SONIDOS DEL MUNDO
viernes, 28 de agosto de 2026
LA DESAPARICIÓN DE LA GROENLANDIA NÓRDICA: Un misterio que dura 600 años
Desde 985 d.C. hasta algún momento del siglo XV, Groenlandia fue el puesto de avanzada más remoto y aislado de la sociedad escandinava medieval. Durante casi 500 años los groenlandeses nórdicos construyeron iglesias, criaron ganado y vistieron los mismos tipos de prendas que sus contemporáneos de la lejana Europa. Luego, por razones que aún se debaten, desaparecieron. La extinción de los groenlandeses nórdicos, al parecer sin que nadie la advirtiera, se mantiene como uno de los misterios más fascinantes de la historia. Como sabéis, los exploradores escandinavos liderados por Erik el Rojo colonizaron Groenlandia durante la segunda mitad del siglo X; allí sus descendientes se dedicaron a la agricultura y a la caza, y prosperaron durante siglos. La comunidad más grande de la Groenlandia de la era vikinga, conocida como Asentamiento Oriental, comprendía unas 500 granjas en el extremo suroeste de la isla. Durante su apogeo, la colonia contaba con obispo propio y una catedral. Cientos de kilómetros al norte se encontraba el Asentamiento Occidental, más pequeño, marginal y disperso, que abarcaba unas 90 granjas. Situado en las cercanías de la actual Nuuk y de la bahía de Disko, constituía la zona donde los nórdicos obtenían marfil de morsa, la exportación más preciada de la Groenlandia medieval. Groenlandia se convirtió casi de inmediato en una base desde donde partían exploraciones más extensas. Las sagas nórdicas relatan el descubrimiento de tierras más allá de Groenlandia, entre ellas Helluland, Markland y Vinlandia, que hoy se cree corresponden de manera respectiva a la Isla de Baffin, Labrador y zonas del Golfo de San Lorenzo, llegando al continente americano siglos antes que Cristóbal Colon. Aunque los nórdicos no establecieron asientos permanentes en esas tierras, continuaron realizando visitas a Markland (Labrador) al menos hasta 1347, con el probable objetivo de recolectar madera. El mundo escandinavo nunca había sido tan amplio. Sin embargo, los nórdicos no fueron los únicos pobladores de Groenlandia durante los 500 años que permanecieron en el lugar. Desde el inicio encontraron restos de un pueblo ártico conocido como cultura Dorset, que podría haberse desplazado hacia el norte antes de su llegada. Asimismo, durante sus últimos siglos en Groenlandia, los nórdicos hicieron contacto con la cultura Thule, antepasados de los inuit (esquimales) de la actualidad. Aunque por lo general los nórdicos e inuit coexistían de manera pacífica, existen indicios de la ocurrencia de conflictos entre ellos. A mediados del siglo XIV Ivar Bardarson, un administrador eclesiástico noruego residente en Groenlandia, tuvo noticias de una invasión inuit al Asentamiento Occidental. Ivar organizó un grupo de habitantes del Asentamiento Oriental para expulsarlos, pero quedó consternado al arribar al sitio y no encontrar nórdicos ni inuit, sino solo ganado en libertad. Perturbado por lo que encontró, o más bien por lo que no halló, Ivar y sus compañeros huyeron de regreso al Asentamiento Oriental. Durante siglos, el enigmático informe de Ivar ejerció influencia entre los historiadores, que asumieron que los inuit habían aniquilado el Asentamiento Occidental. No obstante, el relato solo se conserva en versiones posteriores que podrían no reflejar con exactitud los hallazgos de Ivar, y además, no todos sus detalles tienen sentido. Ivar solo mencionó haber visitado un lugar, la próspera granja de Sandnes, y no comentó sobre su presencia en otras haciendas. Más desconcertante aún resulta la mención de animales en buen estado, entre ellos vacas, que nunca han prosperado mucho en Groenlandia. Distintos arqueólogos e historiadores modernos han examinado el relato de Ivar de manera minuciosa. Ivar estuvo en Groenlandia entre las décadas de 1340 y 1360, pero algunos sitios del Asentamiento Occidental muestran señales de ocupación hasta cerca de 1400. La historiadora Kirsten Seaver ha sugerido que los nórdicos del Asentamiento Occidental se ocultaron al enterarse del viaje de Ivar. A fin de cuentas, se trataba de un poderoso funcionario eclesiástico extranjero, cuyo objetivo era evaluar la capacidad de las iglesias groenlandesas para pagar el diezmo. En otras palabras, en lugar de haber sido exterminados, los residentes más ricos del Asentamiento Occidental podrían haberse escondido del fisco. También pudo haber ocurrido que a la llegada de Ivar algunos sitios del Asentamiento Occidental estuvieran abandonados, mientras otros prolongaban su supervivencia una o dos generaciones más. El motivo por el que Ivar parece no haberlos visitado permanece en el misterio. En cualquier caso, el Asentamiento Occidental había desaparecido a finales del siglo XIV. Tras la época de Ivar Bardarson el Asentamiento Oriental aún sobrevivía, aunque comenzó a enfrentar problemas. En 1378 falleció el obispo de Groenlandia, Alf. Los groenlandeses solían esperar años a que arribaran los nuevos obispos procedentes de Noruega, pero no tenían forma de saber que Alf sería el último. Desde 1378 en adelante ninguno de los obispos de Gardar, la sede de la diócesis de la Groenlandia nórdica, estuvo presente en la isla. A mediados de 1380 un visitante procedente de Islandia señala que, en ausencia de un obispo, la administración de Gardar estaba a cargo de un anciano sacerdote. Los Anales islandeses registran otro problema ocurrido en 1379: la matanza de 18 nórdicos de Groenlandia por los inuit. La cifra resulta significativa, si se considera que la colonia apenas contaba con unos pocos miles de habitantes en su época de máximo desarrollo. Para 1400 Groenlandia había perdido su obispo y uno de sus dos asentamientos principales. A pesar de estas dificultades, el Asentamiento Oriental perduró al menos un par de décadas más luego de que el Asentamiento Occidental quedara abandonado. El último registro que se posee del Asentamiento Oriental trata sobre la visita de un barco de islandeses entre 1406 y 1410. El escrito reporta la quema en la hoguera de un groenlandés llamado Kolgrim en 1407, por haber utilizado brujería para seducir a una mujer casada. En 1408 narra noticias más felices y corrientes: dos de los islandeses habían contraído matrimonio en la bella iglesia de Hvalsey, cuyas ruinas aún son visibles. La última noticia que se tiene sobre la Groenlandia nórdica menciona el regreso de los islandeses a sus hogares en 1410. Los islandeses no detallan si el Asentamiento Oriental se encontraba en grave decadencia hacia 1410. El relato final sugiere que la vida transcurría con normalidad: el matrimonio se había celebrado conforme a todas las costumbres pertinentes y había sido oficiado por sacerdotes. La muerte de Kolgrim en la hoguera no constituye un hecho singular relativo a la Groenlandia nórdica. A finales del medioevo y principios de la Edad moderna se practicaba la quema de brujas, sin que ello implicara un colapso de la sociedad. Si los nórdicos groenlandeses aún se encontraban vivos y saludables en 1410, surge la pregunta sobre el momento exacto de su desaparición. Las hipótesis de los historiadores han cambiado a lo largo del tiempo. A principios del siglo XX el arqueólogo Poul Nørlund, basado en el hallazgo de un «gorro borgoñón» similar a los que se popularizaron en el siglo XV en Europa, sostenía que vivieron hasta 1480. A partir de ese descubrimiento, los historiadores del siglo XX solían argumentar que la Groenlandia nórdica había perdurado hasta finales de 1400, y que resultaba claro que en esa fecha aún mantenían contactos con el mundo exterior. En 1971, Finn Gad afirmó con seguridad que algunas partes del Asentamiento Oriental se encontraban ocupadas luego de 1480, y más adelante, en la década de 1990, Kirsten Seaver especuló que algunos groenlandeses nórdicos podrían haber vivido hasta 1500. Sin embargo, la datación por radiocarbono del «gorro borgoñón» arrojó una fecha más de 100 años anterior, lo que invalidó esos planteamientos. La hipótesis de una fecha cercana a 1500 comenzó a parecer cada vez menos probable, hasta el punto que algunos historiadores más recientes cambiaron su opinión de manera radical. Arnved Nedkvitne ha planteado que los nórdicos se extinguieron casi de inmediato tras la partida de los islandeses en 1410, dado que no existen pruebas sólidas que respalden su supervivencia más allá de esa fecha. Dicho esto, algunas prendas del Asentamiento Oriental son de épocas bastante tardías; entre ellas se encuentra un vestido hallado en el enterramiento de una mujer nórdica datado mediante radiocarbono en 1430, con un margen de error de más o menos 15 años. Resulta obvio que, al fallecer la mujer del vestido, las personas que la enterraron estaban vivas. Pero ¿cuándo murieron esas gentes? En la actualidad la mayoría de los historiadores sitúan el fin de la Groenlandia nórdica alrededor de 1450. Los argumentos que intentan esclarecer el ocaso de la Groenlandia nórdica han variado de manera sustancial a lo largo del tiempo. En la era colonial, el relato de Ivar Bardarson sobre una invasión inuit se aceptó al pie de la letra. Hacia finales del siglo XX, a medida que se acumulaban pruebas de que la región del Atlántico Norte se había vuelto más tormentosa, menos predecible y más fría en los últimos años de la Edad Media, la teoría del cambio climático pasó a encabezar la lista de explicaciones de la extinción. A finales del siglo X, durante la colonización de Groenlandia por Erik el Rojo, el clima de la isla era tan cálido como en la actualidad, o incluso algo más, pero a los pocos siglos se produjo un drástico enfriamiento. A menudo este fenómeno se denomina «Pequeña Edad de Hielo» y, de hecho, varios libros y documentales han planteado la desaparición de la Groenlandia nórdica por causa del creciente empeoramiento del clima. Quizá los prolongados períodos de frío y la impredecibilidad de las estaciones resultaron demasiado difíciles de superar para una sociedad agrícola y cazadora que siempre había vivido en la marginalidad. El creciente enfoque en el cambio climático fomentaba el surgimiento de las teorías de destrucción del medio ambiente groenlandés. En el mundo académico estas hipótesis fueron defendidas por historiadores como Thomas McGovern, mientras Jared Diamond las popularizaba ante un vasto público con su controvertido éxito de ventas Colapso. Diamond criticó con particular dureza a los nórdicos por su aparente incapacidad de adaptarse al empeoramiento del clima, en relación a lo cual señaló su preferencia por las vestimentas dictadas por la moda europea, en lugar de usar ropa inuit, más práctica. Diamond también culpó a los nórdicos de no adoptar los métodos de caza inuit y de perjudicar el entorno ártico por realizar una explotación excesiva del pastoreo. Sin embargo, los expertos, incluso McGovern, han cuestionado las imputaciones de Diamond acerca de la incapacidad de adaptación de los nórdicos. Al principio los nórdicos obtenían solo el 20% de sus alimentos de fuentes marinas y el 80% de la tierra, pero hacia el final de la época de las colonias la proporción se había invertido, cuestión que el propio Diamond reconoce. Del mismo modo, los nórdicos procuraron no incurrir en la sobreexplotación de las focas y proporcionar suficiente tiempo de recuperación a los pastos. Sus famosas pero arriesgadas cacerías de morsas también constituyen un ejemplo de máximo aprovechamiento de su nuevo entorno, puesto que el marfil de morsa constituía un valioso producto comercial. Los groenlandeses nórdicos también continuaron viajando a Markland (el actual Labrador, en Canadá), para recolectar leña, actividad que desarrollaron hasta 1347, ocasión en que un barco procedente de Markland perdió su rumbo y tocó tierra en Islandia. En lugar de ser incapaces de adaptarse, los nórdicos parecen haber hecho enormes esfuerzos para obtener recursos, a la par que introducían drásticos cambios en su dieta. Hacia el final del período medieval. la Groenlandia nórdica pudo haberse aislado más de Europa. La isla se había mantenido en la periferia incluso en sus mejores momentos, a lo cual se añade la ilegalización del comercio con Groenlandia para quienes no contaran con un permiso de la corona noruega. Durante un tiempo un knorr (barco) proporcionó contacto regular entre Noruega y Groenlandia, pero el barco naufragó en 1369. A partir de entonces, todas las travesías a Groenlandia se calificaron de «accidentales», aunque los historiadores creen que tal condición se mencionaba como pretexto por los marinos que regresaban de comerciar de manera ilícita con Groenlandia. Aun así, desde 1369 en adelante solo se reportan cuatro viajes a la Groenlandia nórdica. Aunque es probable que se realizaran más visitas que las registradas, la economía de Groenlandia sufrió el impacto de la entrada del marfil de elefante al mercado, lo que produjo la devaluación del marfil de morsa. En 1378, al fallecer el obispo Alf y no llegar su reemplazo, Groenlandia perdió otra conexión más con el mundo europeo. Desde entonces, ni siquiera la Iglesia pudo llegar hasta Groenlandia, aunque se mencionan vestigios del antiguo clero en 1385 y 1408. ¿Qué ocurrió tras la muerte del último sacerdote ordenado de manera oficial? Distintos documentos papales de 1448 y 1493 mencionan el acaecimiento de ataques de piratas y el declive del cristianismo en Groenlandia. Sin embargo, la carta de 1493 admite que nadie había visitado el lugar en 80 años, por lo que no resulta claro cómo se arriba a esa conclusión. Cabe señalar que los enterramientos de groenlandeses continuaron marcándose con cruces hasta que las colonias se extinguieron, pero esto no hace más que resaltar el descuido y olvido a los que el mundo medieval redujo a las colonias. Quizá hacia principios del siglo XV, época en que el clima de los alrededores de Groenlandia era en extremo adverso, resultaba demasiado peligroso navegar hasta ese territorio. Ya a mediados de 1200 una fuente conocida como Espejo del rey advertía que la presencia de hielo obligaba a aproximarse a Groenlandia por el sur y el suroeste, en lugar de emplear la ruta directa tradicional. Cien años más tarde Ivar Bardarson hacía una advertencia similar en cuanto al gran riesgo que suponía la navegación hacia Groenlandia por medio de las rutas antiguas, debido a la intrusión de hielos marinos. Si el clima se había deteriorado tanto hacia mediados del siglo XIII y durante el XIV, ¿cuánto peor habría sido en el siglo XV? Al tomar en consideración todas estas causas, surge la pregunta de cómo se produjo el final, en respuesta a la cual las pruebas ceden el paso a las conjeturas y la especulación. En realidad, nadie sabe cuál fue el acontecimiento que propinó el golpe de gracia, ni si este existió. Quizá los nórdicos llevaron a cabo una lenta emigración hacia Europa, en forma de tardo goteo de andrajosos refugiados que pasó desapercibido para los cronistas. O quizá los últimos nórdicos groenlandeses murieron en el mar en su intento de escapar, sin dejar rastro alguno. También podría ser que las leyendas de Ivar Bardarson y los inuit fueran ciertas, en cuanto a que la guerra entre los nórdicos y los inuit debilitó a las colonias, o que haya algo de verdad en los rumores de ataques piratas. Otra posibilidad es que el final llegara de forma lenta y dolorosa, y que la muerte por hambre aniquilara a los groenlandeses nórdicos uno por uno. Nadie puede determinar con seguridad lo acaecido. En la actualidad los historiadores evitan atribuir la desaparición de la Groenlandia nórdica a una sola causa. La respuesta cada vez más aceptada es “todo lo anterior”. Es razonable afirmar que la desaparición se debió a una combinación de cambio climático, incremento del aislamiento, y factores económicos. No obstante, lo cierto es que los nórdicos se adaptaron lo mejor que pudieron a estas dificultades. Quizá lo más notable acerca de la Groenlandia nórdica no sea su desaparición, sino que lograra sobrevivir frente a enormes dificultades en un entorno de extrema dureza durante casi 500 años.
viernes, 21 de agosto de 2026
L'EAU PRIMORDIALE - LEÇONS DE MÉSOPOTAMIE: La historia a través de sus ríos en el Louvre
Atravesada por los dos únicos “ríos del paraíso” bíblicos conocidos hasta la fecha, cuya importancia y peligrosidad pudieron haber inspirado el mito del Diluvio Universal, la antigua Mesopotamia fue también el lugar donde se inventó y desarrolló por primera vez el riego. Estos primeros experimentos para dominar el agua mediante transformaciones artificiales del entorno natural condujeron a la invención y el desarrollo de las primeras estructuras hidráulicas conocidas (canales, puentes, acueductos, sistemas de tuberías, lagos artificiales, etc.) en Mesopotamia. Esto provocó cambios de gran alcance en la tierra y sus habitantes, cuyas consecuencias a largo plazo, tanto positivas como negativas, se explorarán en la exposición titulada L'Eau primordiale - Leçons de Mésopotamie (Aguas primigenias / Lecciones de Mesopotamia) que estará abierta hasta el 15 de mayo del 2027. Objetos arqueológicos, mitos y sistemas de irrigación narran cómo este recurso dio forma a las primeras sociedades mesopotámicas. ¿Y si la historia de Mesopotamia pudiera leerse también a través de sus ríos? Con L'Eau primordiale - Leçons de Mésopotamie, el Museo del Louvre presenta una exposición dedicada al papel del agua en una de las grandes civilizaciones antiguas. Desde relatos mitológicos hasta los primeros sistemas de irrigación, la exposición muestra cómo las sociedades mesopotámicas interactuaban con los ríos, los suelos y los recursos de su entorno a través de textos legales, objetos de todo tipo y contratos administrativos. La exposición revisita un territorio donde el agua era omnipresente, en marcado contraste con algunas regiones actuales marcadas por la aridez extrema. Destaca los canales, diques, puentes, acueductos, redes de tuberías y lagos artificiales que transformaron profundamente los paisajes y la organización de las sociedades. Ubicada en el corazón del Departamento de Antigüedades del Cercano Oriente, L'Eau primordiale - Leçons de Mésopotamie invita a los visitantes a comprender cómo el dominio del agua acompañó el auge de las ciudades mesopotámicas. Estos sistemas, diseñados para irrigar, facilitar el transporte, el comercio y proteger a la población, trajeron prosperidad y poder, al tiempo que revelaron sus limitaciones a largo plazo. Dan testimonio de una transformación deliberada del entorno natural por parte del ser humano, con consecuencias duraderas para la tierra y sus habitantes. Otra pieza clave en esta reflexión es el Código de Hammurabi, conservada en el Museo del Louvre. Fue elaborada en Mesopotamia, durante el reinado del rey Hammurabi de Babilonia, entre 1792 y 1750 a. C. Descubierta en Susa, Persia, durante las excavaciones francesas de 1901-1902, está grabada en escritura cuneiforme y escrita en babilonio antiguo, una forma antigua del acadio, el idioma internacional de la época. A menudo se la conoce como uno de los grandes textos legales de la Antigüedad, pero también revela mucho sobre la relación de los mesopotámicos con el agua, en particular sobre el mantenimiento de los diques, la gestión de los canales y los daños causados a los campos por un riego deficiente. Detrás de estas normas, comprendemos que el agua era responsabilidad de todos. Sustentaba la tierra, pero también podía generar conflictos cuando se desbordaba, escaseaba o se gestionaba mal. La estela nos recuerda, por lo tanto, que, en Mesopotamia, administrar una ciudad también implicaba organizar el acceso a este recurso vital. Por razones ecológicas, el Museo del Louvre optó por diseñar esta exposición utilizando sus propias colecciones de antigüedades del Cercano Oriente. De esta forma, la sala 230 reúne así alrededor de cien obras mesopotámicas, mientras que la exposición continúa en las galerías permanentes del departamento. Abarcando casi ocho mil años, desde Asia Central hasta el Mediterráneo, se presentan 27 obras a los visitantes desde una perspectiva novedosa, centrada en el agua y los problemas medioambientales. En la imaginación mesopotámica, el agua ocupa un lugar central, tanto en el ámbito divino como en el humano. Elemento vital, sagrado y regenerador, aparece en varios mitos de la creación, pero también puede convertirse en una fuerza destructiva. Los peligros de las inundaciones, en particular, probablemente alimentaron las historias del Diluvio Universal, presentes en diversas tradiciones del antiguo Cercano Oriente. La exposición aborda así el agua como un elemento dual: fuente de vida, prosperidad y civilización, pero también factor de caos, muerte y desorden. Dulce o salada, subterránea o celestial, ofrecida en rituales o temida en sus excesos, expresa la fragilidad del mundo humano, dependiente de un equilibrio constante entre sequía e inundación. L'Eau primordiale - Leçons de Mésopotamie amplía su exploración a temas de actualidad: el acceso al agua, la escasez de recursos, el cambio climático y las tensiones relacionadas con el control del agua. Establece paralelismos entre las soluciones desarrolladas en la antigüedad y los desafíos contemporáneos, especialmente en regiones que actualmente sufren aridez. De este modo, propone aprender de la relación con el agua de los antiguos mesopotámicos, sin reducir este pasado a una simple comparación con el presente. Por cierto, Mesopotamia - cuyo nombre en griego significa "tierra entre ríos"- era un territorio de gran diversidad ecológica. Montañas de donde nacían ríos, llanuras irrigadas, marismas y la costa del golfo Pérsico: el agua moldeaba los paisajes y las formas de vida. En el tercer y segundo milenio a. C., el mar se extendía más al norte que en la actualidad, mientras que ciudades como Lagash y Larsa conformaban auténticas "Venecias" antiguas, donde los viajes se realizaban principalmente por barco. La exposición también muestra cómo el agua era fundamental para el poder. Considerada un don divino, legitimaba la autoridad de los reyes, quienes eran responsables del mantenimiento de canales, diques y cruces fluviales. Facilitaba el comercio fluvial y marítimo, pero también podía convertirse en una frontera, un activo estratégico o incluso un arma cuando se desviaba para debilitar a una ciudad vecina. “Esta exposición nos llevará a un viaje al corazón del agua, tanto creativa como destructiva, en Mesopotamia, un elemento fundamental que no solo era sagrado, sino también un tema clave en la política hídrica, fuente de vida y poder, así como causa de conflicto”, explica el museo. Con L'Eau primordiale - Leçons de Mésopotamie, el Museo del Louvre ofrece una perspectiva arqueológica, ambiental y política sobre un elemento que trasciende las civilizaciones. Comisariada por Ariane Thomas, directora del Departamento de Antigüedades del Cercano Oriente, con Barbara Couturaud y Grégoire Nicolet como comisarios asociados, esta exposición nos invita a contemplar el arte mesopotámico bajo una nueva luz, abriendo un espacio para la reflexión sobre lo que las sociedades antiguas aún pueden enseñarnos, no como modelos a replicar, sino como puntos de referencia para comprender mejor nuestra propia forma de habitar el mundo.
viernes, 14 de agosto de 2026
CIUDADES PERDIDAS: Cartago
Considerada la mayor rival de Roma, de acuerdo a la leyenda, Cartago fue fundada por la reina fenicia Elisa (mejor conocida como Dido) alrededor del año 814 a.C. Sin embargo, se levantó luego de la destrucción de Tiro por Alejandro en el año 332 a.C. La ciudad (en la actual Túnez, África del Norte) fue originalmente conocida como Kart-hadasht (nueva ciudad) para distinguirla de la cercana y más vieja ciudad fenicia de Útica. Los griegos llamaban a la ciudad Karchedon y los romanos lo convirtieron en Carthago. Originalmente un pequeño puerto costero, establecido solo como una parada de los comerciantes fenicios para reabastecerse o reparar sus barcos, Cartago creció para convertirse en la ciudad más poderosa del Mediterráneo. Su supremacía fue desafiada por Roma a través de los conflictos conocidos como las Guerras Púnicas (264-146 a.C.) que Cartago perdió repetidamente. Y luego del último conflicto púnico, Roma destruyó completamente la ciudad, levantando posteriormente sobre sus ruinas otra metrópoli debido a su excelente ubicación, con el mismo nombre, pero completamente romana. Cabe precisar que luego de la caída de la gran ciudad fenicia de Tiro a manos de Alejandro Magno en el 332 a.C., algunos de sus habitantes que pudieron escapar, huyeron a Cartago con cualquier pertenencia que tuvieran. Debido a que Alejandro perdonó a varios de aquellos lo suficientemente ricos para comprar sus vidas, estos refugiados desembarcaron en la recién fundada ciudad con medios considerables y establecieron a Cartago como el nuevo centro del comercio fenicio. A partir de entonces, los cartagineses expulsaron a los nativos africanos del área, esclavizaron a varios de ellos y extrajeron tributo del resto. En tiempo, establecieron una relación funcional con la vecina Numidia quienes llenarían las filas de su ejército con formidables tropas de caballería. De un pequeño pueblo costero, la ciudad creció en tamaño y grandeza con enormes fincas cubriendo miles de acres. Ni siquiera 100 años pasaron antes de que Cartago fuera la ciudad más rica del Mediterráneo. Los aristócratas vivían en palacios, los menos ricos en modestos pero atractivos hogares, mientras el tributo y las tarifas incrementaban regularmente la riqueza de la ciudad, en tope del lucrativo negocio del comercio. El puerto era inmenso con 220 muelles, columnas brillantes que se alzaban alrededor en semicírculo, y estaba ornamentado con esculturas griegas. Los barcos mercantes cartagineses zarpaban diariamente a todos los puertos alrededor del Mediterráneo mientras su armada, la suprema en la región, los mantenían a salvo y, además, abrían nuevos territorios para recursos y el comercio a través de la conquista. Era esta expansión que primero trajo a Cartago en conflicto con Roma. Cuando esta era más débil que Cartago, no suponía alguna amenaza. La armada cartaginesa, por largo tiempo, había sido capaz de hacer cumplir el tratado que evitaba a Roma de comerciar en el Mediterráneo occidental. Sin embargo, cuando Cartago tomó Sicilia, Roma respondió. A pesar de que no tenía una armada y no sabía nada de como pelear en el mar, Roma construyó 330 barcos que equipó con astutas rampas y pasarelas (el corvus) que podrían ser bajadas en los barcos enemigos y aseguradas, por ende, convertían una batalla naval en una batalla terrestre. La Primera Guerra Púnica (264 - 241 a.C.) había empezado. Luegode una dificultad inicial con las tácticas militares, Roma ganó una serie de victorias y finalmente derrotó a Cartago en el año 241 a.C. por lo cual fue forzada a ceder Sicilia a Roma y pagar una pesada indemnización de guerra. A continuación, Cartago se vio envuelta en lo que es conocida como la Guerra de los Mercenarios (241 - 237 a.C.) que empezó cuando el ejército cartaginés de mercenarios numidios, que demandó el pago que Cartago les debía. Esta guerra fue finalmente ganada por los cartagineses a través de los esfuerzos del general Amílcar Barca. Como podéis suponer, Cartago sufrió enormemente de estos dos conflictos lo cual fue aprovechado por Roma para ocupar las colonias cartaginesas de Córcega y Cerdeña, sin encontrar resistencia. Entonces Cartago decidió reforzar su situación conquistando y expandiendo sus dominios en España, pero de nuevo fueron a la guerra con Roma cuando el general cartaginés Aníbal Barca - hijo de Amilcar - atacó la ciudad de Sagunto, una aliada de Roma, dando inicio a la Segunda Guerra Púnica (218 - 202 a.C.) que fue combatida principalmente en el norte de Italia ya que Aníbal invadió Italia desde España cruzando sus fuerzas a través de los Alpes. Aníbal ganó cada encuentro contra los romanos en Italia. En el año 216 a.C. ganó su más grande victoria en la batalla de Cannas pero, carente de suficientes tropas y provisiones, no pudo aprovechar sus éxitos, siendo derrotado por el general romano Escipión el Africano en la batalla de Zama, en el norte de África, en el año 202 a.C. y Cartago, nuevamente, pidió la paz. Puesta, otra vez, bajo una pesada indemnización de guerra por Roma, Cartago sufrió para pagar la deuda mientras también intentaba detener las incursiones de su vecina Numidia bajo su rey Masinisa (r. 202 - 148 a.C.). Masinisa había sido un aliado de Roma en la Segunda Guerra Púnica y era alentado por Roma para incursionar a voluntad en el territorio cartaginés. Cartago fue a la guerra contra Numidia y, en el hecho, rompió el tratado de paz con Roma que prohibía a Cartago de movilizar un ejército. Cartago sintió que no tenía opción que defenderse contra las invasiones de Masinisa, pero fue censurada por Roma y ordenada a pagar una nueva indemnización a Numidia. Habiendo recientemente pagado su deuda con Roma, ahora debían una nueva deuda de guerra paralizante. Roma no estaba preocupada con lo que Cartago y Numidia estuvieran involucradas, pero sí con la repentina revitalización del ejército cartaginés. Cartago creía que su trato con Roma había terminado cuando la deuda de guerra fue pagada; Roma no estaba de acuerdo. Los romanos sentían que Cartago aún estaba obligada a doblarse ante la voluntad romana; tanto que el senador romano Catón el Viejo terminaba todos sus discursos, sin importar el tema, con la frase, "Por lo demás, opino que Cartago debe ser destruida". En el año 149 a.C., Roma sugirió esa misma acción. Para tal efecto, una embajada romana en Cartago hizo la demanda, la cual incluía la estipulación, de que Cartago debía ser desmantelada y reconstruida tierra adentro. Los cartagineses, comprensiblemente, la rechazaron, dando inicio a la Tercera Guerra Púnica (149 - 146 a.C.). El general romano Escipión Emiliano sitió Cartago por tres años hasta que cayó. Luego de saquear la ciudad, los romanos la quemaron hasta los cimientos, no dejando ninguna piedra arriba de otra. Es más, las fuerzas romanas sembraron las ruinas con sal, exterminando además a casi toda su población, ya que los pocos que sobrevivieron a la masacre, terminaron convertidos en esclavos. Con el paso de los años, y reconociendo su posición estratégica, Julio Cesar ordeno su reconstrucción, por lo cual Cartago se levantó de nuevo, y permaneció como una importante colonia romana hasta la caída del imperio. Cartago creció en prominencia a medida que crecía el Cristianismo y Agustín de Hipona vivió ahí antes de ir a Roma. La ciudad continuó bajo la influencia romana a través del Imperio Bizantino, quien la mantuvo contra los repetidos ataques de los vándalos. En el año 698 d.C., los musulmanes derrotaron a las fuerzas bizantinas en la batalla de Cartago, destruyeron la ciudad completamente, y expulsaron a los bizantinos de África. Luego, fortificaron y desarrollaron la ciudad vecina de Túnez y la establecieron como el nuevo centro de comercio y gobernación de la región. Cartago todavía yace en ruinas en la actual Túnez y permanece como una importante atracción turística y sitio arqueológico. El contorno del gran puerto aún puede ser visto, así como también las ruinas de los hogares y palacios del tiempo cuando la ciudad de Cartago gobernaba el Mediterráneo.
viernes, 7 de agosto de 2026
LA ANTIGUA ROMA FRENTE A CHINA: Contactos olvidados entre dos grandes imperios
Esta historia empieza como probablemente ya sospechen, hace dos mil años, cuando miles de kilómetros de obstáculos geográficos y militares separaban a dos imperios que, sin embargo, habían empezado a establecer contactos comerciales a través de la Ruta de la Seda. A través de aquella larga vía comercial, el vidrio, las telas y las alfombras bordadas con oro salían de Roma, pasando por múltiples manos, hasta llegar al lejano Oriente, desde donde, a su vez, a partir del siglo I a. C., penetraba en Occidente la apreciada seda. Aquel objeto de lujo, denominado serica en latín, era muy codiciado por la aristocracia romana y sirvió para bautizar a los chinos en Roma con el nombre de ‘seres’. Por su parte, los chinos, mucho más poéticos, dieron a los romanos el nombre de Da Qin, o Gran Qin, considerando aquel lejano imperio un reflejo del suyo propio, que, en sus orígenes, había sido unificado por la dinastía Qin. Pero en todo este encantador intercambio existía un problema fundamental. Entre Roma y China, kilómetros y accidentes geográficos aparte, se asentaban hace dos mil años dos pueblos complicados de manejar. Uno, el Imperio parto, que compartió frontera y conflictos con Roma durante siglos. El otro, el kushán, que hizo lo propio con los chinos. Es cierto que aquellos pueblos no siempre estuvieron en guerra con sus vecinos y que su potencial bélico varió a lo largo de los siglos que duraron las relaciones comerciales entre Roma y China, pero tanto partos como kushanos supieron aprovechar las relaciones entre los dos grandes imperios para sacar buenas ganancias. Y es que la Ruta de la Seda no era una vía de contactos directos, sino que las mercancías chinas y romanas tenían que pasar por el Imperio kushán y el Imperio parto, de comerciante en comerciante, hasta su destino final. Una forma de comercio indirecto que beneficiaba con plusvalías e impuestos a los pueblos intermedios. Saltarse a estos intermediarios fue una de las motivaciones que llevaron a algunos exploradores visionarios a plantear la posibilidad de contactar con el imperio espejo. Entre China y el Imperio Romano, habría sido el primero quien más interés tuvo en establecer relaciones con Roma. Quizá buena parte de la culpa la tuvieron los xiongnu, un imperio compuesto por una confederación de pueblos nómadas surgidos en el territorio que ocupa la actual Mongolia, y que algunos historiadores han identificado con los hunos, aunque otros ponen muchos peros a esta teoría. Durante el reinado del emperador Wu (141-87 a. C.), las incursiones de aquellos a quienes los chinos llamaban xiongnu hicieron comprender a las autoridades imperiales que necesitaban una buena caballería con la que enfrentarlos. Automáticamente se buscó a un hombre de confianza, llamado Zhang Qian, a quien se encomendó la misión de rastrear los conocidos como caballos de Ferganá, o “caballos celestiales”, adquirir un buen número de ellos para reproducirlos en China y, por el camino, tantear a algún que otro pueblo sobre la posibilidad de establecer alianzas contra los xiongnu. La misión fue un fracaso en cuanto a los caballos, pero Zhang Qian llevó informes sobre territorios situados en el lejano occidente, de donde llegaban historias de la existencia de un gran imperio que, naturalmente, era Roma. Por su parte, los romanos empezaron a recoger en sus textos la existencia de los ‘seres’. Uno de los primeros autores en hacer referencia a ellos fue Plinio el Viejo, quien, en su Historia natural, escrita durante el siglo I d. C., describía la seda como el “vellón de sus bosques” y afirmaba que este producto, “según un cálculo hecho por lo bajo”, provocaba junto a otras importaciones procedentes de la India o la península arábiga el que Roma se gastase “todos los años cien millones de sestercios. Así de caros nos cuestan los refinamientos y las mujeres”. Plinio el Viejo también hablaba de los ‘seres’ como gentes “apacibles”, pero insistía en que llegar a ellos no era cosa fácil. Su descripción del camino a seguir realmente quitaría las ganas al explorador más intrépido: “Hay una zona en el este impenetrable por las nieves, seguida de otra salvaje por la brutalidad de quienes la habitan, escitas antropófagos que se alimentan de carne humana”. Y eso es solo el principio; luego el camino se complica con terribles desiertos y animales salvajes que pugnan por el control del territorio con “hombres igualmente crueles”. Al poco tiempo, Lucio Anneo Floro iría unos cuantos pasos más allá al escribir en su Epítome de Tito Livio cómo en tiempos de Octaviano, ascendido a Augusto, llegó a Roma una embajada china junto a indios, escitas y sármatas tras “cuatro años de viaje”. Como señala el latinista Jean-Noël Robert en su imprescindible De Roma a China. La Ruta de la Seda en la época de los césares, si algo tan notable hubiera ocurrido qué duda cabe que Augusto, experto en propaganda, lo habría publicitado en su Res Gestae, ese texto dedicado a ensalzar las hazañas del emperador. Así que esta afirmación de Floro tiene pinta de ser más un cuento que una realidad. No obstante, fue precisamente en tiempos de Floro cuando se produjo el que podemos considerar el episodio central de esta historia: el épico viaje de Gan Ying. A finales del siglo I d. C. los chinos seguían sufriendo el acoso de los pueblos esteparios. Esto llevó al general Ban Chao, comandante en jefe de las regiones occidentales y veterano de décadas en la guerra contra los xiongnu, a seleccionar a uno de sus hombres para encargarle la importantísima misión de lograr aliados. El elegido fue Gan Ying, que recibió el encargo de buscar Da Qin (Roma) y entablar relaciones diplomáticas con aquel imperio y, llegado el caso, proponer un frente común contra sus respectivos enemigos. El viaje de este emisario iba a durar entre dos y cuatro años, y lo llevó a atravesar multitud de territorios desconocidos, al menos, para los embajadores chinos, ya que no podemos descartar que, previamente, comerciantes y aventureros originarios del país asiático hubieran llegado hasta lejanas tierras sin que quedara constancia de sus andanzas. El Libro de Han posterior, sin embargo, sí recoge las peripecias de Gan Ying. Escrita hacia el siglo V, esta obra, fundamental para conocer la historia china, recoge la información que presumiblemente Gan Ying facilitó a sus superiores tras el regreso de su aventura. Tras recorrer miles de kilómetros, el embajador chino logró llegar hasta el Imperio parto. Allí se topó con un grupo de marineros, que en realidad podrían ser un grupo de agentes secretos partos, a quienes preocupaba que un chino trabase contacto con el enemigo romano. Aquellos marineros, espías o lo que fueran en realidad, informaron a Gan Ying de que, si quería llegar hasta Roma, su Da Qin, chocaría con un vasto y terrible mar: “Quienes lo cruzan - le dijeron - tardan tres meses con vientos favorables y dos años con vientos flojos. Por lo tanto, quienes se hacen a la mar llevan provisiones para tres años. El mar hace que la gente sienta nostalgia y muchos mueren”. Gan Ying recibió aquel aviso en una ciudad que los chinos llamaron Tiaozhi, sobre cuya ubicación concreta ha habido cierto debate, aunque, actualmente, hay cierto consenso en que se trataba de Charax Spasinou. Si el embajador hubiera tomado el Éufrates, habría llegado en apenas dos semanas a Zeugma, el cuartel general de la legión IV Scythica, en la frontera de la provincia romana de Siria. Quizá Gan Ying fue engañado, pero hay historiadores que especulan con la posibilidad de que, en realidad, se dejó engañar. Había recopilado mucha información durante su viaje, y era mejor fingir ante Partia que estaba desmoralizado, volviendo a casa vivo, sin arriesgarse a sufrir una cuchillada traicionera en un callejón oscuro por parte de los partos, temerosos de su posible contacto con los romanos. Pasaron décadas hasta que se produjo un nuevo intento de contacto. Esta vez partió, al parecer, de territorio romano. Hacia el año 166 d. C. apareció en las costas de Vietnam un grupo de viajeros con un cargamento de marfil, cuernos de rinoceronte y caparazones de tortuga. La idea era depositar aquellas mercancías, probablemente adquiridas durante el viaje, a los pies del entonces emperador de los chinos, Huan de Han. Durante su presentación, el grupo afirmó venir de la lejana Roma en calidad de embajadores, si bien la mayoría de los investigadores sospechan que, en realidad, se dieron esa categoría con el objetivo de tener acceso privilegiado al emperador. Lo más probable es que procedieran de algún punto situado en el Imperio romano, sí, pero como comerciantes. No obstante, el Libro de Han posterior sí se refiere a ellos como enviados del “rey Andun de Da Qin”, o sea, Marco Aurelio. Eso sí, los cronistas chinos se muestran extrañados al recibir de tan gran emperador un tributo tan pobre como el marfil o los caparazones de tortuga, ya que esto no era “particularmente raro o precioso”. Para entonces, los conocimientos de los chinos sobre Roma, aunque imprecisos, eran bastante más abundantes de los que los romanos tenían sobre los chinos. Nuevamente, el Libro de Han posterior recoge descripciones detalladas sobre lo que pensaban de Da Qin, cuyo “territorio abarcaba varios miles de li, con más de cuatrocientas ciudades. Docenas de estados más pequeños les servían de súbditos”. Una visión no demasiado descabellada, e incluso combinada con cierto conocimiento de lo que era la Roma republicana, donde “el rey no era un cargo regular, siempre era seleccionado entre los virtuosos y capaces. Siempre que se producían desastres naturales o mal tiempo en el país, el rey era depuesto y reemplazado, y los depuestos aceptaban su destino sin quejarse”. Bueno, quizá en eso de que los depuestos no se quejaban no andaban acertados los chinos, que no sabían de las andanzas de Mario, César y compañía. Luego del 166 d. C., el comercio entre China y Roma continuaría con mayor o menor éxito, pero no tenemos constancia de que las relaciones diplomáticas se buscaran con ahínco. Al fin y al cabo, ambos territorios estaban separados por múltiples enemigos, miles de kilómetros y problemas muy distintos. Además, las mercancías de cada uno, que eran lo que al final importaba, llegaban bien por tierra, bien por mar, independientemente de los intermediarios requeridos en cada momento de la historia. Sí parece que los mercaderes romanos - o, mejor dicho, procedentes del Imperio romano - atracaron frecuentemente en Camboya, dejando allí sus mercaderías e intercambiándolas por productos asiáticos, pero, a partir del siglo III d. C., esto se volvió más esporádico. La Ruta de la Seda empezó a tener ciertos problemas de estabilidad, con los partos y los kushanos entrando en un declive que dificultaría mantener abiertas las rutas comerciales en condiciones de seguridad. Además, Roma y China tampoco disfrutaban de su mejor momento histórico, y, aunque los chinos sobrevivieron, Da Qin fue engullida por una espiral de decadencia en la que mantener el territorio cercano era mucho más importante que alimentar visionarias expediciones en busca de reinos lejanos casi legendarios. Para la historia, quedan las aventuras Gan Ying y la multitud de comerciantes y aventureros anónimos que recorrieron la Ruta de la Seda en aquellos siglos.
viernes, 31 de julio de 2026
NAOSS PROJECT: Digitalizando el "DNI" de la Antigüedad
Son pequeños cilindros de piedra tallada, testigos mudos de la burocracia, el arte y la fe de civilizaciones que se extinguieron mucho antes de que existiera el papel. Cada uno de ellos, apenas del tamaño de un dedo meñique, encierra escenas e inscripciones que permiten identificar a funcionarios, divinidades y miembros de las élites. Ahora, un equipo de especialistas ha decidido catalogar de forma sistemática los que se conservan en el Museo del Louvre, en uno de los mayores esfuerzos de documentación patrimonial emprendidos jamás sobre este tipo de objetos. Son más de 7.500 piezas, cinco regiones geográficas y 7.000 años de historia: así es el mayor proyecto de digitalización glíptica jamás emprendido por un museo. Siete milenios de historia administrativa, comercial y religiosa quedarán, por fin, al alcance de todos. El nombre de este proyecto es NAOSS (Numérisation d'Antiquités Orientales: Sceaux et Scellements) y su ambición impresiona: digitalizar en alta definición una de las colecciones de glíptica más importantes del planeta, custodiada por el Departamento de Antigüedades Orientales del Louvre. Hablamos de más de 7.500 evidencias de sellos y cilindro-sellos, a las que se suman miles de improntas y documentos sellados, repartidos por cinco grandes regiones del Oriente Próximo antiguo, desde Mesopotamia hasta la península arábiga. Detrás de la iniciativa están Clélia Paladre y Nicolas Benoit, del propio museo, junto con Nordine Ouraghi, de la asociación Archaïos, y el investigador Grégory Chambon, de la EHESS. Con este ambicioso proyecto, el equipo de investigación busca responder a una pregunta: ¿cómo organizaban su vida cotidiana, su comercio y su fe sociedades que vivieron hace miles de años y qué huella física nos han dejado de ello? Antes de abordar la magnitud del proyecto NAOSS, conviene aclarar qué es un cilindro-sello. Se trata de una pequeña piedra tallada en forma de rodillo, con figuras y símbolos tallados en relieve en su superficie curva. Al hacerlo rodar sobre una tablilla de arcilla húmeda, el cilindro dejaba impresa una escena continua y repetida, como si se tratase de rueda de imprenta en miniatura. Se tiene constancia de su uso desde el IV milenio a. C. para autentificar documentos, sellar vasijas de aceite o certificar la propiedad de mercancías. Eran, en cierto modo, la firma digital o el DNI de la Antigüedad, imposibles de falsificar. Junto a ellos, los timbres o sellos-estampilla cumplían una función parecida. Se aplicaban por presión directa sobre la arcilla, sin necesidad de hacerlos rodar. Las improntas (las marcas que ambos dejaban sobre la arcilla húmeda) son, a su vez, el testimonio de su uso cotidiano en templos, palacios y mercados de Mesopotamia, Irán, el Levante, Anatolia o Asia Central. Su estudio permite reconstruir quién comerciaba con quién y bajo qué autoridad. Las cifras del material arqueológico con el que trabaja NAOSS resultan impresionantes: cerca de 5.500 sellos-cilindro y timbres, unas 2.100 improntas selladas sobre tablillas u otros soportes y 3.000 impresiones modernas realizadas expresamente para su estudio. En conjunto, más de 7.500 evidencias directas de sellos, producidas entre el sexto milenio antes de Cristo y el primer milenio de nuestra era: siete mil años de sellado ininterrumpido. Ningún museo del mundo había intentado documentar un conjunto tan completo aplicando criterios homogéneos. Hasta ahora, la información sobre estas piezas se encontraba dispersa en fichas antiguas, publicaciones incompletas de distintas décadas y fotografías de calidad muy desigual. Todo esto dificultaba enormemente comparar un sello mesopotámico con otro procedente de la península arábiga o de Anatolia, por ejemplo. Esa dispersión impedía establecer conexiones entre talleres, estilos artísticos y rutas comerciales separadas por miles de kilómetros. NAOSS busca eliminar esa fragmentación mediante un protocolo único, aplicado a cada pieza y validado internacionalmente. NAOSS sistematizará cerca de 5.500 sellos-cilindro y timbres, unas 2.100 improntas selladas sobre tablillas u otros soportes y 3.000 impresiones modernas realizadas expresamente para su estudio. Para lograrlo, el equipo ha recurrido a tres herramientas de precisión: un escáner 3D de alta resolución capaz de captar detalles de micras, un estudio de fotogrametría con iluminación controlada y una cúpula de imagen por transformación de reflectancia (RTI). Esta última técnica, adaptada de los modelos digitales de superficie que se emplean en topografía, convierte cada sello en una suerte de mapa de calor. De este modo, las variaciones de color muestran la profundidad exacta de cada incisión grabada hace milenios. Gracias a esta visualización, los trazos que resultaban casi ilegibles a simple vista, desgastados por miles de años de manipulación, comercio y uso diario, se vuelven nítidos, hasta el punto de revelar detalles iconográficos que ni los propios conservadores habían advertido antes. Cada cilindro-sello, además, se "desenrollará" digitalmente. Se generará una imagen plana y continua de toda la escena grabada, tal y como la habría visto un escriba antiguo al desplegar su impresión sobre la arcilla húmeda. Al terminar cada ficha, con modelos 3D, fotografías, medidas y despliegues texturizados, el equipo la publicará en la página web de las colecciones del Louvre, De este modo, el material será accesible tanto para especialistas como para cualquier curioso desde su ordenador. Esto significa que, por primera vez, una investigadora en Buenos Aires o un estudiante en Manila tendrá la posibilidad de comparar el detalle de un sello sirio con otro procedente de Irán sin tener que viajar a París. La colección, por tanto, dejará de ser un archivo físico reservado a unos pocos para convertirse en una herramienta compartida de conocimiento sobre cómo las sociedades antiguas organizaron su administración, su comercio y su imaginario religioso.
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