SONIDOS DEL MUNDO
viernes, 24 de julio de 2026
LA PESTE NEGRA: La epidemia que transformo la Europa medieval
A mediados del siglo XIV, entre 1346 y 1347, estalló la mayor epidemia de peste de la historia de Europa, tan sólo comparable con la que asoló el continente en tiempos del emperador Justiniano (siglos VI-VII). Desde entonces la peste negra se convirtió en una inseparable compañera de viaje de la población europea, hasta su último brote a principios del siglo XVIII. Sin embargo, el mal jamás se volvió a manifestar con la virulencia de 1346-1353, cuando impregnó la conciencia y la conducta de las gentes, lo que no es de extrañar. Por entonces había otras enfermedades endémicas que azotaban constantemente a la población, como la disentería, la gripe, el sarampión y la lepra, la más temida. Pero la peste tuvo un impacto pavoroso: por un lado, era un huésped inesperado, desconocido y fatal, del cual se ignoraba tanto su origen como su terapia; por otro lado, afectaba a todos, sin distinguir apenas entre pobres y ricos. Quizá por esto último, porque afectaba a los mendigos, pero no se detenía ante los reyes, tuvo tanto eco en las fuentes escritas, en las que encontramos descripciones tan exageradas como apocalípticas (como sucedió hace algunos años con el Coronavirus). Sobre el origen de las enfermedades contagiosas circulaban en la Edad Media explicaciones muy diversas. Algunas, heredadas de la medicina clásica griega, atribuían el mal a los miasmas, es decir, a la corrupción del aire provocada por la emanación de materia orgánica en descomposición, la cual se transmitía al cuerpo humano a través de la respiración o por contacto con la piel. Hubo quienes imaginaron que la peste podía tener un origen astrológico - ya fuese la conjunción de determinados planetas, los eclipses o bien el paso de cometas - o bien geológico, como producto de erupciones volcánicas y movimientos sísmicos que liberaban gases y efluvios tóxicos. Todos estos hechos se consideraban fenómenos sobrenaturales atribuidos a la cólera divina por los pecados de la humanidad. Únicamente en el siglo XIX se superó la idea de un origen sobrenatural de la peste. El temor a un posible contagio a escala planetaria de la epidemia, que entonces se había extendido por amplias regiones de Asia, dio un fuerte impulso a la investigación científica, y fue así como los bacteriólogos Kitasato y Yersin, de forma independiente pero casi al unísono, descubrieron que el origen de la peste bubónica era la bacteria yersinia pestis, que afectaba a las ratas negras y a otros roedores y se transmitía a través de los parásitos que vivían en esos animales, en especial las pulgas (chenopsylla cheopis), las cuales inoculaban el bacilo a los humanos con su picadura. Se trataba, entonces, de una zoonosis, es decir, de una enfermedad que pasa de los animales a los seres humanos. El contagio era fácil porque ratas y humanos estaban presentes en graneros, molinos y casas - lugares en donde se almacenaba o se transformaba el grano del que se alimentan estos roedores -, circulaban por los mismos caminos y se trasladaban con los mismos medios, como los barcos (A ello debemos agregar que por aquellos tiempos de fanatismo religioso, los gatos – que eran sus cazadores naturales – habían sido prácticamente exterminados de Europa al ser asociados por la Iglesia con el demonio, por los que las ratas se reproducían con gran rapidez sin enemigos a la vista). La bacteria causante rondaba los hogares durante un período de entre 16 y 23 días antes de que se manifestaran los primeros síntomas de la enfermedad. Transcurrían entre tres y cinco días más hasta que se produjeran las primeras muertes, y tal vez una semana más hasta que la población no adquiría conciencia plena del problema en toda su dimensión. La enfermedad se manifestaba en las ingles, axilas o cuello, con la inflamación de alguno de los nódulos del sistema linfático acompañada de supuraciones y fiebres altas que provocaban en los enfermos escalofríos, rampas y delirio; el ganglio linfático inflamado recibía el nombre de bubón o carbunco, de donde proviene el término «peste bubónica». La forma de la enfermedad más corriente era la peste bubónica primaria, pero había otras variantes: la peste septicémica, en la cual el contagio pasaba a la sangre, lo que se manifestaba en forma de visibles manchas oscuras en la piel –de ahí el nombre de «muerte negra» que recibió la epidemia–, y la peste neumónica, que afectaba el aparato respiratorio y provocaba una tos expectorante que podía dar lugar al contagio a través del aire. Ambas no dejaban supervivientes. La peste negra de mediados del siglo XIV se extendió rápidamente por las regiones de la cuenca mediterránea y el resto de Europa en pocos años. El punto de partida se situó en la ciudad comercial de Caffa (actual Feodosia), en la península de Crimea, a orillas del mar Negro. En 1346, Caffa estaba asediada por el ejército mongol, en cuyas filas se manifestó la enfermedad. Se dijo que fueron los mongoles quienes extendieron el contagio a los sitiados arrojando sus muertos mediante catapultas al interior de los muros, pero es más probable que la bacteria penetrara a través de ratas infectadas con las pulgas a cuestas. En todo caso, cuando tuvieron conocimiento de la epidemia, los mercaderes genoveses que mantenían allí una colonia comercial huyeron despavoridos, llevando consigo sin saber los bacilos hacia los puntos de destino, en Italia, desde donde se difundió por el resto del continente. Una de las grandes cuestiones que se plantean es la velocidad de propagación de la peste negra. Algunos historiadores proponen que la modalidad mayoritaria fue la peste neumónica o pulmonar, y que su transmisión a través del aire hizo que el contagio fuera muy rápido. Sin embargo, cuando se afectaban los pulmones y la sangre la muerte se producía de forma segura y en un plazo de horas, de un día como máximo, y a menudo antes de que se desarrollara la tos expectorante, que era el vehículo de transmisión. Por tanto, dada la rápida muerte de los portadores de la enfermedad, el contagio por esta vía sólo podía producirse en un tiempo muy breve, y su expansión sería más lenta. Los indicios sugieren que la plaga fue, ante todo, de peste bubónica primaria. La transmisión se produjo a través de barcos y personas que transportaban los fatídicos agentes, las ratas y las pulgas infectadas, entre las mercancías o en sus propios cuerpos, y de este modo propagaban la peste, sin darse cuenta, allí donde llegaban. Las grandes ciudades comerciales eran los principales focos de recepción. Desde ellas, la plaga se transmitía a los burgos y las villas cercanas, que, a su vez, irradiaban el mal hacia otros núcleos de población próximos y hacia el campo circundante. Al mismo tiempo, desde las grandes ciudades la epidemia se proyectaba hacia otros centros mercantiles y manufactureros situados a gran distancia en lo que se conoce como «saltos metastásicos», por los que la peste se propagaba a través de las rutas marítimas, fluviales y terrestres del comercio internacional, así como por los caminos de peregrinación. Estas ciudades, a su vez, se convertían en nuevos epicentros de propagación a escala regional e internacional. La propagación por vía marítima podía alcanzar unos 40 kilómetros diarios, mientras que por vía terrestre oscilaba entre 0,5 y 2 kilómetros, con tendencia a aminorar la marcha en estaciones más frías o latitudes con temperaturas e índices de humedad más bajos. Ello explica que muy pocas regiones se libraran de la plaga; tal vez, sólo Islandia y Finlandia. A pesar de que muchos contemporáneos huían al campo cuando se detectaba la peste en las ciudades (lo mejor, se decía, era huir pronto y volver tarde), en cierto modo las ciudades eran más seguras, dado que el contagio era más lento porque las pulgas tenían más víctimas a las que atacar. En efecto, se ha constatado que la progresión de las enfermedades infecciosas es más lenta cuanto mayor es la densidad de población, y que la fuga contribuía a propagar el mal sin apenas dejar zonas a salvo; y el campo no escapó de las garras de la epidemia. En cuanto al número de muertes causadas por la peste negra, los estudios recientes arrojan cifras espeluznantes. El índice de mortalidad pudo alcanzar el 60 por ciento en el conjunto de Europa, ya como consecuencia directa de la infección, ya por los efectos indirectos de la desorganización social provocada por la enfermedad, desde las muertes por hambre hasta el fallecimiento de niños y ancianos por abandono o falta de cuidados. La península Ibérica, por ejemplo, pudo haber pasado de seis millones de habitantes a dos o bien dos y medio, con lo que habría perecido entre el 60 y el 65 por ciento de la población. Se ha calculado que ésta fue la mortalidad en Navarra, mientras que en Cataluña se situó entre el 50 y el 70 por ciento. Más allá de los Pirineos, los datos abundan en la idea de una catástrofe demográfica. En Perpiñán fallecieron del 58 al 68 por ciento de notarios y jurisperitos; tasas parecidas afectaron al clero de Inglaterra. La Toscana, una región italiana caracterizada por su dinamismo económico, perdió entre el 50 y el 60 por ciento de la población: Siena y San Gimignano, alrededor del 60 por ciento; Prato y Bolonia algo menos, sobre el 45 por ciento, y Florencia vio como de sus 92.000 habitantes quedaban poco más de 37.000. En términos absolutos, los 80 millones de europeos quedaron reducidos a tan sólo 30 millones entre 1347 y 1353. Los brotes posteriores de la epidemia cortaron de raíz la recuperación demográfica de Europa, que no se consolidó hasta casi una centuria más tarde, a mediados del siglo XV. Para entonces eran perceptibles los efectos indirectos de aquella catástrofe. Durante los decenios que siguieron a la gran epidemia de 1347-1353 se produjo un notorio incremento de los salarios, a causa de la escasez de trabajadores. Hubo, también, una fuerte emigración del campo a las ciudades, que recuperaron su dinamismo. En el campo, un parte de los campesinos pobres pudieron acceder a tierras abandonadas, por lo que creció el número de campesinos con propiedades medianas, lo que dio un nuevo impulso a la economía rural. Así, algunos autores sostienen que la mortandad provocada por la peste, paradójicamente, pudo haber acelerado el arranque del Renacimiento y el inicio de la «modernización» de Europa.
viernes, 17 de julio de 2026
PAZUZU: El demonio mesopotámico de la destrucción y la protección
Pazuzu es un demonio babilónico/asirio que alcanzó su mayor popularidad en el primer milenio a. C. Era hijo de Hanbi (también Hanba), rey de los demonios del inframundo, y hermano de Humbaba, el dios-demonio protector del bosque de cedros en la Epopeya de Gilgamesh, quien es asesinado por los héroes. Era famoso por su poder destructivo y, por ello, a menudo se le invocaba para protegerse de las mismas enfermedades, amenazas y terrores que él mismo creaba. Era el demonio del inframundo que comandaba los vientos del oeste y del suroeste, que traían hambruna durante la estación seca y, en la estación lluviosa, tormentas devastadoras y plagas de langostas. Al ser la fuerza detrás de los vientos destructivos y su amenaza, también se le consideraba la mejor defensa contra ellos. De forma similar a Seth (dios egipcio del mal y asesino de Osiris), las oraciones a Pazuzu tenían como objetivo desviar su inclinación natural hacia la destrucción y dirigirla hacia los fines más benévolos de la protección. Dado que era evidente que poseía un gran poder para dañar, se creía que era igualmente poderoso para proteger. Se trata del demonio mesopotámico más famoso en la actualidad, y probablemente el único del que la gente haya oído hablar. El erudito Stephen Bertman señalo: "Aunque le faltó chispa, Pazuzu llegó a Hollywood: es el único demonio mesopotámico que ha protagonizado una película: El exorcista, una película de terror de 1973 (basada en la novela de 1971 de William Peter Blatty), en la cual Pazuzu es el demonio que posee al personaje de Linda Blair y está asociado con el Satanás cristiano y las fuerzas del mal. Aun así, si bien nunca fue considerado el más benévolo de los seres sobrenaturales en la antigua Mesopotamia y sin duda era visto como un poderoso demonio, no era la encarnación del mal. Debería ser considerado más bien un dios embaucador que podía hacer el bien o el mal según su estado de ánimo. Era particularmente poderoso protegiendo a las mujeres embarazadas y a los niños de la diosa-demonio Lamashtu, que acechaba a los bebés nonatos y recién nacidos. En la actualidad, el término «demonio» siempre conlleva la connotación de maldad, pero no era así en el mundo antiguo. La palabra inglesa «demon» es una traducción del término griego «daimon», que simplemente significaba «espíritu». Un daimon podía ser bueno o malo, dependiendo de sus intenciones y del resultado de su aparición. En la antigua Mesopotamia, al igual que en otras culturas del mundo antiguo, los demonios solían ser enviados por los dioses como castigo por el pecado o para recordar el deber hacia los dioses y los demás miembros de la comunidad. Los demonios no siempre eran malvados, e incluso aquellos que traían muerte y destrucción, como Pazuzu, eran capaces de realizar buenas acciones. En el mito de Atrahasis, los seres humanos se han vuelto demasiado numerosos, ruidosos y fértiles. Además, viven tanto que nacen más de los que mueren. Cubren la Tierra y perturban al dios Enlil con su ruido hasta tal punto que decide destruirlos con un gran diluvio. Tras la bajada de las aguas, Enki, el dios de la sabiduría, propone un plan para repoblar la Tierra: los dioses crearán un nuevo tipo de humano con una vida más corta y mayores amenazas diarias. A partir de entonces, habrá enfermedades, abortos espontáneos, impotencia, esterilidad, ataques de animales salvajes y toda clase de muerte acechando cada día. Los demonios formaban parte de este plan divino y fueron enviados para disminuir la población, castigar a los malvados, poner a prueba a los justos, e incluso podían recibir permiso para atormentar a alguien porque cierto dios lo consideraba justificado, aunque otro no estuviera de acuerdo. Los demonios que interferían con las relaciones sexuales y la fertilidad eran especialmente problemáticos. El demonio Samana, por ejemplo, con sus dientes de dragón, garras de águila y cola de escorpión, representaba una amenaza constante, y un conjuro sumerio contra él enumera cómo bloquea la menstruación de la joven, la potencia del joven y los servicios de la cortesana y la prostituta (Leick, 223). Samana también podía afectar las cosechas, el ganado y, según Bertman, "tenía un apetito especial por los bebés y las prostitutas" (125). Un demonio de tal malicia y poder destructivo debería haber sido mantenido firmemente a raya por los dioses, y sin embargo, Samana era considerado un agente de Gula, la diosa sumeria de la salud y la curación, y a veces era enviado por ella por razones que los mortales tendrían que deducir por sí mismos. Lo único que estaba claro era que uno podía ser blanco de un dios o un demonio para algún tormento exquisito o mundano en cualquier momento y por razones que no siempre estaban claras. Al respecto, la erudita Gwendolyn Leick señalo: “Si nos guiamos por la narrativa de Atrahasis, la sexualidad era un objetivo prioritario, ya que estaba relacionada con la reproducción y la población. Al controlar la vida sexual de los seres humanos, los dioses podían mantener a las comunidades humanas en un tamaño manejable”. Una de las mejores maneras de protegerse contra tales ataques era encontrar un protector en un demonio igualmente poderoso que sirviera de escudo entre el individuo y la ira de los dioses. Pazuzu era la más popular de estas deidades protectoras. Se le invocaba principalmente para impedir que Lamashtu asesinara a bebés nonatos o recién nacidos, pero parece que también se le invocaba contra las enfermedades, la impotencia y los efectos nocivos del viento del oeste y del suroeste, que soplaban desde la tierra de los muertos; los mismos vientos que el propio Pazuzu controlaba. Se le imagina como una figura especialmente aterradora, capaz de ahuyentar a cualquier demonio o fantasma menor. Pazuzu aparece representado en estatuillas y grabados con ojos saltones en un rostro canino, un cuerpo escamoso, un pene con cabeza de serpiente, las garras de un ave grande y alas enormes. Como recordareis, en las escenas iniciales de la película El Exorcista, se le representa fielmente en una estatua de tamaño natural que el sacerdote contempla en la antigua ciudad de Hatra. En la novela, el autor muestra al sacerdote manipulando una pequeña estatua de Pazuzu, en lugar de contemplar una figura de gran tamaño, lo cual también es cierto. Si bien se han encontrado pequeñas estatuillas del demonio en Hatra, nunca se ha hallado ninguna estatua de tamaño natural en ningún lugar, y es improbable que se encuentre alguna vez. Las representaciones de demonios o deidades asociadas con el inframundo son raras porque se creía que, al crear una imagen de este tipo, se atraía la atención del sujeto. Es por esta razón que existen pocas imágenes de Ereshkigal, la Reina de los Muertos, y por la que incluso el famoso relieve de Burney (conocido popularmente como la Reina de la Noche) no nombra explícitamente a su sujeto, aunque lo más probable es que represente a Ereshkigal: crear una imagen de la Reina de los Muertos habría sido llamar su atención y nadie estaba especialmente interesado en encontrarse con ella cara a cara. Las pequeñas estatuillas y amuletos con la imagen de Pazuzu tenían exactamente el mismo efecto: atraían la atención de Pazuzu hacia quien los portaba o hacia la habitación donde se colocaba la estatuilla, pero su diminuto tamaño concentraba su poder en la protección. El mortal no tenía nada que temer del demonio, pues lo honraba al pedirle protección, y cuando este apareciera, dirigiría sus poderes demoníacos contra quienes amenazaran a sus protegidos, no contra el mortal que lo había invocado. Estas pequeñas estatuillas se colocaban principalmente en las habitaciones de los niños, como es natural, pero podían ubicarse en cualquier lugar de la casa, cerca de una puerta o ventana. Las imágenes y figuras de Pazuzu cumplían una función similar a la de los Perros Nimrud, pequeñas estatuillas de perros enterradas bajo el umbral de un edificio (o colocadas estratégicamente en una habitación) para protegerse de espíritus malignos, demonios o fantasmas. Se creía que los Perros Nimrud estaban imbuidos del espíritu de perros reales, asociados con Gula, considerados principalmente animales protectores. De la misma manera, las estatuillas de Pazuzu se inspiraban en la esencia del propio demonio y garantizaban la seguridad en su presencia. Según el erudito Jeremy Black, los demonios en Mesopotamia evolucionaron a lo largo de los años, pasando de ser representaciones de animales amenazantes a personificaciones del peligro y la muerte. Black afirma que Pazuzu es la máxima expresión de esta evolución y ofrece una cronología simplificada del proceso, dividiéndolo en cinco fases: 1. Una fase formativa, a finales de los períodos Ubaid y Uruk, en la que las características de diferentes animales se combinaron por primera vez en seres compuestos no naturales; 2. Una fase optimista, en el período acadio, en la que las escenas glíficas muestran la captura y el castigo de demonios nefastos; 3. Una fase de equilibrio, en el período paleobabilónico, en la que los diseños de los sellos cilíndricos a menudo mezclan imágenes (dioses, símbolos y otros motivos) de asociaciones buenas y malas con respecto a la humanidad; 4. Una fase transformadora, con el arte mitanio, casita y asirio medio de los siglos XIV al XI a. C., cuando la iconografía centrada en el ser humano del período paleobabilónico dio paso a una preponderancia de híbridos con cabeza de animal; 5. Una fase demoníaca, representada por el arte neoasirio y neobabilónico, en la que los demonios individuales eran representados en todo su horror. Esta última fase de desarrollo concuerda con la nueva teología de un inframundo poblado por demonios en el primer milenio a. C. Además, el cambio coincide con el surgimiento de la práctica de erigir en palacios y templos estatuas y relieves monumentales de seres protectores mágicos, y de enterrar pequeñas imágenes de arcilla de estos en los cimientos. Esta evolución continuó durante el período helenístico de la historia mesopotámica y se extendió hasta el período cristiano. Los cristianos ya no necesitaban demonios protectores y, por supuesto, la nueva fe desalentaba la dependencia de creencias religiosas anteriores. Los demonios, junto con los antiguos dioses, no tenían cabida en el cielo del Dios cristiano y, por lo tanto, fueron relegados al infierno cristiano. Los demonios ya estaban asociados con el inframundo, y así como fue fácil convertir la vida después de la muerte pagana en un infierno de castigo, también lo fue convertirlos en agentes de ese castigo eterno, así como en seres que llegaban a la puerta de uno en vida trayendo peligro, destrucción, enfermedad y muerte. Como sabéis, los evangelios del Nuevo Testamento describen a Jesucristo expulsando demonios de diversas personas con frecuencia, y los libros de los Hechos de los Apóstoles, el Apocalipsis y otros describen demonios al servicio del adversario de Dios, Satanás. En la carta de 1 Juan 4:1 del Nuevo Testamento, el autor exhorta a sus lectores a discernir si todo espíritu proviene de Dios y a rechazarlo si no es así. Según esta perspectiva, los demonios ciertamente no provenían de Dios ni podían servir a su voluntad de ninguna manera, lo cual representa un cambio radical con respecto a la visión que se tenía de estas entidades en la antigua Mesopotamia. Tras el auge del cristianismo, los demonios fueron considerados únicamente como agentes del mal, incapaces de hacer el bien, salvo de forma involuntaria al servicio del plan divino. No es de extrañar por ello, que Pazuzu, una antigua figura mesopotámica de aspecto temible, fuera la elección perfecta como antagonista en El Exorcista, ya que el público había sido preparado, a través de casi 2000 años de enseñanzas, para aceptar al antiguo dios-demonio como un instrumento del mal. Sin embargo, para la gente de su época, Pazuzu era a menudo considerado el guardián más fuerte y eficaz, un escudo contra las desgracias en un mundo incierto y frecuentemente aterrador.
viernes, 10 de julio de 2026
LEFEBRVIANOS: Los cismáticos que desafían al Vaticano
“La túnica de Cristo ha sido rasgada”, señalaban este miércoles los medios oficiales del Vaticano tras la consagración de cuatro nuevos obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X - popularmente conocidos como lefebrvianos - en Écône (Suiza), sin autorización del Vaticano, un acto que se considera cismático y sobre el que la Santa Sede había lanzado varias advertencias en estos últimos meses. El último en hacerlo fue el papa León XIV este martes con una misiva en la que pedía a los lefebrvianos que reconsideren su postura y señalaba que “la Iglesia está dispuesta a recorrer un camino de diálogo y del entendimiento. Ese gesto fue en vano. Ante todo, cabe preguntarse; ¿Quiénes son los lefebrvianos? Conocida oficialmente como la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), es una congregación católica tradicionalista fundada por el obispo francés Marcel Lefebvre en 1970. Se caracterizan por impugnar el Concilio Vaticano II (celebrado entre 1962 y 1965 por Paulo VI), prefiriendo hacerlo con el misal antiguo y rito tridentino, el conocido como vetus ordo. También en la estética, no solo en la liturgia, queda patente que son de otra época. Lefebvre participó en el Concilio en calidad de superior general de los Padres Espiritanos y planteó durante el mismo varias objeciones. Entre las reformas que rechazan desde la congregación que fundó están la celebración de la misa en lenguas vernáculas, la apertura al diálogo ecuménico o la mayor participación de los fieles en la Iglesia. Abogan además por la vuelta al latín y a la liturgia y los rituales previos al Concilio Vaticano II, el conocido como rito tridentino por ser el adoptado en el Concilio de Trento (1545-1563). Como sabéis, los lefebvrianos anunciaron el 2 de febrero la consagración de cuatro nuevo obispos para el 1 de julio tras haber mantenido una vía de diálogo con el Vaticano. Las conversaciones fueron entre el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández – nombrado por Francisco, y muy criticado por los conservadores – y el superior general de los lefebvrianos, Davide Pagliarani. El objetivo era evitar la ruptura, pero el diálogo no llegó a buen puerto y los lefebrvianos dejaron patente que no veían viable la entente porque que no hay “una simple divergencia de opiniones” sino, a su juicio, “una ruptura con la Tradición de la Iglesia” en estas últimas décadas. La asociación sacerdotal planteó un desafío en toda regla al papa León XIV y este miércoles han consumado su amenaza, incurriendo así en un cisma y en la excomunión. ¿Quiénes son los nuevos obispos? Son el suizo Pascal Schreiber (53 años), el estadounidense Michael Goldade (45 años) y los franceses Michel Poinsinet de Sivry (42 años) y Marc Hanappier (36 años), que fueron anunciados a finales de mayo. Se trata de obispos sin jurisdicción y que atenderán a los fieles de la FSSPX. ¿Quién los consagro? La consagración la ha presidido el prelado español Alfonso de Galarreta, que es uno de los dos obispos que tenía en la actualidad esta asociación sacerdotal. Galarreta fue ordenado sacerdote en 1980 en Buenos Aires por Lefebvre y en 1988 fue consagrado obispo en Écône, donde está el seminario de la fraternidad, por el fundador. Un hecho que supuso ya una primera excomunión hace 38 años. Es la segunda sanción que recibe por el mismo motivo para este prelado cántabro. Las excomuniones a los cuatro obispos de 1988 fueron revocadas por Benedicto XVI el 21 de enero del 2009 con tal de recuperar la comunión. Como recordareis, en 1988 Lefebvre fue excomulgado por Juan Pablo II tras consagrar a cuatro obispos sin autorización del Vaticano. En 1976 el prelado francés ya había sido suspendido a divinis por Paulo VI tras publicar en 1974 un documento en el que se oponía a la orientación “modernista” en la Iglesia. Al año siguiente ordenó a tres sacerdotes en Écône sin el permiso del papa. En 1982, Juan Pablo II encomendó al entonces cardenal Joseph Ratzinger (que luego sería el papa Benedicto XVI), quien era por ese entonces el prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, que intentara buscar una salida al conflicto con los tradicionalistas. Aunque Lefebvre ordenó 23 nuevos sacerdotes en 1983, el asunto parecía que tenía resolución si la Fraternidad reconocía como válido el Concilio Vaticano II. Sin embargo, el prelado francés se echó atrás y en junio de 1988 ordenó sin autorización papal a cuatro obispos. Más adelante, Benedicto XVI intentó tender puentes con los tradicionalistas y en el 2009 levantó la excomunión a esos prelados y tuvo algunos gestos – hay quien incluye los cambios en el misal del “por todos” al “por muchos”, aunque nunca se ha explicado así– con los tradicionalistas que, a la larga, se ha visto que no han dado resultado. De aquellos cuatro obispos, hay dos que siguen vivos y vinculados a la fraternidad: el suizo Bernard Fellay, que este miércoles, ha copresidido la ceremonia, y el español Galarreta. En enero del año pasado murió un tercero que había sido expulsado en el 2012 de la congregación por ciertas discrepancias - Richard Williamson - que acabó fundando otro movimiento de corte tradicionalista. El Vaticano se prestó a abrir una vía de “diálogo teológico” para buscar “los requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia Católica” a condición de que los tradicionalistas suspendieran la ordenación de nuevos prelados. El diálogo, no obstante, no fue posible. Pero el prefecto para la Doctrina de la Fe ha vuelto a hacer referencia a ello este mismo miércoles. Los lefebrvianos se quejan de que el Papa León XIV no les ha recibido en este primer año en audiencia. Pagliarani pidió una cita al Papa en agosto del año pasado, cuando la fraternidad peregrinó a Roma con motivo del jubileo, y reiteró la petición en febrero al anunciar la consagración de los nuevos prelados, sin resultados. En el 2019, con el hereje Francisco I como Pontífice, los lefebrvianos ya pidieron a la Santa Sede abrir una vía de diálogo sobre cuestiones doctrinales. Los miembros de la FSSPX no consideraron válida las excomuniones de 1988 y tampoco entienden que hayan incurrido en ese supuesto ahora, tal y como se ha visto en la ceremonia de esta semana. En la carta que remitió Pagliarani a León XIV ya hacía referencia a la “necesidad” de asegurar “la continuidad del ministerio de sus obispos”, que son los que pueden hacer las ordenaciones sacerdotales y administrar determinados sacramentos. Ahora solo contaban con dos prelados y los dos son mayores. Actualmente, la congregación cuenta con unos 1.500 miembros, según los datos que ofrecen en su página web y estiman que sus fieles superan el medio millón de personas repartidas por todo el mundo. Hablan de unas 600.000 personas. Aprovechando el foco mediático que ha tenido, la congregación sacerdotal ha publicado dos largometrajes dando a conocer quiénes son y su misión evangelizadora en distintos puntos del planeta. Cabe precisar que El Vaticano puso coto a la misa tradicional y en latín durante el papado del hereje Francisco I con el documento Traditionis custodes. Sin embargo, se puede celebrar misa tradicional con autorización o indulto del obispo. Los lefebvrianos, pese a ello, no la consideran válida y han estado estos años en una situación irregular. “Si ello implica aceptar el valor doctrinal y jurídico del Novus Ordo, entonces no, porque no se puede hacer el mal para conseguir el bien”, señalan sobre asistir a misa fuera de la congregación. “La Misa indultada no es apta para católicos tradicionalistas, con la excepción del caso de esos sacerdotes que dicen la misa con el indulto o con el celebret romano, pero que la dirían igualmente si les fuere denegado”, señala la Fraternidad en su portal. En tanto, los sectores tradicionalistas de la Iglesia, los que mantienen la comunión con Roma pese a las críticas, han rechazado en estos meses previos la consagración de los obispos y el acto cismático. Hasta el Concilio Vaticano llevado a cabo entre 1962 y 1965, los sacerdotes oficiaban el servicio únicamente en latín y nadie que no perteneciese al clero podía realizar la lectura e interpretación del evangelio y las escrituras. Con el concilio, la Iglesia se abrió a celebrar la misa en la lengua local de cada país y una mayor participación de los laicos durante el sacramento, pero Lefebvre consideró que esto era el principio o "síntesis de todas las herejías". Hoy en día, además de seguir los preceptos del francés, los lefebvrianos rechazan categóricamente el aborto, la eutanasia, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la ideología de género y la ordenación de mujeres y más bien exigen una educación y formación religiosa tradicional, tanto en sus seminarios como en los colegios que gestionan. Para ellos, las enseñanzas como las del hereje Francisco I fueron el verdadero cisma de la Iglesia. Con la fundación de la fraternidad, muchos sacerdotes (en contra del Concilio Vaticano) colgaron sus sotanas o se unieron al movimiento con la finalidad de perpetuar la tradición más antigua de la Iglesia. La FSSPX comenzó a expandirse por Europa, pasando a Francia, Alemania, Holanda, Italia y España, e incluso llegó a Estados Unidos, Canadá y Oceanía y, a medida que crecía, también aumentaban las tensiones con la máxima autoridad eclesiástica. Hoy, con la consagración de los obispos, el cisma es un hecho. Por cierto, se trata de algo muy significativo para León XIV. ¿La razón? Robert Prevost pertenece a la orden de los agustinos, la misma de la formó parte el monje alemán Martin Lutero, protagonista de la reforma protestante que dividió en dos a la Iglesia en el siglo XVI ¿Qué vendrá ahora? Habrá que estar atentos a lo que decida el papa, lo cual, de seguro, ahondará más la división.
viernes, 3 de julio de 2026
EL ÁGUILA DORADA DE TRUMP: ¿Un nuevo símbolo de los EE.UU.?
Megalómano como era de esperar, y no contento con aparecer en billetes y monedas conmemorativas por el 250 aniversario de la Independencia de los EE.UU., aparte claro esta de seguir adelante con su demolición del Ala Este de la Casa Blanca para construir un controvertido salón de baile, así como continuar con sus planes de levantar un gigantesco Arco de Triunfo en Washington (en su honor, obviamente) y no ocultar su deseo de ver su rostro esculpido en el Monte Rushmore, Donald Trump ha decidido adornar la Casa Blanca con un águila dorada - cuyo gran parecido al águila Nazi es incuestionable - y que no sea de extrañar, se convierta en el nuevo escudo del país, sin olvidarnos obviamente, de su grotesca estatua de oro que sueña con colocar sobre los cadáveres de cientos de miles de palestinos en Gaza, convertida en “La Riviera” del Medio Oriente. En efecto, Trump ha publicado en redes sociales lo que parece ser una imagen hecha con IA de una gran águila dorada adherida al balcón Truman de la Casa Blanca: "¡Es un regalo de oro para la Casa Blanca en su 250 aniversario!", escribió Trump junto a la citada imagen en Truth Social el pasado lunes. Cuando los periodistas se acercaron al balcón para constatarlo, no lo encontraron, por lo que se supone que fue hecha con IA o retirada luego de fotografiarla. En todo caso, no oculta las intenciones y sus simpatías por la iconografía fascista del actual inquilino de la Casa Blanca, comparado a menudo con el Fuhrer alemán Adolph Hitler por sus adversarios políticos. En cuanto a su declaración, es posible que se refiriera al 250 aniversario de la nación, que se celebra el 4 de julio, ya que la construcción inicial de la Casa Blanca comenzó hace tan solo 233 años, en 1792. La residencia abrió sus puertas por primera vez en 1800, hace 226 años, cuando el presidente John Adams y la primera dama Abigail Adams se convirtieron en sus primeros residentes. La imagen muestra un águila calva con sus alas extendiéndose sobre las columnas del balcón, junto con un escudo de barras y estrellas. Según CNN, la imagen contiene detalles en sus metadatos que indican que fue creada con inteligencia artificial de Google. El medio también señaló que la imagen no parecía ser real debido a las diferencias entre las barandillas de la fotografía y el balcón Truman real. El escudo de la imagen posee solo 11 estrellas, mientras que la versión tradicional tiene 13 para reflejar los 13 estados que existían en el momento de la fundación de los Estados Unidos, por lo que el escudo de las 11 estrellas corresponde en realidad a los Estados Confederados de la época de la Guerra Civil, por los cuales Trump nunca ha ocultado su afinidad. Cabe precisar que este tiene un historial de compartir imágenes generadas por inteligencia artificial en las redes sociales, incluida una que lo representa como una figura similar a Jesús curando a los enfermos - lo que generó críticas generalizadas a principios de este año - y últimamente, otra que lo representa como Atlas cargando la Tierra, que se convirtió rápidamente en motivo de burla, ya que también mediante la misma IA, reemplazaron el planeta que llevaba sobre sus espaldas por los Archivos Epstein, que lo describen como un monstruo pederasta y violador de niños. Por cierto, la imagen del águila dorada en el balcón Truman, está en consonancia con las numerosas ‘renovaciones’ que ha iniciado o propuesto en la Casa Blanca y en otros lugares de la capital del país. Trump ha advertido de importantes sanciones para cualquiera que cause daños a los monumentos en Washington, D.C., antes de las próximas celebraciones del 250 aniversario de la nación. A inicios de semana, reiteró sus afirmaciones de que sus esfuerzos de renovación en el estanque reflectante del Monumento a Lincoln - convertido en un pantano de aguas fétidas de color verde - se han visto frustrados, según el, por vándalos quienes, asegura, fueron los responsables de los daños al revestimiento del estanque. Sin embargo, persisten las dudas sobre si los daños a este monumento recientemente renovado fueron causados por actos delictivos o por fallas en la construcción, lo que es mas probable, ya que el lugar es fuertemente custodiado, por lo que sería imposible que sea atacada, tan como busca presentarlo. La administración Trump gastó 16 millones de dólares en la remodelación de la piscina, incluyendo el recubrimiento del fondo con un color azul similar al de la bandera estadounidense. Sin embargo, la renovación pronto generó controversia cuando la proliferación de algas tiñó el agua de verde y algunas secciones del revestimiento comenzaron a desprenderse. Funcionarios de la administración Trump han culpado repetidamente a vándalos, aunque análisis independientes y expertos en ingeniería sugieren que factores ambientales o defectos en la aplicación podrían ser los responsables. «El estanque reflectante, que sufrió grandes daños a causa de los vándalos y la escoria de la izquierda radical que odia a nuestro país, ha estado funcionando a pleno rendimiento durante los últimos dos días. ¡Está precioso!», escribió Trump en Truth Social el lunes. Dijo que la piscina se vaciaría luego del 4 de julio para "reparar los daños causados" y "dejarla tan bien como hace dos semanas, ¡cuando estaba absolutamente PERFECTA!". Trump también advirtió que los funcionarios de seguridad estarían "vigilando muy de cerca" los monumentos, estatuas y fuentes que fueron renovados en toda la capital. "Si alguien ataca alguno de ellos", escribió, "podría enfrentar hasta 10 años de cárcel". Como sabéis, desde que regresó al cargo en el 2025, Trump ha añadido una serie de toques personales a la Casa Blanca, colocando diversos detalles dorados por todo el Despacho Oval y fijando grandes medallones al estilo de las monedas conmemorativas en el Ala Oeste y la residencia de la Casa Blanca. También ha supervisado proyectos de construcción de gran envergadura, incluyendo la remodelación completa del Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, dos grandes mástiles en los jardines norte y sur de la Casa Blanca, y la demolición del Ala Este, que el presidente ha arrasado con excavadoras para dar paso a su controvertido proyecto del salón de baile.
viernes, 26 de junio de 2026
LOS INÉDITOS DE MOZART: El descubrimiento más importante en décadas
En 1778, una joven música llamada Marie-Louise-Philippine de Bonnières de Guînes estaba en una clase de composición en París, intentando crear una melodía. Se devanó los sesos durante 15 minutos. Al final, su profesor – Mozart - escribió el comienzo de una melodía y le pidió que la continuara. “Mira qué tonto soy”, le dijo él, tal y como contó en una carta a su padre. “Empecé un minueto y ni siquiera puedo terminar la primera parte; ¿serías tan amable de terminarlo?”. En la carta, Mozart se quejaba de que su alumna, la hija de un duque con mucho talento como arpista, hacía bastante bien los ejercicios de teoría musical, pero “no tenía ni una sola idea”. Puede que eso resultara exasperante para Mozart, pero le ha dejado a la posteridad un regalo espectacular. En efecto, el pasado viernes, la Biblioteca Nacional de Francia anunció el descubrimiento de un cuaderno de 44 páginas con las clases de De Guînes. El cuaderno ofrece una visión extraordinaria del método de enseñanza de Mozart, ya que muestra sus correcciones y mejoras en el trabajo de De Guînes. El hallazgo también revela piezas de repertorio marcadas por la imaginación de Mozart: siete obras hasta ahora desconocidas para flauta y arpa. Los expertos aseguran que, si bien De Guînes compuso estas obras bajo la guía de su profesor, Mozart escribió él mismo una parte sustancial de la música. “Este es el descubrimiento sobre Mozart más importante en décadas”, dijo Armin Brinzing, director de la Biblioteca Mozart de la Fundación Internacional Mozarteum de Salzburgo, Austria, en una entrevista telefónica. Las obras recién descubiertas se interpretaron en público por primera vez el último domingo en la Biblioteca Nacional de Francia, a cargo de la flautista Mathilde Caldérini y el arpista Nicolas Tulliez, ambos miembros de la Orquesta Filarmónica de Radio France. Sus grabaciones de las piezas se emitieron el lunes en la emisora France Musique. Cabe precisar que François-Pierre Goy, conservador de la Biblioteca Nacional, dijo que en febrero revisaba una pila de manuscritos anónimos, con la esperanza de completar algunos detalles sobre ellos antes de jubilarse, cuando un cuaderno le llamó la atención. En él aparecían el tipo de ejercicios de armonía que a él le habían hecho practicar cuando era estudiante. Había dos estilos distintos de letra - el de un alumno y el de un profesor - y el profesor tenía una forma peculiar de dibujar ciertos signos musicales. Goy se fijó más detenidamente en la letra del profesor. Examinó cuadernos de las clases que el compositor había impartido más tarde en Viena y una copia autógrafa de una partitura de Mozart que forma parte de la colección de la biblioteca. Las similitudes resultaron sorprendentes. “No podía creer lo que veía”, dijo Goy. Como no quería llevarse una decepción, consultó al musicólogo Laurence Decobert, quien también quedó convencido de que estaban ante la letra de Mozart. En abril, Brinzing viajó a París para autentificar el manuscrito. “Queda muy claro”, dijo Brinzing, “que es la letra de Mozart”. De esta manera, y gracias a las cartas de Mozart, los estudiosos supieron que él había dado clases a De Guînes de mayo a julio de 1778. El manuscrito les permite estudiar su método de enseñanza exacto. “Básicamente, puedes seguirlo compás a compás”, dijo Brinzing. “¿Qué escribió ella? ¿Qué corrigió Mozart?”. “Es fascinante”, añadió, “comparar eso”. El duque de Guînes esperaba que su hija se convirtiera en una compositora lo suficientemente competente como para escribir sonatas para flauta y arpa, los instrumentos que tocaban. La mayoría de las piezas redescubiertas son obras ligeras y breves, y una de ellas está incompleta. Pero Mozart corrigió otra de ellas, un movimiento rápido de unos cinco minutos de duración, hasta tal punto que “aproximadamente entre tres cuartas partes y el 80 por ciento debería ser de Mozart”, dijo Goy. Tulliez, el arpista, dijo que esa pieza era una importante incorporación al repertorio. Hasta el viernes, solo había una obra de Mozart para su instrumento: el Concierto para flauta, arpa y orquesta en Do mayor, K. 299, que Mozart compuso en la misma época para el duque de Guînes y su hija. El movimiento rápido redescubierto “se va a convertir sin duda en una de nuestras obras principales”, dijo Tulliez. Tanto el cómo Caldérini, la flautista, dijeron que era la obra más destacada del conjunto. Aun así, cuando empezaron a ensayar las piezas, las partituras que Goy había preparado a partir de los cuadernos no diferenciaban entre maestro y alumna. Sin ver la caligrafía, podía resultar difícil distinguir la voz musical de Mozart de la de De Guînes. “No fue nada fácil adivinar quién había escrito qué”, dijo Caldérini. También se preguntó si Mozart era demasiado duro con su alumna. “Exigía mucho, porque tenía mucho talento y era muy joven”, dijo. “Quizá no podía entender que para otra persona no fuera tan fácil componer”. Ahora bien, esa dinámica que frustraba a Mozart es precisamente lo que hace que el manuscrito sea tan valioso. Un alumno más inspirado le habría dado menos trabajo. A pesar de sus quejas, sus clases dieron lugar a una música de una gracia extraordinaria. La música, dijo Goy, es “digna de vivir”.
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