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viernes, 19 de junio de 2026
MICHEL- ANGE RODIN. CORPS VIVANTS: Un duelo de titanes en el Louvre
Casi cuatro siglos y más de 1.200 kilómetros los separan. Uno, italiano (toscano para más señas), genio del Renacimiento. Conocido como 'el divino', era arquitecto, escultor, pintor, poeta... Para muchos, un héroe, un dios. El otro, francés, padre de la escultura moderna. Cuenta con un museo propio en París, su ciudad natal. Nos referimos a Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Auguste Rodin (1840-1917), quienes fueron dos maestros indiscutibles de la escultura occidental. Padre e hijo artísticos, hermanos espirituales, almas gemelas…, están unidos por un hilo invisible. Hay en ellos una ambición compartida: visibilizar la energía interior del cuerpo, concebido como envoltura y piel del alma. El Museo de Louvre Ha decidido confrontarlos, a través de dos centenares de piezas (mármoles, bronces, yesos, esculturas de terracota, moldes, dibujos y obra gráfica), en una espléndida exposición titulada Michel-Ange Rodin. Corps vivants (Miguel Ángel-Rodin. Cuerpos vivos), un 'tour de force' sobre el cuerpo humano, tema que ambos llegaron a dominar a la perfección, bien esbozado en dibujos o modelado en esculturas. La muestra, que podrá visitarse hasta el 20 de julio en el hall Napoleón del museo, desvela la profunda huella de Miguel Ángel en Rodin, su heredero natural. El arranque de la exposición es antológico: una rotonda de muchos quilates, en la que conviven cinco obras maestras, desnudos masculinos dotados de emoción, energía y vitalidad: dos de Miguel Ángel (el 'Esclavo moribundo' y el 'Esclavo rebelde', joyas de la colección del Louvre) y tres de Rodin, 'La Edad de Bronce', que tiene muchas reminiscencias de 'El esclavo moribundo'; 'Jean d'Aire' y 'Adán', del Museo Rodin de París. Se estructura la muestra en torno a cinco secciones que presentan a los dos maestros, sus fuentes de inspiración, su relación con los materiales de creación y sus temas predilectos. Los acompañan artistas coetáneos y seguidores de varias generaciones. Por cierto, las personalidades de estos gigantes del arte eran bien distintas. De Buonarroti, esbozan sus biógrafos el retrato de un genio no tan 'divino' como lo pintan: asocial, arisco, violento, sobrio (siempre vestía de negro), impetuoso, furioso, huraño, irascible, tosco, burdo, solitario, avaro, usurero, codicioso, con un gran ego, arrogante, capaz de enfadar a los siete Papas con los que trabajó. Tenía una nariz chata, deformada a causa del puñetazo que le propinó Pietro Torrigiano. Tuvo una vida de novela: peleas y pleitos familiares, intrigas papales y palaciegas, envidias entre colegas, que llegaban a espiarse para robar sus ideas; engaños a sus mecenas... El amor de su vida fue el aristócrata romano Tommaso de Cavalieri, cuarenta años más joven que él, a quien regalaba poemas y dibujos, y por el que sentía devoción. Fueron tantos sus enemigos como sus admiradores. Destacan también los historiadores del arte su frenesí creativo. Un artista entregado de lleno a su trabajo, abrumado por la fatiga y el sufrimiento, que apenas comía ni dormía... Murió a los 89 años en Roma, y está enterrado en la Santa Croce de Florencia; Rodin, por su parte, es retratado como un moderno Miguel Ángel. Dijeron de él: «Es Miguel Ángel con tres siglos más de miseria». Intentó sin éxito ingresar en la Escuela de Bellas Artes: suspendió tres veces el examen de admisión. Nadie es perfecto. «Al principio ansiaba fervientemente ser pintor, pero no tenía suficiente dinero para comprar lienzos y tubos de pintura. Para copiar las Antigüedades, en cambio, solo necesitaba papel y lápices. Pronto desarrollé tal pasión por la escultura que no pensé en otra cosa», explicaba Rodin. Visitante asiduo del Louvre, en sus salas admiraba, y copiaba, las estatuas antiguas y los 'Esclavos' de Miguel Ángel. Al igual que éste, era muy temperamental y tenía muy mal carácter. Mantuvo una relación apasionada con Camille Claudel, su discípula y amante. Pero fue Rose Beuret -modelo, amante y madre de sus hijos- la mujer de su vida. En el 2018, Rodin ya se midió con Fidias y los frisos del Partenón en una inolvidable exposición en el British Museum. Salió airoso. Y eso que los mármoles de Elgin son un Miura de armas tomar. Falleció en 1917, a los 77 años, en Meudon. Esta muestra es una colaboración entre el Louvre y el Museo Rodin. No es nueva la comparación entre ambos maestros. El primero en hacerla fue el crítico Octave Mirbeau. Stendhal deseaba que naciera un nuevo Miguel Ángel. Y Mirbeau creía haberlo encontrado en Rodin. Los comisarios de la exposición, Chloé Ariot y Marc Bormand, explican que los cuerpos creados por Miguel Ángel y Rodin «están vivos porque rebosan energía». El núcleo de la exposición se centra en lo que parece conectar más profundamente a ambos artistas: la práctica del 'non finito', de lo inacabado, metáfora del acto mismo de la creación. Estética emblemática de las obras de Miguel Ángel, fue reapropiada por Rodin. Buonarroti se negó a restaurar y completar el 'Torso Belvedere', reconociendo la plenitud estética del fragmento de una escultura. Rodin fue el primer artista en concebir los torsos como obras en sí mismas, estableciendo así uno de los temas principales de la modernidad en la escultura. Coleccionaba antigüedades, muchas incompletas. Es célebre la concepción que Miguel Ángel tenía de la escultura: pensaba que la obra estaba dentro del bloque de mármol y que él solo debía rescatarla. Se aprecia perfectamente en los 'Esclavos' de la Galería de la Academia de Florencia, que parecen esforzarse por liberarse del mármol que los aprisiona. Ambos protagonizaron polémicas y escándalos. En el caso de Miguel Ángel, en su conmovedora 'Piedad', realizada con apenas 20 años, la Virgen fue vista por algunos contemporáneos demasiado joven para ser la madre de Cristo adulto, lo cual suscitaba reservas teológicas, a lo que el artista respondió que la pureza preserva la juventud. Sobre el monumental 'David', muchos florentinos encontraron su desnudez demasiado explícita para una obra expuesta en una plaza pública (durante un tiempo sus genitales fueron tapados con una hoja de higuera; pasó de la Piazza della Signoria a la Galería de la Academia). Para Buonarroti, pintar la Capilla Sixtina fue un calvario. Tuvo sus más y sus menos con Julio II. Ciertos teólogos se conmocionaron por la presencia de cuerpos desnudos en esta capilla. Lo consideran una obscenidad. «No es una obra para la capilla de un papa, sino para los baños públicos», dijo el cardenal y maestro de ceremonias Biagio da Cesena. Miguel Ángel se vengó caricaturizándolo en la Sixtina por criticar los desnudos de sus pinturas. La presencia de figuras de la mitología pagana fue objeto de controversia y también hubo críticas por la figura imberbe de Cristo. Rodin tampoco se salvó del escándalo. Expuso 'La Edad de Bronce' en el Salón de París de 1877. El realismo de la obra es tal que sus detractores le acusaron de haber modelado la obra sobre el cuerpo del joven soldado. 'El beso', representación de dos amantes desnudos y abrazados, fue considerada demasiado erótica para estar expuesta en un espacio público. Y su 'Monumento a Balzac', encargado por la Sociedad de Hombres de Letras a iniciativa de Zola, provocó una gran polémica. Considerada irrealista y grotesca, la entregó siete años más tarde de lo acordado. Miguel Ángel no es simplemente una referencia estética para los artistas, sino un símbolo, una figura admirada con fervor casi religioso. El maestro participó activamente en la creación de su mito, convirtiendo su figura en una obra de arte en sí misma. Si en vida fue un héroe, una vez muerto se tornó en un mito. Rodin pudo ver los bocetos de Miguel Ángel de desnudos viriles conservados en la Casa Buonarroti y en la Galería de la Academia. De la primera se exhibe un precioso 'Cristo crucificado', tallado en madera y de pequeñas dimensiones. Ver las esculturas del 'divino' in situ, y no a través de fotografías o moldes de yeso, fue para Rodin una epifanía. Una copia del 'Moisés' de Miguel Ángel (el original se halla en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma) se mide con el monumental 'Balzac' modelado por Rodin. A unos metros, el estudio de su bata, piel simbólica de su creador. Al final de la exposición, 'Walking a Line', un vídeo en 3D de Bruce Nauman, en el que el artista camina descalzo a lo largo de una línea, de frente y de espaldas. Su cuerpo se fragmenta. Cada mitad de su cuerpo se mueve independientemente, de forma desincronizada. Junto a él, Joseph Beuys, Giuseppe Penone y Jana Sterbak, ecos contemporáneos del legado de Miguel Ángel y de Rodin, dos genios inmortales.
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