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viernes, 23 de octubre de 2026
DESTRUYENDO SU PATRIMONIO CULTURAL: Francia se asoma al abismo
Las recientes protestas y disturbios en Francia por parte de hordas terroristas liderado por el comunista Jean-Luc Mélenchon - cabecilla de La Francia Insumisa (LFI) - han provocado graves daños en el patrimonio histórico y edificios públicos del país, destacando el incendio del Ayuntamiento de Limoges el sábado 17. So pretexto de que las movilizaciones “estudiantiles” responden al descontento social por medidas del corrupto gobierno de Emmanuelle Macron - como la congelación de pensiones, eliminación de días festivos y recortes -, así como al reclamo por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, bandas criminales, conformadas en su mayor parte por millones de musulmanes marroquíes y argelinos, que llegados en pateras desde el Africa y como una plaga maldita, han ‘invadido’ desde hace años el país con la complacencia de las autoridades, desataron el caos y el terror en las calles de Paris y otras ciudades francesas, causando gran destrucción en sus calles y avenidas, lo que ha obligado a Macron - que cual Neron goza con el caos - declarar el toque de queda, pero el daño ya está hecho. Mucho menos declaro - como se esperaba - ilegalizar a LFI, y encarcelar a Mélenchon y sus secuaces como responsables del caos. Lo que debía ser una jornada de protesta social terminó en una escena de destrucción en Limoges, Francia. El Ayuntamiento, un emblemático edificio del siglo XIX declarado monumento histórico, quedó prácticamente destruido tras un incendio provocado durante los disturbios del último fin de semana. Frente al inmueble, varios coches volcados y una ciudad conmocionada reflejaban la gravedad de lo ocurrido. El alcalde, Guillaume Guérin, condenó enérgicamente los hechos: “No hay palabras para condenar lo que ha ocurrido, de tan abyecto que es”. Cabe precisar que el Ayuntamiento de Limoges abrió sus puertas el 14 de julio de 1993, coincidiendo con la fiesta nacional francesa. Su construcción había comenzado cuatro años antes, bajo la dirección del arquitecto Charles-Alfred Leclerc, en una época en la que los edificios públicos monumentales servían para representar la identidad y el desarrollo de las ciudades. El resultado fue una sede municipal que pronto se convirtió en uno de los grandes referentes arquitectónicos de Limoges. Su diseño combinaba influencias del Renacimiento francés y del estilo Luis XIII. La fachada alternaba granito de la región y piedra caliza, mientras que el campanario central sobresalía sobre las cubiertas de pizarra. En sus mosaicos aparecían personajes vinculados a la historia local, entre ellos el esmaltador renacentista Léonard Limosin. El conjunto patrimonial se completaba con una fuente monumental inaugurada en 1893, decorada con granito, bronce y porcelana. Tanto el ayuntamiento como la fuente contaban con protección patrimonial desde 1975, pero ello no lo salvo de ser incendiada; Pero no fue el único, ya que así sucedió también con el Ayuntamiento de Marsella. Ubicada a orillas del Vieux-Port, recuerda la estrecha relación entre la historia de la ciudad y su actividad marítima. En este emplazamiento existía ya una sede municipal medieval, vinculada a la vida comercial de uno de los grandes puertos del Mediterráneo. El edificio actual comenzó a construirse en 1653 y quedó terminado en 1673, durante el reinado de Luis XIV, en un periodo de transformación de las instituciones municipales. La trayectoria del ayuntamiento ha estado ligada a algunos de los episodios más delicados de la historia de Marsella. El edificio estuvo amenazado durante la Revolución francesa y sobrevivió a la destrucción de amplias zonas del casco antiguo en 1943. Fue declarado monumento histórico en 1948; Otra víctima de la insania terrorista fue el pabellón de la plaza Bellecour, uno de los espacios más reconocibles de Lyon y uno de los grandes escenarios de su historia urbana. Su evolución ha estado marcada por los cambios políticos y sociales de Francia: de sus antiguos usos como terreno abierto pasó a convertirse en una plaza de representación monárquica en el siglo XVII, cuando Luis XIV le concedió la condición de plaza real en 1658. Hoy, su amplitud y su ubicación en el centro de la ciudad la convierten en un punto de referencia para residentes y visitantes. En un principio, los pabellones estuvieron vinculados a funciones militares, acordes con el papel que desempeñaba entonces la plaza. Con el tiempo, el inmueble oriental pasó a albergar distintos servicios, entre ellos una oficina de turismo. La plaza también conserva en su centro una estatua de Luis XIV, instalada en el siglo XIX para sustituir una escultura anterior, fundida durante la Revolución francesa; Un caso parecido sucedió con el Ayuntamiento de Lille, heredero de la tradición flamenca, que no siempre se mide por la antigüedad de sus piedras. El edificio actual nació de una pérdida anterior: la antigua sede municipal, situada en la plaza Rihour, quedó destruida por un incendio en 1916, durante la Primera Guerra Mundial. Luego del conflicto, la ciudad optó por levantar un nuevo ayuntamiento que representara la reconstrucción y recuperara elementos de su identidad arquitectónica. El proyecto fue encargado al arquitecto Émile Dubuisson y las obras comenzaron en 1924. Su diseño combina referencias a la arquitectura tradicional flamenca, visibles en los tejados y los frontones, con técnicas constructivas modernas, como el hormigón armado. El conjunto se desarrolló durante el periodo de entreguerras y su campanario, inaugurado en 1932, alcanza los 104 metros de altura y está inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en el 2005. Más allá de las diferencias y las reivindicaciones sociales, queda una pregunta sobre el valor del patrimonio que pertenece a todos, y que a la ultraizquierda terrorista no le interesa en absoluto.
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