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viernes, 10 de julio de 2026

LEFEBRVIANOS: Los cismáticos que desafían al Vaticano

“La túnica de Cristo ha sido rasgada”, señalaban este miércoles los medios oficiales del Vaticano tras la consagración de cuatro nuevos obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X - popularmente conocidos como lefebrvianos - en Écône (Suiza), sin autorización del Vaticano, un acto que se considera cismático y sobre el que la Santa Sede había lanzado varias advertencias en estos últimos meses. El último en hacerlo fue el papa León XIV este martes con una misiva en la que pedía a los lefebrvianos que reconsideren su postura y señalaba que “la Iglesia está dispuesta a recorrer un camino de diálogo y del entendimiento. Ese gesto fue en vano. Ante todo, cabe preguntarse; ¿Quiénes son los lefebrvianos? Conocida oficialmente como la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), es una congregación católica tradicionalista fundada por el obispo francés Marcel Lefebvre en 1970. Se caracterizan por impugnar el Concilio Vaticano II (celebrado entre 1962 y 1965 por Paulo VI), prefiriendo hacerlo con el misal antiguo y rito tridentino, el conocido como vetus ordo. También en la estética, no solo en la liturgia, queda patente que son de otra época. Lefebvre participó en el Concilio en calidad de superior general de los Padres Espiritanos y planteó durante el mismo varias objeciones. Entre las reformas que rechazan desde la congregación que fundó están la celebración de la misa en lenguas vernáculas, la apertura al diálogo ecuménico o la mayor participación de los fieles en la Iglesia. Abogan además por la vuelta al latín y a la liturgia y los rituales previos al Concilio Vaticano II, el conocido como rito tridentino por ser el adoptado en el Concilio de Trento (1545-1563). Como sabéis, los lefebvrianos anunciaron el 2 de febrero la consagración de cuatro nuevo obispos para el 1 de julio tras haber mantenido una vía de diálogo con el Vaticano. Las conversaciones fueron entre el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández – nombrado por Francisco, y muy criticado por los conservadores – y el superior general de los lefebvrianos, Davide Pagliarani. El objetivo era evitar la ruptura, pero el diálogo no llegó a buen puerto y los lefebrvianos dejaron patente que no veían viable la entente porque que no hay “una simple divergencia de opiniones” sino, a su juicio, “una ruptura con la Tradición de la Iglesia” en estas últimas décadas. La asociación sacerdotal planteó un desafío en toda regla al papa León XIV y este miércoles han consumado su amenaza, incurriendo así en un cisma y en la excomunión. ¿Quiénes son los nuevos obispos? Son el suizo Pascal Schreiber (53 años), el estadounidense Michael Goldade (45 años) y los franceses Michel Poinsinet de Sivry (42 años) y Marc Hanappier (36 años), que fueron anunciados a finales de mayo. Se trata de obispos sin jurisdicción y que atenderán a los fieles de la FSSPX. ¿Quién los consagro? La consagración la ha presidido el prelado español Alfonso de Galarreta, que es uno de los dos obispos que tenía en la actualidad esta asociación sacerdotal. Galarreta fue ordenado sacerdote en 1980 en Buenos Aires por Lefebvre y en 1988 fue consagrado obispo en Écône, donde está el seminario de la fraternidad, por el fundador. Un hecho que supuso ya una primera excomunión hace 38 años. Es la segunda sanción que recibe por el mismo motivo para este prelado cántabro. Las excomuniones a los cuatro obispos de 1988 fueron revocadas por Benedicto XVI el 21 de enero del 2009 con tal de recuperar la comunión. Como recordareis, en 1988 Lefebvre fue excomulgado por Juan Pablo II tras consagrar a cuatro obispos sin autorización del Vaticano. En 1976 el prelado francés ya había sido suspendido a divinis por Paulo VI tras publicar en 1974 un documento en el que se oponía a la orientación “modernista” en la Iglesia. Al año siguiente ordenó a tres sacerdotes en Écône sin el permiso del papa. En 1982, Juan Pablo II encomendó al entonces cardenal Joseph Ratzinger (que luego sería el papa Benedicto XVI), quien era por ese entonces el prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, que intentara buscar una salida al conflicto con los tradicionalistas. Aunque Lefebvre ordenó 23 nuevos sacerdotes en 1983, el asunto parecía que tenía resolución si la Fraternidad reconocía como válido el Concilio Vaticano II. Sin embargo, el prelado francés se echó atrás y en junio de 1988 ordenó sin autorización papal a cuatro obispos. Más adelante, Benedicto XVI intentó tender puentes con los tradicionalistas y en el 2009 levantó la excomunión a esos prelados y tuvo algunos gestos – hay quien incluye los cambios en el misal del “por todos” al “por muchos”, aunque nunca se ha explicado así– con los tradicionalistas que, a la larga, se ha visto que no han dado resultado. De aquellos cuatro obispos, hay dos que siguen vivos y vinculados a la fraternidad: el suizo Bernard Fellay, que este miércoles, ha copresidido la ceremonia, y el español Galarreta. En enero del año pasado murió un tercero que había sido expulsado en el 2012 de la congregación por ciertas discrepancias - Richard Williamson - que acabó fundando otro movimiento de corte tradicionalista. El Vaticano se prestó a abrir una vía de “diálogo teológico” para buscar “los requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia Católica” a condición de que los tradicionalistas suspendieran la ordenación de nuevos prelados. El diálogo, no obstante, no fue posible. Pero el prefecto para la Doctrina de la Fe ha vuelto a hacer referencia a ello este mismo miércoles. Los lefebrvianos se quejan de que el Papa León XIV no les ha recibido en este primer año en audiencia. Pagliarani pidió una cita al Papa en agosto del año pasado, cuando la fraternidad peregrinó a Roma con motivo del jubileo, y reiteró la petición en febrero al anunciar la consagración de los nuevos prelados, sin resultados. En el 2019, con el hereje Francisco I como Pontífice, los lefebrvianos ya pidieron a la Santa Sede abrir una vía de diálogo sobre cuestiones doctrinales. Los miembros de la FSSPX no consideraron válida las excomuniones de 1988 y tampoco entienden que hayan incurrido en ese supuesto ahora, tal y como se ha visto en la ceremonia de esta semana. En la carta que remitió Pagliarani a León XIV ya hacía referencia a la “necesidad” de asegurar “la continuidad del ministerio de sus obispos”, que son los que pueden hacer las ordenaciones sacerdotales y administrar determinados sacramentos. Ahora solo contaban con dos prelados y los dos son mayores. Actualmente, la congregación cuenta con unos 1.500 miembros, según los datos que ofrecen en su página web y estiman que sus fieles superan el medio millón de personas repartidas por todo el mundo. Hablan de unas 600.000 personas. Aprovechando el foco mediático que ha tenido, la congregación sacerdotal ha publicado dos largometrajes dando a conocer quiénes son y su misión evangelizadora en distintos puntos del planeta. Cabe precisar que El Vaticano puso coto a la misa tradicional y en latín durante el papado del hereje Francisco I con el documento Traditionis custodes. Sin embargo, se puede celebrar misa tradicional con autorización o indulto del obispo. Los lefebvrianos, pese a ello, no la consideran válida y han estado estos años en una situación irregular. “Si ello implica aceptar el valor doctrinal y jurídico del Novus Ordo, entonces no, porque no se puede hacer el mal para conseguir el bien”, señalan sobre asistir a misa fuera de la congregación. “La Misa indultada no es apta para católicos tradicionalistas, con la excepción del caso de esos sacerdotes que dicen la misa con el indulto o con el celebret romano, pero que la dirían igualmente si les fuere denegado”, señala la Fraternidad en su portal. En tanto, los sectores tradicionalistas de la Iglesia, los que mantienen la comunión con Roma pese a las críticas, han rechazado en estos meses previos la consagración de los obispos y el acto cismático. Hasta el Concilio Vaticano llevado a cabo entre 1962 y 1965, los sacerdotes oficiaban el servicio únicamente en latín y nadie que no perteneciese al clero podía realizar la lectura e interpretación del evangelio y las escrituras. Con el concilio, la Iglesia se abrió a celebrar la misa en la lengua local de cada país y una mayor participación de los laicos durante el sacramento, pero Lefebvre consideró que esto era el principio o "síntesis de todas las herejías". Hoy en día, además de seguir los preceptos del francés, los lefebvrianos rechazan categóricamente el aborto, la eutanasia, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la ideología de género y la ordenación de mujeres y más bien exigen una educación y formación religiosa tradicional, tanto en sus seminarios como en los colegios que gestionan. Para ellos, las enseñanzas como las del hereje Francisco I fueron el verdadero cisma de la Iglesia. Con la fundación de la fraternidad, muchos sacerdotes (en contra del Concilio Vaticano) colgaron sus sotanas o se unieron al movimiento con la finalidad de perpetuar la tradición más antigua de la Iglesia. La FSSPX comenzó a expandirse por Europa, pasando a Francia, Alemania, Holanda, Italia y España, e incluso llegó a Estados Unidos, Canadá y Oceanía y, a medida que crecía, también aumentaban las tensiones con la máxima autoridad eclesiástica. Hoy, con la consagración de los obispos, el cisma es un hecho. Por cierto, se trata de algo muy significativo para León XIV. ¿La razón? Robert Prevost pertenece a la orden de los agustinos, la misma de la formó parte el monje alemán Martin Lutero, protagonista de la reforma protestante que dividió en dos a la Iglesia en el siglo XVI ¿Qué vendrá ahora? Habrá que estar atentos a lo que decida el papa, lo cual, de seguro, ahondará más la división.
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