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viernes, 27 de febrero de 2026

PATRIMONIO MUNDIAL: Centro espiritual y político de Tiwanaku (Bolivia)

Fue la capital de un poderoso imperio prehispánico que alcanzó su apogeo entre los años 500 y 900 D.C. cuya influencia se extendió por una vasta zona de los Andes meridionales y otras regiones adyacentes, hasta su enigmática desaparición, por causas desconocidas. Ya en tiempo de los Incas su capital estaba en ruinas, para darles una idea de su antigüedad. No se sabe el nombre que tenía, pero según el cronista peruano Inca Garcilaso de la Vega, en sus Comentarios Reales de los Incas, cuenta un episodio que involucra al por entonces soberano Mayta Capac, quien visitaba la zona, cuando un mensajero proveniente del Cuzco le trajo noticias importantes. Por la rapidez de su llegada, el Inca al recibirlo, noto el cansancio del mensajero que se encontraba parado frente al él, por lo que le dijo amablemente: “Tia huanacuy” (“siéntate huanaco”) a modo de elogio, ya que este camélido es muy veloz y difícil de atrapar. Desde entonces, las ruinas de la ciudad y por ende el de su civilización, quedaron bautizadas así, aunque de forma españolizada, se le denomina Tiahuanaco. Los vestigios de sus monumentos atestiguan la importancia cultural y política de una civilización netamente diferenciada de las restantes culturas prehispánicas de América. Este imperio - regido por los antepasados de los aymaras - es conocido como la "cultura madre" de América del Sur. El centro espiritual y político de la cultura se sitúa en la ciudad-estado de Tiwanaku, a unos 74 km al oeste de La Paz, cerca del lago Titicaca. A casi 4.000 metros sobre el nivel del mar, se elevan la ciudad planificada con el mismo nombre, que tuvo fuerte carácter religioso y desplegó toda su grandeza entre el 400 d.C. y el 900 d.C, para ir desapareciendo gradualmente. “Los vestigios de sus monumentos atestiguan la importancia cultural y política de una civilización netamente diferenciada de las restantes culturas prehispánicas de América”, afirma la UNESCO sobre el sitio arqueológico. El conjunto monumental de edificios de piedra y las pirámides está construido con colosales monolitos tallados con precisión milimétrica. Aún no está claro cómo lograron levantar las estructuras o traer las piedras necesarias, ya que la civilización carecía del concepto de la rueda. “Era una ciudad brillante, de unos 4 a 6 kilómetros cuadrados. Uno de ellos estaba lleno de pirámides de piedra, palacios y residencias para la élite. Más allá se construyeron las viviendas para el resto de la gente que llegaban hasta el lago. Eso son unos 20 kilómetros. Un espacio bastante extenso”, explicó Charles Stanish, antropólogo de la Universidad del Sur de Florida. La pirámide de Akapana es, por ejemplo, la mayor y más antigua de las construcciones prehispánicas de Sudamérica. Tenía un gran significado espiritual y los arqueólogos creen que fue erigida hace unos 2.500 años. Como todo el conjunto arquitectónico está bellamente tallado. La ciudad fue diseñada para atraer gente de todas partes y los expertos están bastante seguros de que tenía barrios distintos y gente multiétnica. “La ciudad probablemente era multilingüe y se oían distintos idiomas. Se organizaban grandes ceremonias y festivales, y tratan de atraer gente y comerciar. Sus textiles son absolutamente impresionantes. Su alfarería hermosa”, afirma Stanish. Construyeron su economía sobre la base del comercio y de la agricultura. La metrópoli estaba dotada de un complejo sistema de drenaje subterráneo que controlaba el flujo de las aguas pluviales. Sus casi 50.000 campos agrícolas, conocidos localmente como sukakollos, tenían una tecnología de riego -asombrosa para la época- que les permitió adaptarse fácilmente a las duras condiciones climáticas del altiplano boliviano. A su alrededor construyeron terrazas artificiales que hicieron posible una forma sostenida de cultivo y ayudaron a la evolución cultural del imperio. “Estas innovaciones fueron adoptadas por civilizaciones posteriores y se extendieron hasta el Cuzco”, explica la UNESCO. Y es que los Tiwanaku establecieron colonias alrededor de su enclave estratégico, extendiendo su dominio por los Andes. Así, instauraron su poder político y económico: controlando enclaves o pequeñas unidades políticas y comerciando con los locales. Usaban además distintos materiales para la arquitectura, la alfarería, los textiles, los metales y la cestería. “Se comportaron como un imperialismo clásico en el que traían materias primas y fabricaban productos terminados, particularmente cerámica y textiles. Tenían compuestos alucinógenos que eran muy populares en aquella época. Trabajaban la piedra y el metal. Tenían toda una gama de actividades. Y sobrevivieron durante varios cientos de años”, explica el antropólogo. “Eran una sociedad jerárquica. Esto está bastante claro. Tenían realeza y una élite entroncada con el sacerdocio que usaba símbolos y estructuras de poder tradicionales andinos. Es casi seguro que los Tiwanaku hablaban una forma ancestral de aymara, que llamamos jaqi”, afirma. Y pese a la grandiosidad y la influencia de los Tiwanaku, de su fuerza económica y política, la civilización desapareció misteriosamente sin dejar muchas pistas sobre las razones. “Tenemos varios misterios que resolver, como su desaparición y colapso o la tecnología con la que transportaron piedras que sobrepasan las 140 toneladas desde canteras a más de 50 kilómetros de la ciudad”, expresó Stanish. Parte de su cultura o de sus tecnologías fueron absorbidas por civilizaciones que lo sucedieron como los Wari - que se desarrollaron en los Andes centrales del Perú y que al igual que la cultura matriz desapareció misteriosamente - y especialmente por los Incas, de los cuales se decía que provinieron de Tiwanaku. Existen muchas hipótesis para explicar el colapso y la desaparición de esta civilización. Desgraciadamente, fue saqueada a lo largo de los siglos y gran parte de su valioso patrimonio desapareció. Numerosos documentos históricos muestran que el sitio arqueológico se convirtió en una cantera, de la cual se extraían materiales para construir edificios modernos. La evidencia de esto, según la UNESCO, es aún es visible en el centro de la ciudad cercana, e incluso en La Paz, la capital de Bolivia. Además, la ciudad solo ha sido excavada en torno a un 10% por lo que todavía queda mucho por hacer. Por eso es difícil saber qué pasó exactamente. La tesis más sostenida es la de una crisis ambiental que generó una prolongada sequía. Stanish apunta a que las causas de su desaparición fueron varias. “Su colapso no sucedió de la noche a la mañana. Tardó al menos 200 años en pasar”. Tampoco se trató de un colapso biológico. Es decir, la población no murió en un breve período de tiempo. Es probable que los pobladores fueran poco a poco dispersándose. Primero fuera de la gran ciudad, luego más allá de los límites cercanos. “Sabemos que no fue una enfermedad que diezmara a la población. Se habla de que se debió a una sequía que afectó a los sistemas agrícolas en la cuenca del Titicaca. Y también que hubo invasores por el sur. Esa fue la leyenda registrada por muchos historiadores españoles”, explica el arqueólogo. Para él, no hubo una sola causa, sino que fue la confluencia de muchas. Entre ellas probablemente esté también una rebelión campesina debido a la fuerte insatisfacción con los gobernantes y la élite. “Se parece mucho a lo que ocurrió con los mayas, donde la gente simplemente se dispersó. Cualquiera que fuera el sistema político y económico que mantenía a Tiwanaku, se vino abajo”, dice. Y de esta forma, la agricultura y la riqueza que producía, que durante siglos fue el eje que mantuvo unido su sistema político, cayó gradualmente en desuso y se produjeron cambios considerables con respecto a la salud general, la demografía y las estrategias de subsistencia del pueblo, provocando una diáspora. “La primera etapa fue una diáspora colonizadora y limitada a unos sitios de altura intermedia, como la cuenca media del Osmore cerca a Moquegua, y probablemente Cochabamba”. “La segunda etapa fue una diáspora mucho más extensa, impulsada por la desintegración violenta de las colonias alrededor de 1000 d.C., contemporáneo con el colapso de la ciudad de Tiwanaku o su reorientación radical por una élite militar”, afirma Bruce D. Owen en su estudio “Distant Colonies and Explosive Collapse: The Two Stages of the Tiwanaku Diaspora in the Osmore Drainage”. Las poblaciones de la segunda etapa, que se asentaron en áreas poco pobladas, establecieron aldeas pequeñas, dispersas, y defendibles. Los que se asentaron entre una población mayor o mejor establecida se integraron como una minoría de menor estatus. “Este colapso explosivo sugiere que Tiwanaku estaba compuesto por múltiples grupos cuyos intereses diversos no podían ser contenidos”, añade Owen. “Cuando las civilizaciones colapsan, normalmente hay múltiples razones: crecimiento demográfico, enfermedades, invasores o guerras. Todas ellas se unen y engullen civilizaciones enteras” puntualizó.
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