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viernes, 1 de septiembre de 2017

GENGHIS KHAN: El ultimo viaje de un tirano cruel y despiadado

En algún lugar en medio de las llanuras de Mongolia, sin carreteras, sin edificios recortados en el horizonte, solo el césped mecido por el viento, se supone que está la tumba de Genghis Khan. Pero nadie la ha encontrado. El caudillo mongol, que arrasó desde el Mar Amarillo hasta las riberas del Mar Caspio y cuyo nombre aún provoca escalofríos en Asia, murió en 1227, a los 65 años, pero dejó el encargo de que nadie hallase el lugar de su último descanso. Y sus subordinados lo hicieron muy bien: Su ejército desconsolado transportó el cadáver, matando a cualquiera que apareciera en el camino para esconder la ruta. Se dice también, que sus soldados mataron a las personas que construyeron el monumento mortuorio y luego se suicidaron. Luego, más de 1.000 caballos empezaron a cabalgar desbocados alrededor de la tumba para borrar cualquier vestigio que permitiese localizarla más tarde. Desde entonces han sido innumerables las expediciones que han tratado de encontrar la tumba sin éxito. La última, una organizada en el 2015 por National Geographic para peinar desde el espacio y vía satélite las llanuras mongolas. También lo han intentado miles de "aventureros" por su cuenta y movidos por la codicia, pero todos fracasaron en el intento. Han pasado 800 años y nadie ha sido capaz de encontrarla ni mucho menos profanarla, y eso que al morir, la codicia que despertaba la leyenda de que había sido enterrado con cuantiosas riquezas movilizó a muchos expedicionarios. Los que estuvieron más cerca de lograrlo, hasta el punto de que los medios de comunicación y las instituciones lo dieron por hecho, fueron unos arqueólogos capitaneados por el estadounidense Maury Kravitz en el 2001. El lugar era una colina descomunal de piedras a 200 metros de altura. Los exploradores hallaron restos de un muro y hablando con un pastor se enteraron de que los habitantes transmitían la leyenda de que “allí se había enterrado a alguien muy importante”. En efecto, aquella expedición, que también lideraba John Woods, de la Universidad de Chicago, halló a unos 350 kilómetros de Ulan Bator, la capital de Mongolia, 20 tumbas “de gente de alta alcurnia”. Pero ninguna era la de Genghis Khan. Creían que estaban en la pista correcta porque algunos testimonios afirmaban que Khan fue enterrado junto a 40 doncellas. En esta ocasión, al menos, el hallazgo tuvo un considerable valor arqueológico. No dio en la diana, pero se quedó cerca. El conquistador creó un imperio de la nada y según muchos historiadores no se puede entender la actual configuración de China ni de Rusia sin su influencia. Mongolia es, al día de hoy, un país gigantesco sin apenas infraestructuras y con una densidad de población muy pequeña. Entre otras cosas, esa vasta extensión desértica es la que convierte la búsqueda de los restos de Khan en una misión casi imposible. El último intento organizado estaba liderado por el arqueólogo Albert Lin, de la Universidad de California en San Diego, y seleccionó 55 lugares que podrían albergar la tumba de Genghis Khan, la mayoría cercanos a su palacio, a 200 kilómetros de Ulán-Bator. “Reclutamos a un montón de voluntarios para estar a la altura del desafío, un enigma que se ha ocultado pero puede salir a la luz gracias a la potencia de los satélites”, aseguró Lin en el 2015. Tampoco esta vez la empresa acabó bien. En su momento, Kravitz afirmaba que la leyenda negra que acompaña a este feroz asesino (una especie de nómada sanguinario que iba arrasando cuanto se hallaba a su paso) “no se corresponde con la realidad”. “No era un bárbaro. Introdujo la escritura en su pueblo, creo un sistema de correo, estableció un código legal. Era sofisticado, un genio militar y un filósofo”, decía el aventurero a los medios que cubrieron el ‘casi’ descubrimiento de la tumba, pero muchos piensan lo contrario, ya que sus crímenes han sido legendarios y ni aun muerto, dejo de causar gran sufrimiento y dolor a sus súbditos. A pesar de sus crueldades, su memoria fue rehabilitada por los mongoles, para quienes es el héroe más grande de su país, ya que no solo conquistó el mundo; también lo civilizo. Se dice que su imperio conectó el este y el oeste, permitiendo que floreciera la Ruta de la Seda, consagrando los conceptos de inmunidad diplomática y libertad religiosa, estableciendo un servicio postal confiable y el uso del papel moneda. Es por ese motivo que tras el derrocamiento del comunismo en Mongolia en 1990 derribaron las estatuas de Lenin reemplazándolas por la de Genghis Khan. Incluso construyeron en su honor una estatua ecuestre que es considerada la mayor del planeta. La estatua, realizada por D. Erdenebileg y el arquitecto J. Enkhjargal, tiene una altura de 40 metros, pesa 250 toneladas, está hecha totalmente en acero y se alza sobre un pedestal de más de 10 metros, el cual está rodeado por 36 columnas que representan los 36 kanes mongoles, desde Genghis Khan hasta Ligden Khan. Inaugurada en el 2008, se encuentra ubicada en el poblado mongol de Tsonjin Boldog - conectando con muchos eventos históricos en la región de Tov Amaig- a 54 kilómetros de Ulán Bator. Su rostro aparece también en las monedas y es objeto de gran veneración. Por ello, la curiosidad por encontrar sus restos y las fabulosas riquezas que lo acompañan, esta reservada para los extranjeros. No es una cuestión de superstición, dicen, sino de respetar la voluntad de quien dejó dicho de manera expresa que quería permanecer oculto por los siglos de los siglos...Y ya lleva ocho.
Lost Tomb of Genghis Khan - Excerpts from Market Road Films on Vimeo.
actualidad cultural
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