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viernes, 25 de septiembre de 2026

LA DESTRUCCIÓN DE TESOROS CULTURALES EN EL MUNDO: Un crimen sin castigo

Agosto fue un mes brutal para Gaza. Los ataques aéreos de los israelíes se intensificaron considerablemente. En medio de la destrucción y la pérdida de vidas, Gaza reportó daños en seis sitios protegidos por la UNESCO, reducidos a cenizas por el invasor sionista. Esto volvió a plantear la cuestión de por qué es tan difícil exigir responsabilidades a los autores de la destrucción de edificios y objetos con verdadero significado cultural. Bijan Rouhani, investigador principal del proyecto Arqueología en Peligro de Extinción en Oriente Medio y Norte de África, afirma que el marco legal puede ser sólido sobre el papel, pero en la práctica casi inevitablemente resulta insuficiente. “Ningún actor estatal ha sido jamás juzgado por este delito. El obstáculo ya no son las pruebas. Contamos con imágenes satelitales, teledetección y equipos de monitoreo. El obstáculo es la jurisdicción y la voluntad política”. Ante el crisol de conflictos que convulsionan al mundo, la pregunta de si es posible tomar medidas efectivas para detener el daño que se está causando o garantizar la rendición de cuentas cuando esto ocurre resulta cada vez más acuciante. El conflicto en Gaza es solo uno de los muchos ejemplos de guerras de los últimos años que han puesto de manifiesto, una vez más, el impacto desastroso de los conflictos en el patrimonio cultural. Tareq Abu Dayyeh vende artesanías, recuerdos y antigüedades en Gaza. La Gran Mezquita de Omari aparece en muchos de los artículos que vende. Representa la esencia misma de Gaza, reflejando su historia a través de las diversas transformaciones del edificio: desde antiguo templo pagano hasta una iglesia bizantina, pasando por mezquita del siglo VII, posteriormente catedral de los cruzados y, finalmente, de nuevo mezquita. La Gran Mezquita de Omari quedó prácticamente destruida en un ataque israelí en el 2023. Los sionistas afirmaron que el ataque “iba dirigido contra Hamás” lo cual no es cierto. Ahora Dayyeh dice que se le rompe el corazón cada vez que ve las ruinas. "Cuando tu pasado está destruido, no tienes presente". La guerra en Gaza se ha cobrado decenas de miles de vidas y se estima que 200.000 edificios han resultado dañados o destruidos por los bombardeos israelíes. Pero a pesar de la abrumadora cantidad de muertes y devastación, las pérdidas culturales son profundas. Este es un sentimiento expresado a lo largo de la historia por personas que han vivido en tiempos de guerra. En Sudán, Líbano, Yemen e Irán, la alarma se ha dado una y otra vez. Se ha informado que más de 100 sitios en Irán resultaron dañados durante la guerra aérea lanzada criminalmente por Estados Unidos e Israel en febrero. Entre ellos se encuentran el Palacio de Golestán, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en la capital, Teherán, y la Plaza Naqsh-e Jahan en Isfahán. Entretanto, la guerra civil en Sudán ha puesto aún más en peligro una de las maravillas antiguas del mundo: las pirámides de Meroe, construidas durante la floreciente civilización del Reino de Kush. La UNESCO, que designó a Meroe como Patrimonio de la Humanidad en el 2011, ha advertido que los combates han paralizado todos los trabajos de conservación, dejando las frágiles estructuras antiguas a merced de la erosión provocada por la arena y la vegetación que avanzan. En respuesta a la destrucción masiva de la Segunda Guerra Mundial, en 1954 se adoptó en La Haya el primer tratado internacional dedicado exclusivamente a la protección del patrimonio cultural durante los conflictos armados. Se aplica a monumentos y arquitectura, pero también a obras de arte y libros, y exige a los Estados que salvaguarden y respeten el patrimonio cultural y se abstengan de cualquier acción que pueda ponerlo en peligro. Desde la entrada en vigor del Convenio de La Haya, se han producido varias medidas adicionales para reforzar las medidas de protección del patrimonio cultural. Un segundo protocolo de la Convención, de 1999, establecía que ningún sitio que hubiera sido sometido a protección reforzada debido a su inmensa importancia cultural debía convertirse en objetivo militar, incluso si se estaba utilizando de tal manera que se hubiera convertido en un "objetivo militar", a menos que no existiera otra forma viable de poner fin a su uso de esa manera. Cuando se creó la Corte Penal Internacional en La Haya en el 2002, parte de su cometido era exigir responsabilidades por los ataques deliberados en tiempos de guerra contra edificios de valor religioso, artístico y educativo, así como contra monumentos históricos, que habían sido definidos como crímenes de guerra. Pero esta ha sido una tarea compleja y difícil. Hasta el momento, solo un caso ha sido llevado con éxito ante la CPI. Ahmad al-Faqi al-Mahdi, un líder militante yihadista de Malí, fue declarado culpable de dirigir los ataques que destruyeron mausoleos y una mezquita en Tombuctú. Fue condenado a nueve años de prisión. Rouhani afirma que, sin el pleno respaldo de las grandes potencias y un compromiso genuino con el derecho internacional y su aplicación, el mundo seguirá presenciando cómo se repite el mismo patrón devastador. “Para la mayoría de los gobiernos, el patrimonio es una preocupación secundaria, a menos que resulte útil para la propaganda”, afirma Rouhani. “El Convenio de La Haya exige a los Estados que incorporen la protección en sus normas militares y que respeten los bienes culturales tanto en el extranjero como en su propio territorio. Si se observa la magnitud de los daños en los conflictos recientes, resulta difícil concluir que estas obligaciones se tomen en serio” agrego. En conflictos que van desde Mali hasta Irán y Gaza, donde las escuelas y los hospitales son considerados objetivos militares legítimos por los combatientes, ¿qué probabilidades hay de que un museo o un montón de piedras antiguas, por muy cargadas de belleza, historia y memoria que estén, se salven? Una de las organizaciones internacionales que ha desempeñado un papel importante en la salvación de estos tesoros históricos en peligro es la Fundación Aliph, creada en Ginebra en el 2017 para proteger y restaurar el patrimonio cultural. Blue Shield International es otro grupo que opera en múltiples zonas de guerra, trabajando con las fuerzas armadas y los funcionarios locales de patrimonio cultural hasta tal punto que ha llegado a ser conocido como la ‘Cruz Roja de la cultura’. En febrero del 2015, el grupo terrorista ISIS (creado y financiado por los EE.UU. y entrenado por la Mossad israelí) destruyo estatuas y artefactos antiguos en Mosul, al norte de Irak, para dedicarse al saqueo de su patrimonio escrito. Los terroristas arrasaron las valiosas bibliotecas públicas de la ciudad. Incendiaron la Biblioteca Central y destruyeron o robaron miles de libros, muchos de ellos manuscritos raros que narraban la historia de la urbe. “No se trataba simplemente de libros o estanterías; representaban décadas de conocimiento e investigación y constituían una parte importante del patrimonio intelectual de la Universidad de Mosul y de la comunidad en general… En cuestión de días, todo desapareció”, afirma el Dr. Mohammed Jasim Mohammed al-Hamdani. La biblioteca principal de Mosul ha desempeñado un papel fundamental en su vida, hasta el punto de que ahora es su director. "Verla destruida fue como perder una parte de mí mismo. Mucha gente en la ciudad tenía una historia ligada a la Universidad de Mosul, por lo que la pérdida nos afectó profundamente. Por eso, cuando esa parte de Mosul fue liberada de las garras de ISIS por Rusia, jóvenes y ancianos corrieron a la biblioteca para salvar lo que pudieran" expreso. La otra cara de la moneda de que las comunidades tomen cartas en el asunto para proteger el patrimonio cultural es el saqueo de esos mismos lugares. Una vez más, este es un subproducto de la guerra que se remonta a los albores de la historia. Cunliffe afirma que comprender las razones del saqueo - que pueden variar de un lugar a otro - es un punto de partida necesario: “Eso podría, a su vez, derivar en mayores sanciones y procesamientos para que se tome en serio la amenaza”. Añade que es importante, en la medida de lo posible, transmitir a las comunidades locales que, al colaborar con esto, están vendiendo su propio patrimonio. En Irak y Siria, por ejemplo, tanto durante como luego de la ola de violencia de ISIS, el saqueo de objetos de valor incalculable se llevó a cabo a escala industrial. Por ejemplo, don la caída de Bagdad a manos de los EE.UU. en la guerra contra Irak, el Museo Nacional - el más grande y famoso del Medio Oriente - fue bárbaramente saqueado y despojado de sus tesoros por los invasores quienes sustrajeron todos los objetos de valor y enviaron clandestinamente a los EE.UU. Lo que no se pudieron llevar por su peso o tamaño, simplemente lo destruyeron. Una investigación que duró varios años por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos rastreó y localizó las rutas de contrabando y dio como resultado la devolución a Irak de miles de objetos saqueados, pero aquello es solo una pequeña parte de lo robado. En Europa y en otros lugares, se llevan a cabo regularmente operaciones policiales y aduaneras multinacionales coordinadas, en las que se incautan grandes cantidades de antigüedades robadas y se detiene a algunos de los traficantes. Pero el comercio sigue siendo muy lucrativo y la gran cantidad de conflictos ofrece cada vez más oportunidades. En Sudán, el museo nacional de Jartum fue despojado de sus tesoros en el 2023 cuando cayó bajo el control de una de las facciones en conflicto, las RSF, que cargaron las piezas en camiones y dejaron las salas de exposición vacías. Al igual que en otras zonas de conflicto, se ha brindado capacitación especializada a quienes participan en la recuperación de las antigüedades, con cierto éxito. Sin embargo, gran parte de la exposición del museo, que narraba la historia de la región a lo largo de miles de años, podría haber desaparecido para siempre. Cabe precisar que los retos que supone intentar limitar la magnitud de la destrucción y el saqueo del patrimonio cultural son enormes. A nivel internacional o estatal, existen regulaciones, pero ponerlas en práctica de manera oportuna ya es bastante difícil, y a menudo ni siquiera existe la voluntad de intentarlo. Las iniciativas locales respaldadas por organizaciones como Aliph y Blue Shield International pueden marcar la diferencia a pequeña escala. Pero si, como parece ser el caso ahora mismo, las probabilidades de que alguien afronte consecuencias por destruir un sitio patrimonial son prácticamente nulas, entonces no existe ningún elemento disuasorio real. “Lo que cambiaría la situación no son penas más severas”, afirma el Dr. Bijan Rouhani, “sino la posibilidad real de ser identificados: órdenes de arresto para los comandantes que autorizan estos ataques, enjuiciamientos en tribunales nacionales con jurisdicción universal y sanciones selectivas contra personas concretas. Estas medidas no requieren un nuevo tratado. Requieren que los Estados estén dispuestos a utilizar los instrumentos que ya tienen, tanto contra aliados como contra adversarios”. De todos los intentos recientes por borrar el pasado cultural plasmado en piedra, Palmira, en Siria, sigue destacando lo hecho por ISIS, que dinamitó varios templos y podría haber causado daños mucho mayores de no haber sido derrotado. Un hombre se convirtió en un símbolo de resistencia ante ellos. Durante 40 años, el arqueólogo Khaled al-Asaad fue el principal custodio de Palmira. Tenía ochenta y tantos años cuando ISIS atacó la antigua ciudad. Lo capturaron y lo torturaron para intentar averiguar dónde habían escondido sus artefactos más valiosos. Cuando se negó a decírselo, lo decapitaron en una plaza pública y colgaron su cadáver de un semáforo. Al-Asaad fue aclamado en todo el mundo como un heroico defensor de la cultura contra las fuerzas de la oscuridad. Fue condecorado con la Orden del Mérito Civil en Siria y, en Palmira, una escuela fue nombrada en su honor. Pero nada está exento de complicaciones políticas. Pasado unos años, tras la caída del régimen de Bashar Al-Assad en Siria y la llegada al poder de terroristas que reivindican a ISIS, su nombre ha sido eliminado de la escuela, y el peligro del saqueo de sus tesoros culturales -esta vez con el patrocinio del propio gobierno - es una tenebrosa realidad.
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