imágenes de guerreros formidables, con ideales de valentía, honor y sacrificio. Sin embargo, gran parte de lo que creemos saber sobre los samuráis es una tradición inventada. Nuestro concepto actual de samurái tiene su origen en la realidad medieval. Una clase guerrera distintiva -conocida en Japón como Bush i- surgió y alcanzó el dominio político a partir del siglo XII. Sin embargo, durante un prolongado período de paz, que comenzó en 1615, los samuráis se alejaron del campo de batalla para convertirse en una élite social. Los samuráis formaron el gobierno, desempeñando funciones como ministros y burócratas. Muchos se convirtieron en líderes en el ámbito académico y artístico, como mecenas, poetas y pintores, en un mundo donde las actividades intelectuales eran tan importantes como el manejo de la espada. A finales del siglo XIX, se abolió el estatus hereditario de los samuráis y sus aparentes valores caballerescos se transformaron en el mito del bushido, o «el camino del guerrero». Este nuevo código, que promovía valores como el patriotismo y el sacrificio, se aprovechó durante el período de expansión colonial y agresión militar de Japón. La mitología moderna del samurái surgió gradualmente a lo largo del siglo XX gracias a las interacciones entre Japón y el resto del mundo, y las imágenes idealizadas de los guerreros históricos fueron cada vez más difundidas por los visitantes extranjeros. Esta importante exposición ofrece una mirada sincera a los hombres reales que conocemos como samuráis, desde los campos de batalla del Japón medieval hasta la cultura global de hoy en día. Pero la élite guerrera premoderna de Japón no puede seguir viva dentro de las armaduras que te sobrecogen y te aterrorizan en este fascinante viaje a través de su mundo de sangre, poder y belleza artística, aunque sin duda lo parecen: la armadura samurái es tan vital, tan electrizante, con sus máscaras negras, bigotes y muecas, y sus placas de metal y tela que cubren todo el cuerpo. Las crestas de sus cascos incorporan águilas, dragones, duendes, incluso un puño cerrado de metal que emerge de la cabeza de un guerrero. Es tan intenso que sientes una presencia. Por otro lado, los samuráis siempre fueron fantasmas dentro de sus armaduras. La máscara de metal se convertía en su rostro ante el mundo, sus corazas los transformaban en alguien más. Esta idea de que en la batalla el guerrero se convierte en otro, en un demonio sanguinario, no es exclusiva de Japón: los "berserkers" vikingos se perdían en un frenesí ritualizado y podían creer que se transformaban en osos. La armadura en la Europa medieval tampoco era solo práctica, sino una segunda piel, una coraza metálica que suprimía la delicadeza y simbolizaba la transfiguración férrea de las almas normales en asesinos. Pero ninguna cultura ha plasmado tanta creatividad en la sed de sangre como Japón desde el siglo XIII - cuando el valor de los samuráis expulsó a los invasores mongoles - hasta la abolición de esta clase en el siglo XIX. Una de estas armaduras cibernéticas, está elaborada con opulencia en laca, seda, piel de ciervo y metal, su superficie irradia amenaza y misterio. Enviaba un mensaje claro: meterse con nosotros es un grave error. No era una amenaza vacía. Biombos pintados, pergaminos y libros representan ejércitos samuráis en acción. Un jinete en una escena de batalla samurái, obra de Imamura Zuigaku Yoshitsugu, está acribillado a flechazos, pero estos se han alojado inofensivamente en su gruesa armadura. Su caballo, sin embargo, sangra por una herida de flecha cerca del corazón. En el suelo, yace un guerrero con una armadura gloriosa que ya no le sirve de nada, pues le han cortado la cabeza. Para eso sirven esas elegantes espadas de curvas fluidas, expuestas cerca. Pero la exposición del Museo Británico, sin embargo, no solo rinde homenaje al arte de la guerra, sino que también celebra la paz. Nos encontramos con el caudillo que lleva una canción en el corazón. En una pintura del siglo XIX de Kano Eishun, un samurái se detiene a oler las flores mientras cabalga entre azahares. Y eran los nobles samuráis los clientes más prestigiosos del barrio de placer del Edo de principios de la Edad Moderna, el «mundo flotante». En una pintura del rollo de Chōbunsai Eishi de la década de 1790, Doce escenas eróticas en Edo, vemos la silueta de un samurái haciendo el amor con una cortesana tras un biombo, mientras que en primer plano dos mujeres acarician la brillante hoja de su larga espada desenvainada. Quizás esta perversa obra de arte shunga sea la clave del atractivo de esta exposición. La guerra samurái era violenta pero teatral, cruel pero glamurosa, letal pero sensual. Antes de que una espada samurái te cortara, su aspecto demoníaco te hipnotizaba. Uno siente una profunda tristeza al llegar a la abolición de la élite samurái, mientras Japón, en el siglo XIX, intentaba modernizarse. Las fotografías de los últimos samuráis parecen mostrar la desaparición de algo maravilloso del mundo. Y cuando el siglo XX desató los nuevos horrores de la guerra mecanizada a gran escala, ya no quedaba lugar para el mito ni la caballería. Tanto en Occidente como en Oriente, los rituales y las representaciones teatrales propias de las sociedades feudales perdieron relevancia, especialmente tras el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. De esta manera, el final de la exposición resulta inevitablemente decepcionante. Uno se encuentra con un Darth Vader de tamaño natural, presentado aquí como un samurái moderno, pero que, no es tan aterrador ni misterioso como los originales. Más relevante aún es la sección dedicada a Yukio Mishima, como se le conoce en Occidente, cuyas novelas exploraron el atractivo de la violencia y la pasión samurái en un mundo moderno banal y mercantilizado, antes de abandonarlo cometiendo seppuku, un ritual tradicional de autodestripamiento. Aquí, los samuráis se revelan como mucho más que asesinos: como mecenas de las artes, sensibles a la naturaleza, maestros de las costumbres civilizadas. Los fantasmas de guerreros muertos dentro de sus armaduras vacías dominan la exposición. Hay muchas formas de arte aquí, pero nada es más expresivo que estos retratos en acero, seda y laca. Es un encuentro extraordinario. La armadura samurái encarna una verdad implacable sobre la condición humana y en qué puede convertirse. Una exposición que no puedes perderte y que estará abierta hasta el 4 de mayo.
viernes, 24 de abril de 2026
POSEIDOS POR UNA FURIA DEMONIACA: ¿Por qué los judíos rechazan a Jesús como el Mesias?
A raíz de la destrucción de una imagen de Cristo Crucificado por un soldado israelí en el Líbano, ha vuelto a la palestra el ancestral odio que los judíos tienen contra Jesús y los cristianos en general, y que al igual que los musulmanes, sufren toda clase de atropellos en los territorios ocupados, ante el silencio cómplice de Occidente, quienes hipócritamente miran para otro lado, negándose a condenar y mucho menos sancionar a los verdugos sionistas por sus atrocidades cometidas. Ahora bien, en lo relativo a Jesús, su exacerbado odio se origina desde el inicio mismo de su ministerio en Palestina, donde era hostilizado y expulsado de las sinagogas, porque les enrostraba su maldad y debido a ello, los califico acertadamente como “¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo creen que van a escapar del castigo del infierno?” (Mateo 23:33-35). Sucede que casi siempre que Jesús iba a algún lugar, era perseguido por los judíos para hostigarlo, ya que al considerarse a sí mismos como “el pueblo elegido de Dios” (?), no lo aceptaban como el mesías prometido, afirmando, por el contrario, que era “un impostor” y “un falso profeta”, y cuyo rechazo hacia Jesús no ceso incluso cuando debido a sus intrigas, fue detenido y entregado a los romanos, exigiendo su muerte. Cuando Pilatos les pregunto qué mal había hecho, ellos respondieron incesantemente: “Crucifícalo” “crucifícalo” “Si no lo haces, no eres amigo de César”. Ante esa amenaza que podía costarle la vida, Pilatos ordeno que sea crucificado, pero antes se lavo las manos diciendo: “Soy inocente de la sangre de este Justo” a lo que los judíos de una forma demoniaca respondieron a una sola voz: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” (Mateo 27:25) convirtiéndose desde ese entonces en un pueblo maldito y perseguido por los siglos de los siglos. Desde entonces, su odio no ha cesado. En efecto, en el judaísmo, se considera a Jesús “como el más dañino de todos los falsos profetas”. Dado que la creencia judía tradicional es que el mesías aún no ha llegado y que la era mesiánica aún no está presente, concluye en el rechazo total de Jesús como el mesías. Por cierto, el judaísmo nunca ha aceptado ninguno de los cumplimientos de profecía que el cristianismo atribuye a Jesús. El judaísmo también prohíbe la adoración de una persona como una forma de idolatría, ya que la creencia central del judaísmo es la unidad absoluta y la singularidad de Dios. La escatología judía sostiene que la venida del Mesías “se asociará con una serie específica de eventos que aún no han ocurrido, incluido el regreso de los judíos a su tierra natal, la reconstrucción del Templo de Jerusalén, una era mesiánica de paz y la comprensión de que el conocimiento de Dios" llenará la tierra”. Dado que los libros de historia dictan que ninguno de estos eventos ocurrió durante la vida de Jesús (ni ocurrieron posteriormente), se considera que no era el mesías. Cabe precisar que los puntos de vista tradicionales de Jesús por parte de los judíos han sido en su mayoría negativos, y persisten en la actualidad. La creencia de que Jesús es Dios, el Hijo de Dios, o una persona de la Trinidad, es incompatible con la teología judía. El judaísmo rechaza a Jesús como Dios, ser divino, intermediario entre los humanos y Dios, mesías o santo, lo ven solo como un rabino (maestro) y algunas corrientes como uno más de los profetas, mas no como un Dios o ser divino. La creencia en la Trinidad también se considera incompatible con el judaísmo, que cree que solo hay un Dios, un solo ser supremo por lo que no existen seres Divinos intermediarios para llegar a él, sino cumplir con los preceptos, educarse y fomentar los valores de la familia, comunidad, por lo existen diferencias entre los principios del judaísmo con los del cristianismo. Según Isaías, el mesías será un descendiente paterno del rey David. Se espera que regrese a los judíos a su tierra natal y reconstruya el Templo, reine como Rey y marque el comienzo de una era de paz, redimiendo a los judíos”. Pero la visión judía de Jesús está influenciada por el hecho de que vivió mientras el Segundo Templo aún estaba de pie, y no mientras los judíos estaban exiliados. Nunca reinó como Rey, y no hubo una era posterior de paz o gran conocimiento. Jesús murió sin completar parte de cualquiera de las tareas mesiánicas, prometiendo una segunda venida. En lugar de ser redimidos, los judíos fueron posteriormente exiliados de Palestina, y el templo fue destruido años más tarde y no reconstruido. Estas discrepancias fueron notadas por eruditos judíos que eran contemporáneos de Jesús, como señaló más tarde Nahmánides, quien en 1263 observó que los rabinos de su tiempo rechazaron a Jesús como el mesías. Además, el judaísmo ve que las afirmaciones cristianas de que Jesús es el mesías textual de la Biblia hebrea se basan “en traducciones incorrectas”, con la idea de que Jesús no cumplió con ninguno de los requisitos del Mesías judío. Pero el odio a Jesús por parte de los judíos se ha trasladado también a la comunidad cristiana en Palestina, quienes continuamente son escupidos, acosados físicamente, sus propiedades y cementerios dañados, así como sus celebraciones religiosas interrumpidas por parte de judíos ortodoxos ante la mirada indiferente de la policía y las autoridades que no hacen nada por evitarlo. Así lo recoge un informe del Rossing Center, con sede en Jerusalén, titulado Attacks on Christians in Israel and East Jerusalem (Ataques a cristianos en Israel y Jerusalén Este), en el que se examina el incremento de las hostilidades contra las Iglesias y sus miembros en el 2026. Ello incluye “un preocupante aumento de graves agresiones físicas y ataques contra la propiedad” que afectan a las comunidades de la ciudad vieja de Jerusalén. En declaraciones a Aid to the Church in Need (ACN), Hana Bendcowsky, del Rossing Center, divide los problemas que afrontan los cristianos en la región en dos: los que son producto del “aplastar” y los ocasionados por el “estrujar”, dos términos que los observadores de los derechos humanos utilizan en inglés: smash y squeeze. Bendcowsky explica: «Con “aplastar” me refiero a incidentes como el ataque a la iglesia de la Flagelación, donde una imagen fue destrozada con un martillo». Añade que estos ataques violentos los llevan a cabo sobre todo jóvenes judíos ultraortodoxos marginados con ideas nacionalistas extremas. “Y el “estrujamiento” significa alejar a los miembros de la comunidad: me refiero a incidentes como escupir a los sacerdotes o indicar a una religiosa que se quite el crucifijo cuando acude al hospital. Esto altera a la comunidad y la hace sentir incómoda”, explica. “Tienen la sensación de que nadie los quiere allí. Eso los laicos no lo perciben tan claramente como el clero, pero forman parte de Palestina y deberían sentirse cómodos en su patria, y nosotros debemos asegurarnos de que así sea”. Bendcowsky precisa que, a diferencia de los incidentes de violencia física arriba mencionados, los casos de agresiones verbales o con escupitajos son obra de “miembros normales de la comunidad ultraortodoxa, hombres y mujeres, jóvenes y mayores. Podrían ser tus vecinos, a los que ves jugando con tus hijos” explico. Por su parte, el padre Nikodemus Schnabel, de la abadía benedictina de la Dormición en Jerusalén Este, asegura que los incidentes con escupitajos se han convertido en algo cotidiano: “Por desgracia, recibir escupitajos forma parte de mi vida cotidiana; cuando salgo del monasterio forma parte de mi realidad. Son un grupo que yo llamo los hooligans de la religión, y la triste realidad es que soportamos este fenómeno, y no de forma excepcional. Como monasterio también hemos sufrido incendios provocados, pintadas de odio y ventanas rotas, y cada vez va a más”. Bendcowsky indica que los escupitajos siempre han sido un problema, pero que la tecnología moderna permite grabarlo, por lo que ahora hay más evidencias de ello. No obstante, también cree que los incidentes registrados en lo que va del año probablemente sólo sean la punta del iceberg. “Tenemos que educar a la gente: los demás no tienen que gustarte, pero no puedes escupirles cuando los ves por la calle. La Iglesia tiene la fuerza para mantenerse en pie y sobrevivir - como ha hecho en los últimos dos milenios -, pero estos incidentes pueden empujar a los laicos y religiosos a marcharse. Eso es lo que quieren, pero no lo lograran. El demonio no triunfará” manifestó.
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